dissabte, 8 d’agost de 2009

ELVIRA RODRÍGUEZ SÁENZ, abogada mediadora y madre trabajadora

"España tiene una nula conciliación familiar y laboral"


Tengo 39 años. Nací y vivo en Barcelona. Casada y con dos hijos. Licenciada en Derecho. En España uno de los principales problemas es la nula ayuda a los padres trabajadores y la difícil conciliación entre vida laboral y familiar. Creo en una energía universal que nos une a todos


Explíqueme el caso.
Un señor con dos hijos de uno y tres años quiere solicitar la custodia compartida. La madre trabaja más horas que él, que, siendo autónomo, pasa mas tiempo con los niños.

Llega el divorcio.
Le aconsejo solicitar la custodia total porque para que un juez pueda aprobar la custodia compartida el fiscal tiene que dar su aprobación, lo que no suele ocurrir y menos con niños tan pequeños. La sorpresa es que en este caso y por primera vez en España el fiscal solicitó la compartida sin que las partes se la hubieran solicitado inicialmente.

¿En qué se traduce en la vida real?
Que el padre esté con los niños lunes y martes, la madre miércoles y jueves, y fines de semana alternos. Los gastos de mantenimiento de los niños van a medias.

Parece lo lógico.
La custodia compartida es una práctica consolidada en Francia, Italia, Alemania, Bélgica, Suecia, Noruega, Estados Unidos y Canadá. Países en los que suele existir una coparentalidad real gracias a una conciliación entre vida privada y laboral.

Nuestra piedra en el zapato...
En ninguno de esos países se da por norma una jornada que finaliza a las ocho de la noche ni reciben 100 míseros euros al mes como prestación por hijo hasta los tres años. España tiene uno de lo sistemas de ayudas sociales a las familias más escasos de Europa y una nula conciliación familiar-laboral.

En algo debíamos ser los primeros...
Desde las instituciones se debería fomentar el mutuo acuerdo y la mediación, y está demostrado que las legislaciones sobre custodia compartida facilitan el mutuo acuerdo, puesto que, al estar ambos padres en igualdad de condiciones, se reduce la litigiosidad.

Así se ahorran disgustos y dinero.
El dinero que se ahorraría el Estado en justicia es muchísimo, se podría invertir en ayuda a padres trabajadores. Además, cuando el procedimiento es de mutuo acuerdo las partes se ven más implicadas y cumplen en mayor grado el acuerdo estipulado que en el caso de una sentencia judicial impuesta.

Entiendo que la justicia va rezagada respecto a la realidad social.
Sí, la ley del Divorcio data de 1981, yha llovido mucho desde entonces. Hoy pocas parejas pueden llegar a fin de mes si no colaboran ambos en la economía doméstica. Ello hace indispensable que exista una equiparación en el cuidado del hogar y de los hijos, y que además tengan que contar con la ayuda de familiares o asistentes del hogar.

La vida moderna.
El objetivo final debería ser la estabilidad de los niños, así que si están acostumbrados a ver a su padre y su madre cada día, lo ideal sería una alternancia asidua.

Ahora se pretende que sean los niños los que se queden en la casa.
Sí, y que los padres se turnen, vayan y vengan. El problema es que para eso tiene que haber muy buena comunicación y normalmente si la hay no se llega a una separación. Y además cuando aparece una tercera persona se hace inviable. ¿Sabe qué es lo ideal?

¿Qué?
Que desde el primer día de matrimonio haya un reparto equitativo de tareas, así si algún día llega la separación, ese reparto continuará. Las mujeres tenemos que aprender a no estar todo el día diciéndole a los hombres cómo deben hacer las cosas con los niños. Hemos de dar espacio al padre.

Las crisis pueden ser para bien...
Sí, en ocasiones la separación es una oportunidad para que uno de los progenitores recupere su papel, y más de uno me ha reconocido que tras la ruptura disfruta de más cantidad y calidad de tiempo con sus hijos. Estos progenitores han sabido sacar lo positivo del conflicto y han aprovechado la crisis matrimonial para crecer como padres.

Que los padres no lleguen a un acuerdo es un mal ejemplo.
Sí, por eso yo pretendo premiar a los clientes que son capaces de llegar a un acuerdo, dándoles la posibilidad de una separación on line, ellos me dan el acuerdo y yo le doy forma legal, y eso sale supereconómico.

A usted lo que le va es la mediación.
Soy una firme defensora de que sean los propios progenitores los que regulen cómo va a funcionar la familia tras la separación, y la mediación da herramientas para que las partes lleguen a sus propios acuerdos.

¿Y cuál es su experiencia tras diez años de mediación?
En España no hay una cultura de mediación, la mentalidad es que para ganar hay que hundir al otro. Se suele negociar con la ley en la mano y normalmente la mujer está en una posición de fuerza, en el 90% de los casos se le concede la guarda y custodia de los hijos y el uso de la vivienda.

¿La reflexión clave de la mediación?
Por y para qué quieren la guarda y custodia, muchos la peticionan porque quieren la casa (en la mayoría de los casos) o la pensión de alimentos. Sabiendo los motivos reales se puede negociar.

¿Qué consejo le daría a las parejas?
Que cada uno encontrara su espacio para hacer un trabajo interior y tener alineado el pensamiento, la emoción y la acción; ser coherente con uno mismo en la relación y, si llega, en la separación. Si todos tuviéramos nuestro espacio diario para centrarnos no habría tantos conflictos.





Crecer


Por primera vez en España un fiscal y un juez se ponen de acuerdo ante un divorcio en establecer la guarda y custodia compartida para dos niños de 1 y 3 años, pese a que ambos padres habían pedido la guarda monoparental. "No es justo que un progenitor que no se haya ocupado de sus hijos antes de la separación demande la custodia total o compartida, como tampoco es justo que un padre que ha colaborado al 50% se vea privado de una compartida". Pero en el 80% de los casos esta joven letrada, que en esta separación representaba al padre, mediadora vocacional, consigue que las partes lleguen a un acuerdo: los individuos deben hacer del conflicto una oportunidad para crecer como personas.



IMA SANCHÍS