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dimarts, 26 de maig del 2009

RICARDO DÍEZ HOCHLEITNER, presidente de honor del Club de Roma

"Formé parte de la gran causalidad dela pretransición"



La juventud accede al conocimiento, pero sólo la edad da la sabiduría que permite ver lo mejor en cada persona. Nací en Bilbao, pero aspiro a ser ciudadano del mundo. Soy católico. La democracia no son sólo partidos, sino los ciudadanos cuando se asocian y le dan contenido



Estuve en Tanzania en los 60 enviado por la Unesco para reformar el sistema educativo, y allí conocí al presidente Julius Nyerere...

Gran y honesto líder.
Un día fuimos juntos a un poblado lejos de la capital. Sólo hablaban swahili y, de pronto, me quedé aislado del grupo y rodeado de nativos vociferantes...

...
... Y entonces me asaltó un pensamiento vergonzoso: "¿Qué hago yo aquí rodeado de estos negros?"...

Es usted sincero al recordarlo.
... Pero, poco a poco, me fui contagiando de la vitalidad, la alegría y la ilusión de los tanzanos y distinguí su dignidad en la pobreza. Y estaba tan avergonzado de haber pensado aquello, que se lo confesé a Nyerere.

¿Se enfadó?
Me miro a los ojos, como si hubiera descubierto en mí a un hombre nuevo, y me dio el megáfono: "¡Vamos, Ricardo, díselo tú!".

¿Se atrevió usted?
Les pedí perdón y les dije que quería ser un tanzano más. Y Nyerere cogió el megáfono y les preguntó: "¿Queréis que Ricardo sea tanzano? Y todos me abrazaron, y así inició la concesión de una nacionalidad que ahora aún me enorgullece: soy tanzano de honor.

Emocionante.
Todos somos la gran y eterna nación humana, por eso, repito a esos inversores que se creen de un país mejor: "Sólo ganaréis si vais a servir al mundo; no a conquistarlo".

Buen consejo.
También de joven tuve la tentación de pensar mal de la inmigración, pero ¿sabe cómo me curé? ¡Viajando! En Colombia, donde contribuí a reformar su educación, me trataron siempre como a un colombiano más.

País generoso.
Y allá adonde fui a servir -no a mandar ni a explotar a nadie- fui tratado como uno de ellos. Es algo que en Europa, donde nos gusta a todos pensar que somos de naciones mejores que las demás, debemos aprender. Y fíjese ahora cómo los chinos crean empresas en África y la América del Pacífico...

¿Cómo volvió a la España de Franco?
Formé pequeña y modesta parte de esa gran causalidad que fue la pretransición...

Hoy menos estudiada que la transición.
... Pero que permitió abrir una serie de resquicios por los que se coló en el régimen franquista algo de oxígeno exterior. Yo me había ido de España con ganas de respirar libertad, y desde los organismos mundiales en los que serví: el Banco Mundial, la OEA, Unesco o la Alianza para el Progreso de Kennedy -a quien conocí-; nos dábamos cuenta de que España requería un plan para ponerla en el mapa de las democracias. Y mi jefe, el director general de la Unesco, René Maheu, me pidió que volviera a ayudar a democratizar mi país.

Hubo maniobras sin cuento...
Y algunos protagonistas hábiles y discretos. Recuerdo haber acompañado al entonces príncipe Juan Carlos como edecán civil en su visita a Nixon. Y recuerdo haber acompañado también a algún ministro de Educación extranjero a ver a Franco. Y citaría reuniones en París, Washington y otras capitales que anticipaban el futuro.

Cocina compleja la de la pretransición.
Y una lección: la de la enorme importancia de la sociedad civil y de su educación. Relea nuestro libro blanco de la educación, donde se criticaba por primera vez la educación franquista. La transición no era posible sin reformar antes la educación.

Algo he leído al respecto.
La democracia no son sólo los partidos, sino todas las asociaciones, fundaciones, grupos, ciudadanos que le dan contenido participativo y anticipatorio. La democracia funciona no sólo al votar a un partido, sino cuando nos reunimos por la comunidad: desde los padres de alumnos hasta los de su escalera.

Ese es el gran pegamento social.
Son esos ciudadanos unidos los que modulan y dotan de contenido a la tarea de los partidos, que al cabo, son sólo eso: partidos.

Prometo asociarme más.
Hágalo. Mézclese con sus conciudadanos en mil actividades. Sólo así podrá abrirse, cambiar, integrar, escuchar. Y trascender a su propio momento histórico. Piense que las identidades estáticas, las que no cambian, las que no se mezclan... ¡perecen!

Y toda pureza es una mezcla olvidada.
¿Sabe cuál es la lección de fondo de todo proceso educativo?

¿...?
Valorar la diferencia en el otro. Ser capaz de descubrir que todos -incluso aquellos que nos parecen malos, incluso los peores- son capaces de aportarnos algo. Y descubrir que ese proceso requiere esfuerzo, rigor, aplicación y respeto, generosidad.

Es más fácil juzgar en blanco y negro.
... Y, sin embargo, todo ejercicio de lógica está en el sutil discernimiento de los grises. Es muy fácil condenar personas y épocas desde la comodidad del presente, pero piense que en todo momento cada uno tiene sus razones para actuar, y no todas son enteramente malas o buenas.

De ahí la dificultad del juicio histórico.
El reto es encontrar lo mejor de cada personaje: saber ver en él la persona. Mire, yo he aspirado siempre a ser buen católico...

...
Pero debo reconocer que la fe es un don y que la mía me la salvó en una ocasión... un pastor protestante.



'Díez Jolines'

Disfruto de algunas confidencias -¡ay, off the record!- de Díez Hochleitner, español universal 2008, a quien un autor franquista, molesto por su juancarlismo, apodaba Díez Jolines. Ahora en la Fundación Bertelsmann, de la que es directivo, ilumina claroscuros de la pretransición, cuando Hochleitner ponía en marcha el gran ascensor social del posfranquismo: la universidad pública. También explica la compleja cocina diplomática donde se planificaba el después de Franco: ¡cuántas causalidades aún por historiar! Por cierto, malicio, atando cabos de sus confidencias, que el primer grupo de comunicación en español, hoy endeudado, podría acabar siendo alemán. Alemán con B.



LLUÍS AMIGUET



dilluns, 6 d’abril del 2009

ABDERRAHMAN AIT KHAMOUCH, atleta surgido del desierto

"Puedes vivir sin brazo, pero no sin corazón"



Tengo 22 años. Soy de Mellab, aldea del desierto al sudeste de Marruecos. Llegué en patera a Fuerteventura, y hoy entreno en el CAR de Sant Cugat: soy atleta. Tengo novia. Perdí un brazo siendo niño, pero quiero batir el récord de los 800 metros en los Campeonatos de España.



Qué pasa si ve el mar?
Me entran escalofríos.

¿Malos recuerdos?
Sí: veinticinco horas apretujado en la proa de una barcaza en medio del océano...

¿Adónde iba?
A una vida mejor que la del desierto. Tenía 15 años y un solo brazo.

¿Cómo perdió el brazo?
A los ocho años, jugando en mi aldea, caí en un pozo seco. El brazo se me rompió, se infectó. Aquí me lo hubiesen curado bien, pero allí... Se gangrenó, y estuve a punto de morir. Me lo amputaron justo a tiempo.

Su vida no ha sido fácil, desde luego...
Agradezco todas las dificultades: me enseñan a disfrutar más lo que consigo. "Si quieres miel, aguanta las picaduras": es mi lema.

¿Dónde embarcó?
En una cala perdida, cerca de Sidi Ifni, frente a las islas Canarias, de madrugada.

¿Quién le llevó hasta ahí?
La mafia de las pateras: pagamos y esperamos varios días en una jaima del desierto, hasta que nos condujeron (en un 4x4) a la barca. En mi barcaza viajaba también una chica embarazada: eran dos vidas en una.

¿No temía morir ahogado?
Era mi cuarto intento: estuve a punto de morir tres veces. Partimos diez cayucos esa noche, y no todos llegaron a Canarias... ¡Pero peor era renunciar a mi sueño! A cada uno le empujaba su sueño: el de la chica embarazada era que su hijo naciese en España.

¿Y cuál era su sueño?
Llegar a España para trabajar y poder enviar dinero a mi madre, ¡y ser un atleta!

¿Cómo era la vida en su pueblo?
Tranquila, monótona y muy humilde, en la puerta del desierto. Vivíamos mi madre y mis hermanos en una choza de barro con goteras. De mi padre no sabíamos nada, se fue al norte siendo yo muy pequeño...

¿De qué vivían allí?
De comer pan, dátiles y té. Cada día. Y nada más. Yo trepaba a las palmeras, recolectaba dátiles y los vendía. Haces pequeños trabajos, vendes algo, te ofreces como guía...

¿Y estudiaba?
Mi escuela estaba a diez kilómetros de casa. Iba cada día a pie. Iba corriendo, y así podía quedarme en la cama un rato más. Luego corría... y siempre llegaba a tiempo.

¿Así empezó su carrera de atleta?
Sí. Un día unos turistas organizaron en el desierto una carrera para todas las edades... ¡y gané yo! Tenía diez años, me faltaba un brazo, ¡y triunfé! Deseé emigrar a España y ser atleta... Vendía dátiles para ahorrar.

¿Por qué no correr en Marruecos?
Me ofrecí en la federación y no me hicieron caso. Ahora me lo piden, pero estoy muy agradecido a muchas personas en España.

¿Qué hizo al llegar la barca a Canarias?
Desembarcamos en una playa de Fuerteventura: "¡Estoy vivo, piso el planeta!". Estaba agotado, pero corrí a los montes, y acabamos un grupito escondidos en una cueva.

¿Qué temían?
Te detienen, y repatrían a los mayores de edad. Los menores van a un centro hasta que cumplen 18 años y pueden devolverlos.

¿Cuántos días aguantaron en la cueva?
Los que duraron los cinco dátiles y cinco tapones de agua por persona y día: siete días.

¿Y qué hicieron luego?
Mi amigo Yusuf y yo, menores, bajamos al pueblo a comprar. Fue la primera vez que vi un supermercado: me bloqueé. ¡Nunca había visto tanta abundancia! La cajera debió de recelar: la Guardia Civil nos detuvo al salir. Escapamos del centro de menores. Un señor mayor nos escondió hasta que el hermano de Yusuf, que vivía en Bilbao, vino a buscarnos. Y volé en avión por primer vez.

¿Y adónde fue?
Yo, a Barcelona: era Navidad, hacía frío, y esa noche dormí en la plaza Catalunya. ¡Fue duro! Viví en centros de acogida, en pisos de inmigrantes, trabajé como correo comercial, acabé durmiendo en la calle otra vez...

¿Y cuándo empezó a mejorar la cosa?
Cuando me apunté a la Cursa de El Corte Inglés, corrí, corrí... y quedé entre los primeros. Me llamaron para los Campeonatos de España, ¡y gané los 800 metros!

¿Cuál ha sido su mejor momento?
Cuando gané la medalla de bronce en los 800 metros en los Juegos Paralímpicos de Pekín 2008 y subí al podio: ¡pensé en mi madre, en el desierto...!

Y ahora entrena en el Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat.
Sí. Cada día entreno, domingos incluidos.

¿Qué le diría al rey de Marruecos?
Que ojalá sus gobernantes colaboren con él y sean eficientes en ayudar a la gente.

¿Y a los niños de su pueblo?
¡Todos quieren ahora ser como yo...! Les digo que puedes vivir sin coche, pero no sin amor. Que puedes vivir sin brazo, pero no sin corazón. Y que la vida te da lo que deseas de verdad.

¿Cuál es su sueño ahora?
Competir en el Campeonato de España absoluto en 800 metros. Y, sobre todo, correr el maratón en unos Juegos Olímpicos... y ser el abanderado. ¡El futuro es sólo de los que sueñan!

¿Qué dice hoy su madre?
Quiere que sea feliz. Está contenta. Yo también, porque he podido hacerle una casa nueva... Si miro atrás, ¡me parece todo tan increíble! Hoy, todos los niños de mi pueblo quieren ser como yo. Yo nunca dejaré de superar obstáculos: una victoria sin sufrir sólo es ganar, no vencer.



Océanosy sueños

Abderrahman ha vivido lo bastante como para acumular más madurez de la previsible para su edad. El desierto del que salió y los sueños que allí se forjó son sus alas en la pista de atletismo. Se ha propuesto seguir corriendo y ganando, pese a faltarle el brazo derecho y pese a que los paralímpicos reciben pocas ayudas económicas ("¡no tendría que ser así!", se lamenta). Por eso estudia para opositar a policía o guardia civil. Me confiesa haber sufrido nuestra mirada racista, pero también expresa gratitud hacia personas que le han ayudado, como Héctor García o Toni Ganyet. En El ángel del ala partida (Now Books) relata su vida, que nos enseña que ni los océanos pueden frenar los sueños.



VÍCTOR-M. AMELA