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dissabte, 7 de març del 2009

JUAN LUIS CANO, periodista y cómico del dúo Gomaespuma

"Mientras cocino, yo canto, ella llora, y luego comemos"


Tengo 48 años. Nací en Carabanchel y vivo en Torrelodones. Soy periodista, con inquietudes renacentistas y sin capacidad para desplegarlas. Tengo pareja y una hija, María (9). Soy de izquierdas. Soy creyente: creo que no existe Dios. Me gustan las pelis malas de marcianos


Sigue Gomaespuma?
Como fundación, sí. Como programa de radio, no.

¿Por qué?
Llevábamos 28 años seguidos pegados a un micrófono y hemos querido liberar tiempo para nosotros.

Su familia estará contenta.
Quien no está contento es el agente de mi sucursal bancaria: ¡llega la crisis y yo abandono un ingreso fijo! Qué inconsciencia.

¿Y a qué se dedica ahora?
Siempre quise escribir: ahora publico una novela. Y preparo un programa de televisión. Y busco fondos para los proyectos de la Fundación Gomaespuma.

¿Qué tipo de proyectos?
Estamos fundando escuelas en Nicaragua, Sri Lanka, África...

¿Qué lleva a un dúo de locos de la radio al humanitarismo?
Cuando empezó a irnos bien en la radio, Guillermo Fesser y yo nos sentíamos privilegiados en el lado privilegiado del mundo. Y quisimos revertir algo en la gente.

¿Desde cuándo se conocen ustedes?
Desde el primer día de facultad. Éramos los más distintos del grupo: yo era un macarra del barrio de Carabanchel y él era un pijo del barrio de Salamanca.

¿Y qué pasó?
Que nos compensamos. Nos hemos sorprendido el uno al otro, y en directo: hemos improvisado siempre ante el micrófono, y nos hemos reído hasta no poder ni hablar.

¿Qué le enseñó a usted Carabanchel?
Todo. Crecí jugando en la calle, feliz. Aprendí a tratar con todo tipo de gente y en toda clase de circunstancias. A verlas venir. A salir por piernas. Y otra cosa me curtió.

¿El qué?
Ser del Atlético en un océano blanco. Es duro y te enseña a vivir: sabes que es plausible perder. Un merengue - mal acostumbrado, pobre-se hundirá ante una derrota, yo no.

¿A qué se dedicaba su familia?
A las pompas fúnebres. Yo iba cada día a la funeraria de mi abuelo.

¿Eso enseña algo, también?
Que siempre hay clientela, claro. Y que la muerte es algo de cada día. No deberíamos ocultarla como algo tétrico y morboso.

¿La funeraria le indujo a filosofar?
¿Qué niño no se ha angustiado pensando en que su madre o su padre pueden morir? Lo bueno fue la vecindad con la muerte: "¿Dónde está papá?". "Ha ido a la funeraria...".

¿Alguna anécdota fúnebre?
Mi madre iba a veces de compras en el coche de muertos, conducido por Pablo.

¿Con fiambre dentro?
¡No creo! Un día este empleado, Pablo, sí que casi mata del susto a un cliente…

¿Por qué?
Pablo solía elegir algún féretro - acolchado, a poder ser-para echarse una siestecita. Un día mi abuelo mostraba modelos de ataúdes a un cliente... y Pablo se alzó desde dentro de uno. ¡Casi le da un síncope al cliente!

Qué relajado, ese Pablo.
Casi como aquel muerto... Estaba un día mi abuelo preparando un muerto para el velatorio... cuando el tipo abre los ojos y dice: "Pues ya ves, hijo, aquí sufriendo...".

¡Menudo sobresalto! ¿Aprendió usted mucho humor negro en ese ambiente?
Mi abuelo les decía a sus amigos: "Id muriéndoos antes que yo, ordenada y espaciadamente, que tengo que dar de comer a mis hijos". Creo que es un humor muy español.

¿Qué es el humor?
Un modo de mirar la vida que te permite extraer siempre alguna chispa de todo.

¿Qué le hace reír a usted?
Las asociaciones insólitas: una Virgen con botas, un marciano hablando gallego...

¿Qué vocaciones tenía de niño?
Me gustaba contar cosas a la gente. Y pensé que lo canalizaría como periodista de diarios. Pero se cruzó la radio: estábamos en la facultad y nos ofrecieron hacer un programa de madrugada. Se llamó El flexo,y diciendo lo mismo que decíamos en el bar de la facultad, ¡tuvimos un exitazo...!

Dicen que es usted también un buen cantaor de flamenco.
Cuanto más ahondo en el flamenco, más me apasiona. ¡Es imposible que a nadie sensible y sin prejuicios no le guste el flamenco! Hasta le ha pasado a mi asistenta rumana...

¿Qué le ha pasado?
En casa cocino yo. Mientras se cuece la comida, saco la guitarra y toco y me canto algo por soleá. Un día acabo de cantar ¡y veo a la asistenta llorando como una magdalena! Cada día se repite el ritual: yo cocino y canto, y ella llora. Y luego ya comemos. Necesito ese momento de cante, ¡es mi yoga diario! ¿Por qué ya hemos dejado de cantar en España?

Será por la tele... ¿Ve usted la tele?
Poco. ¿Sabe lo que me gusta? ¡Las películas malas de marcianos! Las busco por los canales locales de TDT.

¿Puedo saber cuál es su película mala de marcianos favorita?
El ataque de los zombies paletos,o también esa otra que vi la otra noche, en la que los marcianos ¡eran todos drag queens...!¡Y los buenos, los astronautas, también!

¿Qué querría usted que figurase en su lápida como epitafio?
¿Sabe que "Cano" es la firma que figura al pie de casi todas las lápidas del cementerio parroquial de Carabanchel? Es que la familia tenía también un taller de lápidas por encargo... En mi lápida podrían grabar algo así como: "¿Alguien me puede decir cómo ha quedado el Atlético?".


Funeraria

Juan Luis Cano y Guillermo Fesser, alias Gomaespuma, han hecho reír a millones de personas durante casi tres decenios. Con sus delirios radiofónicos, fueron el Tip y Coll de la radio. Ahora se han apartado del micrófono. Siguen trabajando juntos en cooperación internacional con su Fundación Gomaespuma. Mientras, Cano publica La funeraria (Espasa), divertida novela inspirada en sus recuerdos de la funeraria familiar y el barrio obrero. Interrumpe la charla una llamada al móvil de Guillermo y comentan lo difícil que es ahora conseguir dinero para abrir una escuela en Managua... Pero Cano confía: "¡La vida es un ping-pong: te vuelve lo que envías!", y él confía en seguir enviando.


VÍCTOR-M. AMELA



dijous, 15 de maig del 2008

LILIAN THURAM, defensa del FC Barcelona y fundador de Lilian Thuram - Educación contra el Racismo

“Esclavizar e invadir no es cosa de héroes, sino de bárbaros”





Tengo 36 años. Nací en Guadalupe y vivo en Barcelona. Estoy separado y tengo dos hijos, Marcos, de 10 años, y Kefren, de 7. La política debería velar por la igualdad. Lucho contra el racismo. De niño quería ser cura. Ahora creo sobre todo en la potencialidad del ser humano


Mis recuerdos de Guadalupe son muy felices, pura libertad. Pero mi madre tuvo que irse a Francia a trabajar. Nos quedamos solos los cinco hermanos hasta que pudimos reunirnos.


¿Y su padre?
No lo conocí, somos hijos de distintos padres. En Guadalupe, el concepto de familia es diferente. Todos los vecinos se involucran en tu educación, nunca estás solo, eso es imposible. Vivimos mucho en la calle y cuando haces algo que no está bien, ahí hay un anciano que te dice: “Eso no se hace”.

¿Cuándo tomó conciencia del racismo?
Llegué a Francia con 9 años y en el colegio veíamos unos dibujos animados sobre una vaca blanca y una vaca negra, la negra era la estúpida y la mala. Los niños me llamaban con el nombre de esa vaca.
Vaya, angelitos. Yo estaba feliz porque me había reencontrado con mi madre en el Paraíso, que es lo que ella decía de París, donde todo era posible.

¿En algún momento se desencantó?

No, porque he tenido la suerte de tener una madre feliz. Limpiaba casas y su vida era muy difícil, pero jamás lo demostraba. En casa siempre sonaba la música y su risa. Fue una gran formación, me hizo comprender muy pronto que la felicidad no es tener mucho de todo, sino algo interno, tu percepción de la vida.

¿Qué ha sido de sus hermanos?
Uno murió de un problema en el corazón a los 25 años, yo tenía 21. A diario muere gente, pero siempre son otros, hasta el día que te toca. Sin duda eso te ayuda a tomar distancia con las cosas que no son importantes. Descubrimos que su enfermedad era congénita, sólo dos nos libramos. Mi madre va con marcapasos y mis otros dos hermanos deben ir cada seis meses al hospital.


¿Y?

Tengo mucha suerte, la vida puede cambiar en un segundo; hay que ser humilde.

¿Qué significó para usted de repente el triunfo?
Para mí, el triunfo es convertirme en una persona más justa cada día, porque la vida siempre tiene un lado negativo que provoca rabia, y hay que canalizarla.

¿Canalizarla o eliminarla?
La rabia te da el coraje de decir no y luchar por lo que crees justo. Es muy importante aprender a decir no. Si uno analiza la sociedad en la que vivimos, debe tirar de la rabia para no ser un conformista.


¿Vivía usted en un barrio marginal?
En Guadalupe éramos todos negros, luego, en el centro de París, todos blancos; pero cuando llegué a Fontainebleau llegué al mundo, allí jugaba con pakistaníes, portugueses, españoles, argelinos, marroquíes, turcos, indios… Entonces no sabía la suerte que tenía, pero cuando crecí y empecé a oír eso de “los pakistaníes son así, los árabes asá…”, pensé: “¡Qué suerte he tenido!”.

Sin estereotipos, uno es más libre.

Sí, te permite ver a la persona.

De repente empieza a ganar bastante dinero, ¿qué ocurre en su vida?
A los 17, jugando en el Mónaco, tuve una lesión en la rodilla y un mal diagnóstico: “No puede jugar más al fútbol”. Pero decidí seguir, de manera que cada vez que juego es un partido más, eso me da cierto desapego.


¿Cuándo empieza a utilizar de otra manera el reconocimiento que le da el fútbol?
Desde niño me apasiona jugar, pero siempre he sabido que no es lo más importante.

De usted me sorprende que no demoniza a los racistas.

Nacemos vírgenes y la sociedad nos forma. La gente es racista y no sabe por qué, pero Europa se ha construido sobre una ideología racista basada en que los blancos son superiores. Organizaron un genocidio y les robaron todas sus riquezas a los indios simplemente porque se creían superiores.

Cierto.

Piénselo al revés, un indio llega a España y decide que la ha descubierto. Mis antepasados eran negros esclavos, personas secuestradas. ¿Recuerda al público haciendo gestos y sonido de los monos refiriéndose a Eto'o?... ¿Por qué el mono y no un elefante?

...
... La historia ha parangonado los negros y los monos, y si se insiste en ello siglo tras siglo, la gente acaba creyéndolo. La superioridad blanca no se ha cuestionado a fondo. Hay que reconstruir la historia y explicarla de otra manera desde las escuelas, los que invadían y esclavizaban no eran héroes, sino bárbaros ladrones ávidos de riqueza.

¿Qué entendió viajando por África como embajador de la ONU?
Pensamos que es normal o inevitable que unos vivan bien y otros mal, no entendemos que simplemente sea una cuestión política. Comprobé que los políticos están más pendientes del poder y del dinero, que seguimos en la época de Cristóbal Colón, es absurdo que en el mundo sobren alimentos y que la gente muera de hambre.

Usted ¿qué quiere?

Lo mismo que un chino, un europeo o un africano: encontrar la calle que conduce a la felicidad, consciente de que la felicidad engloba los problemas de la vida. Yo puedo ser feliz pese a que mi hermano murió. Si te paseas por África ves la felicidad en la cara de los niños. A menudo hablo de esto con mis hijos, que, como han nacido aquí, a veces dejan de sonreír porque no tienen la PlayStation; yo crecí en otro mundo.



Fútbol con cabeza

El agradecimiento es uno de los atajos en el camino de la felicidad y la sabiduría, y Thuram, de manera muy natural, valora y agradece lo que muchos venden como obstáculos superados. Crecer en un barrio marginal, conocer la muerte y vivir amenazado por una lesión han nutrido su personalidad. Y yo agradezco que no todo sea Beckham y sus excesos, que él no critica; de hecho no critica ni a los racistas, prefiere actuar. Hoy presenta la Fundación Lilian Thuram - Educación contra el Racismo. Ha recorrido África preguntando a sus ministros por qué es tan pobre su país teniendo tantas riquezas, e hizo callar a Sarkozy cuando le espetó: “Yo también crecí en los suburbios y no soy escoria”.


IMA SANCHÍS
(Foto: Mané Espinosa)