dimecres, 8 de juliol de 2009

NEAL STEWART; ingeniero agrogenético; diseña plantas genéticamente modificadas

"Diseñamos plantas que señalan dónde hay minas"


Tengo 48 años y peso más de 100 kg: soy un orgulloso americano xxx. Soy catedrático Racheff de Genética Vegetal Molecular del Instituto de Agricultura de la Universidad de Tennesse y además soy cristiano y profesor de ética. Toda genética que ayude a los humanos es buena.


Tenemos casi ultimado un diseño de planta que salvará muchas vidas: cuando crezca, señalará con su cambio de color dónde hay minas antipersonas enterradas...

Habrá que aprendérselas.
Cambiarán de color cuando detecten que en el suelo del que se nutren hay explosivos.

Y habrá que esperar a que crezcan: la mayoría de las plantas son lentas.
También estamos trabajando en ello. Estudiamos el bambú, una de las especies vegetales de más rápido crecimiento en el planeta: tratamos de discernir cómo logra crecer así y de ese modo podremos averiguar cómo transferir esa capacidad suya en el laboratorio de genética a otros vegetales.

¿En qué línea avanzan?
Al parecer esa velocidad de crecimiento está relacionada con la rapidez con que transforman el CO2 en oxígeno. También es interesante en ese sentido la mimosa.

¿Y puede modificar eso en una planta?
Desde luego. Y será una ingeniería muy útil: imagínese que lográramos modificar genéticamente millones de plantas para que absorban mucho más CO2 en su crecimiento, ese será un avance inestimable en la lucha contra el calentamiento global.

¿Puede también diseñar una planta para que nos avise de la contaminación?
Aquí el problema de nuevo es que son lentas al reaccionar y un vertido podría requerir un aviso mucho más rápido, pero ya hemos conseguido que esas plantas, que llamamos fitosensoras, nos avisen de si un determinado suelo está contaminado con metales pesados, explosivos, arsénico, polución orgánica o cualquier otro compuesto nocivo para la salud humana.

¿Y avisarán también de la polución en la atmósfera?
Desde luego. Para ello, tenemos dos vías de actuación en la ingeniería genética vegetal: o modificamos una especie determinada atnes de plantarla...

¿Cómo?
Cambiándole genes en su secuencia con la lógica binaria de on/ off que permite que reaccione ante un cambio en su nutrición.

¿Y entonces hay que esperar mucho?
Eso nos obligaría a plantarla y esperar que crezca. Por eso, otra posibilidad más rápida es utilizar una planta ya existente y modificarle genéticamente tan sólo una parte, para que sea esa parte la que actúe de chivata sobre la composición del suelo o del aire.

¿Analizar el suelo no es más rápido?
Es caro y complejo y nos obliga a análisis periódicos. La planta diseñada como señaladora nos avisaría con sólo mirarla y, una vez diseñada, es mucho más barata. Otra línea interesante es la detección de variedades transgénicas ya cultivadas: determinadas plantas genéticamente modificadas podrían avisarnos de qué especies próximas son transgénicas y cuáles no.

¿Cómo dan la alarma?
Tenemos varias posibilidades: un cambio, por ejemplo, del verde al rojo y la intensidad de ese cambio sería proporcional al grado de contaminación o podríamos conseguir de forma más fácil que esa variación cromática fuera visible tan sólo para un espectro de luz determinada que aplicaríamos los humanos.

¿Piensan crear plantas que den luz?
Las plantas luminiscentes serán una realidad pronto: es complejo pero posible.

¿Y plantas que den calefacción?
Ya tenemos una, la coliflor mofeta, pero, como habrá adivinado, además de emitir calor, de ellas emanan gases fétidos que no la hacen recomendable para nuestras macetas. Por supuesto, es una línea de investigación: eliminar unas propiedades y potenciar otras en su código genético.

Fresquito ya lo dan muchas plantas.
Perp podemos potenciar sus propiedades con relativa facilidad. Un gran avance en la fitogenética sería que pudiéramos introducir un cromosoma en su genoma.

Supongo que los biocombustibles ya no son motivo de experimentos, porque ya son una realidad.
En nuestro laboratorio de la Universidad de Tennessee trabajamos en la segunda generación de biocombustibles, especialmente los etanoles celúlosicos, pero es cierto que no son novedad, aunque todavía hay un largo camino por recorrer en cuanto a su eficacia.

¿A partir de que plantas trabajan?
La del tabaco y la de la mostaza son muy fáciles de manipular genéticamente en el laboratorio, por eso son las especies de partida de muchos ensayos. Hemos obtenido grandes resultados por ejemplo en la detección y prevención precoz de enfermedades en plantaciones de soja. Las plantas nos avisan con antelación de que existe un riesgo serio de que una plantación sufra los efectos de una epidemia.

¿Y no existe un límite ético en toda esta experimentación?
Desde luego que sí: no sólo hay un límite en la moral de cada investigador, sino que existe una legislación y restrictiva que debe ser cumplida.

¿Dónde pone usted el límite?
Todo lo que sirva a la especie humana y a su equilibrio con el medio debe ser investigado y lo que la perjudique, no. Es así de sencillo y por eso mismo eficaz. Nosotros no investigamos para crear plantas explosivas ni contaminantes ni venenosas sino que tratamos precisamente de modificarlas para que nos avisen de explosivos, contaminaciones y venenos.





Bienestar y beneficio


El profesor Stewart pasea por el campus de la Universitat Internacional de Catalunya (UIC) donde colabora señalándo plantas frescas y aromáticas y otras vistosas, pero nada más. Lo que hoy parece fruto del gran diseño vegetal de la evolución (para él también de Dios) será pronto producto de los laboratorios. Se unen los profesores de arquitectura y Stewart habla de plantas que dan gas como si fueran incombustibles mecheros y otras que nos darán luz -con el permiso de las eléctricas- y otras que triplicarán nuestras cosechas, medicamentos, aromas... El límite -asegura- sólo lo pondrá el bienestar de todos... Barrunto que para ser realidad además deberán dar beneficios a algunos.