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dilluns, 15 de juny del 2009

ENRIQUE MENESES, fotoperiodista desde 1947

"Castro era Robin Hood y el Che era Robinson Crusoe"


Tengo 79 años. Nací y vivo en Madrid, tras trabajar por todo el mundo. Soy periodista, hijo de periodistas, casado con periodista y con una hija que ha dejado el periodismo. Soy de izquierdas sin carnets. Las religiones son catálogos de chorradas. ¿Crisis? ¡Cada día amanece!



Nací la semana del jueves negro de 1929: "Las desgracias  nunca vienen solas", me decía mi madre, ja, ja...

¿Tenía queja de usted?
Mis padres, periodistas los dos, ¡no querían que yo lo fuese!

¿Por qué?
Para que estudiase y me forjase un futuro sólido. En octubre del 36, en Francia, mi madre me metió en la escuela pública francesa.

¿Qué hacían en Francia en esa época?
Habíamos salido de vacaciones... y estalló la guerra en España. Yo tenía seis años. Se suponía que duraría poco y pronto volveríamos, pero mi madre dijo: "Sí, sí, pero mientras, que el niño estudie". Mi padre se montó una agencia de prensa en París.

¿Y cuándo regresaron?
Cursé todo el bachillerato en Francia, y a los 17 años sucumbí a mi vocación: quise escribir un reportaje sobre Manolete, le seguí a Linares... y asistí a su muerte en los cuernos del toro Islero.

Estupendo primer reportaje, ¿no?
Mi padre siempre decía: "¡Tú no sirves para esto!", y había ordenado en la agencia no publicar nada mío... Publiqué mi crónica en una agencia rival. Y ahí empezó mi carrera.

¿Adónde le llevó?
A muchas guerras, a lugares bellísimos, a horrores, revoluciones... Siguiendo a una chica -pero esa es otra historia-, llegué a Cuba en el verano de 1957. Los barbudos de Castro y el Che estaban en Sierra Maestra y quise hacerles un reportaje. ¡No era fácil...!

¿Por qué?
Sierra Maestra estaba cercada por las fuerzas batististas, y los barbudos desconfiaban de todo el que burlaba esas líneas. Pero lo conseguí y me aceptaron: conviví con Castro en los bosques durante cuatro meses.

¿Qué le impresionó más de Fidel?
Era Robin de los Bosques: no le vi revanchista, defendía un ejército popular... Pero otros le convencieron para convertir a Cuba en el primer país comunista de América...

¿Cómo era la vida con los guerrilleros?
Nos movíamos continuamente por el monte y sólo Castro sabía dónde nos detendríamos a dormir cada noche. Sólo pensaba en la seguridad, la revolución y la política.

¿Y el Che?
Era Robinson Crusoe: vivía solo, apartado en un bohío en la selva. Pagaba a los guajiros por trabajos que nos hacían. Asmático, en un tiroteo descubrió que las nubes de pólvora le ayudaban a respirar; se entusiasmó...

¿Disparó usted alguna vez?
¡Jamás! Me invitaban a cazar corzos con ellos, pero yo me negaba: un disparo te deja trazas de pólvora en la mano durante muchos días, y si la policía me detenía... ¡cuéntales que era de matar corzos!

¿Pudo hacerles muchas fotos?
Cientos. Logré pasar los rollos a La Habana, y en las enaguas de una amiga volaron hacia Miami, y de ahí a París. Pedí a Paris Match que no publicase nada hasta que yo saliese de Cuba, para no comprometer mi seguridad. Pero entonces un grupo revolucionario habanero secuestró a Fangio.

¿La estrella de los pilotos de carreras?
Sí. Y para que el mundo viese cómo eran los revolucionarios, Paris Match publicó mi reportaje en Sierra Maestra. La policía me detuvo y me apaleó para obtener información.

¿Cantó?
No. Dos policías, uno a cada lado, iban dándome puñetazos en la cara: yo balanceaba la cabeza al vaivén de los golpes, amortiguándolos y concentrándome en otra cosa... Y así resistí. Ellos me mostraban fotos y yo inventaba nombres. La embajada española medió: me expulsaron de Cuba.

¿Ha vuelto alguna vez a Cuba?
No. Me encontré poco después con el Che en El Cairo: "Fidel quiere darte paredón", me confesó. Yo había escrito que eran comunistas, y eso le enfureció porque dejó de recibir ayudas norteamericanas. Se sintió traicionado: ¡no entendió que yo era periodista!

Dígale algo hoy desde aquí.
Has sacrificado a un par de generaciones para que Cuba prospere: deja que otra generación saque al país del caduco comunismo.

¿Qué rincón es el más hermoso que ha fotografiado?
El templo de Abu Simbel: a sus pies, en la arena, viví una semana. En la soledad de la noche era impresionantemente bello. Después fue trasladado...

¿Y el rostro más bello?
Una chica tarú en la sierra india del Bankatti, a la luz de una antorcha.

¿Y su foto más terrorífica?
Un niño muerto por napalm durante la guerra de Suez, en 1956.

¿Qué hace primero: ayuda o dispara?
Disparar la foto supone una décima de segundo: hazla, y luego ayuda. Además, esa foto ayudará a concienciar al mundo.

¿Hay una ética del fotoperiodista?
Sí: no engañar. Tengo una foto de Fidel disparando en Sierra Maestra: lo hace sobre un corzo, ¡pero muchos hubiesen dicho que era un combate, engañando al lector! Yo no.

¿Qué pecados jamás debiera cometer el fotoperiodista?
Uno: censurarse a sí mismo por proteger los sentimientos de la gente. Dos: hacer que el fotografiado pose.

Si volviese a tener 17 años, ¿repetiría?
¿Por qué los jóvenes se quejan de la crisis? ¡Cada día amanece, hombre! ¡No te hipoteques: conoce mundo! No tuve piso hasta los 41 años, y repetiría todo, incluidos errores: muchos me brindaron auténticos scoops.



Veteranía con pasión

Flaco y culto, sensible e inteligente, se desplaza ya en silla de ruedas y atesora una memoria ingente sobre un oficio que ejerce desde hace ¡62 años! Gervasio Sánchez me lo presenta, y converso con Meneses, flamante VIII premio de periodismo Miguel Gil Moreno. Los premios le saben agridulces: "Los agradezco, pero al tiempo veo que ya no puedo hacer cosas como las que hice gustosamente toda mi vida". Hoy trabaja "por tener el mejor blog" (www.enriquemeneses.com): "La blogosfera es más que un medio sustitutivo del papel de un diario: ¡es algo más complejo y hermoso!". Así demuestra que la veteranía en este oficio no siempre engendra desilusión, nihilismo, dimisión y cinismo.


VÍCTOR-M. AMELA


 

dijous, 30 d’abril del 2009

MAHA AKHTAR, nieta de Anita Delgado, maharaní de Kapurthala

"El destino me descubrió que soy nieta de Anita Delgado"



Tengo 44 años. Nací en Beirut y vivo entre Nueva York, Delhi y Sevilla. Soy periodista. Fui mano derecha de Dan Rather, y publico en ´The Times of India´. Vivo en pareja, sin hijos. Voté a Obama. Soy espiritual y temo a las religiones organizadas. Bailo danzas indias y flamenco



¿Nieta de Anita Delgado?
Sí, de aquella bailarina española que en 1908 se casó con el marajá de Kapurthala… ¡Acabo de enterarme de esto a los 42 años!

¿Cómo es que no lo sabía hasta ahora?
Porque mi madre me lo ocultó.

¿Por qué se lo ocultó?
Por vergüenza. Ella, Zahra, era una bellísima joven libanesa de 22 años que viajó a Londres para visitar a sus hermanas mayores… y allí se enamoró de Ajit Sing.

¿Quién era Ajit Sing?
Un cosmopolita, atractivo y ambiguo cincuentón, único hijo nacido de Anita Delgado con el marajá de Kapurthala. Tras un romance con Ajit, él regresó a India... dejando embarazada a mi madre.

Y nació usted.
El que toda la vida creí que era mi padre era sólo el hombre con el que obligaron a mi madre a casarse, un empleado de banca que así hacía carrera: primero vivimos en Australia -yo creía haber nacido allí-, luego en India... y a los 8 años me recluyeron en un internado cerca de Londres.

¿Era un modo de apartarla?
Sí. Yo lo viví como una traición de mi madre. Mi padre me ignoraba y maltrataba a mi madre, que no se rebeló: era otra época... Mi madre nunca olvidó a Ajit, tuvo una vida desgraciada, triste…

¿Estuvo usted internada muchos años?
Hasta los 17 años. Vi poquísimo a mis padres. Al salir, pedí irme a estudiar a Estados Unidos, y allí me atrapó el periodismo…

¿En qué medios ha ejercido?
Durante los últimos quince años he sido en la CBS la mano derecha de Dan Rather.

¡Gran icono de la televisión!
Aprendí de él todo lo que sé de periodismo. Le asistí en su entrevista a Sadam Husein. No olvido la mirada de Sadam, la más magnética que he conocido.

¿A qué otras personalidades ha tratado junto a Dan Rather?
A Fidel Castro. Le regaló una caja de puros, y Dan le correspondió con su bate de béisbol. Yo esperaba ver a un fiero guerrillero, y Fidel se presentó en traje de Valentino.

¿Qué hace ahora Dan Rather?
Está semirretirado, en un canal local. Él, que sacrificó su vida personal por el periodismo... Ha sido un final muy duro, me apena.

¿Qué error cometió?
Sus productores le presionaron para dar la primicia de que Bush recibió trato de favor en la mili. Era verdad..., pero los documentos que lo respaldaban eran falsificaciones.

Y Dan Rather pagó el pato.
Todo lo que hasta entonces decía Dan Rather era palabra de Dios, y dejó de serlo.

¿Cómo vivió usted la caída del ídolo?
Lo pasé mal. Yo estaba en Sevilla cuando estalló la polémica, volví volando...

¿Qué hacía usted en Sevilla?
Yo llevaba una vida estresada de trabajo intenso, viajes... y me sentía incompleta. Alguien me aconsejó el flamenco, me interesé, tomé unas clases... y me abdujo.

¿Hasta qué punto?
Hasta el de viajar a España y tomar clases de flamenco en Sevilla. Al llegar a Sevilla ¡me sentí en casa!, empecé a entender el español... Estaba encantada... ¡y asombrada!

Desconocía tener una abuela española.
Hoy veo que el destino, misteriosamente, me condujo a cerrar un círculo abierto por Anita Delgado un siglo antes. Me sentía tan cómoda, tan a gusto bailando flamenco...

¡Bailando: igual que su abuela...!
... que decidí comprarme una casa en Sevilla. El flamenco abría mi pasado oculto...

¿Por qué lo dice?
El crédito hipotecario de la casa me salía más barato si lo contrataba como europea, así que decidí renovar mi pasaporte británico. Para ello, me pedían mi partida de nacimiento. La reclamé a Australia, ¡y resultó que yo no había nacido allí!

Sorpresa, sorpresa...
Mi madre, en Beirut, agonizaba de cáncer, y hacía ya diez años que yo no la veía... Me armé de valor y fui a verla: "¿Dónde nací, mamá?", pregunté. Entre avergonzada y quizá aliviada, habló: "Naciste en esta cama en la que ahora yo voy a morir". Yme contó lo de Ajit Sing, la boda forzada, el maltrato...

¿Cómo reaccionó usted?
¡Fue un shock! Sentí rabia..., pero también compasión por el sufrimiento de mi madre. Regresé a Nueva York y ella murió enseguida... A ella ya la he perdonado. Ami padrastro, no: no puedo.

¿Y ha contactado ya con su familia de Kapurthala?
No me atrevía... Pero tras una de mis actuaciones de baile flamenco con la compañía de Manuela Carrasco en Nueva York, vino a verme una amiga con un amigo hindú: hablamos, le conté que mi padre era Ajit Sing... ¡y resultó ser un primo segundo mío!

Otro designio del destino, de nuevo...
Él me invitó a conocer a mi parentela india: todos ellos me han acogido con mucho cariño en Kapurthala. Estoy conociéndolos.

Ya ve, ¡al final ha resultado ser usted medio princesa!
Deje, deje, lo valioso es que soy libre, independiente y bailaora, ¡que todos mis anhelos se han hecho realidad! Ojalá hubiese podido contárselo todo a Anita Delgado.

Ella murió en 1962 y está enterrada en Madrid: vaya a verla y llévele flores.
Buena idea. ¡Lo haré! Sí, ahora que he escrito la historia de mi familia, voy a buscar su tumba y voy a contársela.



Mestiza y global

Ojos azules, tez cobriza, rostro a la vez mediterráneo, arábigo e indio, talle de bailarina, intelecto de periodista, gesto expresivo... Conversar con esta mujer es un placer perlado de sorpresas. Son las de una vida con un secreto recién desvelado, que narra en La nieta de la maharaní (Roca). Ella ha cerrado un ciclo de un siglo: hablamos de Anita Delgado (su abuela española, aquella bailarina bellísima y analfabeta que se convirtió en princesa india), hablamos de los bailes del norte de India y de su conexión con palos del flamenco (ella baila los unos y los otros), hablamos de periodismo: "¡Internet, internet es el futuro...!". Ella encarna, por genes y peripecias, la globalidad de nuestro mundo.




VÍCTOR-M. AMELA