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divendres, 10 de juliol del 2009

MICHAEL DOUGLAS, actor, director y productor cinematográfico

"He gozado, pero sólo he sido sexoadicto en las películas"


Tengo 64 años. Nací en Nueva Jersey y vivo en Bermudas y Nueva York. Me dedico al cine. Estoy casado con Catherine Zeta-Jones, y tenemos dos hijos, Dylan (8) y Carys (6), y tengo otro con Diandra, Cameron (31). Obama está siendo viento fresco. Procuro alimentar bien mi espíritu


Qué tal este mes por Deià?
Hace más de 20 años que veraneo en Deià, donde cultivo la vida familiar y la amistad. Nutro mi alma con arte, belleza, cultura, sensibilidad y espiritualidad. ¡Y buena sobrasada!

¿Cómo está su legendario padre?
A sus 92 años, estupendo. Hace poco ha escrito e interpretado un monólogo ¡de una hora y media! Pasó un mal trance con un accidente de helicóptero, un ictus, el marcapasos..., pero ahora goza de gran sosiego.

¿Cuál es su secreto?
Como hijo de emigrantes judíos rusos, luchó mucho por sus sueños. Ahora está recuperando las tradiciones hebreas de sus padres: ha iniciado estudios con un sabio rabino, y eso está devolviéndole serenidad.

¿Practica usted alguna religión?
Yo soy hijo de los años sesenta, seguí al yogui Maharishi..., y hoy sé que soy el único responsable de mi espíritu, sin consignas.

¿Ha seguido consignas de su padre?
Debería haberlas seguido más, ja, ja... Pero sí procuro seguir lo que me enseñó al comenzar en el cine: "Pon siempre toda la carne en el asador en lo que estés haciendo y, una vez ya hecho, ¡olvídate!".

No obsesionarse con nada, vamos.
Desde niño he visto pasar cada tarde por casa a amigos de mis padres de la primera generación de Hollywood, comunidad entonces muy integrada: Burt Lancaster, Tony Curtis, Frank Sinatra, Douglas Fairbanks...

¡Los grandes!
... y he sido testigo de sus inseguridades, sus miedos, sus fragilidades de personas de carne y hueso... ¡Y eso enseña mucho!

De no haber nacido en ese entorno, ¿qué sería usted hoy?
Ni idea. Desde los 5 años mi padre me llevaba consigo a los rodajes, en verano.

¿Qué recuerda de aquello?
El mecanismo del calamar gigante en 20.000 leguas de viaje submarino...Y recuerdo del rodaje de Un extraño en mi vida la escena en que mi padre besa a Kim Novak...

Buena educación sentimental...
Yo estaba en la línea visual de mi padre en el momento del beso, y entonces él paró el rodaje y con un gesto de la mano me dijo: "Michael, ¡apártate!". Aprendí a no estar en la visual de un actor durante un rodaje...

¿Qué más aprendió?
Que por mucho que te desvivas por tu trabajo y por tus hijos, un día te quedarás a solas con tu pareja..., ¡así que cuida tu relación!

¿Ha cometido usted ese error?
El trabajo estresado acabó en la ruptura con mi primera esposa. Y ese hueco quieres compensarlo... y puedes caer en excesos.

Hemos leído de su adicción al sexo...
¡Ah, esa leyenda! Estuve en rehabilitación a causa del alcohol, lo que aprovechó un avispado editor de prensa londinense - tras el éxito de Instinto básico-para decir que me rehabilitaba de una adicción al sexo...

Y nada de nada.
Sí es verdad que yo también he sabido gozar de la vida, ¡qué diablos, eso sí...! Pero sexoadicto... sólo lo he sido en las películas.

¿Se ha considerado icono sexual?
¡Ja, ja, que el cielo lea en sus labios!

¿Qué es lo que más le gusta hacer cuando no está trabajando?
Leer muchos periódicos. Y seguir eventos deportivos: baloncesto -felicidades por Gasol-, tenis, fútbol americano... Y me gusta jugar al golf, esquiar, estar con mi familia... Lo que no me gusta mucho es ver películas.

¿No?
Disfruto mucho creándolas, pero muy poco viéndolas. No veo mucho cine.

¿Qué criterio sigue para apostar por un proyecto cinematográfico?
No busco lucimiento personal, sino un buen producto. Y me gusta ir combinando géneros. Ahora he encarnado al malvado fiscal de Más allá de la duda,cine negro. En septiembre rodaré la segunda parte de Wall Street...Y también seré Liberace en una película junto a Matt Damon.

La primera vez que le vi fue en la serie televisiva Las calles de San Francisco.
¡Aprendí mucho allí! Trabajábamos seis días enteros a la semana durante meses, en cada episodio con una estrella invitada y un director diferentes. De mi compañero Karl Malden es de quien más he aprendido en toda mi vida profesional...

¿Por qué?
Era de familia de mineros de Indiana, curtido, con una infancia dura... y tuve la suerte de que me transmitiera su ética del trabajo riguroso, la conciencia de la responsabilidad del actor en cada escena...

Karl Malden acaba de fallecer...
Le echo mucho de menos, ¡mucho! Sabía escuchar, y por eso Marlon Brando trabajó a gusto con él. Gracias a lo mucho que aprendí con Karl Malden pude dejar la serie para producir Alguien voló sobre el nido del cuco.

¿Qué querría hacer próximamente que todavía no haya hecho?
¡Comer en El Bulli, ente otras cosas!

¿De qué se siente hoy más orgulloso?
Del conjunto de mis 40 películas, de mi trabajo como embajador de la paz con la ONU contra las armas, de ese fresco viento llamado Obama... Y de mi vida familiar.

¿Qué le ha emocionado últimamente?
Recibir el reconocimiento de los colegas de profesión de mi país. Y ver el otro día a mi hijo dar unos pasos a lo Michael Jackson: sentí qveld, palabra yiddish que describe el nudo en la garganta y el orgullo.





´Más allá de la duda´


Desde hace más de veinte años veranea durante el mes de julio en S´Estaca, la hermosa mansión que s´Arxiduc construyó para su amante campesina en Deià, en la mallorquina costa de Tramuntana. Desde allí ha volado a Barcelona para conceder un par de entrevistas en la suite del piso 42 del hotel Arts, donde se acomoda en un sofá que parece sobrevolar Barcelona. Derrocha jovial simpatía y atiende con cortesía a cualquier pregunta: es un profesional. Interviene como actor en Más allá de la duda, película de Peter Hyams que hoy se estrena en España, un remake de un clásico del cine negro (Fritz Lang, 1956) en el que Douglas es un fiscal capaz de lo peor para hacer carrera política.



VÍCTOR-M. AMELA


dijous, 18 de juny del 2009

DIANA CARDOZO, directora de cine

"La fortaleza radica en asumir la propia fragilidad"


Tengo 47 años. Nací en Montevideo y vivo en México. Estudié Ciencias de la Comunicación. Ejercí 13 años de periodista tratando temas de política internacional, en ´Página 12´ (Buenos Aires) y en Canal 40 (México); y luego estudié cine. A la política le falta ética. Soy atea


Los tupamaros tenían la simpatía del pueblo.
Por sus acciones: robaron grandes bancos, asaltaron un casino, y repartían el dinero entre las villas miseria de Uruguay. Hicieron la fuga más grande de la historia: 111 guerrilleros escaparon de un penal de alta seguridad escarbando como topos.

¿Gente cultivada?
Sí, estudiantes que se rebelaron contra el gobierno fascista de Pacheco Areco. Tomaron un pueblo simulando un entierro: seis coches fúnebres llenos de guerrilleros. Y siempre preservaron la vida de los inocentes.

¿No mataron a ningún civil?
A uno, un hombre que se topó con uno de los escondites tupamaros buscando su caballo. La mujer que decidió esa muerte, Gloria Echeveste, dueña de la estancia, me lo explicó apenada décadas después. Que se hiciera cargo de la historia es todo un ejemplo para Latinoamérica, donde no hubo justicia.

Usted tenía familiares tupamaros.
Si yo en el 68 hubiera tenido 16 años en lugar de 6, su historia hubiera sido la mía. Mi generación no quiso cambiar el mundo, la utopía había desaparecido.

Somos nuestras circunstancias...
Sí, pero al mismo tiempo somos elección personal: libertad, decisión y responsabilidad; en esas tensiones vivimos. En plena clandestinidad, Adriana Castera, como tantos otros, se tiñó el pelo y se operó la nariz para no ser reconocida en una ciudad llena de soldados y con su foto colgada en las paredes. Después de años de no haber visto a su familia, se encontró con su hermano en un autobús: su dilema era ir hacia él y abrazarlo o no comprometerlo.

¿Qué hizo?
Ignorarlo, esas decisiones son las importantes en la vida. Poco después, él murió. No volvió a verlo. Ese es el valor del presente, en cada instante se juega no solamente tu vida hoy, sino todo lo que serás.

Usted volvió a colocar a Adriana en esas circunstancias.
Sí, y mientras filmábamos entró su hija de 13 años y se sentó a escuchar la historia desconocida de su madre. Adriana contaba cómo se quebró en la tortura, no aguantó el dolor y delató a unos amigos.

Eso debe de ser espantoso.
Vio como les quitaban a su bebé y quedó destrozada. La mayoría no aguantó la tortura y vive avergonzada, porque la gente quiere ser heroica. Pero la fortaleza radica en asumir tu fragilidad; el valor reside en hacerte cargo de tu propia historia, no maquillarla.

¿Ella no los canjeó por su libertad?
No, simplemente no aguantó el dolor. Vivió 13 años de cárcel y torturas, ella y sus hijos adolescentes. Y muchos años después su torturador le vino a pedir trabajo.

¡...!
Entre los esquiladores de ovejas apareció un tipo: "¿Cómo estás?..., ¡pero no te acuerdas de mí!". Y de golpe le vino a la mente la siguiente escena: ella cuelga de sus propias manos, le tiran a los pies a su hijo, de 13 años, desnudo y desmayado. Ese hombre lo patea, le pisa los genitales, le golpea una y otra vez. Entonces ella le dice: "Se te va a secar esa mano con la que haces tanto daño".

Qué locura.
Esto es la impunidad. El perdón del Estado implica que los torturadores no entiendan lo que hicieron y que piensen que hoy pueden ser amigos de sus víctimas, no tienen dimensión ética. Si no hay ni siquiera un reconocimiento de lo que pasó (en la prensa, en la educación, en la memoria colectiva…), la tortura se convierte en una anécdota.

¿Se le secó por lo menos el brazo?
Pues sí, y la mujer me decía: "¡Yo no tengo nada que ver con eso!". Hay algo artificial, sobrevalorado y manipulador en la idea de que los grandes saltos políticos están en manos de héroes, mártires, ideólogos, estadistas o elegidos. De la misma forma se responsabiliza de los grandes males a un malvado o psicópata en el poder, llámese Hitler, Pinochet, Stalin, Franco…

Detrás de ellos hay individuos indiferentes.
Sí, más allá de esos malvados hay una sociedad entera que en determinado momento acepta determinado proceso.

Veo que a usted no le gustan los mitos.
La idea mitificada del guerrillero hay que cuestionarla porque escamotea la verdad. Ellos hicieron historia de la misma manera que la hacemos cada uno de nosotros con nuestras decisiones, porque la construcción histórica está en todos los niveles. Las decisiones individuales impactan colectivamente; si nos consideramos víctimas de las circunstancias, no nos responsabilizamos de nada.

Regáleme otra historia con moraleja.
A Alba Antúnez la tuvieron siete años atada con alambre y con una capucha. Tenía 20 años. Una vez al mes la sacaban media hora al recreo. Ella tiraba una piedra al aire y volvía a cogerla. El sargento, uno de sus torturadores, vio que la piedra le había herido la mano y le dio una pelotita. Alba cuenta que esa pelotita le salvó la vida, vio una mirada humana en medio de la locura.

Ha filmado un maratón de humanidad.
Los seres humanos terminamos encontrándonos. Le puedo contar la historia de cómo un embajador inglés se hizo amigo de su secuestrador. "Por favor, no grites - le dijo el tupamaro cuando el ejército registraba la zona-,porque si tengo que matarte, me mato contigo"... Y los dos se abrazaron.





Tu decisión y yo...


"He aprendido que los que pueden mostrar su fragilidad son los más fuertes, y que hoy más que nunca debemos reflexionar sobre cómo las decisiones individuales impactan colectivamente; si nos consideramos víctimas de las circunstancias, no nos responsabilizamos de nada". Diana presenta el sábado en la Mostra Internacional de Films de Dones de Barcelona (Drac Màgic) Siete instantes,filme sobre los momentos de decisión en medio de una guerra de guerrillas, donde el individuo toma el protagonismo más allá del trazo ideológico o histórico; y esa es la verdadera historia de la humanidad, más allá del reduccionismo histórico que nos convierte en espectadores de nuestra propia vida.



IMA SANCHÍS


dissabte, 16 de maig del 2009

JIRÍ MENZEL, director de cine, ganador de un Oscar (1968) por 'Trenes rigurosamente vigilados'

"Vive decentemente para poder morir tranquilamente"



Tengo muchos años. Nací y vivo en Praga. Lo de los hijos y las señoras mejor lo dejamos. ¿Ideología política?... Por encima de todas las ideologías, vivir como una persona decente. No creo en el señor Dios, pero vivo de manera que, si acaso existe, no se enfade conmigo


¿Le aburre la seriedad?
Sí, mucho, y me parece que no es sincera. Cuando alguien dice algo inteligente y no lo dice con una sonrisa, no me lo creo. En la seriedad hay sobreactuación.

Si hiciera una película sobre su vida, ¿cuál sería el primer fotograma?
Estábamos en guerra, no había qué comer, pasaban aviones y había que meterse en los refugios. Yo nací en eso, así que no imaginaba otra vida posible.

¿Creció con madre y padre?
Y con dos hermanas. De mi madre aprendí a tener siempre miedo de lo que dijeran los demás, y de mi padre, a ser culto y no hacer tonterías; pero eso último no lo he logrado.

... Menos mal.
Mi padre era un intelectual, periodista, ymi madre una costurera, una buena combinación. Él siempre tenía la cabeza en las nubes y ella los pies en el suelo. Los dos tenían sentido del humor, pero cada uno el suyo: lo que hacía reír a uno, al otro no le gustaba.

¿Se pudo usted rebelar contra algo?
Como para la mayoría de los checos, mi defensa ante el totalitarismo fue mofarme de la situación. Quería hacer teatro, pero como el Estado lo pagaba todo, él decidía, y decidió que yo no tenía talento para el teatro. Derivé a la televisión, un medio en expansión donde no hace falta talento; pero un profesor me enseñó a hacer largometrajes.

¿Qué era lo bueno y qué lo malo de trabajar para el Estado?
Lo bueno es que económicamente todo estaba asegurado. Todo, desde los coches hasta los preservativos se hacían según el criterio de un burócrata que, si se olvidaba de algo, no se hacía. De vez en cuando no había papel higiénico o carne; pero películas, sí. ¿Quiere mi definición de socialismo?

Sí.
La gente hace ver que trabaja y el Estado hace ver que paga. Había que someterse a la doctrina de qué película se podía hacer y qué no. Y quería decirle algo inteligente, pero se me ha escapado...

La inteligencia es escurridiza.
En realidad, no hay gran diferencia con lo que ocurre ahora, donde los artistas, siendo libres, tienen que someterse a las exigencias de los que manejan el dinero. Muchas de las películas que hice en la época del totalitarismo, hoy ningún capitalista me las subvencionaría, pero eso no significa que yo volviera atrás.

Queda claro.
Ahora por lo menos podemos quejarnos.

Es tan aburrida la gente quejosa... ¿Usted qué piensa del ser humano?
Que es incapaz de aprender. Ahora volvemos a tener idiotas que reivindican a Hitler.

Usted ¿qué ha aprendido?
Que nada se puede tomar en serio si no quieres acabar con úlcera de estómago. Sobre todo, no puedes tomarte en serio a ti mismo.

¿Tiene alguna úlcera?
No. Yo era un niño mal alimentado y acomplejado frente a las chicas. Después, de la noche a la mañana, fui famoso, y acto seguido me fui al carajo. De nuevo subí y otra vez para abajo. Esas subidas y bajadas me salvaron. He tenido una vida feliz.

Hábleme de esa vida feliz.
He conocido a gente fantástica, y eso me hace bien, y he podido ganarme la vida con lo que sé hacer. Mis maestros fueron una gran generación de cineastas y novelistas; todo lo que recibí tengo que devolverlo, no al arte o los intelectuales, sino a la gente. Y tengo que hacerlo de tal forma que lo entienda mi mamá y no avergüence a mi papá.

Difícil.
Lo difícil ha sido tener que elegir entre lo malo y lo peor y estar contento por poder elegir sólo lo malo.

¿Qué virtud admira en los otros?
La armonía, y creo que el mundo actual la impide bastante, somos todos muy crueles e irascibles. Fíjese en la literatura y el teatro que se hace, se regodean en el mal. Hoy los que tienen más peso son los perversos.

¿Existe una salida individual ante ese mundo tan banal?
Sé una cosa: que uno debe responder de todo lo que hace. Yo debo responder de lo que dejará en la cabeza de la gente una película o una obra de teatro mía.

¿Usted qué quiere contarle a la gente?
Si escribes para decir algo, se convierte en serio y deja de ser sincero.

Nada como la humilde naturalidad.
Los buenos autores escriben porque escriben, y con lo que la gente se quede es cuestión de cada cual. Yo tenía dos compañeros de estudio: Vera Chytilovà y Schorm. Chytilovà quería enseñarme; Schorm, sencillamente, era. Aprendí más del segundo.

Muchas de sus películas son adaptaciones de Bohumil Hrabal.
Gran amigo. No parecía un escritor; de hecho, era un obrero grande y hermoso al que la fama no le volvió tonto ni orgulloso. Dejó escrito que su lápida fuera bajita: "(...)para que los perros puedan orinar en ella".

Imagino que cuando ganó el Oscar se le pasaron los complejos con las mujeres…
En esa época estaba desgraciadamente enamorado. Sigo teniendo muchos complejos, pero si tienes cerebro sabes que los complejos son cadenas en los pies. De todas formas, crecí en una época en la que la modestia se apreciaba.

¿Qué merece la pena en la vida?
Vivir decentemente para poder morir tranquilamente.



Tierna ironía

Comparte con sus compatriotas un sentido del humor irónico e inteligente, que fue oxígeno para soportar las duras fases dictatoriales. Ha llevado al cine varias obras de su amigo Hrabal (Trenes rigurosamente vigilados, Alondras en el alambres, Yo serví al rey de Inglaterra), tocado como él por el don del humor, la ternura y la compasión: "Para hacer películas es necesaria cierta compasión por el ser humano". Tuve el placer de entrevistarlo cuando vino a recoger el premio internacional Terenci Moix por Yo serví al rey de Inglaterra. Así empezó nuestra charla: "La razón por la que yo no puedo ser serio es esta señora". "¿Su señora?". "No, mi secretaria". "¿Y eso?". "Perdería autoridad".



IMA SANCHÍS



dissabte, 14 de març del 2009

FERNANDO MEIRELLES, director de cine: ´Ciudad de Dios´, ´El jardinero fiel´ y ´A ciegas´

"La barbarie está aconteciendo hoy, pero no queremos verla"



Tengo 53 años. Nací y vivo en São Paulo. Estoy casado y tengo dos hijos. Me licencié en Arquitectura, pero sólo he hecho mi casa. Hice muchos programas de televisión para el PT de Lula, que hoy me parece muy poco eficiente. Creo en que hay que hacerlo bien en esta vida




Su primera película versaba sobre el servicio doméstico.
Yo fui criado, como toda la clase media en Brasil, por esas mujeres que son como de la familia, con las que se tiene una gran intimidad porque conocen tus cajones y secretos pero con las que al mismo tiempo hay una gran distancia.

Luego se adentró en un mundo desconocido: Ciudad de Dios.
Sí, ocurre lo mismo que con el servicio doméstico, las favelas están integradas en nuestro paisaje pero excluidas de la sociedad. Yo las descubrí leyendo a Paulo Lins. Él me llevó a visitar Ciudad de Dios.

¿Le encañonaron?
Sí, en los primeros cinco minutos; así me adentré en ese mundo del que hasta entonces sólo sabía por los periódicos. Me mudé a Río de Janeiro, alquilé un espacio, hice casi mil entrevistas con niños de favelas, seleccionamos doscientas y, diariamente, durante siete meses, les di clases, un taller de actor.

¿Qué cambió en usted conocerlos?
Dejaron de ser un problema social y se convirtieron en personas.

¿Qué le sorprendió?
Que en las favelas no existe la familia organizada. La familia es una madre, una abuela y los niños. De los doscientos con que trabajé, sólo ocho tenían madre y padre. En sus relaciones reproducen lo que ven, no tienen en perspectiva una familia: entre chicos y chicas no hay afecto, es una relación de uso.

¿Cómo se relacionan con sus madres?
Adoran a sus madres: el sueño de la mayoría es trabajar para comprarle una casa mejor; es una sociedad totalmente matriarcal, lo contrario de la sociedad en la que yo vivo, y ya ve, en un mismo país.

Luego se enfrentó a otras favelas con El jardinero fiel.
Sí, en Kenia. A su lado, las favelas de Brasil son Beverly Hills: con agua, frigorífico, gas, electricidad, ducha y televisión por cable, que pinchan aquí y allí. Las favelas de Kibera, las de mayor extensión en Nairobi, donde viven 800.000 personas, son de barro, sin agua, váter ni electricidad.

¿Puntos comunes?
El sentimiento de pertenencia a una comunidad y lo que ello implica de colaboración.

En El jardinero fiel cuenta cómo las farmacéuticas experimentan con los pobres.
Durante muchos años, el Gobierno brasileño tuvo un gran conflicto con la industria farmacéutica porque quería bajar el precio de los medicamentos. Al final, en el 2000, el ministro de Salud consiguió que se promulgara una ley que permitía fabricar genéricos y creó una empresa para fabricarlos.

¿Investigó sobre el tema?
Contacté con las muchas organizaciones en el mundo que se dedican a denunciar cómo la industria farmacéutica utiliza a la población africana para testar medicamentos sin su conocimiento y con graves efectos secundarios. Una compañía norteamericana -a la que actualmente se está procesando- lo hizo en Nigeria, y es el caso de la película.

Y ahora nos cuenta cómo una epidemia deja ciego a un país.
Leí Ensayo sobre la ceguera en 1997 e intenté comprar los derechos, pero Saramago no quiso venderlos. Cinco años después, un productor canadiense me ofreció dirigirla.

¿Qué le interesó?
La primera idea que me golpeó fue la fragilidad de la civilización: todo parece muy estable, sólido, pero en un momento puede desmoronarse, como ha ocurrido con el sistema económico, que parecía perfecto. Es curiosa la incapacidad humana de ver el agujero que tiene ante sus ojos.

Algunos lo predijeron.
Sí, pero el sistema, la civilización, nunca rectifica hasta el desastre.

La barbarie está a un paso.
Está instalada, la vivimos. Si pensamos en Sudán, Etiopía, Angola, la barbarie está aconteciendo hoy, pero no queremos verla.

También está en cada uno de nosotros...
Sí, después de 6.000 años de civilización seguimos siendo animales muy primitivos. Ahora estamos hablando adecuadamente porque hemos desayunado y tenemos la comida asegurada, pero bajo presión afloraría esa parte de nosotros que creemos domesticada. Un simple incendio y nos pisaríamos unos a otros. Hay en nosotros un centro muy agresivo.

Podemos darnos el lujo de ser civilizados porque estamos confortablemente.
Sí; pese a ello, soy optimista, porque creo en la posibilidad de relacionarnos de otra manera, con más afecto.

¿Hace falta el desastre para descubrirlo?
El sufrimiento nos abre los ojos.

¿Es su caso?
Yo soy muy suertudo, he tenido una vida muy confortable y una familia muy amorosa; pero en el 2005, durante la promoción de El jardinero fiel, me entró una tristeza profunda y decidí no hacer más películas.

¿Pero qué le pasó?
No lo sé, una depresión, un desencanto con el mundo, toqué fondo; sin embargo, fue un periodo muy interesante. Entendí que yo era el administrador de mi vida, resolvía problemas, planificaba, pero no la vivía. Estaba disponible para mi familia, pero no la vivía con intensidad. Me apropié de mi vida gracias a aquel periodo de sufrimiento.

¿Qué percepción cambió?
El tiempo. Ahora, si estoy aquí con usted, estoy aquí con usted, consciente de que este momento es único.




Cineasta reflexivo

Criado en la dictadura brasileña, este arquitecto de una sola casa empeñó su creatividad en renovar la televisión brasileña durante los años ochenta. Diez años después se pasó a la publicidad y su estudio se convirtió en el más importante de Brasil (cinco León de Cannes). Con su primera película, Ciudad de Dios (2002), adaptación del libro de Paulo Lins, ganó más de 25 premios y 4 nominaciones a los Oscar, incluida la categoría de mejor dirección. Su siguiente película, El jardinero fiel (2005), basada en el libro de John Le Carré, le valió un Oscar a la actriz inglesa Rachel Wisz. A ciegas está basada en la novela Ensayo sobre la ceguera,del Nobel José Saramago, y ofrece material de reflexión.



IMA SANCHÍS



dissabte, 7 de febrer del 2009

JAVIER COMA, crítico de cine y autor de 50 libros; publica "Doctor Libro y mister Film"

"¡Pónganse 'Cantando bajo la lluvia' y volverá a salir el sol!"



Tengo 68 años. Nací en Barcelona: a los 18 años pronuncié una conferencia de cine en el Monterols y otra de jazz en el Jubilee. Fui publicitario e ideé el eslogan "El Barça es més que un club". Los 50 fueron el apogeo del cine, el jazz y la novela negra; desde entonces, decaemos



Ava Gardner sigue muriendo cada día en brazos de Gregory Peck con un: "¡Pasión de Cristo, confórtame!".

Eso era en el franquismo.
Aún lo repite en la versión española de algunos DVD de Las nieves del Kilimanjaro.Menos mal que con el DVD también puede ver la versión original en inglés.

Pintoresco.
Para ahorrar, esos distribuidores no han vuelto a doblarla y así perdura la insólita ocurrencia de un cura de la junta de censura.

Persistencia de la caspa.
Del mismo modo, Ricky-Humphrey Bogart en Casablanca sigue siendo en algunos DVD un ex resistente contra los nazis en Austria en vez del ex voluntario de las Brigadas Internacionales que es en el original.

Habrá más casos.
En El baile de los malditos, con Marlon Brando y Montgomery Cliff, la censura franquista no sólo cambió los diálogos, sino que además cortó todo un fragmento de campo de exterminio nazi, lo que dejó a la película huérfana de sentido.

Pero recta para el censor.
En Los cañones de Navarone, el censor corta limpiamente al Carnicero de Barcelona, ex luchador antifascista de nuestra guerra civil.

Recuerdo cómo en Mogambo el censor convirtió el adulterio en incesto.
No fue la censura española la que hizo hermanos incestuosos a Grace Kelly y su marido, sino que fue la propia Metro para sortear la prohibición de proyectarla en España por su contenido adúltero.

¿Cuánto hace que no llora en el cine?
Aún lloro al ver las dos versiones de Tú y yo: en blanco y negro con Charles Boyer o en color con Cary Grant y Deborah Kerr.

¿Y cuándo se ha reído por última vez?
Siempre que veo la cena de La fiera de mi niña: cuando el invitado empieza a imitar los sonidos de los animales que caza.

¿Se ha indignado por alguna escena?
Capra me despierta una y otra vez afán de justicia y fe en la humanidad; pero ver cómo los colonos usan y tiran a John Wayne en Centauros del desierto me sume de nuevo en la melancolía y el escepticismo.

¿Y para reanimarse?
¡Pónganse Cantando bajo la lluvia y volverá a salir el sol! A mí siempre me funciona.

¡Con la que está cayendo!
Precisamente: fue un himno a la libertad en plena caza de brujas. Sutil y lúcido. Genial.

Y muy comercial.
Como debe ser. En cambio, a los americanos que pretenden hacer cine de autor a la europea les salen pretenciosos bodrios como los de Robert Altman o el Malick de La delgada línea roja. Los genios también fueron comerciales, como Río Rojo, de Hawks, o Con la muerte en los talones, de Hitchcock.

No me cita usted ni una peli reciente.
'Dirigido Por' hizo una rigurosa encuesta con 40 críticos españoles y de las 23 mejores películas citadas ninguna era posterior a 1966.

¿No será que añoran sus años mozos?
No creo. Yo no había nacido en los 30 y en los 40 tenía cinco añitos. Y los 50 son simplemente una gran década de la historia del cine, el jazz, la novela negra y el teatro y yo diría que de la narrativa de EE. UU.

¿Y Roth, Mamet o Updike?
¿Y Arthur Miller, Tennessee Williams, O´Neill? ¡¡Steinbeck!! ¡¡¡Por Dios: Faulkner!!!

Cualquier tiempo pasado fue anterior.
El mejor Hollywood acabó al fin de los 50 con la caza de brujas; el fin del monopolio de la distribución; y el auge de la tele.

Ya sabía yo que se metería con la tele.
En los 60 el cine se banalizó precisamente al tratar de copiar el éxito de la tele con su lenguaje más plano y menos exigente.

La tele al principio la hicieron quienes habían leído de jóvenes; después la han hecho sólo quienes habían visto la tele.
El cine mudo, por serlo, desarrolló un lenguaje visual muy complejo que se perdió en parte con el sonoro. Por eso, coincido con Erice y Marsé en que los grandes cineastas hicieron primero mudo menos Orson Welles.

Geniales, pero pasados...
Pero por eso hoy los jóvenes educados en el lenguaje visual de la tele siempre facilón y adolescente son incapaces de entender las metáforas visuales de Ciudadano Kane o Hitchcock. He podido comprobarlo.

Por ejemplo...
Hoy las pelis taquilleras son de carreras y destrozos -a los chavales les encanta romper cosas-, pero no se enteran de que cuando el tren entra en un túnel en Con la muerte en los talones significa que Cary Grant se acaba de acostar con Eva Marie Saint.

Hoy la peli exhibiría la carne y punto.
¡Lo que se pierden los chicos! El lenguaje visual de la tele hasta el videojuego es tan fácil, literal y plano que el cine ya sólo se llena de adolescentes a los que se excita con obviedades y groserías. En los 50, el cine exigía madurez y era un desafío expresivo que disfrutaba la gente mayor.

En cambio, hemos tenido teleseries muy exigentes, y no sólo Twin Peaks.
La calidad de algunas teleseries contemporáneas me hace albergar la esperanza de que sean el arte visual del siglo XXI.

Sería un buen inicio de siglo en algo.
Y no es que no me gusten algunas obras recientes: el desembarco de Normandía de Spielberg es antológico...

Sin igualar a Centauros del desierto.
¡Esa la he visto decenas de veces! No cansa.

Le prometo que volveré a verla.
... Y yo: es tan buena que envicia.




Dolidos pero juntos

Javier Coma -pónganle sombrero de ala ancha- podría ser el villano de sus novelas negras, pero lo que a él le gustaría de verdad es cabalgar junto a John Wayne en Centauros del desierto y dolerse con él bajo las estrellas de los abismos de la ingratitud humana. Convenimos -él con los matices propios del crítico ponderado- en que el arte del siglo que empieza estará más en las teleseries -Los Soprano, Wire, El ala oeste de la Casa Blanca...- que en los cines, abandonados al lenguaje visual plano y la emoción fácil del filme adolescente. Pero lo importante es que, aunque aquellos a quienes dimos todo nos hagan dormir al raso como al fiel Wayne, siempre podremos cantar juntos bajo la lluvia.




LLUÍS AMIGUET



divendres, 6 de febrer del 2009

JOHN WEBSTER, director de cine y protagonista de su última película, sobre cómo vivir sin plástico

"Ana dejó de ponerse medias, mascarilla, maquillaje..."


41 años. Nací y vivo en Helsinki. Casado y con 2 hijos. Soy liberal y me he convertido en una persona más verde desde que filmé ´Recipes for disaster´, y creo que la sociedad debe preocuparse por los menos afortunados. Soy anglicano, pero eso va perdiendo importancia en mi vida



Para realizar sus documentales, ¿convive con las personas que retrata?
Sí, conviví con un político, con un vendedor de aspiradoras, con prostitutas en Bombay, con policías…

¿Y qué aprendió de los políticos?
Empecé teniendo ideales políticos. Creía que había un plan a cinco años vista, una línea de partido, una visión; pero mi experiencia me demostró que la visión era sólo de dos semanas, y que los políticos dedican la mayor parte de su tiempo a reaccionar a lo que dicen los medios y no a la inversa.

¿... Y de las prostitutas?
Viví en uno de los peores suburbios de Asia, pero me sorprendió observar que la gente reía y bromeaba mucho. Escojo protagonistas sobre los que se suele tener una visión negativa, y esos personajes me han ayudado a entender qué es importante en la vida.

Cuente.
Reír, sobre todo reír; y amarse.

Y usted ¿ha vivido situaciones difíciles?
Mi padre murió cuando yo tenía 9 años. En Finlandia, en los funerales, la gente se acerca al ataúd y pronuncia unas palabras. Mi madre pidió que no se hiciera, pero una colega de mi padre con la que se llevaba fatal -la llamaba "gallina hervida"- se levantó y dijo: "Fue muy divertido trabajar con Johnny".

¿Gallina hervida hipócrita?
Mi hermana y yo tuvimos que reprimir la risa, esconder la cara entre las manos cuando imaginamos a nuestro padre oyendo eso, pero la gente debió de pensar que era a causa de la emoción. Ese contraste entre el drama y la risa es algo habitual en mi vida.

Ahora nos cuenta su propia aventura intentando ser bueno con el planeta.
Yo no era ecologista, pero habían ocurrido cambios ambientales en un lugar importante para mí, el archipiélago finlandés. No pude evitar plantearme que destrozamos ecosistemas para llenar nuestro tiempo.

Entiendo.
Yo no quería que mi familia y yo fuéramos los protagonistas, pero sí dirigirme a la clase media occidental, gente como nosotros, y que fuera un filme divertido. Billy Wilder decía que si le vas a contar a la gente la verdad, haz que se ría, si no te matará.

Nada más serio que la comedia.
Yo me preguntaba: ¿cómo es posible que sabiendo adónde nos van a llevar nuestros excesos siga siendo tan difícil hacer algo para cambiarlo?

Y se deshizo del coche...
Sí, y de cualquier cosa que estuviera hecha o empaquetada con plástico, que es la parte visible del petróleo. Una solución hubiera sido apartarme de la sociedad, instalarme en el campo y plantar mi huerta; pero si la sociedad quiere cambiar, debe hacerlo a partir de lo que es. No volvimos a viajar en avión, tiramos todos los utensilios de plástico y Ana dejó de ponerse medias, mascarillas, maquillaje.

¡!
Lo del champú también fue difícil, pero encontramos una marca que lo hace en pastilla; pensé que era imposible ponerse eso en el pelo, pero es perfecto y un buen ejemplo de cómo se puede minimizar el envasado. La pasta de dientes la hacía yo mismo.

¿Qué opinaban sus hijos?
Les parecía horrible, reconozco que fueron muy valientes. Todo era más complicado. Desplazarnos en autobuses y trenes representaba más del doble de tiempo, pero eso hizo que pasáramos más tiempo juntos; y para ir a nuestra isla íbamos a remo. La verdad es que cuanto más investigaba en el cambio climático, más negro veía el futuro.

Se obsesionó.
Me radicalicé, perdí la noción de lo que era importante en mi vida. Mi mujer tuvo que aguantar muchísimo.

Casi le cuesta el matrimonio.
Fue sorprendente, yo no lo planeé, pero la película retrata muy bien cómo es una relación entre un hombre y una mujer con enfoques diferentes de la vida. La verdad es que podía haber perdido mucho.

¿Qué es lo que más añoraba de la vida con plástico?
No podíamos comprar lechugas, porque en todo Helsinki no hay un mercado que las venda sin empaquetar, incluso lo están los pimientos, los pepinos y la mayoría del pan. La lista de lo prohibido era enorme.

¿Sus hijos se quedaron sin patatas fritas?
Una noche, Ana se levantó de la cama y se fue a comprar una bolsa para ellos, no aguantaba más. En Navidad, los regalos fueron juguetes de segunda mano, pensaba que así no colaboraba en producir más plástico; pero hoy creo que quizá lo mejor sea encontrar el equilibrio en la propia vida, ver de qué puedes prescindir y de qué no.

¿Su mujer sigue sin medias y maquillaje?
Ahora soy una persona más razonable. Durante ese año aprendí a calcular el gasto energético: me di cuenta, por ejemplo, de que no cogiendo aviones ni el coche ahorramos más de 3.500 kg de emisiones y de que, en comparación, la mascarilla y las medias polucionan poco, así que la tristeza de no poder usarlas no compensa con el ahorro.

Le ha costado entenderlo.
Todo el que ve la película se da cuenta de que la verdadera heroína ha sido Ana, yo me porté como un capullo. Una de mis escenas favoritas es cuando le estoy contando mi nueva idea de vender biodiésel: la cara que pone, una mezcla de solidaridad y enfado, es muy elocuente.



A dieta de petróleo

Tras rodar su decimoquinto documental, John cambió de vida, ya no coge aviones y se está construyendo una casa respetuosa con el medio ambiente. Recipes for disaster trata sobre el cambio climático, sobre cómo John convence a su mujer y sus hijos para pasar un año a dieta de petróleo sin abandonar su vida urbana, toda una aventura que casi acaba con el matrimonio Webster, así que también trata sobre las relaciones humanas: "Me embarqué sin saber del tema y muchas de las situaciones humorísticas que se dan en el filme se deben a mis errores". La película se pudo ver en el festival internacional de cine documental DocsBarcelona, y en marzo se emitirá en el Documental del mes.



IMA SANCHÍS



dissabte, 31 de gener del 2009

MANOEL DE OLIVEIRA, director de cine centenario

"Lo que salvaría al mundo es algo simple: el respeto al otro"


Tengo 100 años. Nací y vivo en Oporto, en una casa donde hubo un solo nacimiento, el mío, y una sola muerte, la de mi padre. Casado desde hace 69 años. Tengo 4 hijos, 6 nietos y 3 bisnietos, una vida completa. Me interesa el arte, no la política. Mi creencia espiritual es la duda


¿Sigue enamorado tras 69 años?
Claro, porque el amor con el tiempo cambia, se va haciendo espiritual. Al principio domina la juventud, un momento que perdura en la memoria porque está preñado de felicidad, aunque la felicidad nunca se tiene.


¿Ni un instante?
Se está contento o descontento, pero la felicidad sólo se halla en el recuerdo, sólo los años te hacen ver que de por sí la juventud proporciona felicidad.

Pero preferimos no volver atrás, aquel que fuimos ya no nos interesa.
Como decía mi padre: parar es morir. Nuestro camino es andar, somos juguetes del destino: lo que da a uno es lo que quita a otro, y no se sabe por qué.

Saltador de pértiga, aviador, corredor de coches... ¿Qué lugar ha ocupado el cine?
El lugar del cine es la expresión, se trata de la interpretación que cada uno tiene de la vida, pero no de que yo quiera contar nada; simplemente, me veo sometido a los caprichos y los impulsos de la naturaleza; de manera que lo que he contado ha sido la vida.

La vida según Oliveira.
Tobias Espinosa decía que pensamos que somos libres porque ignoramos las fuerzas oscuras que nos dominan. Sabemos por instinto, como los animales, que lo saben todo sin poner un pie en la escuela.

Cuando cumplió los 64 años había rodado tres películas.
El cine es extremamente dependiente del dinero; pero en su esencia el cine es artesanía, la industria son los laboratorios y los estudios. El artesano hace las cosas siempre diferentes, la industria repite lo mismo hasta la saciedad.

Y a partir de los 70, más de 40 películas.
La necesidad de pintar no es la misma que la de mostrar lo pintado. Vermeer vendió sólo un cuadro, pero creó muchos a lo largo de su vida.

Entiendo, algo así como una necesidad.
Sí, porque en el momento en el que uno se expresa es como una pausa, porque impide pensar en otras cosas, es el momento en el que uno intenta alcanzar el absoluto.

Una de sus películas, A visita, es su legado para después de su vida.
No tiene nada de extraordinario, habla de mí mismo, lo cual me da pudor, por eso prefiero estar muerto cuando se estrene. Pero no hay nada de escandaloso o provocador, habla de un tiempo, de una casa que construí y en la que viví durante 40 años, donde tuve y eduqué a mis hijos y a mis nietos, donde he jugado, y después me vi obligado a perder, pero me queda la memoria.

Cuénteme.
La verdad está en las paredes de esa casa. Verá, un día, con otros realizadores, fui a visitar en París una sala llena de espejos. Alguien dijo que aquellos espejos guardaban muchas memorias. Si pudiéramos extraer sus imágenes tendríamos una historia verdadera; pero nuestra memoria es corta y caprichosa, atesora cosas que no son importantes, las importantes son otras.

Pero las paredes de su casa no pueden hablar y usted sí.
Sí, pero ellas no le mentirían.

No me importa que me mienta.
Yo soñé o yo pensé, ¿qué diferencia hay?, ni siquiera nosotros mismos sabemos si lo soñado fue pensado o lo pensado soñado; aun así, procuro no mentir.

¿Por qué?
No me gusta la falsedad. Lo que salvaría al mundo es algo muy simple: el respeto por el otro. Así debería ser.

Hábleme de aquellos recuerdos felices.
¿Quién puede explicar qué es la felicidad...?, demasiado compleja.

Para cada uno tiene un significado.
Tengo recuerdos felices, pero son mis secretos; y están más en los afectos que en el cine, que sólo es una tentativa de decir algo.

Tras cien años observando el mundo, ¿qué piensa del ser humano?
El ser humano es un bicho terrible, el peor de todos. En los animales irracionales la relación entre lo femenino y lo masculino tiene un único fin: la continuación de la especie, y luchan por ello, pero no albergan sentimiento de venganza, que es el sentimiento más antiguo del ser humano. Lo que está pasando en Gaza ya ocurrió hace mucho tiempo en el mismo lugar con Sansón.

¿?
Apartó las columnas y todos murieron, por venganza. Ganarán unos u otros, pero el sentimiento de venganza quedará.

¿Cuál es la mejor virtud humana?
La santidad, y si quiere saber lo que es, debe preguntárselo a los chinos.

¿A los chinos?
Sí, en tiempos de Mao, cuando un hombre alcanzaba una edad muy avanzada se convertía en santo.

¿Es usted santo?
Hay que alcanzar los 120 o 140 años. Yo por ahora sólo soy un buen pecador.

¿Cuál es su mayor pecado?
Amar a las mujeres, porque son las madres de la humanidad. La mujer es la tierra, el hombre sólo la semilla, prescindible.

¿Qué le gusta de las mujeres?
Antes el humano era un andrógino, una unidad esférica que vivía feliz y no pensaba. Cuando se dividió, sólo el encuentro con el alma gemela nos permite vivir el absoluto.

¿Usted cree en eso?
Yo soy un hombre de buena fe y me lo creo todo.



Un siglo de cine

Da la impresión de que su secreto -no tener edad, vencer a la muerte neuronal- tiene que ver con su pasión por la dialéctica y el juego. "Usted no contesta a ninguna pregunta", le digo tras una hora y media agotadora. "Es que me habla de filosofía", me contesta con una media sonrisa. "Es usted el que habla de filosofía, yo le pregunto sobre la vida", protesto. "Es que todo está mezclado -me responde-, se trata de una gran confusión". "Sí, es sorprendente -me cuenta Luis Miñarro, productor de Singularidades de una chica rubia, en proceso de montaje-. Su modernidad y sutileza son ya escuela". Y lo es su propia vida, director que a partir de los 70 años, superadas dictadura y estrecheces, se puso a crear.



IMA SANCHÍS



dijous, 22 de gener del 2009

ANTONIO ISASI-ISASMENDI, guionista, director y productor de cine

"Hay una mañana trágica en mi vida que se ha repetido"


82 años. Nací en Madrid y vivo en Eivissa. Viudo dos veces, 3 hijos, 5 nietos y 3 perros. Autodidacta. He sobrevivido a Churchill, Stalin, Azaña, Negrín, Franco... La libertad, hacer lo que quieres sin perjudicar a nadie, es algo muy difícil. Soy escéptico, creo en el amor y la amistad


¿Hijo de un militar y una corista?
No, hijo de un capitán bastardo y de una primera actriz 14 años mayor que mi padre, algo que en aquella época era un escándalo.

Entonces, es usted hijo de un gran amor.
Así es. Ami madre la casaron con 17 años, y el marido, un importante industrial catalán, se enamoró de otra y tuvo una idea maravillosa para deshacerse de mi madre: la llevó a América y la abandonó en Buenos Aires.

No está mal.
Allí mi madre encontró un hombre bueno, un empresario de teatro que la convirtió en actriz. Volvió a España como primera actriz y conoció a mi padre, hijo de una familia burguesa de militares. Una unión imposible: un hombre joven y guapo con una actriz de teatro, algo horrible para su familia. Él lo abandonó todo para irse con ella.

Incluidos a los militares.
Sí, acababa de llegar de la guerra de Áfricay se acogió a la ley de Azaña que permitía abandonar la carrera con una paga.

¿La suerte acompañó a los amantes?
Sí, nos fuimos a vivir a Eivissa, el oficio de mi padre a partir de entonces fue hacer feliz a mi madre, una bonita profesión. Luego nos fuimos a Girona, pero manteníamos un piso en la Rambla, y se nos ocurrió volver el 18 de julio en un Bugatti de carreras - mi padre era muy aficionado a los coches-.Yo tenía 9 años y una vida maravillosa.

¿La familia estaba más tranquila?
No, no querían saber nada de nosotros. El paludismo que mi padre había contraído en Áfricase lo llevó: murió a los 37 años, durante la guerra, y todo se volvió gris.

¿Pasaron la guerra en Barcelona?
Sí, yo no pude ir nunca al colegio. Todo lo que he aprendido ha sido gracias a mi madre, que me enseñó a desenvolverme en la vida y me metió en el camino del cine.

¿Ella volvió a actuar?
Hizo lo que pudo: estraperlo, doblaje y actuaciones en el frente, hasta que consiguió ser profesora del conservatorio del Liceu.

¿A qué edad empezó usted a trabajar?
A los 12 años vendía bombones en el cine Savoy y luego entré en el mundo del cine como chico de los recados. Aquel mundo me pareció maravilloso.

¿Cuál ha sido su virtud?
La osadía, que aprendí de mi madre.

¿Adónde le ha llevado esa osadía?
De chico de los recados a productor y director de los mejores actores americanos del momento, estrené en 40 cines de Nueva York. Las Vegas 500 millones es una película sobre un asunto americano, rodada con los mejores actores de ese país, que transcurre en América, se rodó en España y se estrenó en Nueva York. Llegué a hacer coproducciones con cinco países y levanté los estudios de cine de Barcelona, que aún funcionan.

¿Hablaba inglés?
Lo aprendí en la calle. Siempre tuve complejo por no haber estudiado ni lo más elemental. Cuando ya era guionista me pasaba la vida rellenando mis lagunas intelectuales.

Se retiró joven.
Estaba cansado de tanto trabajar. Hacer cine en la posguerra fue muy complicado: para pagar las dietas de los actores norteamericanos, los del equipo debíamos ir al banco y decir que nos íbamos de viaje para que nos dieran 60.000 pesetas. En cincuenta años de cine no pude disfrutar de los amigos, así que me fui a Eivissa a eso, a disfrutar de la vida.

Habiendo tenido una madre tan maravillosa, ¿con quién se casó?
Con mi novia eterna. La conocí a los 17 años y nos casamos cuando cumplí 26. Fui muy feliz con ella.

¿Qué le ocurrió?
Las dos mujeres maravillosas que he tenido en mi vida se me han muerto de lo mismo. Hay una mañana de mi vida que se ha repetido: hace sol, soy feliz, todo va bien... "Antonio, mira, me ha salido un bultito". Así suceden las cosas, primero María Teresa y después María, a la que conocí cuando me retiré. Vivimos dieciocho años imborrables.

...
Compré un terreno y construí una casa para ambos y ya no he querido vivir más en ella, hice un bungalow abajo para vivir solo. En la casa de arriba se instalan los amigos.

Tres mujeres maravillosas en su vida.
He sido un hombre afortunado. También tuve una larga relación con Marisa Paredes y tenemos una hija, María Isasi, una gran actriz, pero nuestra convivencia fue difícil.

¿Qué ha buscado usted?
La ternura y la tranquilidad de compartir. La vida en soledad me parece cruel. El amor y la amistad son lo esencial, sin eso no hay nada... ¿Dinero?

¿?
Yo he pasado periodos de mi vida sin dinero en los que he sido muy feliz; el dinero es para repartirlo y sólo así se disfruta. La necesidad me enseñó a vivir, no tengo un rastro amargo de mi niñez; pero recuerdo los bombardeos nítidamente: por las noches, cientos de personas nos íbamos en tren a dormir bajo el túnel de Vallvidrera. Son cosas que ahora parecen un sueño.

¿La felicidad no depende tanto de las circunstancias como de la pasión de vivir?
Sí, exactamente es eso. Has de ir a por lo que quieres, y si lo haces con pasión lo consigues. En la vida hay que poner corazón; el dinero está bien, pero lo bonito es agarrar una mano cálida, que ese calor se transmita de mano a mano y de ojos a ojos, ¿verdad?


"Yo es otro"

Posiblemente, el único productor y director internacional que ha dado el cine español en la peor de las épocas: la posguerra. Estrenó sus películas en los mejores cines de Nueva York y rodó con los mejores actores norteamericanos del momento. Sus premios y distinciones avalan una larga y brillante carrera. Empezó y se retiró joven. Su segunda vida transcurre en Eivissa, donde arrancan las memorias de su infancia, Los días grises (Aguilar), en un intento de contarse quién era aquel niño huérfano de padre, que nunca pudo ir al colegio y al que le estalló la Guerra Civil con 9 años, mientras él y su madre intentaban sobrevivir en Barcelona. "Yo era uno de aquellos niños sin futuro".


IMA SANCHÍS


dilluns, 19 de gener del 2009

JOEL JOAN, presidente de la Acadèmia del Cine Català

"Quise ser la megaestrella más deseada del mundo"

Tengo 38 años. Nací y vivo en Barcelona. Soy actor, un actor que se mete en fregados. Tengo pareja y una hija, Etna (4), y otra que viene en camino. Abogo por el derecho de los pueblos a decidir su futuro. Soy radicalmente agnóstico. Dirijo la primera gala de los premios Gaudí

Esta noche, gala de los premios Gaudí.
Distinguen a los mejores profesionales del mundo del cine de Catalunya en el 2008.

Las galas televisadas, ¡vaya latazo! ¿Por qué debería ver esta?
Porque si no la ve esta noche, ¡mañana se verá obligado a buscarla en el YouTube! Vamos a arriesgar, no nos quedaremos a medias. Van a pasar cosas, vamos a asombrar... Queremos llevar el "formato gala" al límite.

¿Quién la organiza?
La Acadèmia del Cine Català, creada este año para aglutinar, dinamizar y promocionar el sector cinematográfico catalán y que sea un referente en el mundo como ya lo es el teatro catalán o la literatura catalana. Y para fomentar el uso del catalán en cine.

¿Existe el cine catalán?
El cine español fue primero cine catalán: la primera película, Riña en un café (1897), es del catalán Fructuós Gelabert. La primera película hablada en catalán la rodó Domènec Pruna en 1933, El Cafè de la Marina.Y durante casi todo el siglo XX la industria cinematográfica se radicó en Catalunya...

¿Y hoy?
Hoy tenemos productores que traen a Woody Allen a Barcelona (Roures), actores que son estrellas internacionales (Sergi López, Ariadna Gil, Eduard Fernández), directores que ruedan por el mundo (Coixet), cineastas autores galardonados (Recha, Gay, Serra), otros muy taquilleros y versionados por Hollywood (Balagueró), maquillajes oscarizados (Ribé)... ¡Somos la repera! ¡Reconozcámonos esa potencia!

¿No nos la reconocemos?
Nos la reconocen los Oscar, los Goya, los César… Es hora de que nos tratemos aquí como ya nos tratan fuera, con todos los honores. Los premios Gaudí son la ocasión de homenajear tanto talento de país grande.

¿Qué es cine catalán y qué no lo es?
Cada vez el cine es más plurinacional, la verdad... Los premios Gaudí establecen una escala de puntos: toda película que sume 6 puntos puede entrar en competición.

¿De dónde salen esos puntos?
Productor catalán: 2 puntos. Director catalán: 2 puntos. Guionista catalán: 2 puntos. Cada actor o técnico catalán: 1 punto...

¿Vicky Cristina Barcelona entra?
Llega a los 6 puntos, así que Javier Bardem y Penélope Cruz podrían ganar un premio Gaudí. Este criterio permitió a Bardem ganar un Oscar con No es país para viejos, película americana no siendo él americano...

¿Y una dirigida por Isabel Coixet?
Ella es la directora de Elegy, pero no hay más puntos ahí, sólo sus dos puntos: no es gaudiniable, pues. Una lástima que veremos cómo corregir en el futuro... Sucede lo mismo con una película en la que no haya más catalanes que el actor Sergi López...

Y a usted, ¿qué le hizo actor?
Mi necesidad innata de gustar, de ser mirado. A los siete años en un foc de camp, con un amigo hicimos un sketch, y aún recuerdo las miradas de las niñas de la primera fila...

¿Algún actor fue su icono?
Cuando vi el Cyrano de Flotats, a los 14 años, pensé: "¡Yo quiero esto!". Luego me gustaron Jango Edwards y Leo Bassi, y a los 20 años, con Jordi Sánchez, actuábamos haciéndonos llamar Los Tomate.

¿A qué aspiraba por entonces?
A ser Brad Pitt, a ser la megaestrella más deseada y cotizada del mundo.

¿Y cómo lleva hoy lo de ser icono del catalanismo independentista?
Ya no lo llevo bien. Pensé, ingenuamente, que podía ayudar a cambiar las cosas. Que podía empujar. Hoy ya sé que no. Eso dependerá de La Caixa, de los del dinero... Estoy decepcionado. Me ha herido gente que aprecio: los catalanes somos lobos para los catalanes. ¡He hecho un mal negocio!

¿No encabezará ya más iniciativas independentistas?
Que yo me posicione al respecto ¿qué gracia tiene ya? Ahora, o me convierto en el subcomandante Joel y libero el país... o me dedico a hacer lo que me gusta hacer.

Una buena serie como Porca misèria.
No volverá. ¿Por qué? Porque el equipo se quemó. Llevábamos mucho tiempo creando juntos, y empezamos a no soportarnos...

¿Qué papel cree que debe tener TV3?
Ser referente informativo, preocuparse de contenidos más que del share y comprometerse con el latido del país.

Ahora hay voces por ahí que sugieren cerrar los canales autonómicos...
Ya, y desmantelar autonomías: se trata de culpar a las autonomías de esta crisis y de todo. Atajos de un naftalínico discurso unitarista españolista. Para ahorro, ¡que desmantelen el ejército, que eso sí es derroche!

¿Qué querría para el futuro de su hija?
Que de mayor no cobrase menos que sus homólogos masculinos por el mismo trabajo. Y ya sé que tampoco en esto puedo hacer nada... Y que viviese en un país... que exista.

¿Qué cambiaría de su vida pasada?
No esquivaría conflictos personales escudándome en el trabajo. Estoy aprendiendo.

¿Qué está aprendiendo?

A renunciar. Yo siempre lo quise todo, en todo momento. No renunciaba a ligarme a Angelina Jolie, ¡a nada! Estoy aprendiendo a no ser esa estrella que anhelé. A no sacralizarme tanto: lo que yo hacía, o era así ¡o era una mierda! Estoy aprendiendo a relativizar. Y a apreciar cositas sin tanto brillo...

¿Como qué?
Una tarde con mi hija, haciéndola reír.


Manifestación

Joel Joan se ha puesto al frente de la manifestación otra vez. Ahora es la del cine catalán, en forma de Academia de Cine, en forma de premios Gaudí (sucesores de los antiguos premios Barcelona) y en forma de gala televisada (ay). Diríase que ha decidido que sirve mejor a sus ideales desde la vida profesional y artística que desde la soflama politiquera. Encuentro a un Joel Joan que descubre que la paternidad le ha dulcificado y le ha pegado al terreno de las pequeñas cosas. Con el pleno respaldo de TV3, dirige la gala que esta noche entrega los premios del cine catalán a sus profesionales. Promete sorpresas... Luego vuelve al teatro con Jo sóc la meva dona (teatro Bartrina de Reus, 31 de enero).


VÍCTOR-M. AMELA

divendres, 16 de gener del 2009

GEOFFREY SMITH, director y productor de cine

"Lo que yo era o sería dependía de aquel dedo en el gatillo"

Nací en Melbourne (Australia), donde me sentía muy extraño, me fui a conocer mundo y no volví. Vivo en Londres. Estudié cine, pero mi escuela ha sido el mundo. Estoy casado y tengo 20 hijos, mis películas. Si pensáramos diez minutos en el prójimo, el mundo sería diferente

En 1987 estaba en Haití, rodando un documental sobre las elecciones, las primeras en treinta años.

Pero...
... Gente muy despreciable que quiso boicotearlas envió a un grupo de jóvenes armados a la escuela donde se votaba y masacraron a 23 personas.

¿Usted estaba allí?
Sí, filmé todos esos cuerpos ensangrentados. Veinte minutos después, salí a la puerta de la escuela, aturdido, y los mismos asesinos volvieron. Pasaron en coche, despacio, y empezaron a ametrallar. Delante de mí, un hombre levantó las manos: "Me rindo". Fue el que más impactos recibió.

¿Y usted?
Me dieron en un hombro y en una pierna, soy muy afortunado por estar vivo.

¿Y todo cambió?
Esa experiencia te fuerza a preguntarte de qué va la vida, porque todo lo que yo era o sería dependía de un hombre desconocido con el dedo en un gatillo disparando sin sentido. Un poco más a la derecha, y Geoffrey Smith ya no existiría.

...
Si buscas respuestas, tienes que conectarte con algo más grande que tú mismo, que la vida cotidiana. Después de esa experiencia me convertí en realizador y en creyente.

¿Qué tiene que ver Dios en esto?
Verá, cuando tenía catorce años estuve noventa minutos en un mar de tiburones, perdido; me estaba ahogando. No supe cómo articular esa experiencia, la arrastré durante años, pero la segunda vez sí supe.

¿Qué supo?
Comprender y cambiar. Cuando descubrí Haití a los veintidós años, mientras vagabundeaba sin sentido por el mundo, decidí volver para quedarme; pero después del incidente que viví, mis amigos me convencieron de que no lo hiciera. Fue un error.

¿Por qué?
No resolví el trauma hasta que lo hice de una manera haitiana. Mi primera película fue sobre volver a Haití cuatro años después de aquello y tratar de encontrar al hombre que intentó matarme. Esa fue mi manera occidental de intentar recuperarme.

¿Encontró a su asesino?
No, pero volví a la escuela donde me habían disparado y me recibió una nube de niños que corría hacia mí. Todo lo que recordaba de Haití era muerte, y de repente aquella muerte se había convertido en vida.

Con o sin nosotros, la vida sigue.
Si hablas hacia una cámara y confías en el director (que en el caso de esta película era yo mismo), puedes trabajar emocionalmente hacia fuera. Es extraño que sea así, porque el cine es algo muy público, pero todas mis películas lidian con cuestiones morales muy duras que viven personajes reales, y contarlo les ayuda a que su sufrimiento tenga sentido.

Quizá porque su experiencia puede ayudar a otros...
En aquel viaje fui a un bizango,una especie de vudú. Allí, en medio de la noche, en un campo de caña de azúcar, me encontré con un hombre sabio que, nada más verme, sin saber, sin preguntar, me dijo: "Toma lo que te ha sucedido como una oportunidad para descubrir quién eres". Luego se marchó.

No hacía falta ir tan lejos para que le dijeran eso.
Yo tenía la típica visión occidental: hay un problema y debo resolverlo, como si el problema fuera externo, así que me sirvió.

Y desde entonces ofrece moraleja en sus películas.
La redención a través del sufrimiento: esa es la clave, la compasión, que literalmente significa con sufrimiento; pero en Occidente no queremos saber nada del sufrimiento, todos huimos de él, incluso está pasado de moda, y ese es el problema.

Sí, pero el sufrimiento nos persigue, así que no hay problema.
EnAfather´s story cuento la historia de Ralph Bulger: dos niños de diez años asesinaron a su hijo, de dos años. Diez años después Ralph, que aparecía continuamente en los medios, no lo había superado. Estuve seis meses con él, los dos primeros en silencio, pescando, luego empezó a hablar: estaba lleno de odio y se odiaba a sí mismo por ello. Durante esos diez años Ralph huyó del dolor, luego descubrió que asumiendo su dolor estaba más vivo; esa es la paradoja.

Lo que cura escuece.
Alguien cometió un error y publicaron el obituario de Alfred Nobel. Cuando leyó su propia necrológica en el periódico, pensó: "No puedo morirme habiendo sólo inventado la dinamita, mi vida tiene que ser algo más que eso", y creó los premios Nobel.

¿Qué quiere usted contar?
Después de que me ametrallaran quise saber cómo lidian los demás con lo difícil, con las cosas problemáticas que les suceden en la vida y cómo abordan su propio universo moral. Todas mis películas tratan sobre eso.

Gente que ha sabido aprovechar la oportunidad de crecer.
Danger! Unexploded bomb trata sobre los desactivadores de bombas que sobrevivieron a la guerra. Noventa y uno, noventa y dos años, y tenían una lujuria por la vida insólita: el resultado de haber arriesgado sus vidas a diario durante años. Sabían que la vida era hermosa porque en cualquier momento se la podían haber quitado. Sabían el valor de cada minuto vivo. Había tanta vida en ellos que me hicieron sentir viejo.


Tras haber vivido

Anteayer publiqué la entrevista a Henry Mash, reputado neurocirujano que desde hace quince años lleva doble vida, una en Londres y otra en Ucrania, donde opera gratuitamente. La noche antes vi la película que sobre él hizo Smith, El cirujano inglés,que se proyecta en el marco de El Documental del Mes. Descubrí una manera de contar con sensibilidad y sutileza, un documental con alma, y me interesé también por el director, que parecía tener una vida rica: hay búsquedas y conclusiones a las que se llega tras haber vivido. No me equivocaba, Smith es todo un personaje que a lo largo de 22 películas sobre dramas de la vida real nos presenta profundos dilemas éticos y morales.


IMA SANCHÍS