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divendres, 17 de juliol del 2009

FRANCISCO GARCÍA OLMEDO, especialista en ingeniería genética de las plantas

"Con transgénicos podremos alimentar a la humanidad"


Tengo 71 años. Nací en Cádiz, vivo en Madrid. Soy catedrático jubilado de Biología Molecular en la escuela técnica superior de Ingenieros Agrónomos de la UPM. Estoy casado y tengo tres hijos y siete nietos. No soy de derechas ni creyente. Alimentaremos a 12.000 millones


¿Qué fue lo primero que comimos?
Plantas silvestres.

¿Al principio fuimos vegetarianos?
Al principio fue el hambre. Somos hijos del hambre, que nos hizo comer hojas, semillas, bayas, frutos, raíces...

¿Lo primero que pillábamos?
¡Miles de humanos cayeron al ingerir plantas tóxicas para nosotros! Y así fuimos conformando una dieta idónea, rica, variada.

En la que faltó proteína animal.
Comíamos también pescado, marisco, carroña, y un día catamos el cadáver quemado de un animal y nos gustó. Y empezamos a comer carne asada, cuando podíamos cazarla.

Éramos cazadores recolectores.
La mayor parte de los 150.000 años de nuestra historia. Sólo hace 10.000 años empezamos a cultivar plantas para comerlas.

¿Qué nos convirtió en agricultores?
Cambios climáticos desecaron pastos, diezmaron animales a los que seguíamos y cazábamos. Y tuvimos que seleccionar semillas propicias para sembrar y cosechar...

¿Dejó de ser natural nuestra comida?
Antes de la agricultura ya usábamos el artificio del fuego para ablandar la comida... Nuestra especie es artificiosa: hincar un palo en un hormiguero para robar semillas a las hormigas, o seleccionar semillas para cultivarlas o mejorarlas transgénicamente... es lo mismo: ¡artificio!

¿Cómo nos cambió la agricultura?
¡Tuvimos que trabajar! La vida del cazador recolector era más relajada..., aunque sólo podía alimentar a grupos pequeños. ¡Durante miles de años la población humana del planeta no subió de 40.000 individuos!

Poquito daño hacíamos...
La esforzada vida del agricultor sí pudo ya alimentar a más gente..., y creció la población humana. A costa, eso sí, de una dieta más monótona y menos variada que antes.

Y aquí estamos.
Gracias a la eficaz selección de semillas: fuimos escogiendo las más gordas, las más apiñadas, las más altas para facilitar su cosecha, las más resistentes a plagas y almacenajes… Y hoy perfeccionamos esa domesticación de semillas con ingeniería genética.

¿Se refiere a las semillas transgénicas?
Facilitan mejores producciones, con variedades vegetales que aguantan mejor las plagas y el transporte.

¿A costa de riesgo para la salud?
¡Los transgénicos son los organismos más testados y controlados de la historia. Les he dedicado media vida ¡y yo quiero lo mejor para mis nietos! Más que los ecologistas...

¿Y qué aconsejaría a sus nietos?
Que coman de todo. Sin angustias..., y con cautela los alimentos de la mal llamada agricultura ecológica (AE).

¿Por qué dice esto?
La AE fertiliza cultivos con estiércol animal a veces mal compostado, fresco, con peligro de contaminar por coliformes fecales frutas y verduras, lechugas, acelgas, espinacas...

¿Pretende asustarnos?
¡No tanto como los ecologistas con los transgénicos! También es falso que los plaguicidas naturales sean más inocuos para el entorno y la salud que los sintéticos.

¿Vivan los transgénicos?
¡Han salvado de hambrunas a miles de vidas, y más que salvarán!

Pero los frutos ecológicos son más nutritivos y sanos que los demás.
¡Propaganda engañosa y desleal! Es falso: no hay evidencia científica de tal cosa.

Pues los alimentos ecológicos son más sabrosos.
Falso. Se han hecho catas ciegas, y no.

Perdone, pero la fruta de hoy ya no sabe ni huele como la que yo comía de niño.
Por no recolectarse en su punto óptimo de maduración, sino en el idóneo para su transporte, distribución, almacenamiento... ¡Nada tiene que ver con que sea ecológica o no!

De todos modos, es lastimoso.
Esta producción y comercialización de alto rendimiento ha reducido los precios a una cuarta parte en los últimos treinta años, y a la mitad la proporción de hambrientos.

Ya, pero...
El que hoy se queja de que el pollo de antes sabía mejor ¡es un privilegiado que podía comerlo antes, cuando tantos no podían!

Me callo. ¿En qué momento de la historia hemos comido más y mejor?
¡Hoy! Por variedad, cantidad y calidad. En el siglo XVIII un europeo dedicaba veinte veces más tiempo que hoy de su día a día a procurarse el sustento..., y la esperanza de vida era de 40 años, de promedio.

¿Erradicaremos algún día el hambre en el mundo?
Vamos bien, aunque es mala noticia que hoy sea más rentable una hectárea para biocombustible que para alimento.

Roturemos nuevas tierras de labor.
Es una grave agresión a la tierra invadir más suelo silvestre para cultivos. Mejor extraigamos más rendimiento por hectárea. ¡Por eso necesitamos transgénicos! La AE rinde muy poco por hectárea: no podremos así alimentar a una humanidad creciente.

¿Cuánto suelo cultivado por persona?
Hace medio siglo precisábamos media hectárea por persona. Hoy basta con un cuarto de hectárea. Si la población mundial crece, habrá que bajar a un octavo. ¡Lo lograremos... domesticando genomas vegetales!

¿A cuánta gente alimentaremos así?
A 12.000 millones de personas. No más.





Domesticar plantas


Me subraya Olmedo que la dicotomía natural-artificial es falsa: somos artificiales por naturaleza, de natural somos artificiosos. Y que algunos alimentos naturales pueden matarnos tanto como otros artificiales salvarnos. Y que domesticamos plantas desde siempre: ellas nos alimentan y nosotros las rediseñamos, una dialéctica milenaria que prosigue hoy con las plantas transgénicas: "¡Hacemos con mayor precisión y rapidez lo que siempre habíamos hecho!", me resume para desactivar una enconada controversia que continuará con ideas como las que Olmedo desgrana en su ensayo El ingenio y el hambre (Crítica), porque, entre bocado y bocado, discutir está también en nuestra naturaleza.



VÍCTOR-M. AMELA


dimecres, 8 de juliol del 2009

NEAL STEWART; ingeniero agrogenético; diseña plantas genéticamente modificadas

"Diseñamos plantas que señalan dónde hay minas"


Tengo 48 años y peso más de 100 kg: soy un orgulloso americano xxx. Soy catedrático Racheff de Genética Vegetal Molecular del Instituto de Agricultura de la Universidad de Tennesse y además soy cristiano y profesor de ética. Toda genética que ayude a los humanos es buena.


Tenemos casi ultimado un diseño de planta que salvará muchas vidas: cuando crezca, señalará con su cambio de color dónde hay minas antipersonas enterradas...

Habrá que aprendérselas.
Cambiarán de color cuando detecten que en el suelo del que se nutren hay explosivos.

Y habrá que esperar a que crezcan: la mayoría de las plantas son lentas.
También estamos trabajando en ello. Estudiamos el bambú, una de las especies vegetales de más rápido crecimiento en el planeta: tratamos de discernir cómo logra crecer así y de ese modo podremos averiguar cómo transferir esa capacidad suya en el laboratorio de genética a otros vegetales.

¿En qué línea avanzan?
Al parecer esa velocidad de crecimiento está relacionada con la rapidez con que transforman el CO2 en oxígeno. También es interesante en ese sentido la mimosa.

¿Y puede modificar eso en una planta?
Desde luego. Y será una ingeniería muy útil: imagínese que lográramos modificar genéticamente millones de plantas para que absorban mucho más CO2 en su crecimiento, ese será un avance inestimable en la lucha contra el calentamiento global.

¿Puede también diseñar una planta para que nos avise de la contaminación?
Aquí el problema de nuevo es que son lentas al reaccionar y un vertido podría requerir un aviso mucho más rápido, pero ya hemos conseguido que esas plantas, que llamamos fitosensoras, nos avisen de si un determinado suelo está contaminado con metales pesados, explosivos, arsénico, polución orgánica o cualquier otro compuesto nocivo para la salud humana.

¿Y avisarán también de la polución en la atmósfera?
Desde luego. Para ello, tenemos dos vías de actuación en la ingeniería genética vegetal: o modificamos una especie determinada atnes de plantarla...

¿Cómo?
Cambiándole genes en su secuencia con la lógica binaria de on/ off que permite que reaccione ante un cambio en su nutrición.

¿Y entonces hay que esperar mucho?
Eso nos obligaría a plantarla y esperar que crezca. Por eso, otra posibilidad más rápida es utilizar una planta ya existente y modificarle genéticamente tan sólo una parte, para que sea esa parte la que actúe de chivata sobre la composición del suelo o del aire.

¿Analizar el suelo no es más rápido?
Es caro y complejo y nos obliga a análisis periódicos. La planta diseñada como señaladora nos avisaría con sólo mirarla y, una vez diseñada, es mucho más barata. Otra línea interesante es la detección de variedades transgénicas ya cultivadas: determinadas plantas genéticamente modificadas podrían avisarnos de qué especies próximas son transgénicas y cuáles no.

¿Cómo dan la alarma?
Tenemos varias posibilidades: un cambio, por ejemplo, del verde al rojo y la intensidad de ese cambio sería proporcional al grado de contaminación o podríamos conseguir de forma más fácil que esa variación cromática fuera visible tan sólo para un espectro de luz determinada que aplicaríamos los humanos.

¿Piensan crear plantas que den luz?
Las plantas luminiscentes serán una realidad pronto: es complejo pero posible.

¿Y plantas que den calefacción?
Ya tenemos una, la coliflor mofeta, pero, como habrá adivinado, además de emitir calor, de ellas emanan gases fétidos que no la hacen recomendable para nuestras macetas. Por supuesto, es una línea de investigación: eliminar unas propiedades y potenciar otras en su código genético.

Fresquito ya lo dan muchas plantas.
Perp podemos potenciar sus propiedades con relativa facilidad. Un gran avance en la fitogenética sería que pudiéramos introducir un cromosoma en su genoma.

Supongo que los biocombustibles ya no son motivo de experimentos, porque ya son una realidad.
En nuestro laboratorio de la Universidad de Tennessee trabajamos en la segunda generación de biocombustibles, especialmente los etanoles celúlosicos, pero es cierto que no son novedad, aunque todavía hay un largo camino por recorrer en cuanto a su eficacia.

¿A partir de que plantas trabajan?
La del tabaco y la de la mostaza son muy fáciles de manipular genéticamente en el laboratorio, por eso son las especies de partida de muchos ensayos. Hemos obtenido grandes resultados por ejemplo en la detección y prevención precoz de enfermedades en plantaciones de soja. Las plantas nos avisan con antelación de que existe un riesgo serio de que una plantación sufra los efectos de una epidemia.

¿Y no existe un límite ético en toda esta experimentación?
Desde luego que sí: no sólo hay un límite en la moral de cada investigador, sino que existe una legislación y restrictiva que debe ser cumplida.

¿Dónde pone usted el límite?
Todo lo que sirva a la especie humana y a su equilibrio con el medio debe ser investigado y lo que la perjudique, no. Es así de sencillo y por eso mismo eficaz. Nosotros no investigamos para crear plantas explosivas ni contaminantes ni venenosas sino que tratamos precisamente de modificarlas para que nos avisen de explosivos, contaminaciones y venenos.





Bienestar y beneficio


El profesor Stewart pasea por el campus de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC) donde colabora señalándo plantas frescas y aromáticas y otras vistosas, pero nada más. Lo que hoy parece fruto del gran diseño vegetal de la evolución (para él también de Dios) será pronto producto de los laboratorios. Se unen los profesores de arquitectura y Stewart habla de plantas que dan gas como si fueran incombustibles mecheros y otras que nos darán luz -con el permiso de las eléctricas- y otras que triplicarán nuestras cosechas, medicamentos, aromas... El límite -asegura- sólo lo pondrá el bienestar de todos... Barrunto que para ser realidad además deberán dar beneficios a algunos.