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dimarts, 21 de juliol del 2009

KARY MULLIS, premio Nobel de Química 1993 por crear técnicas que revolucionaron la genética

"Creer que somos capaces de cambiar el clima es penoso"


Tengo 64 años: la edad te hace más sabio, pero no siempre más eficaz. A veces me fallan los dedos, pero no las neuronas. Nací en Carolina del Norte. Tengo fe, pero no religión. No somos una casualidad. Colaboro con el Institut de Medicina Predictiva i Personalitzada del Càncer


Yo tenía siete personas en mi laboratorio, así que debía buscarme la vida: descubrir cosas, darles trabajo. Era mucha presión, y entonces ya sabíamos que el futuro era el conocimiento y manipulación del ADN.

Eso resultó ser muy cierto.
Pero las técnicas para descubrir los defectos en las secuencias que explicaban enfermedades eran muy lentas. Yo sabía que podían mejorarse, y eso me obsesionaba.

¿Y cómo se le ocurrió la solución?
Las buenas ideas llegan cuando tratas de cerrarles el paso, porque estás concentrado en lo que crees la solución cuando en realidad es la distracción. Al final, cuando te relajas, ese pensamiento intruso se puede colar y entonces descubres que era la solución.

¿Y cuándo se le coló esa buena idea que en realidad era la solución?
Cuando dejé de obsesionarme: en vacaciones. Conducía hacia mi cabaña de las montañas y me relajé, y de repente dejé que la tontería - a partir de considerar que las dos tiras del ADN estuvieran correlacionadas-se transformara en lo serio.

¿Qué pasó?
Se me ocurrió la reacción en cadena de la polimerasa (PCR). Así ocurren las ideas: el foco de tu conciencia es muy estrecho, pero siempre tienes la inquietante sensación de que te dejas cosas fuera de foco...

Y gracias al PCR la genética despegó.
Por ello me dieron el Nobel; pero, desde entonces, en estos doce años, mi propia disciplina ha cambiado de arriba abajo.

¿Cómo?
Como casi siempre en ciencia, un avance nos ha llevado a un problema mayor y lo que creíamos material inservible -junk (basura)- en el proceso resulta que en realidad es valiosísima información que determina dónde y cuándo se forma una célula.

El rompecabezas de la vida.
Complejísimo. Y yo ahora trabajo en otro: enfermedades infecciosas que no podemos controlar con antibióticos, como la gripe.

¿En qué línea?
Creo que podemos redirigir nuestras reacciones inmunológicas de manera que sean capaces de modificar la especificidad de un anticuerpo para una enfermedad concreta y lograr que también sea efectivo contra otra.

Su concepción del sida ha sido muy contestada desde el establishment médico.
Me temo que no podría resumirse aquí en un párrafo. También es cierto que quien bucee en la literatura científica sobre el sida de los últimos veinte años verá que es desinformativa, pero eso es todo lo que tenemos.

¿Y qué piensa usted?
He publicado mi hipótesis en Genética: creo que el problema no es un tipo de retrovirus especifico, sino los retrovirus en general. Allí describo un mecanismo para explicar el desarrollo de la enfermedad con el que hago predicciones. Estas predicciones pueden ser experimentadas en roedores y, por lo tanto, confirmadas o falsacionadas.

¿Por qué causa tanto revuelo?
Porque es una hipótesis que puede o no ser cierta y por eso mismo es una hipótesis científica útil. En contraste, yo diría que el establishment médico ha expresado su posición sobre las causas del sida y que esa posición podría resumirse con la frase del doctor Anthony Fauci, responsable de enfermedades infecciosas de EE. UU: "¡Es el virus, estúpido!". En cambio, no se ha realizado nunca un experimento que testara la hipótesis oficial del virus VIH.

Pues se diría que era incontestable.
El hecho hoy por hoy es que las terapias con antirretrovirales pueden prolongar la vida de algunos infectados, pero eso no demuestra más que los otros casos en los que esos mismos medicamentos no son efectivos.

¿Entonces...?
Hay algo en el sida que no comprendemos y los científicos deberían tenerlo en cuenta.

También usted es escéptico, contra todos, al describir el calentamiento global. 
Cualquiera que tuviera interés profesional en la climatología debería admitir que el objeto de estudio es anterior al hombre. El clima ha variado radicalmente en los últimos cuarenta millones de años.

¿Y...?
En el eoceno, por ejemplo, el nivel de carbón dióxido era varias veces mayor que en la actualidad y, sin embargo, la temperatura era perfectamente compatible con la existencia de vida en la Tierra de polo a polo.

¿Y qué?
Hasta que podamos comprender esto o cómo la Tierra evolucionó hacia el mioceno, después el plioceno y luego el holoceno y entendamos bien cada uno de esos periodos con su propio clima, flora y fauna...

¿...?
... no tendremos una buena razón para pensar que comprendemos el clima.

¿Y eso qué quiere decir?
Que hacer cualquier predicción sobre lo que va a pasar desde ahora y comenzar de esa forma tan osada un debate implicando en él a nuestra humilde especie...

¿Entonces cree que no somos culpables nosotros y nuestro desarrollo?
... implicar a nuestra humilde especie en todo ese complejísimo proceso y darle un papel protagonista y decisivo al suponer que somos capaces de cambiar el clima es más que osado... ¡Es penoso!

Pues no hay poco en juego.
Ya le he dicho lo que pienso, pero sólo soy un científico.





De bioquímica sabe


Los premios tienden a apoltronar a los premiados, en especial a los Nobel, quienes, tras pasar por Estocolmo, pueden vivir -y bien- de dar la misma conferencia en muchos sitios. No suelen sacar los pies del plato ni meterlos en el de nadie. Mullis, en cambio, es un Nobel que ha roto varias vajillas: se ha declarado escéptico respecto al sida o el cambio climático (si ya es difícil acertar si lloverá el sábado: ¿cómo se atreven a profetizar el clima del siglo próximo?) e incluso se ha aventurado en alguna ocasión a considerar no del todo gratuita... ¡la astrología! Sus opiniones serán más o menos controvertidas, pero sus refrescantes argumentos merecen un repaso. De bioquímica sabe.



LLUÍS AMIGUET


dilluns, 1 de juny del 2009

JOSÉ RAMÓN CALVO, creador del Campus Excelencia para premios Nobel y estudiantes

"La cantidad de premios Nobel indica la calidad de un país"



Tengo 49 años. Nací en Las Palmas. Soy profesor de Medicina. Si la ciencia está al servicio de la política, gana el político; si la política está al servicio de la ciencia, ganamos todos. Fórmula para ganar el Nobel: estructura más método más una pizca de genio para interpretar el azar


¿Los premios Nobel sirven a algo más que a la vanidad?
"Yo no me inclino ante testas coronadas y aún menos ante políticos o millonarios, pero sí ante aquellos científicos que salvan vidas".

¿Quién le dijo eso?
Rosa Dausset, la esposa del Nobel Jean Dausset, descubridor del HLA, el antígeno leucocitario gracias al que podemos hacer trasplantes de órganos que hoy salvan vidas.

¡Grande, sí señor!
Y lo dijo al tiempo que inclinaba graciosamente la cabeza ante su marido...

... ¡Qué suerte tienen algunos maridos!
Yo también creo, como la señora Dausset, que no todas las especialidades de los Nobel son igual de indiscutibles.

¿Ah, no?
Los de la Paz han sido polémicos -recuerde el de Arafat- ya desde sus inicios. El propio Alfred Nobel concedió uno a una señora de discutibles méritos de la que parece ser estuvo muy enamorado...

Enamorar también es un talento.
... Y los Nobel de Economía en realidad los otorga sólo desde el año 71 el Banco de Suecia a la excelencia en teoría económica, pero la teoría económica es sólo eso: teoría.

¿Los de Ciencia son Nobel pata negra?
Los de Literatura premian una trayectoria vital y son más opinables y politizables; en cambio, los de ciencia son objetivos: se conceden sobre hechos probados: la importancia de una aportación y su autoría, y punto.

¿Quién los propone?
Sólo pueden nominar los que ya lo han ganado; determinadas academias y algunos centros de excelencia investigadora.

¿Por qué aquí no tenemos Nobel?
Excelente pregunta con una triste respuesta: porque somos malos en ciencia.

Pero en fútbol lo ganamos todo.
Lo triste es que el profesor Ayala Carcedo tiene bien demostrado que existe una relación directa entre la capacidad innovadora de una sociedad, la calidad de su sistema educativo e investigador, su talento y creatividad y el número de sus premios Nobel.

¿No es una relación algo forzada?
En absoluto, Ayala Carcedo la ha documentado con rigor: los Nobel reflejan la calidad educativa e innovadora de un país.

Pues, oiga, catalán no tenemos ni uno.
Y español de ciencia, casi que tampoco.

¡Pero estuvieron Cajal y Ochoa!
Cajal, sí, se lo admito, pero Ochoa en realidad fue sólo un Nobel nacido en España, pero que realizó su carrera en EE. UU.

Y encima Franco lo ninguneó.
Recuerdo haber pasado una tarde deliciosa en su casa con él y una de sus frases, que después causó escándalo: "La universidad debe ser sólo para las elites".

Ahora no es políticamente correcta.
¡Pero es cierta! La universidad no puede ser para todos: deberíamos tener una formación técnica y profesional con el mismo prestigio y calidad que la universitaria.

Supongo que no es el único problema.
Siendo décimo o undécimo país del mundo en muchos rankings económicos, deberíamos tener una cifra de premios Nobel homologable a la de Holanda -17 de Ciencia- y en cambio estamos en el puesto 21 en el ranking de los Nobel científicos junto a potencias como Portugal, México o Chequia.

¿Qué falla además de la universidad?
Casi toda la investigación española es estatal y rígidamente encuadrada en esquemas funcionariales que la desincentivan. En ese sentido, Catalunya y su programa Icrea -que permite contratar investigadores al margen de esa burocracia- van en la buena dirección. Veremos resultados.

¿Tan mal se ha hecho hasta ahora?
Hace poco presencié un tribunal que adjudicaba una plaza de investigación. Se presentó un prometedor científico belga al que tras todas las pruebas le pidieron... ¿Fotocopias de sus artículos científicos? Muy seguro, respondió: "Las he enviado por e-mail".

Ya le veo venir... Y es muy triste.
... Le dijeron que debían ser en papel. Y el hombre respondió que las traería en papel, "pero ya estará fuera de plazo", le contestaron. Y nos quedamos sin talento belga.

Estos forasteros es que no aprenden.
Exacto: nuestro sistema es tan proteccionista de lo propio que incluso los buenos científicos españoles formados fuera tienen muchos problemas de convalidación.

¿Por qué EE. UU. tiene tantos Nobel?
Es bien sabido: cantidades ingentes destinadas a innovar y un sistema público y privado muy competitivo, pero también la ventaja histórica de haber recibido a la diáspora de científicos europeos judíos, izquierdistas o simplemente pacíficos que huyeron de Europa por la guerra mundial.

De eso ya hace sesenta años.
Mire las estadísticas de los Nobel: el despegue se produjo entonces y aún explica por qué EE. UU. nos lleva a la UE veinte años de ventaja en investigación. Ya verá cómo salen antes de la crisis gracias a eso.

¿Pero por qué aquí seguimos jugando en segunda en I+D aun dentro de la UE?
En parte porque no sabemos inglés: ni nuestros políticos ni nuestros científicos. El número de citas que obtienes en el SCI (Science Citation Index) de publicaciones científicas es determinante, y muchos artículos de españoles no logran ser seleccionados por su pobre inglés. Eso explicaría, entre otras cosas, la ventaja de los holandeses, perfectamente bilingües.




El nobelólogo

A la chacha de Fleming se le cayó la fregona sobre una muestra de laboratorio: otro la hubiera tirado cabreado; él supo leer el azar -tras años de esfuerzo- y así descubrió la penicilina. Es la fórmula Nobel (método más genio) del dr. Calvo, que apunta nuestra carencia de Nobel como prueba de que toda nuestra educación falla: gastamos más en lotería que en I+D. Él hace cinco años que colecta dos millones de euros -eso sí es talento- para el Campus de Excelencia, donde reúne a Nobel -hasta 16 en una edición- con nuestros jóvenes investigadores: "Es nuestra fábrica de nobeles" y distrae -y atrae- a las parejas de Nobel con talleres de ópera o cocina. Si hubiera un Nobel de Nobelología, lo ganaría Calvo.




LLUÍS AMIGUET



dijous, 28 de maig del 2009

ALBERT FERT, premio Nobel de Física 2007

"Cuando era joven temía a las otras personas"



Tengo 71 años. Nací en Carcasona y vivo en París. Estoy casado y tengo dos hijos. Soy catedrático de la Universidad París-Sur y director del Centro Nacional de la Investigación Científica (CNRS). Soy de izquierdas. Mi sentimiento espiritual es el de pertenecer a la humanidad



No tiene usted tarjeta de visita...
No, para mí las relaciones son personales.

¿Hijo del Mayo del 68?
Sí, lo viví y participé en París. Pero si le he de ser sincero, había algo infantil en aquella reacción masificada.

¿?
No me malinterprete: el 68 fue la ocasión para que una gran masa de gente reclamara más independencia y libertad, pero yo esa revolución ya la había hecho 10 años antes.

¿Familia de científicos?
Pertenezco a una familia de campesinos. Mi padre era un maestro de primaria que estudió hasta doctorarse en Física. Me transmitió el rigor personal y científico.

... ¿Y el amor a la física?
Para mí, el valor superior era la literatura y las artes; estaba muy influenciado por un profesor que cada día lamentaba haber nacido en el siglo XX y no en la Grecia clásica.

¿Qué pasó?
Fui práctico, sabía que para encontrar un trabajo me sería más fácil con una formación científica. Y quería abandonar Toulouse e ir a París, y la mejor manera era preparándome para al examen de ingreso de las mejores universidades de París.

Curiosa historia para un premio Nobel.
... Cuando empecé, la física me parecía una ciencia dominada por una colección de leyes y teoremas; de hecho, me dedicaba a hacer cine y llegué a rodar un drama romántico ambientado en la guerra.

Igual nunca le ha apasionado la física...
Descubrí que la física también podía ser un espacio de creación cuando hice la tesis doctoral. Entonces entendí que un joven investigador podía adentrarse en campos desconocidos, y me apasioné.

¿Pudo aplicar el arte a la física?
La imaginación es básica en ambas disciplinas, pero no es el mismo tipo de imaginación. El arte, la literatura, trata sobre los problemas humanos, y la física, sobre problemas abstractos. Para mí, la física tiene cierta belleza; lastima que no puedas compartirla con mucha gente como la literatura.

Las cabezas de lectura de todos los ordenadores del mundo son cosa suya.
Sí, pero la tecnología es anónima…

Cada vez que encienda el ordenador o escuche el iPod pensaré en usted. ¿Qué le gustaría que pensara?
Piense en mí pero no por el intermediario, el iPod, sino porque está escuchando buen jazz, otra de mis pasiones.

¿Qué edad tenía cuando descubrió usted la magnorresistencia gigante (GMR)?
Cuarenta y nueve, pero la física es un largo proceso, aunque en este caso tuvo una rápida aplicación industrial: el disco duro, el sistema de frenos ABS o la miniatura del iPod, y en el caso de la medicina ha permitido mejorar la detección de cánceres.

Al GMR llegaron simultáneamente usted y Peter Grünberg… ¿Se pelearon?
En física hay muchas relaciones de competencia, pero con Peter hubo desde el principio buena relación y no, nos peleamos por la autoría del descubrimiento, que es lo que habitualmente sucede. Ocurrió entre Montagnier y Gallo con el virus del sida. Y a veces las disputas no son muy honestas... En nuestro caso, ambos recibimos el premio Nobel simultáneamente y tan contentos.

¿Qué representó, para bien y para mal, convertirse en Nobel?
Tuve que compartir mi amada vida de científico tranquilo al que le gusta reflexionar y discutir con los colaboradores, leer artículos y aprender desde el pequeño laboratorio que dirige… con otras responsabilidades que cada vez me requieren más tiempo.

¿De qué se trata?
Los políticos franceses, por ejemplo, me piden mi opinión sobre cuestiones de organización de la ciencia. Hoy estoy aquí, en el Liceo Francés de Barcelona, para motivar a los jóvenes en el campo de la ciencia. Este tipo de cosas, necesarias, me ocupan mucho... Y aquí estoy con usted.

Lo siento.
Pero tengo claro que el Noble es el premio a un progreso colectivo, y que debo parte de este premio a la colectividad. Entonces, cuando un colega estadounidense me dice que debo ir a tal congreso a explicar algo, pues me siento obligado.

Ha rechazado usted muchos cargos.
Sí, de dirección y asesoramiento. No me gustan las reuniones de política científica.

¿Qué ha entendido a lo largo de estos 71 años de vida?
Que uno debe seguir sus sentimientos tanto en la vida privada como profesional. Saber exactamente lo que uno tiene ganas de hacer, y elegir.

¿Buenos y pocos amigos?
Cuando era joven tenía miedo de las otras personas, era tímido. Ahora tengo una visión más global, sé que hay mucha gente con la que podría compartir mis sentimientos, pero la tendencia es la tendencia… Pero todavía no estoy muerto pese a los 71 años.

Está estupendo.
Tengo muchos proyectos por hacer, pero si miro hacia atrás, lo que más me satisface es haber creado el equipo humano con el que llevo trabajando 15 años. Lo pasamos bien.

¿A qué se dedican?
Investigamos un nuevo tipo de electrónica, la espintrónica, otro de mis descubrimientos, que permitirá una nueva generación de comunicación y de emisión de las ondas de radio.



Relajado

Sentados en el jardín del Liceo Francés, charlamos con buen humor mientras las hormigas nos suben por los pies. Tiene casa en Cadaqués y viene a menudo (colabora con investigadores catalanes), en esta ocasión para ser investido doctor honoris causa por la UAB. Fert me cuenta cómo simultáneamente el alemán Peter Grünberg y él descubrieron el GMR y compartieron Nobel. Algo que por lo visto ocurre a menudo. Sonríe al recordar la pugna que mantuvieron Luc Montagnier y Robert Gallo, que llegó a enfrentar a París y Washington, por ver sobre quién recaída el mérito de haber sido el primero en dar con el virus del sida (aunque en realidad quien lo aisló fue la doctora Barré-Sinoussi).



IMA SANCHÍS