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dilluns, 2 de novembre del 2009

FRANCESC MIRALLES, escritor

"La vida de Einstein contiene varios enigmas intrigantes"



Tengo 41 años. Nací en Barcelona, vivo en la república de Gràcia. Cuido gatos y escribo novelas, guiones y canciones. Vivo en pareja y no tengo hijos. ¿Política? No tengo opinión. Creo en la bondad de las personas: nadie es malo, sólo es que a veces cometemos malas acciones.



¿Qué tiene de misterioso Albert Einstein?
Siendo un icono central del siglo XX, su vida plantea intrigantes enigmas...

¿A qué se refiere?
¿Qué aportación hizo Mileva en la teoría de la relatividad? El primer artículo lo firman juntos...

¿Mileva?
Su primera mujer, gran matemática serbia amiga de Nikola Tesla, creador de la primera central eléctrica: ¿qué papel tuvo Tesla?

¿Eso es todo?
No: ¿qué fue de Lieserl, la niña engendrada por Einstein y Mileva antes de casarse, que dieron en adopción y con la que Einstein jamás contactó aparentemente? ¿Y a qué dedicó Einstein su cerebro la mitad de su vida?

No veo ahí el enigma...
Si a los 26 años había formulado su E= mc2 (entre otros asombrosos hallazgos revolucionarios) y ganado el Nobel a los 42 años, ¿qué hizo hasta su muerte, a los 76 años?

Buscar la teoría unificadora, preguntar al universo cuál era su ley general, ¿no?
¿Y si dio con ella? ¿Y si prefirió no divulgarla por evitar repetir lo que hicimos con la energía nuclear, cebar bombas atómicas?

¿Y con eso se construye un thriller?
Es un material con el que Àlex Rovira y yo hemos urdido un thriller inspiracional:intriga con enseñanzas que puedan resonar en el ánimo del lector, inspirar actitudes vitales, renovarlas, ensanchar la conciencia.

¿Una novela de formación espiritual?
¿Qué alquimia interior operó en Einstein, un hombre que empezó siendo casi autista, que humilló a su primera mujer, que alentó la bomba atómica..., y que acabó expresando un luminoso compromiso con la humanidad? Las reflexiones de Einstein inspiran.

Cíteme algunas.
Una escéptica, para espolearnos: "Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, ¡y del universo tengo dudas!". Otra: "La vida es muy peligrosa, no por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a verlo". Por eso tras la bomba atómica, se levantó y dijo: "¡Si lo llego a saber, me hago relojero!".

Sí que soñó con ser músico, creo...
Sí. Tocaba el violín. Mientras tocaba, le acudían las ideas... De joven, tocó una vez el violín en una plazuela de Cadaqués... De mayor, acompañaba con el violín a grupos de niños que iban cantando de casa en casa...

Más frases de Einstein...
"Si no chocamos con la razón, nunca llegaremos a nada".

¿El científico reivindica el corazón?
El apellido Einstein significa una piedra,y aquel corazón pétreo se esponjó hasta decir: "Estamos aquí para el prójimo. Sólo vivir para los demás da sentido a existir".

¿Qué lecturas le inspiraron a usted?
Siddartha, de Hesse. Los ojos del hermano eterno, de Stephen Szweig. El mago, de John Fowles. El Principito, de Saint-Exupéry.

¿Eso le llevó a usted a escribir?
Quise ser músico, pero eso exige demasiada disciplina. Trabajé de negro editorial, publiqué mucho en sellos de autoayuda con seudónimos: Francis Amalfi, el aforista Albert Lieberman, Irene Mont, Alex Martin...

¿Aforista?
Compilador de aforismos. Le digo uno de mis predilectos: "Lo único que tienes es lo que no perderías en un naufragio".

¿Cuáles han sido sus libros de autoayuda favoritos?
Los de Krishnamurti, que puede enseñar mucho a cualquiera. Las Meditaciones de Marco Aurelio, un arte de vivir emanado de Occidente. Y el Tao te king,de Lao Tsé, que me enseñó a nadar a favor de la corriente.

Siendo negro editorial, ¿qué aprendió?
Que mientras trabajaba encerrado en la oficina, ¡el sol estaba saliendo sobre el golfo de Bengala y yo estaba perdiéndomelo...!

Me refería a la escritura.
Que lo femenino gana presencia: ¡el futuro es ella! Que en el origen de la teoría de la relatividad hubiera una mujer y un hombre es estimulante y revelador...

Vuelva a la oficina, lejos de Bengala...
Una noche escribí en un papel todo lo que soñaba hacer, y lo primero fue esto: "Dejar la editorial". Por despiste, el papelito quedó dentro de un libro y mi jefe lo leyó...

Y le ayudó: le despidió, ¿no?
Me respaldó. Y así pude irme a India. Se llama Jaume Rosell, fue maestro para mí, como Antonio Ortuño, mi profesor de piano.

¿Qué salvaría usted en un naufragio?
A la persona más alegre que conozco, la escritora Iolanda Batallé: ¡la alegría es lo más grande que puede poseer el ser humano!

Si fuera usted maestro para alguien, ¿qué enseñanza le impartiría?
Ama y déjate amar. Creo que estar sano es eso. Pero dejarse amar no siempre es fácil. Hay un modo de conseguirlo: ¡hazte útil a los demás! Ahí radica la felicidad.

¿En ayudar?
Si te sientes útil para otros, te sientes justificado. Y te respetarás, sentirás autoestima. ¡Es un mecanismo demostrable, científico!

Necesitaríamos ahora a un Einstein que nos armase la fórmula.
"Amor por la fuerza nada vale; fuerza sin amor es despilfarro de energía", ya formuló Einstein.

No estará desvelándome el final de la novela...
Ja, ja, no olvide que la vida es como una novela: excepto el final, ¡el resto es todo imprevisible! Y ahí está la gracia, ¿verdad?



La última respuesta

"No entiendes realmente algo a menos que seas capaz de explicárselo a tu abuela" es una enseñanza de Einstein seguida por Francesc Miralles y Àlex Rovira: han buceado en el alma del hombre que con su cerebro parió el siglo XX, para entenderlo y explicarlo en La última respuesta (Plaza) / L´última resposta (62), entretenido thriller a la moda, con ánimo de inspirar el espíritu del lector. Saben que lo escondido, lo oculto y secreto atrae, que necesitamos extraer sentidos nuevos a la realidad (nada es más triste que convencerte de que la realidad es lo que parece). Intenta Miralles (www.francescmiralles.com) poner además banda sonora a la realidad con su grupo Hotel Gurú.



VÍCTOR-M. AMELA


divendres, 30 d’octubre del 2009

LENORE SKENAZY, 'la peor madre de América'

"Deja a tu hijo moverse solo, no lo secuestres..., ¡confía!"



Tengo 49 años. Nací en Chicago y vivo en Nueva York. Soy columnista en un centenar de diarios de Estados Unidos. Estoy casada y tengo dos hijos, Izzy (11) y Morry (13). Voto demócrata, me gustan Obama y Hillary Clinton. Soy judía. Dejé a Izzy ir solo al colegio... ¡y vaya escándalo!



¿Estoy ante la peor madre de América?
Ese título me han colgado.

¡Algo habrá hecho para merecerlo...!
Sí: confiar en la vida, en el mundo, en la gente y en mi hijo.

¿Confiar?
Confiar en que mi hijo Izzy, a los 9 años, podía ir y volver él solito de casa al colegio.

¿Y podía?
Claro: desde pequeño ha viajado en metro conmigo y su padre, y días antes de dejarle ir solo, repasamos el trayecto con él.

¿Y qué decía Izzy al respecto?
Como la mayoría de chavales, él anhela sentirse independiente, autónomo, sentirse mayor: le ilusionaba moverse solo por Nueva York, y sabíamos que tenía plena capacidad para hacerlo. Y le dejamos hacerlo.

¿Y dónde estuvo el problema, pues?
En que un policía, al verle solo en el metro, le detuvo: "¿Dónde vas solo, tan pequeño? ¿Lo saben tus padres?", le preguntó. No se creyó que le hubiésemos dejado moverse solo por el metro de Nueva York...

¿Y qué pasó?
Se lo llevó a comisaría y me llamaron a casa.

Vaya susto, ¿no?
Me sobresalté. Por teléfono le confirmé al agente que yo había permitido a mi hijo salir solo. El policía no daba crédito: "¿Y no le preocupa lo que pueda pasarle a su hijo?", inquiría, atónito. ¡Temí ser arrestada!

¿Y no le inquietaba que fuera solo?
¿Qué podía pasarle? ¿Ser robado? ¿Agredido? ¿Secuestrado? ¿Violado? ¿Asesinado? ¿Descuartizado? ¡Por favor! Ese modo de pensar tóxico es mayoritario hoy en mi país, con unas consecuencias espantosas...

¿Qué consecuencias?
Tener tanto miedo a monstruos que atacarán a nuestros hijos ¡convierte a los padres en verdaderos monstruos para sus hijos!

Tanto como eso...
¡Los padres roban a sus hijos la infancia y el gusto por la vida, inoculándoles recelo y miedo! Están encapsulándolos, incapacitándolos para vivir en sociedad. Mire, yo relaté lo sucedido con mi hijo Izzy en mi columna periodística, y asistí a dos reacciones...

A ver: una...
Se me acusó de desocuparme de mi hijo, de ser mala madre, negligente, perezosa, pasota, culpable de lo que le pasara a mi hijo...

La peor madre de América, vamos.
Pero la otra cosa que pasó es que recibí cartas de chavales. Le leo una: "Tengo 15 años. Me llevan en coche de casa al colegio, mi vida es ver la tele, videojuegos... Es divertido un rato..., ¡pero no tengo libertad!: no puedo jugar en el jardín porque mis padres tienen miedo a que me secuestren o me maten. ¡No quiero que mis hijos, si un día los tengo, vivan como yo!".

Se trata de un caso extremo...
No, es común. Cuando yo era niña, correteábamos por la calle, los niños repartían diarios, las niñas de 12 años hacíamos de canguro a niños pequeños, o cantábamos por las casas pidiendo aguinaldos... ¡Nada de eso se permite hoy! Sólo un 10% de los niños de mi país van solos al cole.

Habrá aumentado la inseguridad...
¡Mentira! El índice de seguridad vuelve hoy a ser el mismo que el de 1963, y Nueva York es de las ciudades más seguras del país.

Entonces, ¿a qué responde tanta sobreprotección?
La televisión sabe que repetir sucesos luctuosos, crímenes, tragedias, niños secuestrados, una niña asesinada... nos estremece, atrae, magnetiza y vende. Y lo hacen: ¡los repiten sin descanso! ¿Pasa esto en España?

Estamos en ello.
El efecto de esto es que la gente se queda con un mensaje: "La calle es peligrosa, ¡mi hijo está en peligro!". E incluso algo peor...

¿Qué?
¡Acabas viéndote a ti mismo como criminal! "Si un vecino me deja a su hijito, ¡qué irresponsable es!, porque yo podría...".

¿Qué medidas tomaría usted si mandase en Estados Unidos?
Que no se arreste y enjuicie -como ahora- a padres que dejan un rato a sus niños solos en casa o les permiten salir solos a la calle.

Pobres padres...
Y pobres hijos: cosificados, convertidos en inútiles, no sabrán desenvolverse mañana. ¡Démosles la oportunidad de espabilarse!

¿Cómo?
Déjale que vaya a comprar el pan o el periódico, déjale que complete una vuelta a la manzana en bici él solo, déjale que vaya a comprarse un helado... Enséñale, ¡y suéltale! Ser buenos padres consiste en eso.

¿Qué otro consejo daría?
Me escribió el otro día un señor de 90 años: "Recuerdo el día en que, con 10 años, me dejaron subir solo al tren...". Tras casi un siglo de intensa existencia, ¡Segunda Guerra Mundial incluida!, al final de su vida, ¿quién era ese hombre, quién había sido siempre? ¡El niño valiente que subió solo al tren...!

Confianza es el mensaje, ¿verdad?
Confía más en lo que ves que en la tele: ¿secuestran cada día a un niño en tu ciudad?

¡No!
Pues no lo secuestres tú: ¡tenemos secuestrados a nuestros hijos! Alguien me soltó: "Esta madre prefiere darle a su hijo un día de diversión a una larga vida", ¡dando por hecho que alguien matará a mi hijo!: así de aberrante es la mentalidad estadounidense.

¿Qué es lo peor que le han dicho?
"¡Ojalá algo horrible le pase a tu hijo, para que aprendas!".



Educación vial

La demanda extrema de seguridad es perversa: queriendo máxima seguridad para nuestros hijos, se la robamos (¿cómo afrontará la vida quien creció entre algodones?). Son reflexiones que me suscita esta madre en lucha con la mentalidad hegemónica norteamericana (el niño como frágil tacita que te pueden robar o romper). Charlo con Lenore mientras Izzy baja a la calle a dar una vuelta. Lenore ha fundado un movimiento (www.freerangekids.com) que confía en la capacidad de los hijos y la benevolencia de la gente. Lenore ha hablado en la jornada de educación vial ¡La calle también es mía! Los niños, las ciudades y la seguridad vial, convocada por Attitudes, iniciativa social de Audi.



VÍCTOR-M. AMELA



dimecres, 10 de juny del 2009

GEMA HASSEN-BEY, deportista de élite, cantante, compositora, bailarina, actriz...

"A la vida has de permitirle que te sorprenda"


He derribado muchas barreras, una es la edad. Tu tiempo está aquí mientras vivas, calidad y no cantidad. Nací y vivo en Madrid. Me licencié en Periodismo, estudié interpretación y soy campeona paralímpica de esgrima. La diversidad enriquece el mundo. Creo en la vida



Estamos aquí para disfrutar, pero nos complicamos la vida. Basta tener un accidente para tenerlo clarísimo.

¿Qué le pasó a usted?
Íbamos toda la familia de fin de semana, mis padres y mis tres hermanos, y el coche se salió de la carretera. Yo tenía 4 años e iba dormida. Tuve una mala recogida: me cogieron en brazos, me sentaron en un coche, en el hospital me pusieron de pie, y ya la médula dijo basta.

...
...Pero el motor que me mueve no está en las piernas, está en la cabeza y en el corazón. He vivido la vida desde otro ángulo: mi parálisis es sólo una circunstancia.

¿Cómo fue su infancia?
Tuve que enfrentarme a la diferencia. Durante la recuperación en el hospital de Parapléjicos de Toledo mi preparadora física me transmitió que lo que me había pasado era duro pero que había mucho por vivir.

Pese a ello, no debió de ser fácil.
El mundo no está preparado para personas con discapacidad, es más fácil que el hombre llegue a la Luna que yo vaya a comprar el pan; y para los niños discapacitados el entorno es hostil, ¿se ha fijado en que apenas se les ve por las calles?..., pregúntese por qué.

¿Cómo se enfrentó a la adolescencia?
Si tener un granito es un problema, pues imagine tener una silla de ruedas… Yo de pequeña decía: "Tengo que estudiar mucho y ser muy lista porque nunca voy a ligar". Pero luego empecé a salir y la gente me ayudaba, entonces pensé: "Si la vida te va sobre ruedas, ¿por qué no bailas?".

Cantó, bailó y actuó.
Sí, he actuado en televisión y he grabado un disco: Sobre ruedas.Y tuve un novio durante años con el que mantuve una relación completa… Hay mucha desinformación: en el amor físico todo fluye naturalmente y casi mejor que en otras circunstancias, porque la situación obliga a la sinceridad total.

¿Cuántas veces ha oído "no puedes"?
Muy a menudo, pero no he permitido que los demás me pusieran limitaciones, he hecho todo lo que me ha gustado y he encontrado gente que me ha dicho: "Estaba en un momento bajo y verte me ayudó", y eso ha sido un regalo. Por eso aparezco bailando en Fama, que se ha unido a mi proyecto, la Fundación BEY+.

¿De qué se trata?
Medios audiovisuales solidarios. Yo defiendo la solidaridad proactiva, no la pasiva. Formamos a la gente con discapacidad en cine, danza, teatro, música, deporte..., y generamos contenidos. Se trata de un colectivo artístico abierto donde cabe todo tipo de gente. La idea es "ven y sorpréndete de lo que puedes aportar y crear".

Es usted pura energía.
Todo tiene su cara y su cruz, y depende de dónde te enfoques esas serán las energías que moverás, con ellas te hundirás o florecerás. La vida no es lineal, subes y bajas; es como en el deporte: ganas y pierdes.

¿Y?
Que perder lleva al recogimiento y la reflexión, la mejor manera de poner las bases para volver a triunfar. Lo importante es aprender.

Su campo de batalla fue la esgrima.
Éramos tres mujeres y en aquellos primeros Juegos Paralímpicos, Barcelona´92, empezamos perdiendo, pero ocurrió un malentendido que lo cambió todo.

... Qué emoción.
Perdí y el público aplaudió; pensé que, como la esgrima es tan complicada, creían que había ganado, así que me acerqué al público y con gestos le dije que había perdido, y entonces todavía aplaudieron más.

Valoraban su esfuerzo.
Exacto, y me fui con ese mensaje: que lo que importaba no era tanto ganar o perder como darlo todo. Se lo transmití a las otras dos chicas: "Vamos a quitarnos los nervios y disfrutar, porque no sabemos si viviremos otros Juegos. El premio es estar aquí".

Y entonces ganó, como en las películas.
Sí, contra toda previsión empecé a ganar contra deportistas más preparadas. Realmente, las energías funcionan y cuando focalizas la mente, el cuerpo y el espíritu, la fuerza es espectacular. Es esa osadía ante la vida lo que me apasiona. A la vida has de permitirle que te sorprenda.

No debes ponerle límites.
Al ponértelos a ti, se los pones a la vida. Uno puede conseguir lo que se proponga, y se lo digo desde esta silla.

¿Y usted qué es lo que quiere ahora?
Me voy poniendo objetivos. Mis últimos Juegos fueron contra China, que son buenísimas. Sabía que tenía que apostar, así que me fui sola a Hong Kong con el equipo chino: "Para estar entre las mejores del mundo necesito entrenarme con vosotros", les dije.

¿Qué pasó?
Comprendí algo básico: eres más rápido desde la concentración que desde la acción; el tiempo se dilata y se contrae, hay tiempo para todo, es cuestión de intensidad. Y todas estas cosas que he aprendido desde mi anormalidad es lo que quiero transmitir.

La normalidad no existe.
No, y la vida son encuentros, y para que se den, debes escuchar, todas las personas que se cruzan en tu camino tienen un regalo para ti. La gente viene y se va, y cuando se va es triste, pero siempre te deja algo. Somos la suma de todas las personas con las que nos encontramos.



Vividora sin límites

Maneja la silla de ruedas con total soltura, lo hace desde los 4 años; con ella baila, canta, actúa, ama e intenta cambiar el sentimiento de exclusión de los discapacitados. Tiene una voluntad férrea y una belleza singular, es triple medalla paralímpica de esgrima y ha participado en cinco Juegos consecutivos, en los que ha quedado entre las ocho primeras. En televisión la vimos en la serie Periodistas y en Alquilados; en cine, en Carne trémula y en Sobre ruedas. Su fundación, BEY+, quiere integrar por medio del arte (cine, teatro, música, danza) a las personas con discapacidad. Ha creado la compañía Bey Pro-Action, de danza deportiva, que integra a profesionales con y sin discapacidades. Transmite energía y sabiduría.


IMA SANCHÍS


dilluns, 8 de juny del 2009

PAUL POTTS, cantante lírico, revelación de un concurso televisivo

"Me desfogaba en karaokes disfrazado de Pavarotti"



Tengo 38 años. Nací en Bristol y vivo en el sur de Gales. Hace dos años era vendedor de móviles y ahora soy tenor. Estoy casado y no tenemos hijos. Prefiero no expresar ideas políticas. Soy protestante no practicante. Llevo cuatro millones de discos vendidos



Hizo llorar al jurado del talent show británico.
Yo quedé insatisfecho de ese famoso casting: no logré conectarme realmente con la música...

¿No? Pues si llega a conectarse...
Es un vídeo visitadísimo en YouTube, pero yo me sentía mal: canté pensando que iba a ser la última vez que cantaba en mi vida.

¿La última? ¿Y eso por qué?
Acumulaba muchos fracasos tras haber dedicado mucho tiempo, empeño y dinero en cantar profesionalmente. Era ya la última oportunidad que me concedía a mí mismo...

¿Tan mal estaba?
Íbamos a ser desahuciados mi mujer y yo de casa por impago de las dos últimas cuotas. Estaba hundido, vaya. Ya había resuelto olvidarme para siempre del canto.

¡Y entonces puso a la gente en pie!
Gané cantando Nessun dorma y luego grabé un disco con cuatro millones de copias...

Es cantante de éxito gracias a la tele.
A una moneda, antes.

¿Una moneda?
Me habían extirpado un tumor junto al riñón y, tras meses de convalecencia, salí a la calle y me atropelló un coche. Llevaba ya un año tirado en el sofá de casa, sin cantar...

Patético panorama...
Estaba hundido. Y por internet vi la página de inscripción de Britain´s got talent...

El susodicho concurso de televisión.
Anoté mis señas y al ir a clicar aceptar pensé: "Será otro fracaso, otra frustración..." Iba a clicar cancelar, pero dejé que una moneda decidiese: cara sería aceptar; cruz sería cancelar.Y salió cara.

¿Tan inseguro se sentía?
Buscaban una estrella pop, y yo no me veía así: mi aspecto físico no encaja, y cargaba con mis complejos, mi poca autoestima...

¿No se valoraba? ¿Por qué?
De niño padecí burlas, acoso escolar... Era el último al que elegían en los juegos… Me refugié en la música, la lectura... De niño me sentía tan marginado que había llegado a fantasear: "Si sufriese un accidente, ¿me prestarían atención, se preocuparían?"

¿Se provocó algún accidente?
No, pero soy tan torpe que a los 14 años corría de la escuela al coro, choqué con un andamio y me rompí los dientes. ¡Me quedaron tan feos que no sonreí ni en mi boda!

Vi sus dientes mellados en la tele.
Un dentista que me vio por la tele se ofreció y ya me los he arreglado. Ahora sonrío más.

¿Ha reparado ya su autoestima?
Mejoro... pero nunca seré muy seguro.

Pues si hubiese salido cruz...
Seguiría vendiendo móviles, o estaría en paro y quizá ya no tendría ni casa...

¿Desde cuándo su voz es especial?
De niño canté en un coro y el profesor me decía que era el mejor… pero me enviaba detrás del órgano: mi entusiasmo me hacía cantar alto y tapaba la voces de los demás.

¿Soñaba con ser tenor?
Mi padre era conductor de autobús y teníamos lo justo para vivir: no había dinero para estudiar en el Conservatorio. Estudié Filosofía, trabajé en una tienda de muebles y después como vendedor de móviles.

¿Y dónde cantaba? ¿En la ducha?
Me disfrazaba e iba a cantar a karaokes.

¿Por qué se disfrazaba?
Por miedo a las burlas. Así podía soltarme más. Me disfracé de Pavarotti, pero la barba se me despegó y me reconocieron...

¿Fue Pavarotti su ídolo?
Sí, y Josep Carreras. Es difícil que vuelva a haber dos tenores como ellos. Admiro a Carreras: ¡superó una leucemia para cantar!

¿Ha hablado alguna vez con él?
Sí: me ha dado ánimos. Y tuve el inmenso privilegio de cantar ante Pavarotti.

¿Cómo fue eso?
En el año 2001 junté 8.000 libras ganadas en otro concurso de la tele -más todos mis ahorros-, y estuve tres meses de verano en un curso de canto en Rímini. ¡Y se presentó Pavarotti a darnos una clase magistral!

¿Y cantó delante de él?
Fue muy fuerte: canté un aria de Rodolfo (La Bohème)y con los nervios no respiré bien. "Rodolfo se quedaría sin aliento por amor, ¡pero nunca por respirar mal!", me riñó Pavarotti. Y añadió: "Cántame otra cosa". ¡Fui el único al que quiso oír otra vez!

¿Y qué le cantó?
E lucevan le stelle. Me dio las gracias: los que allí le conocían me dijeron luego que sus gestos denotaban que le había gustado.

¿No se sintió más seguro tras eso?
No, porque yo enviaba cintas a agentes de ópera, y nunca recibí un sola respuesta.

Ahora la gente le debe de querer más.
Una ventaja de haber sufrido acoso de niño es que aprendes a elegir bien a tus amigos. ¡La vida es una maestra dura, pero eficaz!

¿Qué dice de todo esto su esposa?
Que no he dejado de ser un pesado. Aparte de ser tenor, sigo siendo marido.

¿Cómo ve a Susan Boyle, revelación hogaño del programa Britain´s got talent?
Confío en que se reponga de su achuchón, aproveche su fama y sea feliz cantando. Es natural que quiera cuidar su imagen, ¡pero lo principal sería que todos aprendiésemos a no prejuzgar a nadie por su aspecto!

¿Ha dejado usted de sufrir accidentes?
Sí. ¡Toco madera!

¿Tiene un particular sentido para usted el cuento del patito feo?
Sí: el de que todos podemos. Creo que se trata de no desfallecer y de vivir cada día como si fuese el primero y el último.



'Passione'

Tras haber vendido millonadas de One chance, su primer disco, lanza ahora Passione.Llega a la entrevista con cámara de fotos en ristre: fotografía fachadas de Barcelona, "arquitectónicamente la mejor ciudad del mundo: pasear por aquí es una delicia, ¡es una ciudad hermosísima!" Sensible, tímido, melómano dotado de una vibrante voz, Paul Potts me confía una vida rescatada -al límite- de la frustración, el fracaso, la inseguridad, la impotencia y el desdén. Quizá por eso su voz y estampa han emocionado a tantos millones de personas, que hemos visto en el apocado Paul Potts una posibilidad de redención en el último minuto, una posibilidad de encarnar alguna épica. Aquí, gracias a la lírica.



VÍCTOR-M. AMELA


divendres, 5 de juny del 2009

ESTHER GONZÁLEZ, que concibió a su hija pequeña para salvar a su hija mayor

"Le he pasado lamano por la cara a Dios, ¡y le he ganado!"



Tengo 31 años. Nací y vivo en Manresa. Soy dependienta de Zara. Estoy separada y tengo dos hijas maravillosas: Erine (5) e Izel (16 meses), que engendré para ayudar a curar a Erine de su leucemia. Repudio a políticos y católicos que hubiesen preferido ver morir a mi hija Erine



¿Cómo está Erine?
Viva. ¡Y perfecta, de momento! Mírela: desde hace dos meses ya puede ir al cole, jugar en el parque, comer caramelos..., ¡todo por primera vez en su vida! Y tiene una hermanita.

¿Qué le pasaba a su hija Erine?
Al año y medio de vida, tras muchas infecciones a las que los médicos quitaban importancia, me planté y exigí una analítica completa. ¡Estaba todo descompensado! La ingresaron corriendo, le hicieron pruebas y...

Malas noticias.
Leucemia mielomonocítica crónica juvenil. Una leucemia rarísima, un caso entre un millón. Aún estoy dolida por cómo me lo contaron los médicos de Sant Joan de Déu...

¿Cómo se lo contaron?
Me soltaron todos los datos técnicos: que padecería fiebres, fatiga, pérdida de peso, patologías de piel, pulmón, aparato digestivo... y que no viviría más de los cuatro años, y que trasplantando médula tendría sólo un 25% de posibilidades de sobrevivir... ¡Mi hija era un porcentaje! Eché en falta un abrazo, un consuelo, una muestra de cariño...

El trabajo de los médicos es muy duro...
Lo entiendo, pero me faltó un poco de humanidad: ¡mi hija querida se me iba a morir!

Pero su hija tiene cinco años y vive.
Porque he luchado contra todos, con dos cojones. Yo le he pasado la mano por la cara a Dios, ¡yo le he ganado esta mano a Dios!

¿Por qué dice eso?
Porque los médicos y políticos católicos de este país querían ver morir a mi hija Erine. Sí: ellos preferían que muriese esta niña maravillosa a que muriese un grupito de células sin cara ni ojos en una probeta.

¿Siente rabia?
Sí, y por eso estoy aquí contando esto, para que nadie engañe a unos padres diciéndoles que no hay solución, ¡porque sí la hay!

¿Qué le dijeron a usted?
Que pidiera a la Fundación Carreras un donante de médula compatible. Eso hice..., y así perdí ocho valiosos meses.

¿Perdió, me dice?
No apareció nadie compatible, y desaproveché meses en que podría haber hecho lo que luego hice, con mi hija al límite de su vida.

¿Qué hizo?
Una amiga me dijo que había oído que era técnicamente posible que yo engendrase un bebé 100% compatible genéticamente con Erine, lo que garantizaba un trasplante sanador con sangre de su cordón umbilical.

¿Los médicos no se lo explicaron?
No, quizá eran católicos. ¡Pero puedes ser católico y persona! Podrían haberme llamado bajo mano... No lo hicieron. Cuando le pregunté al médico, su respuesta fue: "Eso es muy complejo". ¡Y qué! ¡Tengo derecho!

¿Y a quién acudió?
A la Comisión de Reproducción Humana Asistida: les envié todos los papeles... Ya es duro pedir permiso a unos señores para salvar a tu hija..., pero peor fue que Erine ¡no fue aprobada! Quizá los papeles no habían llegado en forma... Estallé. Me volví loca... Pedí la baja en el trabajo, donde se han portado muy bien conmigo, y me volqué en salvar a Erine fuera de España. En Bruselas fui aceptada, ¡pero no tenía dinero! Me tragué la vergüenza y salí en la tele... Gracias a donaciones pude pagar el tratamiento.

¿En qué consiste ese tratamiento?
Me hormonaron para ovular, me extrajeron 39 óvulos, los fecundaron con el esperma de mi pareja, nueve de ellos resultaron ser 100% compatibles con Erine y me implantaron dos. Uno se me murió..., y tras nueve meses de embarazo ¡nació Izel!

¿Y los demás óvulos fecundados, qué?
Los no desarrollados los doné a la ciencia, y otros cuatro fecundados han quedado allí congelados, y podría implantármelos.

¿Cómo fue el embarazo de Izel?
Con barriga y todo, ingresaba a Erine continuamente en el hospital por infecciones.

Hasta el trasplante. ¿Cómo se hizo?
Aislada en una cámara en Vall d´Hebron, a Erine le abrasaron las defensas con quimio y le trasfundieron la sangre del cordón umbilical de su hermana: eso activó la producción correcta de hemoglobina, plaquetas y leucocitos. Estaba a punto de morir: ¡era 18 de marzo de 2008 y volvía a nacer!

¿Qué le explicará a Izel de mayor?
Que es mi pequeña, que la adoro, y que ella salvó la vida a su hermana. Se sentirá bien, seguro. Y que no lea en internet sobre mí.

¿Qué podría leer en internet?
Algunos curas me llaman "egoísta" por "usar a Izel sin pedirle permiso". Pero yo le diré a ella: "Si un día tienes una hija así de enferma, ¿qué harás?". Y sé que entenderá.

¿Cómo se siente usted ahora?
Después de tres años de dolor y tristeza, casi sin dormir y sin apetito, empiezo a sonreír. Me he hecho muy fuerte, y ahora hablaré para que otros padres no pasen lo que yo. ¡Con mis dos niñas, yo soy invencible!

Hable, diga aquí lo que quiera.
El Estado tiene que sufragar a padres pobres como yo en casos así: si el Estado paga operaciones de cambio de sexo, ¿no va a pagar la selección genética de embriones compatibles para salvar vidas de niños?

Unos le dirán que eso es pecado; otros, que no es ético...
¿Y es ético dejar morir a tu hijo pudiendo salvarlo a costa de unas células? ¿Y es menos ético engendrar a un bebé para salvar la vida de su hermano que engendrarlo para darle un compañero de juegos... o como reconciliación tras una pelea de pareja?



Erine e Izel

Mientras hablo con Esther, Erine juega en la habitación contigua y oigo los balbuceos de Izel. Una familia feliz a costa de algunos óvulos. Esther rememora su odisea y llora al explicarme cómo ha visto morir a quince niños trasplantados, uno tras otro, entre los gritos desgarrados de sus padres, personas con los que ella y Erine han convivido... Su dolor y su coraje la llevan ahora a dar un puñetazo en la mesa con su libro Cuando la vida cura (Plataforma), donde relata su historia, habla claro y aconseja a las parejas criopreservar la sangre del cordón umbilical de sus bebés (por eso colabora con www.crioestaminal.es), lo que podría salvarles la vida un día sin todo el vía crucis que ella ha padecido.



VÍCTOR-M. AMELA


divendres, 29 de maig del 2009

MIREIA GARCÍA, que vive sin colon y apoya a pacientes ostomizados

"Estaba muy a gusto con mi ano artificial y mi bolsita"


Tengo 39 años. Nací y vivo en Barcelona. He sido economista y presentadora de televisión, y hoy colaboro con el hospital Quirón. Vivo en pareja y tenemos dos hijos, Benet (9) y Andrea (7). Creo en la voluntad personal, no en partidos políticos. Creo en la energía de las personas


Hace tiempo que no la veo en la tele...
Estuve en Vitamina N (8tv) y fui luego la primera presentadora de T´he vist (TV3). Aprendí mucho, pero presentar no me llenaba, es poco creativo... Y luego vinieron las operaciones.

¿Qué operaciones?
Mi intestino grueso padecía de colitis ulcerosa, diagnosticada a los 25 años: estuve medicándome hasta que, a mis 37 años, los fármacos dejaron de ser eficaces.

¿En qué consiste esa enfermedad?
El intestino se inflama y se ulcera, agredido por tu propio sistema inmunitario, que lo toma por un cuerpo extraño. Esta enfermedad digestiva autoinmune aún no tiene cura, sólo fármacos para paliar molestias.

¿Qué tipo de molestias?
Dolor abdominal, retortijones, diarreas incontenibles ¡diez o doce veces por día...! Y en plena crisis mi medicación dejó de funcionar... ¡y así no se puede vivir! Me enviaron al quirófano. Pensé que podría morir...

Y aquí está usted.
Me extirparon el intestino grueso entero: dos metros, los dos metros que tiene el colon. ¡Y no, no te mueres por eso: ya me ve!

Y tiene muy buen aspecto, desde luego.
Vivo con plena normalidad, puedo comer de todo, ir por la calle, trabajar, conducir, hacer lo que cualquiera... Y cuando llevaba estoma, ¡hasta me iba a esquiar!

¿Estoma? ¿Qué es eso?
La exteriorización de un trozo del intestino a través del abdomen, en la parte baja del vientre. En otras palabras: un ano artificial.

¿Y por ahí…, por ahí…?
Salen las defecaciones, sí. A mí también me angustió al principio: lo miraba de reojo...

¿Qué aspecto tiene el estoma?
Como labios. Yo le tenía aprensión porque temía que se interpusiera entre mi pareja y yo. Pero él le quitó importancia, me alivió, y le bautizó con un nombre lúdico: Bartolo.

¿Qué cuidados pide Bartolo?
En torno de Bartolo hay que pegar un círculo adhesivo de silicona que lleva una circunferencia de plástico a la que se acopla -al modo del cierre de un tupper- una bolsita, del tamaño de un palmo. Y las defecaciones van quedando recogidas en esa bolsita.

Y para deshacerse de ellas, ¿qué?
La bolsita tiene en su base un sistema de apertura para vaciarla y volver a cerrarla las veces necesarias a lo largo del día. Y cada mañana -¡clic!- la desenganchas de su cierre tupper y la cambias por una bolsa nueva.

¿Se nota? ¿Huele?
¡No! Estas preguntas son las que más me hacen los pacientes ostomizados.

¿Ostomizados?
Con estoma, con ano artificial. La ostomía se llama colostomía (si se desvía el intestino grueso al exterior) o ilestomía (el delgado).

¿Y por qué los ostomizados le preguntan a usted?
Tras convivir con mi Bartolo, mi ano artificial, me ofrecí a mi cirujano, el doctor Lacy, para informar a los ostomizados sobre cualquier duda que tuviesen, por íntima que fuese (incluida sobre su vida sexual, que no tiene por qué verse alterada por esto).

¿Acaso no les informan bien médicos, cirujanos y enfermeras?
Sí, pero les dan informaciones más técnicas. Yo lo hago desde un ángulo más humano y personal: el paciente, angustiado con su ano artificial, me ve a mí y piensa: "Ah, si ella está así de feliz, es que esto no será tan grave...". Mi máxima recompensa ha sido cada vez que un ostomizado, al irse a su casa, me ha dicho: "Me has ayudado mucho".

¿Mantiene luego trato con ellos?
Sí, les digo que me llamen por teléfono ante cualquier duda. Y si no me llaman, pienso que quizá les dé vergüenza, y los llamo yo.

¿Por qué hace usted todo esto?
Me gusta leer los obituarios de La Vanguardia y un día me pregunté: "Si ahora yo muriese y alguien tuviera que escribir mi obituario, ¿qué podría decir de mí? ¿Qué he hecho yo?". ¡Nada!, entonces me di cuenta.

Mujer...
Había trabajado duro para ser la mejor fiscalista en Price Waterhouse, y luego en la tele, pero... ¿estaba viviendo según mis valores? ¿Podía yo sentirme orgullosa de algo de lo que había hecho? ¡No! Y decidí actuar: yo podía ser útil a otros con mi experiencia, podría ayudar a personas angustiadas. Y se lo propuse al doctor, hace seis meses.

¿No desconfió del intrusismo de una ex paciente en la vida del hospital?
Su mentalidad abierta y pragmática le hizo entender que este apoyo personal podría ser útil para la recuperación de los pacientes. ¡Y así está siendo!

¿Qué es lo primero que explica usted a un ostomizado?
Le muestro este peluche al que le he cosido un botón rojo en el vientre, un Bartolo, y le confirmo la rutina con la que hará su vida de siempre, como yo durante cuatro meses.

¿Qué le pasó tras cuatro meses?
Volvieron a operarme, esta vez para conducir el intestino delgado hacia mi ano, suprimiendo a Bartolo. Pero fui al quirófano con mucha pereza porque ¡estaba muy a gusto con mi bolsa! Vivía con más calidad que antes, sin dolores, sin carreras al váter... Fui a operarme con miedo, temiendo empeorar...

¿Y tiene ahora algún problema?
No. Y supe que estaba del todo bien un día en que me dije: "¡Ahora mismo voy a comerme entera esta bolsa de patatas fritas, a ver qué pasa!". ¡Qué ricas...! Y todo fue perfecto.



Bartolo

Hoy celebramos el día mundial de la Salud Digestiva, dedicado a dolencias que afectan a millones de personas y que por hoy no tienen más cura que la cirugía. Por una de esas cirugías pasó Mireia -mediante laparoscopia, que evita heridas externas, minimiza infecciones y optimiza la recuperación del paciente-, que vivió con ano artificial y hoy vive sin colon. Me invita al hospital Quirón a conocer su trabajo en el programa de apoyo al paciente del instituto quirúrgico Dr. Lacy (apoyoalpaciente@ hotmail.com), y me presenta a Bartolo, peluche con que ilustra a pacientes sobre la colocación de la bolsa. Si un día me toca a mí pasar por eso, ya sé que no será tan grave. ¡Buen trabajo, Mireia!



VÍCTOR-M. AMELA



dilluns, 6 d’abril del 2009

ABDERRAHMAN AIT KHAMOUCH, atleta surgido del desierto

"Puedes vivir sin brazo, pero no sin corazón"



Tengo 22 años. Soy de Mellab, aldea del desierto al sudeste de Marruecos. Llegué en patera a Fuerteventura, y hoy entreno en el CAR de Sant Cugat: soy atleta. Tengo novia. Perdí un brazo siendo niño, pero quiero batir el récord de los 800 metros en los Campeonatos de España.



Qué pasa si ve el mar?
Me entran escalofríos.

¿Malos recuerdos?
Sí: veinticinco horas apretujado en la proa de una barcaza en medio del océano...

¿Adónde iba?
A una vida mejor que la del desierto. Tenía 15 años y un solo brazo.

¿Cómo perdió el brazo?
A los ocho años, jugando en mi aldea, caí en un pozo seco. El brazo se me rompió, se infectó. Aquí me lo hubiesen curado bien, pero allí... Se gangrenó, y estuve a punto de morir. Me lo amputaron justo a tiempo.

Su vida no ha sido fácil, desde luego...
Agradezco todas las dificultades: me enseñan a disfrutar más lo que consigo. "Si quieres miel, aguanta las picaduras": es mi lema.

¿Dónde embarcó?
En una cala perdida, cerca de Sidi Ifni, frente a las islas Canarias, de madrugada.

¿Quién le llevó hasta ahí?
La mafia de las pateras: pagamos y esperamos varios días en una jaima del desierto, hasta que nos condujeron (en un 4x4) a la barca. En mi barcaza viajaba también una chica embarazada: eran dos vidas en una.

¿No temía morir ahogado?
Era mi cuarto intento: estuve a punto de morir tres veces. Partimos diez cayucos esa noche, y no todos llegaron a Canarias... ¡Pero peor era renunciar a mi sueño! A cada uno le empujaba su sueño: el de la chica embarazada era que su hijo naciese en España.

¿Y cuál era su sueño?
Llegar a España para trabajar y poder enviar dinero a mi madre, ¡y ser un atleta!

¿Cómo era la vida en su pueblo?
Tranquila, monótona y muy humilde, en la puerta del desierto. Vivíamos mi madre y mis hermanos en una choza de barro con goteras. De mi padre no sabíamos nada, se fue al norte siendo yo muy pequeño...

¿De qué vivían allí?
De comer pan, dátiles y té. Cada día. Y nada más. Yo trepaba a las palmeras, recolectaba dátiles y los vendía. Haces pequeños trabajos, vendes algo, te ofreces como guía...

¿Y estudiaba?
Mi escuela estaba a diez kilómetros de casa. Iba cada día a pie. Iba corriendo, y así podía quedarme en la cama un rato más. Luego corría... y siempre llegaba a tiempo.

¿Así empezó su carrera de atleta?
Sí. Un día unos turistas organizaron en el desierto una carrera para todas las edades... ¡y gané yo! Tenía diez años, me faltaba un brazo, ¡y triunfé! Deseé emigrar a España y ser atleta... Vendía dátiles para ahorrar.

¿Por qué no correr en Marruecos?
Me ofrecí en la federación y no me hicieron caso. Ahora me lo piden, pero estoy muy agradecido a muchas personas en España.

¿Qué hizo al llegar la barca a Canarias?
Desembarcamos en una playa de Fuerteventura: "¡Estoy vivo, piso el planeta!". Estaba agotado, pero corrí a los montes, y acabamos un grupito escondidos en una cueva.

¿Qué temían?
Te detienen, y repatrían a los mayores de edad. Los menores van a un centro hasta que cumplen 18 años y pueden devolverlos.

¿Cuántos días aguantaron en la cueva?
Los que duraron los cinco dátiles y cinco tapones de agua por persona y día: siete días.

¿Y qué hicieron luego?
Mi amigo Yusuf y yo, menores, bajamos al pueblo a comprar. Fue la primera vez que vi un supermercado: me bloqueé. ¡Nunca había visto tanta abundancia! La cajera debió de recelar: la Guardia Civil nos detuvo al salir. Escapamos del centro de menores. Un señor mayor nos escondió hasta que el hermano de Yusuf, que vivía en Bilbao, vino a buscarnos. Y volé en avión por primer vez.

¿Y adónde fue?
Yo, a Barcelona: era Navidad, hacía frío, y esa noche dormí en la plaza Catalunya. ¡Fue duro! Viví en centros de acogida, en pisos de inmigrantes, trabajé como correo comercial, acabé durmiendo en la calle otra vez...

¿Y cuándo empezó a mejorar la cosa?
Cuando me apunté a la Cursa de El Corte Inglés, corrí, corrí... y quedé entre los primeros. Me llamaron para los Campeonatos de España, ¡y gané los 800 metros!

¿Cuál ha sido su mejor momento?
Cuando gané la medalla de bronce en los 800 metros en los Juegos Paralímpicos de Pekín 2008 y subí al podio: ¡pensé en mi madre, en el desierto...!

Y ahora entrena en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat.
Sí. Cada día entreno, domingos incluidos.

¿Qué le diría al rey de Marruecos?
Que ojalá sus gobernantes colaboren con él y sean eficientes en ayudar a la gente.

¿Y a los niños de su pueblo?
¡Todos quieren ahora ser como yo...! Les digo que puedes vivir sin coche, pero no sin amor. Que puedes vivir sin brazo, pero no sin corazón. Y que la vida te da lo que deseas de verdad.

¿Cuál es su sueño ahora?
Competir en el Campeonato de España absoluto en 800 metros. Y, sobre todo, correr el maratón en unos Juegos Olímpicos... y ser el abanderado. ¡El futuro es sólo de los que sueñan!

¿Qué dice hoy su madre?
Quiere que sea feliz. Está contenta. Yo también, porque he podido hacerle una casa nueva... Si miro atrás, ¡me parece todo tan increíble! Hoy, todos los niños de mi pueblo quieren ser como yo. Yo nunca dejaré de superar obstáculos: una victoria sin sufrir sólo es ganar, no vencer.



Océanosy sueños

Abderrahman ha vivido lo bastante como para acumular más madurez de la previsible para su edad. El desierto del que salió y los sueños que allí se forjó son sus alas en la pista de atletismo. Se ha propuesto seguir corriendo y ganando, pese a faltarle el brazo derecho y pese a que los paralímpicos reciben pocas ayudas económicas ("¡no tendría que ser así!", se lamenta). Por eso estudia para opositar a policía o guardia civil. Me confiesa haber sufrido nuestra mirada racista, pero también expresa gratitud hacia personas que le han ayudado, como Héctor García o Toni Ganyet. En El ángel del ala partida (Now Books) relata su vida, que nos enseña que ni los océanos pueden frenar los sueños.



VÍCTOR-M. AMELA



dijous, 26 de març del 2009

MARIE de HENNEZEL, psicóloga y psicoterapeuta

"El corazón envejece cuando nadie solicita tu atención"



Tengo 62 años. Nací en Lyon y vivo en París. Casada por segunda vez, tengo 2 hijos y 6 nietos. Estoy semirretirada, escribo y doy seminarios sobre cómo envejecer bien. Soy experta en cuidados de enfermos terminales. Creo en Dios, pero prefiero la espiritualidad al dogma



A algunos de mis pacientes se les despertó el miedo a la vejez cuando alguien les cedió el asiento en el metro.

En su caso, ¿cómo fue?
Yo me di cuenta de que era mayor cuando tuve miedo de subirme a una escalera para limpiar la chimenea de casa.

Así, de sopetón.
Sí, ocurre repentinamente, como la primera arruga, pero los 60 es la edad simbólica, cuando te dan el carnet sénior y te jubilan.

Europa está llena de séniors.
Somos la generación del baby boom, vamos a vivir muchos años y nos da mucho miedo envejecer, pero hay dos maneras de hacerlo: como un descubrimiento y un crecimiento, o como un naufragio.

Cuestión de carácter.
Las personas optimistas se adaptan a los cambios y han aprendido a ocuparse de los demás. Las que lo llevan mal suelen ser personas muy narcisistas que no han resuelto sus problemas emocionales y no tienen confianza en sí mismas ni en la vida.

¿Y dice usted que se puede aprender a envejecer con soltura?
Sí, y la edad idónea son los 60, cuando somos absolutamente conscientes de lo que está en juego. Después, a los 70 u 80 años, es difícil cambiar, y ante la vejez hay malas y buenas actitudes.

Hábleme de ellas.
Las personas que envejecen bien están en paz con su pasado, han trabajado los remordimientos, los reproches y las frustraciones. La ligereza de espíritu es condición para envejecer bien.

Si estás ocupado con algo que te interesa, el pasado pierde peso.
Sí, es muy importante estar activo, pero hoy en día después de la tercera edad, que termina a los 75 años, viene la cuarta y la quinta (a partir de los 90 años), donde la vida interior es sumamente importante porque probablemente ya seremos dependientes y nuestro espacio puede ser muy reducido. Hay que estar preparado para aceptarlo.

¡Qué miedo!
Esta sociedad no es para viejos, la gente llega a la vejez muy sola. Todos nuestros valores tienen que ver con ser joven. Por eso, cambiar la mirada de la sociedad sobre la vejez es un desafío y una responsabilidad para mi generación, porque hasta nuestros hijos temen nuestra vejez. No debemos convertirnos en una carga para ellos.

Ser dependiente no depende de uno.
En parte. Si nos cuidamos psíquica (dando más importancia a la vida interior) y físicamente (comer bien, no fumar, hacer ejercicio), estaremos mejor. Y, aun siendo dependientes, podemos desarrollar cualidades interiores que nos ayuden a vivir mejor.

... Y eso hay que hacerlo a los 60.
Sí, debemos aprender a estar bien con nosotros mismos y cultivar placeres como el de la contemplación de la naturaleza o la música, de manera que si llega la dependencia o la silla de ruedas tengamos recursos. Si uno aprende a recibir de los otros, el día que esté enfermo vivirá mejor esa situación, sabrá abandonarse a los otros.

¿Usted prepara a la gente para eso?
Sí, la entreno en la meditación y en el placer de permanecer sin hacer nada y hablamos. Hay muchas cosas que uno debe trabajar a los 60 para saborear más tarde la vida.

¿Cuáles son los testimonios de ancianos que más le han conmovido?
Los que tienen el sentimiento de que es una suerte envejecer porque hay mucha gente que muere joven; los que saben que el corazón no envejece.

El corazón se endurece.
Cierto, pero la facultad de desear y de amar es lo que nos hace avanzar. He visto a mucha gente en los asilos replegada en sí misma, pero he visto también cómo las atenciones y las caricias diarias de una enfermera han devuelto la alegría de vivir a alguna de esas personas. El corazón humano nunca pierde la esperanza de amar y de ser feliz.

Sigue siendo triste.
Lo que esto pone en evidencia es la responsabilidad que tenemos los unos hacia los otros, porque el corazón envejece cuando nadie solicita tu atención, tu ternura.

Sin afecto, es difícil disfrutar de nada.
Sin afecto, morimos; pero hay que saber que si damos esperando recibir, no recibiremos nada. Las personas resplandecientes que he encontrado tienen una mirada sobre lo que las rodea benévola, y estas personas atraen a los otros. Los 60 años es una ocasión para reflexionar en profundidad sobre el amor.

¿Cómo prepararse para la muerte?
En todas las tradiciones, contemplar tu muerte te hace más justo y ecuánime. Los indios americanos representan la muerte como un pájaro que llevamos sobre nuestro hombro. Todas las mañanas el pájaro nos pregunta: "¿Y si fuera hoy?"... Prepararse para morir es estar lo mejor posible en tu vida.

Aceptada la vejez, ¿cuál es el temor?
Envejecer en una residencia, porque son instituciones que no tienen ningún respeto por el ritmo de cada persona. Hay que levantarse, comer, cenar y dormir a la misma hora. De repente, tras haber dormido toda tu vida en una cama grande, te meten en una camita de niño: sólo eso ya es una violencia.

Hay que cambiar las estructuras.
Muchos grupos de amigos en Francia montan una comunidad, viven juntos pero no revueltos, establecen sus normas y se comprometen a que si uno cae enfermo, se vuelve dependiente o demente, el resto lo cuidará.



Miedo al futuro

Conoce los miedos de sus pacientes y los propios ante la vejez. Para esa numerosa generación, hijos del baby boom,que ha pasado la barrera de los 60 ha escrito La suerte de envejecer bien (Plataforma), más de 100.000 ejemplares vendidos en Francia, donde hace frente al abismo de la cuarta y la quinta edad, cuando la movilidad queda muy reducida, y proporciona claves para vivir mejor la dependencia sin dejar de advertir que esa posibilidad está en el futuro de todos y de que ya va siendo hora de que dignifiquemos la vejez. "En hebreo, la misma palabra sirve para designar felicidad y vejez.Debería ser el tiempo en el que cultivar más nuestra alma y dar nuestra sabiduría a quienes nos siguen".



IMA SANCHÍS



dijous, 19 de març del 2009

ALBERT CASALS, viajero en silla de ruedas, sin acompañantes y sin dinero

"¡Qué sencillo es el mundo!"



Tengo 18 años. Vivo en Esparreguera con mis padres y mi hermana Alba (9). Soy viajero desde los 15 años: Europa, Asia, Sudamérica... Soy anarquista utópico. Creo tanto en Dios como en un hipopótamo lila. Me gusta el manga, los disfraces otaku, leer, los videojuegos...



¿Desde cuándo vas en silla de ruedas?
Desde los ocho años. Tuve mononucleosis y leucemia: o me trataban a saco, con riesgo de provocarme alguna discapacidad, o me moría.

Y fueron a saco.
Sí. ¡Y el resultado ha sido perfecto!

¿No te importa la silla de ruedas?
Si hubiese querido ser futbolista… ¡Pero no hay nada que yo no pueda hacer en mi silla!

¿No?
Subo, bajo, entro, salgo, he atravesado selvas y playas, he viajado por Francia, Italia, Grecia, Alemania, Escocia, Tailandia, Malasia, Singapur... Acabo de regresar de un viaje de seis meses por toda Sudamérica...

¿Con quién viajas?
Me gusta viajar solo.

¿En silla de ruedas... ¡y solo!?
La silla es más ventaja que inconveniente: la gente te pregunta qué te pasa, de dónde vienes..., y así haces un montón de amigos.

¿Desde cuándo viajas así?
A los catorce años les dije a mis padres que me iba. Fue muy duro para ellos permitir mi felicidad. Pusieron una condición: el primer viaje lo haría acompañado por mi padre. Fuimos a Bruselas y aprendí cosas útiles para viajar. Y, a partir de los quince años, ya he hecho todos esos viajes yo solo.

¿Y qué dicen hoy tus padres?
Sufren un poco, pero están contentos viéndome contento. Agradezco que se hayan esforzado tanto en no ayudarme, en no decirme: "Esto no puedes hacerlo porque vas en silla de ruedas". Ellos facilitan mi felicidad.

¿Eres feliz, pues?
Plenamente, pues no hago nada que no quiera hacer en cada momento. Ahora me apetece hablar contigo, y si no, no estaría aquí.

¿Con qué dinero viajas?
Con tres euros al día.

No es posible.
Hace seis meses salí de casa con 20 euros para irme a Sudamérica, ¡y he vuelto con 20 euros en el bolsillo!

Pero... ¿y dónde duermes, y cómo comes y... cómo lo haces?
¿Por qué nos complicamos tanto la vida? Siempre hay dónde dormir, siempre hay algo que comer. Conoces a gente, y todo fluye. ¡Qué sencillo es el mundo! Lo he entendido viajando. Bastan cuatro cosas: dormir, comer, ducharse y hacer amigos.

Dicho así, sí parece fácil.
Claro. ¿Qué impide a todos los europeos hacerse vagabundos? Es maravilloso…

¿Qué buscas en tus viajes?
Ver cómo vive la gente, ver cómo son, conocerles, vivir con ellos, ser su amigo.

¿Y qué opinan tus amigos de aquí?
Me entienden, mis amigos son como yo: todos están haciendo lo que desean hacer, aunque a ellos no les apetece viajar.

¿No te da miedo viajar solo?
¿Qué puede pasarme peor que no realizar mis sueños?

Pueden robarte...
Al poco tiempo volveré a tener lo necesario, ¡seguro! Y nunca podrán robarme lo vivido.

... Puedes sufrir un accidente, morir...
Aun así, habría hecho lo que realmente quería, ¡habría sido más feliz que quedándome aquí contra mi deseo!

¿Qué haces al llegar a un sitio nuevo?
Voy a un parque, a una plaza, saco mis naipes... Al cabo de un rato hay niños, ¡y luego medio pueblo está alrededor!

¿Qué te dice la gente nueva con la que te vas encontrando?
Los adultos repiten dos preguntas: "¿De dónde sales?", "¿Y tus padres?". Algunos se escandalizaban de mis padres por dejarme solo... Alguna vez la policía me ha detenido por si me había escapado… Un niño solo por el mundo, feliz…, ¿qué tiene de malo?

Hombre...
Ahora, ya con 18 años cumplidos, ¡soy libre!

¿Qué llevas en tu mochila?
Una libreta, algún libro, un boli, una linterna, los naipes para juegos de manos, jabón, cojín, dos pantalones y dos camisetas, calzoncillos, chaqueta, botiquín, la tienda de campaña y el kit de reparación de la silla.

Dime lugares en que hayas dormido.
Playas, vagones de tren, parques, estaciones, coches, campos, comisarías, castillos en ruinas, casas abandonadas, casas de gente, cuevas, mansiones...

¿Cuál ha sido el mejor momento?
Viajar de noche en la caja de un camión en marcha, destapada. Podía sacar la cabeza al viento o acurrucarme. Fue chulísimo.

¿Y tu momento más peligroso?
He estado a punto de palmar volcando en un camión, y atravesando una selva con vampiros, y en una lancha de traficantes de motores entre islas caribeñas, zarandeados por una tormenta con olas de cinco metros: me golpeé, caí al agua inconsciente... y pudieron rescatarme por pelos.

¿Qué planes tienes ahora?
Recorrer toda el Áfricaoriental hasta llegar a Madagascar.

¿Nada te frena?
Cuando haces lo que de verdad quieres, el universo entero conspira a tu favor. Mira alrededor y decide: tú puedes elegir vivir triste o contento. Yo elijo la felicidad. No veo entre nosotros razones para ser infeliz.

¿Y no piensas estudiar, trabajar...?
No, si no me divierte. Me gustaría ser mediador o acoger niños... A veces me dicen: "Si no trabajas, ¡de viejo serás pobre!". Pero, si llego a viejo, ¡tendré amigos por todo el mundo! ¿Se puede tener más?



Nada le turba

Es sabio. Bastan sus ojos para comprender que ha alcanzado todo lo que predicaron los epicúreos y los estoicos juntos, y también los cínicos, los escépticos, los mendicantes y los giróvagos. No necesita nada. Ha salido de Esparreguera sin un euro en el bolsillo y se ha tirado en la arena de la playa de la Barceloneta. Nada le perturba. Todo le sonreirá siempre, puesto que él sonríe siempre a todo. Es un chaval cautivador, un alma grande: no alberga nada que no sea gozo, felicidad. Estar a su lado, verle y escucharle (o leerle en El món sobre rodes, Edicions 62) te hace ser un poco mejor. Luego me enreda con unos juegos de naipes que ni Tamariz, ¡palabra! (Más en www.elmonsobrerodes.cat)



VÍCTOR-M. AMELA



dimecres, 18 de març del 2009

MICHAEL GREENBERG, periodista y escritor

"La locura nos enseña mucho sobre lo que somos"




Tengo 55 años. Nací y vivo en Nueva York. A los 18 años me fui a conocer mundo. Tengo una columna en 'The Times Literary' y soy guionista. Casado por segunda vez y 3 hijos. La compasión debe estar por encima de las ideas políticas. Creo en Dios, pero no sé cómo hablarle



El cinco de julio de 1996 mi hija se volvió loca"… Sí, de un momento a otro Sally, de 15 años, se convirtió en otra. Yo la veía sufrir, pero no podía alcanzarla, nuestras conversaciones no tenían sentido.

¿Cuál era su delirio?
Con mucha excitación me explicaba que todos habíamos nacido genios y que si encontráramos la manera de aferrarnos o recuperar la infancia, podríamos seguir siéndolo.

No parece una locura, hay quien escribiría teorías sobre esa idea.
El problema es que salía a la calle y paraba los coches y a la gente para contárselo, hasta que la policía se la llevó. Sally tenía una gran necesidad de comunicar, pero todo lo que le salía por la boca era incongruente.

... E ingresó en el mundo oscuro de urgencias de psiquiatría.
Le diagnosticaron maniaco-bipolar en fase de euforia. Asistí entonces a una segunda transformación tan radical y extraña como la primera causada por los medicamentos, una especie de quimioterapia del cerebro. Estuvo encerrada dos semanas.

Debía de estar usted aterrorizado.
Pensaba que la había perdido para siempre. Psiquiatría es un lugar cerrado con llave, pero no parece que albergue enfermos, porque no hay goteros ni sondas. Las familias, de visita, están destrozadas pero aisladas, no pueden comunicarse las unas con las otras porque sienten vergüenza.

¿Qué cambió en usted pasar ese shock?
Me despertó una gran compasión por la gente que sufre y me hizo caer en la cuenta de la fragilidad de la comunicación humana. Hay cosas en nuestro interior que no podemos controlar, son más poderosas que nuestra voluntad. La locura ha estado en los seres humanos desde el principio y nos enseña mucho sobre lo que somos.

Llevaba dos años de matrimonio cuando Sally enloqueció, ¿cómo les afectó?
Aquel terremoto tuvo un efecto sorprendente en la vida de todos los que la rodeábamos. Pat, mi mujer, cambió de profesión, era coreógrafa y ahora es especialista en desarrollo infantil. Y su hermano mayor trabaja hoy para la ONU en programas de protección infantil. Yo soy el único que hago lo que hacía.

¿Pero no afectó a su relación de pareja?
Sally vivía con nosotros. Estábamos recién casados y tuvimos una pelea que casi acaba con nuestra relación, pero la devoción de Pat por Sally era incondicional pese a que hacía poco tiempo que la conocía. De hecho, Pat era la más estable, tenía una objetividad que ni la madre de Sally ni yo teníamos. Hoy ya llevamos quince años casados y tenemos un hijo de 10 años.

¿Cómo se llevaban Sally y su madre?
Una relación complicada. Sally vivía conmigo. Es curioso, porque al principio cada uno tenía su manera de justificar lo ocurrido en función de lo que más valoraba en su vida.

Cuénteme.
La mamá de Sally, Robin -que vive en el campo, medita y es vegetariana-, creía que aquel cuadro psicótico era una especie de clarividencia new age.Yo creía que eran los balbuceos de una brillante escritora a la que se le agolpaban las palabras en la cabeza.

¿Cómo ha vivido Sally todo el proceso?
Ha sabido enfrentarse con humor, se ha convertido en una experta a la hora de tratar con la enfermedad. Hoy tiene 27 años y dice que no le hubiera gustado haber nacido sin ella porque no se reconocería.

¿Le ha sentado bien su libro?
Estaba muy nervioso cuando le di el manuscrito, porque yo la describía y no solemos conocer la percepción que tienen los otros de nosotros. Y, además, ella tenía una especie de amnesia sobre lo sucedido y se sentía muy culpable por la tensión que creó. "Me he sentido como si leyera sobre otra -me dijo-, una muchacha de 15 años que estaba en el infierno y era la única que no lo sabía".

Durante la crisis cuenta usted que tuvo momentos de extrema lucidez.
Sí, de repente me decía: "Estás esforzándote demasiado para ser un artista, padre. Los artistas están más relajados". Tenía percepciones muy acertadas con todo el mundo, una especie de clarividencia emocional.

Usted ya tenía experiencia, su hermano mayor es una persona desequilibrada.
Sí, pero Steve es lo opuesto a Sally, él es un inadaptado, tiene problemas para comunicarse con el mundo exterior y vive encerrado, yo me encargo de comprarle todo lo que necesita. Hace poco le operaron y necesita un andador para caminar, ¡y es lo mejor que le ha pasado!, porque ahora la gente le abre la puerta, es amable con él. Está feliz.

Qué curiosa es la vida.
Mi madre siempre lo rechazó pese a que tuvo cuatro hijos más; hizo un gran esfuerzo para contármelo, fue un regalo: sabía que yo temía que Sally fuera como él. Me contó que lo tuvo con 22 años y no se vio capaz de quererle, lo culpó de sus problemas con mi padre. Ha sido la tragedia de su vida.

¿Usted lo entiende?
Sí, ella estaba muy deprimida y Steve era un niño poco efusivo. Nunca se encontraron, ella siempre estaba tensa en su presencia y su indiferencia hizo mucho daño a Steve.

¿Steve leyó el manuscrito?
"Sé que dice la verdad sobre mí -me dijo-, y si dice la verdad sobre mí, no quiero leerlo".

Se me encoge el corazón.
La batalla de todo ser humano es conseguir que surja su subjetividad y que encaje con el mundo real, si no, está perdido.



Perder la razón

A los 18 se fue a recorrer mundo y se convirtió en periodista, sus artículos de viaje y relatos han aparecido en The New York Review of Books y The Oprah Magazine, pero no se lanzó a escribir libros hasta que le sacudió una experiencia personal: a su hija adolescente le diagnosticaron trastorno bipolar, y todo su mundo cambió. Durante los quince días de horror que pasó pidiendo permiso para poder verla mientras estaba ingresada en psiquiatría, se dio cuenta de que no tenía ninguna referencia, ningún libro que contara su situación, y decidió escribirlo. Hacia el amanecer (Seix Barral), segundo en el ranking de los mejores libros del 2008 según Amazon, se va a llevar al cine.



IMA SANCHÍS



dissabte, 7 de març del 2009

JUAN LUIS CANO, periodista y cómico del dúo Gomaespuma

"Mientras cocino, yo canto, ella llora, y luego comemos"


Tengo 48 años. Nací en Carabanchel y vivo en Torrelodones. Soy periodista, con inquietudes renacentistas y sin capacidad para desplegarlas. Tengo pareja y una hija, María (9). Soy de izquierdas. Soy creyente: creo que no existe Dios. Me gustan las pelis malas de marcianos


Sigue Gomaespuma?
Como fundación, sí. Como programa de radio, no.

¿Por qué?
Llevábamos 28 años seguidos pegados a un micrófono y hemos querido liberar tiempo para nosotros.

Su familia estará contenta.
Quien no está contento es el agente de mi sucursal bancaria: ¡llega la crisis y yo abandono un ingreso fijo! Qué inconsciencia.

¿Y a qué se dedica ahora?
Siempre quise escribir: ahora publico una novela. Y preparo un programa de televisión. Y busco fondos para los proyectos de la Fundación Gomaespuma.

¿Qué tipo de proyectos?
Estamos fundando escuelas en Nicaragua, Sri Lanka, África...

¿Qué lleva a un dúo de locos de la radio al humanitarismo?
Cuando empezó a irnos bien en la radio, Guillermo Fesser y yo nos sentíamos privilegiados en el lado privilegiado del mundo. Y quisimos revertir algo en la gente.

¿Desde cuándo se conocen ustedes?
Desde el primer día de facultad. Éramos los más distintos del grupo: yo era un macarra del barrio de Carabanchel y él era un pijo del barrio de Salamanca.

¿Y qué pasó?
Que nos compensamos. Nos hemos sorprendido el uno al otro, y en directo: hemos improvisado siempre ante el micrófono, y nos hemos reído hasta no poder ni hablar.

¿Qué le enseñó a usted Carabanchel?
Todo. Crecí jugando en la calle, feliz. Aprendí a tratar con todo tipo de gente y en toda clase de circunstancias. A verlas venir. A salir por piernas. Y otra cosa me curtió.

¿El qué?
Ser del Atlético en un océano blanco. Es duro y te enseña a vivir: sabes que es plausible perder. Un merengue - mal acostumbrado, pobre-se hundirá ante una derrota, yo no.

¿A qué se dedicaba su familia?
A las pompas fúnebres. Yo iba cada día a la funeraria de mi abuelo.

¿Eso enseña algo, también?
Que siempre hay clientela, claro. Y que la muerte es algo de cada día. No deberíamos ocultarla como algo tétrico y morboso.

¿La funeraria le indujo a filosofar?
¿Qué niño no se ha angustiado pensando en que su madre o su padre pueden morir? Lo bueno fue la vecindad con la muerte: "¿Dónde está papá?". "Ha ido a la funeraria...".

¿Alguna anécdota fúnebre?
Mi madre iba a veces de compras en el coche de muertos, conducido por Pablo.

¿Con fiambre dentro?
¡No creo! Un día este empleado, Pablo, sí que casi mata del susto a un cliente…

¿Por qué?
Pablo solía elegir algún féretro - acolchado, a poder ser-para echarse una siestecita. Un día mi abuelo mostraba modelos de ataúdes a un cliente... y Pablo se alzó desde dentro de uno. ¡Casi le da un síncope al cliente!

Qué relajado, ese Pablo.
Casi como aquel muerto... Estaba un día mi abuelo preparando un muerto para el velatorio... cuando el tipo abre los ojos y dice: "Pues ya ves, hijo, aquí sufriendo...".

¡Menudo sobresalto! ¿Aprendió usted mucho humor negro en ese ambiente?
Mi abuelo les decía a sus amigos: "Id muriéndoos antes que yo, ordenada y espaciadamente, que tengo que dar de comer a mis hijos". Creo que es un humor muy español.

¿Qué es el humor?
Un modo de mirar la vida que te permite extraer siempre alguna chispa de todo.

¿Qué le hace reír a usted?
Las asociaciones insólitas: una Virgen con botas, un marciano hablando gallego...

¿Qué vocaciones tenía de niño?
Me gustaba contar cosas a la gente. Y pensé que lo canalizaría como periodista de diarios. Pero se cruzó la radio: estábamos en la facultad y nos ofrecieron hacer un programa de madrugada. Se llamó El flexo,y diciendo lo mismo que decíamos en el bar de la facultad, ¡tuvimos un exitazo...!

Dicen que es usted también un buen cantaor de flamenco.
Cuanto más ahondo en el flamenco, más me apasiona. ¡Es imposible que a nadie sensible y sin prejuicios no le guste el flamenco! Hasta le ha pasado a mi asistenta rumana...

¿Qué le ha pasado?
En casa cocino yo. Mientras se cuece la comida, saco la guitarra y toco y me canto algo por soleá. Un día acabo de cantar ¡y veo a la asistenta llorando como una magdalena! Cada día se repite el ritual: yo cocino y canto, y ella llora. Y luego ya comemos. Necesito ese momento de cante, ¡es mi yoga diario! ¿Por qué ya hemos dejado de cantar en España?

Será por la tele... ¿Ve usted la tele?
Poco. ¿Sabe lo que me gusta? ¡Las películas malas de marcianos! Las busco por los canales locales de TDT.

¿Puedo saber cuál es su película mala de marcianos favorita?
El ataque de los zombies paletos,o también esa otra que vi la otra noche, en la que los marcianos ¡eran todos drag queens...!¡Y los buenos, los astronautas, también!

¿Qué querría usted que figurase en su lápida como epitafio?
¿Sabe que "Cano" es la firma que figura al pie de casi todas las lápidas del cementerio parroquial de Carabanchel? Es que la familia tenía también un taller de lápidas por encargo... En mi lápida podrían grabar algo así como: "¿Alguien me puede decir cómo ha quedado el Atlético?".


Funeraria

Juan Luis Cano y Guillermo Fesser, alias Gomaespuma, han hecho reír a millones de personas durante casi tres decenios. Con sus delirios radiofónicos, fueron el Tip y Coll de la radio. Ahora se han apartado del micrófono. Siguen trabajando juntos en cooperación internacional con su Fundación Gomaespuma. Mientras, Cano publica La funeraria (Espasa), divertida novela inspirada en sus recuerdos de la funeraria familiar y el barrio obrero. Interrumpe la charla una llamada al móvil de Guillermo y comentan lo difícil que es ahora conseguir dinero para abrir una escuela en Managua... Pero Cano confía: "¡La vida es un ping-pong: te vuelve lo que envías!", y él confía en seguir enviando.


VÍCTOR-M. AMELA