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dijous, 7 de maig del 2009

ANDREW FEINSTEIN, analista político y ex parlamentario sudafricano

"Lo más impresionante era el grado de perdón de los negros"


54 años. Soy un sudafricano afincado en Londres. Casado, dos hijos. Licenciado en Psicología Clínica, Economía y Política. Soy articulista en ´The Guardian´ y analista en la BBC y Al Yazira. Hay demasiada relación entre los negocios y la política. Nací judío y soy humanista


¿Un blanco que defiende a los negros?
Mi madre es una superviviente del holocausto. Crecí con la idea de que cualquier discriminación no sólo es mala, sino peligrosa.

Cuénteme la historia de su familia.
Toda la familia de mi madre murió en Auschtwich. Ella sobrevivió escondida con su madre, tres años y medio, en un sótano de Viena que pertenecía al padre (miembro del partido nazi) de una amiguita de la escuela. Mi padre también era judío de origen lituano. Toda la familia se compró un billete de barco rumbo a América.

¿Y atracaron en Sudáfrica?
Sí, ocurría con frecuencia. Mi padre y mi madre se conocieron en Londres. Ella hacía de titiritera; él, múltiples trabajos.

Bonita historia.
Me enseñó que las diferencias siempre son más pequeñas que lo que nos une.

Usted era un blanco privilegiado.
Sí, pero podía ver cómo a los adultos por ser negros se les trataba como a niños.

¿Cuándo se convirtió en activista antiapartheid?
En 1982, cuando entré en la universidad trabajaba en una agrupación estudiantil de ayuda social. Íbamos al extrarradio, a los barrios de chabolas de la población negra y construíamos letrinas y escuelas. Las condiciones de vida eran espantosas.

Descríbame lo que vio y sintió.
La primera vez que fui a uno de esos barrios llovía mucho. Encontré a la gente sentada en sus camas; no tenían muebles y el agua entraba por todas partes, eran chabolas hechas con trozos de metal. Sentí vergüenza de pertenecer a ese sistema injusto y de que fuéramos tan pocos los blancos que intentábamos cambiar algo.

Los privilegiados no quieren cambiar.
Me di cuenta enseguida de que la solución no consistía en la ayuda social, en la caridad, sino en impulsar un cambio político que permitiera a la inmensa mayoría de aquel país votar. Cuando en 1986 tuve que hacer la mili, me enviaron de soldado a los barrios de chabolas en los que había trabajado.

¿A poner orden?
Sí, a reprimir a esos negros. Abandoné, me fui a Berkeley a estudiar Económicas y allí empecé a trabajar con el Congreso Nacional Africano (CNA).

¿Algo de lo que se sienta orgulloso?
Cuando acabó el apartheid (1994), menos del 1% de los blancos de Sudáfrica había estado en una ciudad negra. Cuando volví en 1991 facilité sesiones entre blancos y negros a diversos niveles, un grano de arena para la llegada de la democracia a Sudáfrica.

De esas reuniones entre blancos y negros, ¿qué recuerdo atesora?
Lo más impresionante era el grado de perdón de los negros. A pesar de todo lo que habían sufrido, no buscaban venganza.

¿Por qué abandonó el Parlamento?
Yo estaba muy orgulloso de estar en ese Parlamento en la época de Mandela; luego su sucesor, Thabo Mbeki, empezó a desilusionarme por sus políticas respecto al sida y por un tema de corrupción que investigué relacionado con el comercio de armas.

Lo explica en After the party...
Sí, un negocio de 5.000 millones de dólares, de los cuales 300.000 eran sobornos a líderes políticos; el propio partido financió parte de su campaña con ese dinero. Mbeki quiso detener la investigación y antes de que me expulsara del Parlamento me fui.

¿Con qué punto no estaba de acuerdo en la política de Mbeki respecto al sida?
Es un negacionista, niega que el VIH sea el causante del sida. Un cálculo de la Universidad de Harvard afirma que 300.000 personas podrían haberse salvado si hubieran tomado la medicación que la política de salud pública de Mbeki les ha negado. Mbeki fue sustituido por uno de los involucrados en el caso de corrupción.

¿Desencantado?
Rozo el cinismo. Estoy desilusionado y enfadado al ver como el poder corrompe incluso a personas que han tenido un liderazgo moral; y eso me lleva al desencanto, por las mismas razones, ante la situación en Oriente Medio. Encabecé una delegación sudafricana por los derechos humanos en Palestina.

Es muy atrevido comparar la discriminación que sufrían los negros en su tierra con la que sufren los palestinos en Israel.
Hay factores similares, y si algo me ha enseñado el holocausto y el apartheid es que no puedes detenerte porque la gente se enfade contigo.

Hábleme de esas similitudes…
Los territorios ocupados en Palestina son como los territorios que se les daba a los negros en Sudáfrica, que representaban el 85% de la población y tenían que vivir en el 13% del territorio, en la peor tierra.

...
La creación burocrática e institucional de la diferencia es algo común en ambos regímenes. En Israel incluso van más lejos, al establecer carreteras separadas para israelíes y palestinos. La separación física de las poblaciones es peor que en el apartheid.

...
La militarización de la sociedad tiene sus efectos: en la sociedad, los jóvenes son normalmente quienes llevan la voz del cambio. En Israel son los más conservadores; pero lo más triste es que la mayoría de judíos es indiferente al sufrimiento de los palestinos, ellos que conocen tan bien el sufrimiento.



'Juslim'

Cuando me explica la lucha para convertir Sudáfrica en un país más justo, nos suben a ambos las endorfinas. Así llegó Andrew a parlamentario para el Congreso Nacional Africano, junto a Ela Gandhi y Mandela. Pero tras Mandela las cosas cambiaron y empezaron a aparecer casos de corrupción, que Andrew denuncia. Me lo cuenta entre risas: ¿sarcasmo?... Tristeza. Se trata de un blanco que ha defendido a los negros, un judío que defiende a los palestinos y cuyos hijos son el futuro, son juslim (judíos musulmanes) que van a una escuela de la Iglesia anglicana. Ha venido a Barcelona invitado por Nova (Centre per a la Innovació Social) para participar en la "Campaña amb Palestina al cor".



IMA SANCHÍS


dimarts, 21 d’abril del 2009

DOUDOU DIÈNE, ex relator especial de la ONU en materia de racismo

"Mientras las ramas se pelean, las raíces se abrazan"



Nací en 1941, pero en mi cultura no importa el número de años. Soy de un pueblo de Senegal y vivo en París. Estoy casado y tengo tres chicos. Soy doctor en Derecho, en Ciencias Políticas y licenciado en Filosofía e Historia. Creo en la trascendencia y en los valores esenciales



Durante seis años viajó por el mundo. ¿Qué vio?
Lo que me queda son rostros y emociones en los encuentros. Todo lo aprendemos de las otras personas.

Qué gran verdad.
... Hay que mirarlas, porque siempre te nutren de una manera profunda y misteriosa. Y también descubrí la maravillosa diversidad surgida de la unidad.

Detengámonos ahí.
En lo profundo, todos somos la misma persona. En Senegal tenemos un proverbio: mientras se pelean las ramas de los árboles, sus raíces se abrazan. Las personas podemos pelearnos por los vientos de las ideologías y de los acontecimientos; la solución no es cortar las ramas, la diversidad, sino llegar a las raíces del árbol, donde se abrazan.

Las raíces son los valores universales.
Exacto, esos que todos compartimos. El problema está en el tronco del árbol, la educación y los prejuicios que sustentan a las ramas. A lo largo de estos seis años de investigación he comprendido que el racismo es universal, lo he visto en los treinta países que he estudiado.

¿Qué lo sustenta?
En su base está el rechazo a la diversidad, cuya expresión es la tensión identitaria.

La atracción o rechazo del diferente.
... Que la política y la religión transforman en una pulsión de interés y conflicto. Debemos trabajar permanentemente esa tensión identitaria, pero lo que normalmente han hecho los gobiernos es instrumentalizarla.

Y justificarla.
Así es. El racismo, por ejemplo, hacia los judíos ha sido instrumentalizado desde los tiempos bíblicos, se le ha dado contenido. Y los pensadores ilustrados europeos, para legitimar la venta de seres humanos como mercancía, inventaron la inferioridad cultural y biológica del hombre negro.

Legalmente, el racismo está superado.
Sí, pero se trata ante todo de construcciones intelectuales que han entrado tanto en las mentalidades que se siguen cometiendo genocidios.

¿Qué es lo más triste que ha visto?
Cómo las propias víctimas del racismo practican el racismo con otras víctimas, como la tensión entre los negros y los judíos en Estados Unidos o, en Oriente Medio, entre palestinos y judíos.

Igual es condición humana.
Veamos la historia reciente: ¿cómo explicar la vitalidad del genocidio? Cada diez o quince años se masacra a grupos. La pregunta que quiero plantear es esta: cómo el padre de familia nazi que sufría cuando su hijo o su perro estaban enfermos pudo cometer atrocidades; qué parte de este hombre le convierte en un animal.

La teórica política Hannah Arendt lo llamó "la banalidad del mal".
... Y Freud, "la bestia interior". Tras la Primera Guerra Mundial, en la que hubo 10 millones de muertos, dijo: la cuestión no es por qué hemos llegado tan bajo, sino entender que nunca hemos llegado tan alto como pensábamos; el porqué es la pregunta elemental que aún no hemos respondido.

¿Cómo la responde usted?
El racismo es un iceberg: lo que combates con la ley es la parte visible; hay que llegar al fondo para cambiar las fuentes profundas, y eso hay que hacerlo desde la infancia.

¿Cómo?
Hay que reescribir y enseñar la historia de otra manera, porque todas las historias nacionales son construcciones de odio y prejuicio hacia otro. El español actual, por ejemplo, no sabe lo que debe a la cultura árabe, la historia borró ese periodo prodigioso de interacción que construyó la España moderna. ¿Y qué imagen nos llega de África?

Miseria y violencia tribal.
Exacto, pero África es más que eso. Hay que relacionar el combate contra el racismo con la construcción del multiculturalismo, donde, lo dice mi informe, ha fracasado Estados Unidos. Prohibir las discriminaciones, promover la igualdad, no es suficiente cuando cada comunidad vive mentalmente separada de la otra. Es necesario una promoción permanente de las interacciones.

¿Cómo se explica el triunfo de Obama?
En EE.UU. se da un proceso de resegregación. Se ve claro en las grandes ciudades, estructuradas en barrios, en la educación, y en las prisiones. Sin embargo, un país que ha conocido un racismo institucional violento ha elegido un negro como presidente.

Sí, ¿cómo se lo explica?
Cada estadounidense, lentamente y en profundidad, ha hecho un trabajo interno, ha analizado las luchas y los mensajes de Martin Luther King o Kennedy. Sólo eso explica que estados donde la gran mayoría es blanca, como Iowa, hayan votado a un negro.

Hábleme de Europa.
Aumenta el racismo y la xenofobia debido a un factor fundamental que está más allá de la jerarquía de razas que existe en la mentalidad europea.

Eso que acaba de decir da que pensar.
Europa vive un choque entre las identidades nacionales y las dinámicas multiculturales actuales. Cuanto más multicultural y plural es la sociedad, más los partidos políticos se refugian en las antiguas identidades nacionales, y de ahí la instrumentalización del racismo. En el discurso de estos partidos políticos siempre encontramos la noción de defensa de la identidad nacional, y defender siempre se hace en contra de alguien.




Fuerza interior

"Mi conclusión es que la fuerza vital primordial es la fuerza interior, e intento vivir según esos valores interiores". Durante treinta años ha sido un alto funcionario de la Unesco, y sus informes para la ONU en temas de racismo han sido en muchos casos polémicos, como la afirmación de que en Europa el racismo es un instrumento político. Pese a ello, se le considera una de las máximas autoridades europeas en esa materia, sobre la que ha venido a debatir en el centro Unesco de Catalunya. Por parte de padre, musulmán, viene de una familia real tradicional. Su madre, cristiana, plantó a su padre cuando quiso tomar más esposas. Entre ambas familias ha crecido; tiene diecisiete hermanas y tres hermanos.



IMA SANCHÍS