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divendres, 17 d’abril del 2009

DONATELLA ROVERA, responsable de Aministía Internacional (AI) para Oriente Medio

"No puedo cambiar el mundo, pero sí hacerlo menos malo"



Mi padre es argentino; mi madre, rumana nacida en Italia, como yo, que me crié en Francia y vivo en Londres, desde donde viajo a Oriente Medio. Llevo 18 años recogiendo testimonios de guerra para aclarar crímenes contra la humanidad. Colaboro con la Fundació Alfons Comín



¿Ha conocido a alguien que disfrute matando?
Sí, he tratado con gente que hacía daño sólo porque podía hacerlo...

¿Dónde?
Investigué, por ejemplo, los horrores de la guerra de Argelia en los noventa. Una mañana aparecía un pueblo entero..., 300 personas degolladas y el gobierno me negaba a mí que hubiera habido un solo muerto...

¿Y usted qué sabía?
Yo conocía a las familias asesinadas. Había estado allí antes. Ese es nuestro trabajo: estar allí y hablar con todos; evitar de algún modo que en el peor de los conflictos se destruya el puente humano.

Lo de Argelia fue un enigma macabro.
Había descontento por la pobreza; odios heredados del periodo poscolonial y un ejército argelino donde se enfrentaban varios clanes cuando, como recordará, se interrumpió el proceso electoral...

¿Cuál fue su estrategia allí?
Lograr que aquellos asesinatos no salieran gratis a quienes los cometían.

¿Cómo?
Llamamos la atención internacional. En otoño de 1997, al fin conseguimos que el mundo se preocupara por las masacres argelinas.

¿Y qué?
Hubo presiones diplomáticas.

¿De qué sirvieron?
Sirvieron, porque con ellas habíamos logrado que el coste de asesinar allí subiera.

¿Matar ya no salía gratis?
Deberíamos lograr que quien atente contra los derechos de una persona sepa que podría tener que responder por ello. En realidad, el 85 por ciento de nuestro trabajo es un gris, anónimo y desalentador ir y venir que a menudo da la impresión de que no lleva a ningún sitio... Y eso si me dejan entrar en el país: Israel nos impidió la entrada en Gaza durante su última invasión.

¿Le prohíben la entrada a menudo?
En Marruecos no nos dejaron entrar hasta 1993; en Argelia no pude entrar ni en 1992 ni en 1993: pasaba años esperando visados, y en Túnez llegaron a declararme persona non grata en 1993 y 1994.

Algo habría hecho: tal vez algo bueno.
Un ministro tunecino aseguró en una entrevista que yo ya podía volver; cogí el avión, pero volvieron a rechazarme en la aduana. Ya le he dicho que a menudo me da la impresión de que vago por el mundo para nada.

Puede que intentarlo sea importante.
He intentado hacer lobby para que se abra una investigación sobre la última invasión de Gaza. He visto a diplomáticos balbucear excusas absurdas... Y no lo hemos logrado.

No me habla del 15 por ciento bueno...
¡Es lo que me mantiene trabajando! En ese porcentaje está, por ejemplo, un grupo de ex militares israelíes que hace sólo un par de años eran odiados por los palestinos y hoy trabajan por la paz con los palestinos.

¿Por qué?
Hay quien goza matando, pero también hay personas que -entre gente enloquecida que se asesina- saben reconocer a otro ser humano bajo el disfraz de enemigo. Y eso nos permite a todos continuar siendo personas.

...
Por eso vale la pena seguir trabajando. No creo que vayamos a cambiar el mundo, pero tal vez logremos hacerlo algo menos malo.

¿Por qué ingresó en AI?
En el año 1990 vi un anuncio en The Guardian. Pedían lo que yo sabía: árabe y conocimientos del mundo árabe y hebreo, y experiencia en Israel. Yo había estudiado en Alejandría y Jerusalén.

¿Cuánto le pagan?
Treinta mil libras (alrededor de 30.000 euros) al año. Y a eso dedúzcale impuestos. Ya ve que no trabajamos por dinero.

¿Está mejor hoy Oriente Medio?
Quien no vea que empeora es un iluso.

¿Y usted trata de ser equidistante?
Sólo si los hechos lo son. Mi trabajo es construir una red de relaciones que permitan reunir testimonios para extraer algo de la verdad que al hacerse pública permitirá que se haga justicia para defender los derechos de israelíes, árabes, palestinos y de cualquier otra persona.

¿Cómo logra que le den esa confianza?
Saber árabe, por ejemplo, me permite evitar el traductor, que puede intimidar a los testigos. Así logré demostrar que los de Hamas estaban asesinando e intimidando a otros palestinos cuando empezaron los enfrentamientos entre ellos y Al Fatah.

¡Qué complejo, ese conflicto!
Las guerras son un laberinto diabólico, pero si logras sacar a la luz un poquito de verdad, se consiguen cosas, tal vez pequeñas...

¿Más ejemplos?
En el 2006 logramos testimonios de soldados israelíes que reconocieron haber disparado artillería a bulto -indiscriminadamente- sobre el sur de Líbano.

¿Y qué?
Yo los había visto, pero lo importante era lograr que los soldados lo reconocieran...

¿Por qué hablan con usted?
¿Por qué hablan los testigos con los periodistas? Porque son personas, y quieren decir la verdad, pese a todo.

No deben de ser muchos.
La mayoría cree que los israelíes -o los palestinos- nunca son verdugos; siempre son víctimas. Y tratan de intoxicarte con su visión. Y en medio de ese caos de odio e intereses estás tú, como una hormiguita, reuniendo testimonios y datos...



El puente humano

Encuentro en Donatella a una mujer tan abatida por conseguir tan poco como convencida del valor de ese tan poco. Convenimos en que las personas -así, tomadas de una en una- somos más importantes que cualquier idea, religión, país o bandera: no hay esfuerzo más meritorio que el de evitar que nos asesinen en su nombre. Y eso lo saben las personas capaces de ver bajo el uniforme enemigo a otros humanos. También están los asesinos, pero si estos temen -aunque sea poco y sólo un segundo- ser denunciados por alguien como Donatella, ese esfuerzo vale la pena. Se lo digo y sonríe: me confiesa su adicción al trabajo y después me cuenta más animada que pronto se tomará un año sabático.



LLUÍS AMIGUET



dilluns, 30 de març del 2009

ZEINAB el GHUNAIMI, abogada palestina en Gaza que asiste a mujeres sin recursos

"Nuestra bomba atómica son nuestros hijos"



Tengo 56 años y me siento más útil que nunca: ayudamos a muchísimas mujeres. Nací en Palestina y vivo en Gaza, hoy un campo de concentración. Sólo he tenido una hija, porque no quise tener más hijos que nacieran prisioneros. Colaboro con la Fundación Alfonso Comín



Tras los bombardeos de Gaza, miles de mujeres palestinas cumplen un deber que consideran patriótico: quedarse embarazadas.

...
Por cada palestino muerto por las bombas israelíes, ellas tendrán dos hijos.

No es un destino feliz el de esos niños.
Esa es nuestra bomba atómica: la demografía. Los israelíes tienen la suya, pero nuestras bombas son nuestros hijos.

¿Tiene cifras?
Nuestra tasa de maternidad es del 5,6, casi seis hijos por madre palestina, pero yo, que trabajo sobre el terreno en Gaza con cientos de mujeres palestinas, sé que ese porcentaje está aumentando tras la invasión israelí.

Creo recordar que la natalidad de Israel es también elevada.
Es alta para tratarse de un país industrializado: los israelíes tienen un promedio de 2,7 hijos por familia.

Pues usted sólo tiene una hija.
Porque, pese a ser de una familia de refugiados, escapé de la condena israelí al subdesarrollo y la ignorancia. Mi padre era maestro de escuela de la Unrwa, la organización de la ONU que ayuda a los refugiados palestinos y nos ayudó a llegar a la universidad.

¿Dónde fue a la universidad?
Yo pude ir a la Universidad de El Cairo, como mis tres hermanas, y estudié Derecho, y al volver a Gaza fui a la cárcel dos veces por colaborar en la resistencia contra la ocupación israelí, pero también vi mundo y estuve en la conferencia de paz de Suecia, y siempre que puedo salgo de Gaza.

Ahora ha podido.
En realidad, no he podido: las autoridades israelíes no me han dado permiso para salir de Gaza y venir aquí a Barcelona para la Fundación Alfonso Comín, pero he logrado burlar su control.

¿Cómo?
Comprenderá que no le dé detalles para que los publique y no pueda volver a salir.

¿Y qué descubrió en sus viajes?
Poco a poco me hice consciente de que no podía condenar a mis posibles hijos -seres humanos- a vivir en la ratonera que es hoy el campo de concentración de Gaza.

¿Hay más palestinos que piensen así?
Sí, y esa es una paradoja que pone en evidencia el cruel absurdo que vivimos. Los de la diáspora y los refugiados que, pese a todo, han podido acceder auna educación universitaria son los que tienen menos hijos.

El hijo es el plan de pensiones del pobre.
Así que si Israel, en vez de encerrarnos en bantustanes, nos hubiera dado posibilidades de prosperar, hoy los palestinos no tendríamos esa bomba demográfica que turba el sueño de los israelíes.

¿No serían ahora muchos y encima mejor educados?
Yo le puedo hablar por mí misma y por los palestinos universitarios y con mejor nivel socioeconómico que conozco: todos están por debajo de la media de hijos por familia palestina: tienen uno, dos o tres como mucho.

Arafat ya citaba los úteros como arma.
Era tradición cuando algún refugiado conseguía volver a Palestina que, para celebrarlo, la pareja tuviera un hijo.

¿Su hija piensa ser mamá numerosa?
Mi hija se casó en Dubái...

Parece una buena boda, enhorabuena.
Gracias, pero las autoridades israelíes no me dejaron salir para ir a la ceremonia.

¿Qué tipo de problemas encuentra cuando asiste a las mujeres palestinas?
Divorcios, herencias, custodias, todo tipo de problemas legales.

Los países árabes tienen fama de machismo contumaz y legalizado.
Es cierto que la sociedad patriarcal agraria árabe y su derecho tribal no daban a la mujer un trato igualitario, pero la sociedad palestina ha avanzado pese a la ocupación y estamos mejorando ese derecho.

¿No envidia la igualdad de las israelíes?
En las universidades palestinas somos mayoría las mujeres, y también en la universidad islámica de Hamas. Yo participé ya en el primer gobierno de la ANP y logramos introducir cuotas femeninas obligatorias en el gobierno. Hoy tenemos en Palestina mujeres jueces y altos cargos y ministras.

¡Qué corrupto era su gobierno de la ANP!
La corrupción existió -es cierto y lo admito- y pagamos un alto precio por ella. Esa corrupción con la complicidad israelí para dividirnos propició la aparición de Hamas, pero volveremos a estar unidos.

Hace poco, ustedes los palestinos solucionaban sus diferencias a tiro limpio.
Estamos aprendiendo: cuando Israel invadió Gaza morían palestinos de Hamas y de Al Fatah, niños y mayores... Eso nos une.

Israel les invadió para defenderse.
No soy partidaria de Hamas ni mucho menos, pero no admito que se tache de terrorismo a la resistencia contra la ocupación.

Hamas aplica la charia: no parece muy progresista para las mujeres.
Es cierto que existe ese proyecto, que nos llevaría a retrocesos como que el castigo para un robo sea la amputación de las manos, pero estoy convencida de que evitaremos esos extremos con un gran pacto palestino.

¿Cómo es el divorcio en Palestina?
Para el hombre es suficiente con decir a su esposa: "Estás divorciada". La mujer necesita un proceso. Trabajamos para reformar esos extremos. He logrado, por ejemplo, que la policía obligara a un divorciado a pagar la manutención.




Con el reloj a favor

Zeinab, resistente veterana, sabe muy bien cuál es la tasa de natalidad exacta de los palestinos de Gaza: es su pasaporte de vuelta a la patria arrebatada. Y es el dato que obsesiona a los estadistas israelíes desde que existen. Esa fe en que el reloj demográfico corre a su favor hace que muchos palestinos no apuesten por un Estado propio. Así, aunque sea aceptando por ahora el apartheid israelí, cambiarían el concepto clásico de "lucha de resistencia a la ocupación extranjera" a la argelina por el sudafricano de "lucha para que todos los habitantes del país tengan derecho a voto". Esa fue la estrategia que dio la victoria a Mandela. El problema es que los palestinos no tienen ningún Mandela.

dilluns, 16 de febrer del 2009

AVISHAI MARGALIT, filósofo israelí, miembro del Institute for Advanced Study de Princeton

"En los animados bares de Tel Aviv no son de derechas"



Soy del dos por ciento de israelíes que estaban allí antes de 1948: creíamos que gobernaríamos el país, y ya ve. Nací en Afula, hoy bajo mandato palestino. Mi mujer es filósofa: cuatro hijos. Estuve en un kibutz y hoy gozo viendo Tel Aviv, floreciente ciudad Estado como Barcelona.


Siempre temí que el conflicto político de Oriente Medio se convirtiera en religioso, y es exactamente lo que está pasando.

¿Por qué es eso tan malo?
Porque en las guerras de religión el tiempo carece de importancia: los años de guerra se convierten en siglos y las partes se enfrentan durante generaciones.

Aquí la reconquista duró ocho siglos.
Los líderes árabes, antes nacionalistas o izquierdistas, al convertirse en islamistas adquieren la mentalidad de los resistentes a las cruzadas: "Si pudimos resistir a los cruzados cristianos hasta que se fueron doscientos años después, también echaremos a los cruzados sionistas aunque cueste siglos".

Dios no tiene prisa.
Pero hay otro elemento en juego en la compleja sociedad israelí: Lieberman. Su lema racista "Entiendo el árabe" amenaza también al millón y casi y medio de árabes -el 20 por ciento- del total de siete millones de israelíes. Es un peligroso incitador de odio.

¿Quién le ha votado?
Los rusos: un millón de inmigrantes de Rusia que creen que con los palestinos hay que hacer lo que Putin -lo admiran- ha hecho con los chechenos. También creen que hay que conducir el Estado al estilo del KGB. Lo curioso es que... ¡comen cerdo! Un anatema para los ultraortodoxos, algunos de los cuales, sin embargo, le han votado.

¿Qué pasará?
La derecha al final formará gobierno con Netanyahu: un paso atrás en la confusión.

¿Por qué?
La intervención en Gaza ha hecho girar a la sociedad israelí hacia la derecha, aunque ha sido percibida como un éxito militar. Los derechistas siguen gritando: "¡No habéis acabado el trabajo: no habéis acabado con Hamas!". Absurdo: sólo una dictadura militar que detuviera uno por uno a todos los palestinos podría acabar con Hamas. A EE. UU. le costó un mes tomar Iraq y aún siguen allí.

¿Y ahora?
Yo cofundé un partido hace años que sólo logró un escaño y entonces fue considerado radical: pedía una solución con dos estados.

¿No es eso lo que admiten todos ahora?
Los pragmáticos de hoy fueron los radicales de ayer. Hoy todos -la derecha también- sabemos adónde vamos: dos estados. Israel volverá a las fronteras de antes de la guerra del 67 con intercambio de territorios.

Entonces...
La derecha insiste en que no hay interlocutor fiable para negociar ese paso con garantías, así que la alternativa era marcar nuestras fronteras de forma unilateral; iniciar una retirada y consolidar el Estado y, si había una respuesta armada, darles bien duro.

¿Y...?
Nos retiramos de Gaza, pero entonces estalló Líbano con Hizbulah y el triunfo electoral de Hamas en Gaza: Egipto, Jordania, Estados Unidos e Israel se acoquinaron ante la posibilidad de que Hamas gobernara con éxito y su revolución se extendiera por todo el planeta, y así iniciamos con su beneplácito un embargo y un bloqueo que convirtió Gaza en una cárcel.

Hamas también disparaba.
Empezaron a lanzarnos cohetes: cinco mil. Ha sido intolerable ver el goteo de muertos israelíes día a día y soportarlo impotentes. Y esa provocación era inevitable que acabara con la intervención militar en Gaza.

¿No es Irán quien manipula a Hamas?
Se beneficia de Hamas, pero sólo son compañeros de viaje. Es una tontería sobrestimar el papel de Irán. En cambio, tenemos la oportunidad de aprovechar el miedo del mundo árabe -incluida Arabia Saudí- a Hamas e Hizbulah para establecer alianzas y reconducir el islamismo. Erdogan, en Turquía, demuestra pese a todo que hay un islamismo tranquilo que puede ser moderado.

¿Qué aconseja usted?
No creo que me hagan mucho caso, pero lo mejor para todos sería reducir el perfil del conflicto, quitarle relieve mediático: evitar en lo posible que Palestina sea el símbolo que atiza la revolución islámica en el planeta; y establecer alianzas con los países árabes -que tienen mucho que perder si el ejemplo de Hamas y Hizbulah cunde- para reconducirlo: hacer que el enfrentamiento deje de ser religioso y vuelva a ser político.

Israel también parece más radical.
Hay el Israel derechista de las elecciones, pero también el Israel de las discotecas, los bares, los restaurantes: Tel Aviv, donde no son de derechas y una ciudad vibrante, polis magnífica, una ciudad Estado renacentista como Barcelona, donde la gente quiere vivir y prosperar en paz. Quieren soluciones pragmáticas, no cruzadas militares.

¿Obama?
Quiere cambio y cambio de verdad, pero no sé si tiene tiempo para poder concentrarse en Oriente Medio. Afganistán, Iraq, Pakistán, Irán... Todo se verá pospuesto por la emergencia económica que le absorbe.

Le queda mucho mandato todavía...
... Lo que no haga al principio no podrá hacerlo luego. El lobby judío se le impondrá. También está Hillary Clinton, un poder...

Y ha nombrado a George Mitchell.
Con excelentes credenciales: hizo un trabajo magnífico en Irlanda. Si él no logra mejorar la situación, no sé quién lo hará. Pero durante algunos años la economía absorberá las energías para el cambio: ahora estamos en el impasse del caos. Debemos trabajar para lo mejor y estar preparados para lo peor.



Cansados de la mili

Margalit, hijo de izquierdistas utópicos, aún es pensador de referencia para la intelectualidad judía. Antes de intervenir en CaixaForum, admite que el espíritu utópico de los kibutz de su juventud ha cedido ante el crudo militarismo de la derecha y el racismo de Lieberman, que hoy decide el gobierno de su país. Sólo se permite sonreír cuando atisba un destello de esperanza en las luces de las discotecas de Tel Aviv -todo el mundo me cuenta maravillas: habrá que ir-, ciudad donde nuevas generaciones de israelíes árabes y judíos comparten un gran ideal: disfrutar de sus vidas y de sus animadas terrazas y cafeterías sin cohetes, bombas ni fusiles en bandolera durante eternos servicios militares.



LLUÍS AMIGUET



dijous, 12 de febrer del 2009

EMAN AMAD, arquitecta palestina: trabaja en la conservación del centro histórico de Nablús

"Sólo lograremos algo si luchamos, pero sin armas"


Tengo 51 años. Nací en Nablús en la afortunada familia de un profesor. He vivido toda la vida bajo ocupación israelí. Que los palestinos usemos la violencia sólo da la razón al militarismo israelí: seguirán machacándonos. Colaboro con la Universitat Internacional de Catalunya


Aquel oficial israelí, cuando me oyó explicarle en inglés que no había nada que temer de nosotros, me miró y vi en sus ojos que tenía más miedo a razonar conmigo que a que yo llevara una bomba oculta...

¿Cómo está tan segura?
Lo sentí. El ejército israelí había entrado de nuevo en Nablús. Era el 2002 y la intifada les hizo intervenir: nos echaron de nuestra casa cinco días para alojarse ellos...

¿Qué le pedía usted al oficial israelí?
Que por favor no robaran ni rompieran nada de nuestro hogar; que queríamos volver. Yme lo prometió: "No somos así: usted encontrará su casa tal como la deja".

...
¡Y no robaron nada! La verdad es que estaba igual que cuando la dejamos. Sólo habían amontonado en el garaje la basura de los cinco días en que habitaron nuestra casa.

¿Por qué dice usted que aquel oficial tenía miedo a razonar?
Porque les rompe los esquemas que intentes hablarles en inglés de persona a persona. No entra en sus previsiones.

Las palabras no matan.
Les es más fácil manejar a palestinos cuyo árabe no entienden, y que pueden reducir al estereotipo de palestino que les inculcan, que a razonar en inglés con personas diversas, como lo son también los israelíes, porque no todos los israelíes ni los palestinos pensamos igual ni queremos lo mismo.

Eso parece obvio.
Aquel oficial vio que éramos como ellos: sólo tratamos de sobrevivir. Yo le dije la verdad: que rechazo la violencia.

Yo no diría que Hamas la rechaza.
Ustedes pensarán que soy una ingenua...

...
... Pero mi rechazo de los cohetes de Hamas y de cualquier violencia no es sólo una actitud ética. Es una constatación pragmática. Es una estupidez para los palestinos intentar competir militarmente con Israel.

¿Por qué?
Es dar la razón a los militaristas israelíes, que se ven justificados por esos cohetes de Hamas. Es seguir su lógica de la fuerza bruta, porque ellos tienen y tendrán siempre más: todo el complejo militar industrial estadounidense. Mientras no dejemos las armas, los israelíes nos machacarán. Debemos luchar, por supuesto, por una existencia digna y en paz, pero no con las armas.

¿Y qué propone usted?
No soy ninguna profeta ni líder. Sólo soy una arquitecta que quiere hacer su trabajo en paz. Ya no me fío de ningún partido. Sólo me limito a señalar un ejemplo: el de Nelson Mandela.

Mandela también empezó su lucha con el ANC empuñando las armas.
... Pero sólo consiguió avanzar cuando las dejó; fue inteligente y convenció a los suyos de que el apartheid salía reforzado cada vez que se enfrentaban a él militarmente.

No veo ningún Mandela palestino.
¡Ni yo! Si simplemente tuviéramos un mínimo de inteligencia política en nuestros líderes... Pero ya le he dicho que desespero de los partidos, lo que no quiere decir que renuncie a pensar y a decir lo que pienso.

¿Quién le enseñó a pensar?
Mi padre, Mohamed Amad, ha sido un intelectual palestino reconocido. Siempre me ha dicho que las mujeres somos igual que los hombres y me ha animado a estudiar: él quería que fuera médica, pero yo preferí ser arquitecta, y por eso estoy aquí.

¿Su padre hacía política?
Fue nacionalista árabe, pero cuando yo tenía diez años vinieron a buscarlo los militares israelíes y le dispararon quince balas en la espalda. Sobrevivió. Después volvieron a detenerlo dos veces. Mi madre fue una refugiada a la que expulsaron de su casa, cerca de Haifa. Siempre dice que se había comprado un bañador pero no pudo estrenarlo.

¿Y usted?
Yo he vivido bajo la ocupación. En 1975 fui a estudiar a la Universidad de Ammán. La mía ha sido siempre una vida afortunada, excepto por la humillación de ser de segunda en mi propio país y hacer colas en los controles: a veces cinco minutos; otras cinco horas y otras que los cierran porque sí.

¿Qué le decía a aquel oficial israelí?
Hablamos. Los israelíes no ven nada malo en ocupar otro país. Les han enseñado que somos nosotros los que ocupamos su tierra. Lástima que nadie nos enseñe a todos a vivir juntos como habíamos convivido durante siglos sin importar nuestra religión.

Usted no lleva velo.
No.

Tiene los ojos azules.
Los palestinos somos una gran mezcla racial y cultural, como todos los pueblos mediterráneos: hay musulmanes o cristianos; morenos o pálidos... Es una estupidez considerarnos una sola etnia y una sola religión, y más aún aspirar a serlo.

¿Qué hace como arquitecta?
Intento conservar el centro histórico de Nablús. Es un laberinto burocrático, porque desde los acuerdos de Oslo -un error- hay un área A, bajo mandato palestino; una B, compartida, y una C, que sólo controla Israel. Pese a todo, intento conservar Nablús para toda la humanidad.

Pues gracias.
Da sentido a mi vida en este caos, y también dar clases en la Universidad An Najah. A mi padre, que aún escribe poesía, le gusta que enseñe. Él también fue profesor.



Conflictos y personas

Vayas o no en peregrinación a Tierra Santa, ella viene a buscarte: llega Amad a la UIC a enseñar arquitectura y arriba hoy Avishai Margalit, filósofo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, a disertar en Barcelona y a entrevistarse con La Contra. Detrás de los grandes conflictos siempre hay personas más o menos de nuestro tamaño. Espero que en el tú a tú del diálogo entre iguales encontremos más luz que en las diatribas de los políticos en campaña. Eman -la veo dudar- antes de decir lo que piensa, piensa mucho lo que dice. Espero que nadie la obligue a arrepentirse de decirlo. Me ha sorprendido su serenidad y lucidez, cuando temía encontrar despecho, recelos y retórica panfletaria.



LLUÍS AMIGUET