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divendres, 23 d’octubre del 2009

THOMAS GILOVICH, que investiga falsas creencias; colabora con la Fundació Ernest Lluch

"Los medalla de bronce están más contentos que los de plata"



Tengo 55 años: envejecer, pese al cliché, nos hace más felices. Soy de California, pero, lo siento: no me gustan los músculos ni la playa. Tengo gemelitas sin haber adoptado antes. La religión da felicidad, porque te integra en una comunidad. También la da un club de fútbol



Tras los JJ. OO. de Barcelona, estudiamos la satisfacción de los medallistas...

... Proporcional a sus logros... Supongo.
... Mal supuesto. Contra pronóstico, los medallistas de bronce estaban más satisfechos que los de plata.

¿Por qué?
Los platas, en vez de asumir la responsabilidad en su "derrota", tendían a achacarla a la mala suerte: la dirección del viento; la falta de concentración... Cualquier cosa...

Es menos frustrante fracasar del todo que llegar a triunfar... Casi.
... Al no asumir su actuación evitaban la sensación de derrota, pero también la compensación de la "casi" gloria.

¿Por qué?
Los bronces, en cambio, asumían con facilidad su actuación y se sentían "casi" ganadores al compararse con los cuartos y quintos.

Más que ganar, debes creerte ganador.
Mi especialidad como psicólogo social cognitivo es combatir falsas creencias.

¿Desmiente las leyendas urbanas?
Con estadísticas: clichés, estereotipos, efecto halo, causas aparentes y ocultas...

¿Cuál es la falsedad que más le duele?
Que existe una justicia metafísica más allá de la humana que acaba premiando y castigando todas las buenas y las malas obras.

¿No existe la justicia poética?
Sólo en la poesía. Si existiera: ¿por qué conocí a un niño de cinco años que murió de leucemia entre horribles sufrimientos? ¿Qué terrible pecado había cometido?

¿...?
Pues tenemos tal habilidad para contarnos a nosotros mismos historias que confirmen nuestras falsas creencias que me han llegado a contestar: "Algo habría hecho el niño en su vida anterior".

Justicia humana es un oxímoron.
La falsa creencia es el atajo que tomamos para ahorrarnos esfuerzo mental y la tarea de suspender el juicio y aceptar que el mundo es más caótico de lo que queremos creer.

Por ejemplo...
Es falso que existan las rachas de suerte: ni en el deporte, ni en el juego ni en la bolsa. Y lo hemos estudiado estadísticas en mano hasta el punto de que la NBA se interesó por nuestros resultados.

Y...
Los jugadores no aciertan más en rachas: en cada ocasión aciertan o fallan igualmente independientemente de qué hubieran hecho antes. También es falso que cuando adoptas un niño te quedas "embarazado" o la superstición de que tiene mas posibilidades de sufrir un percance el aviador, bombero o torero que cambia su turno con otro colega.

¿Por qué lo creemos?
Porque cuando alguien que adopta se queda "embarazado", todo su entorno lo comenta. Del mismo modo, cuando, como le pasó al Yiyo u otros pilotos o bomberos, que cambian turno y sufren accidentes, todo el mundo repite incansable: "¡Fíjate: no le tocaba a él morir!". Y la insistencia al repetir una anécdota la convierte en categoría y casi en profecía para todo el grupo.

¿Por qué hay clichés raciales?
Si le digo que soy californiano, pensará que hago pesas y vivo en la playa, y, sin embargo, me paso la vida en la biblioteca. Tendemos a pensar que los miembros de otro grupo son más iguales entre sí de lo que somos nosotros en nuestro propio grupo.

¿Por qué?
De nuevo por pereza mental: es más cómodo inventarse categorías que aceptar la inmensa complejidad del universo y que cada individuo es diferente. Así nace el racismo.

¿Y las profecías autocumplidas?
Tal vez creer que está en racha le dé alguna seguridad, pero no tiene reflejo en las estadísticas. En cualquier caso, también habría profecías autoincumplidas opuestas: creerse muy seguro conduciendo podría hacerle más proclive a tener accidentes.

¿Y si me creo un genio: llegaré a serlo?
Los Beatles -demuestra Madwell- o Bill Gates no fueron sino especialistas que invirtieron miles de horas más en lo suyo que los demás.

¿Por qué los consideramos genios?
Porque es más bonito hacer creer que gozas de un don innato y mágico para la música o la informática. Nadie explica la aburrida verdad de que metió miles de horas en ensayar mientras sus amigos veían la tele.

¿Le perdonan el triunfo esos amigos?
También ellos prefieren pensar que no son genios simplemente porque tuvieron mala suerte en vez de aceptar que el genio lo es porque trabajó más que ellos.

¿Por eso falla la cultura del esfuerzo?
Falla por lo que denominamos pluralistic ignorance no molan -y en cambio alardean de pasar muchas más en el bar. Y exhiben sus borracheras. Así que los pobres crédulos que creen e imitan esa farsa acaban alcohólicos y suspendidos.

¿Ser empollón garantiza el éxito?
Proporciona hábito de trabajo, que suele ser la puerta de cualquier habilidad. Y además está el efecto halo, por el que tendemos a creer que alguien que hace bien una cosa también hará bien todas las demás.

¿Y no es más fácil acertar dos veces?
¡No! Pero ese efecto hace que los periodistas pregunten a estrellas del pop cómo solucionar el hambre en el mundo. Y así llegó Reagan a presidente.



Piensa más y acierta

Mejor -al menos para la autoestima- llegar tercero que segundo. Contra lo previsible y según el sermón, son más bienaventurados los que llegan después. Gilovich desafía los clichés con estadísticas que demuestran que nuestra mente es vaga y prefiere inventarse normas a aceptar que el universo es más complejo de lo que nos molestamos en discurrir. Por eso apunta que lacras como el racismo y los prejuicios de todo tipo son sobre todo fruto de la pereza mental y por lo tanto se combaten usando la inteligencia. Al final, me da un consejo: "Si hace un test de múltiples opciones y duda, no se quede con su primera corazonada: acertará más -pese a la falsa creencia- si piensa su respuesta dos veces".



LLUÍS AMIGUET


dissabte, 13 de juny del 2009

CARMEN TEJEDOR, psiquiatra; dirige el programa de prevención del suicidio del Eixample

"Yo nunca he encontrado libertad en un suicida"



Tengo 66 años. Aún sigo la reivindicación solidaria del 68. Cuando podemos hablar de algo, también empezamos a controlarlo; por eso el mejor remedio contra el suicidio es la palabra. Cada día llegan suicidas a mi consulta: si todos cooperamos, podríamos reducir su número



Si veo a un suicida a punto de lanzarse al vacío, ¿qué hago?
Para empezar, no demuestre nervios ni precipitación e intente buscar ayuda.

...
... Con naturalidad y calma, trate de hacerle hablar con respeto y tacto, encontrando el tono adecuado, preguntándole por su nombre, por qué está actuando así.

Por ejemplo...
"Bueno, vale, Lluís, entiendo que se siente muy mal, explíqueme por qué está aquí...".

...
Debe intentar rebajar dramatismo; aplazar el acto, pero no se enfrente a él ni trate de predicarle, y llámele por su nombre.

¿Por qué?
La libertad del suicida es falsa. Lo explica muy bien The bridge, un documental rodado con cámara oculta en The Golden Gate de San Francisco, lugar habitual para suicidas.

¿Qué explica?
Recoge un suicido frustrado por una foca que empuja al suicida, con las piernas rotas, hacia la superficie: "Me arrepentí -confiesa el pobre- cuando aún estaba en el aire".

Esa foca merece una medalla.
Otro suicida también se arrepiente en el último segundo y se desuella las manos aferrándose a la cornisa: "No era yo cuando me tiré". Ahí está la respuesta de cordura de no reconocerse a sí mismo en la situación.

El retorno de la dignidad.
Por eso hay que afirmarle la identidad al suicida llamándole por su nombre y demostrándole que nos importa; que es alguien para nosotros y que su vida es necesaria.

¿Y si no quiere hablar ahora?
Hágale olvidarse del ahora.

...
Recuerde el tarrito de Alicia en el país de las maravillas donde ponía "Para comer mañana". Para que aplace su decisión, hay que meter el impulso suicida en ese tarrito haciéndole hablar y escuchándole.

"No puedo explicarle lo que me pasa".
Inténtelo: vamos, en cuanto somos capaces de verbalizar un sentimiento, un deseo, un impulso, ya estamos empezando a controlarlo. Y lo mismo sucede con los intentos de autodestrucción y el suicidio.

Quien mucho avisa no se mata.
Falso: quien mucho habla de suicidio es quien acaba cometiéndolo. Hablar de quitarse la vida es un indicador de riesgo: tómeselo en serio.

Bueno, los suicidas son ínfima minoría.
El 10 por ciento de nuestra población ha pensado en poner fin a su vida alguna vez y el 1,5 por ciento lo ha intentado, pero es muy difícil dar estadísticas fiables, porque el suicidio se suele encubrir.

¿Por qué?
El suicidio sigue siendo algo vergonzante. El 10 por ciento de los suicidas deja una nota. Recuerdo una ilustrativa al respecto que decía: "Y, sobre todo, hija mía, di a las vecinas que ha sido una embolia y no que me he tomado unas pastillas".

¿Por qué el suicidio avergüenza?
Porque creemos que es un acto libre y si hay libertad hay culpa, así que existe una especie de juicio popular que condena de antemano al suicida y a quienes le rodean.

¿Suicidarse no es nunca un acto libre?
Yo nunca he encontrado libertad en el suicida: siempre eran víctimas de un estado anímico alterado que no les permitía decidir libremente.

¿No hay un suicidio racional?
El 95 por ciento de los suicidas presentan claros síntomas de trastorno mental: depresión, ansiedad, irritabilidad, impulsividad patológica. El otro 5 por ciento es el denominado suicidio balance,al que se llega tras un diagnóstico de enfermedad somática terminal.

¿Y entonces?
Suele haber una depresión más o menos encubierta.

¿Hay familias de suicidas?
Existe un factor genético comprobado en grupos endogámicos como los amish. Y también hay sociopatías que lo favorecen.

¿Como en la anomia de Durkheim?
La falta de referencias, de sentirte de un grupo, te hace más vulnerable a las depresiones, y en ese sentido será interesante comprobar si las redes sociales digitales nos protegen de esa soledad anómica.

¿El amor sigue matando?
Seguimos suicidándonos por amor. El desengaño amoroso aún es la primera causa de suicidio en todas las edades, pero suele ir acompañado de otras disfunciones.

Por ejemplo...
Los cinco factores que favorecen el suicidio son el trastorno mental; los pensamientos o ideas suicidas tras intentos previos; una enfermedad somática crónica; el desarraigo social, o impactos externos que rompen el equilibrio emocional del suicida.

¿Hablar del suicidio lo propicia?
Ocultarlo lo propicia. En cambio, una actitud social proactiva ante el suicidio lo reduce. La prueba es nuestro programa de intervención en la Dreta de l´Eixample, que ha logrado reducir un 66 por ciento las repeticiones de intentos suicidas.

¿Cómo?
Haciendo que, además de los médicos, todo el barrio participe en prevenir el suicidio: residencias geriátricas, servicios sociales, escuelas, asociaciones de vecinos, bomberos, policías... Poca inversión con mucho resultado. Es un modelo que ahora implementarán en otras comunidades.




Ellos, primero

El derecho a decidir la propia muerte es mejor cedérselo graciosamente a quienes nos hacen la vida imposible. Se me ocurre como antídoto contra la glorificación del suicidio amoroso que impregna nuestra cultura desde Calixto y Melibea hasta los amantes de Teruel -"tonta ella y tonto él", que apostillaban las comadres sabias- o al nihilista de los Sex Pistols. La doctora también tipifica el suicidio balance -el que se decide frente a una dolencia terminal- como una decisión no muy libre sino muy enferma, y esa opinión -desde su posición en absoluto religiosa- es digna de una buena polémica. La doctora Tejedor asegura que del suicidio -como testimonian los suicidas frustrados- siempre te arrepientes.



LLUÍS AMIGUET



divendres, 12 de juny del 2009

LUCIO MARGULIS, creador y coordinador de juegos serios reales y virtuales

“Si queremos ser serios, debemos jugar más”





Tengo 41 años. Nací y vivo en Buenos Aires. Soy maestro, me especialicé en Técnicas de la Educación y he estudiado Recreación y Juego. Soy asesor de diversas universidades, escuelas de negocios y gobiernos. Vivo en pareja y tengo dos hijos. Creo en la emoción y en los valores



El juego es la mejor manera de aprender.

Estoy de acuerdo, pero ¿qué es eso del juego serio?
De la misma manera que los niños aprenden y resuelven sus conflictos mediante el juego, lo pueden hacer los adultos.

Pero ya no somos niños, por desgracia.
Investigaciones en neurociencia han demostrado que hay una profunda relación entre las manos y la mente. Cada mano responde a uno de los dos hemisferios, el racional y el emocional, de manera que al expresarnos con las manos liberamos los pensamientos inconscientes y las emociones.

¿Y cómo se juega?
Hace ya algunos años que creé la consultora internacional Juego Serio y me asocié con Lego Serious Play para, mediante esas pequeñas piezas, poner a jugar y a resolver problemas a grandes compañías y gobiernos como el catalán, gallego, vasco y chileno, y organizaciones de todo tipo.

¿Quién juega?
Todos los integrantes de una organización. La idea es: si todos podemos aportar, ¿cómo lo hacemos? En algunos casos jugamos con piezas de lego; en otros, con técnicas de teatro, música..., todo tipo de actividades lúdicas que fusionan lo mejor de las artes y las letras con el management.

¿Se juega con las ideas?
...Y con los problemas. En el caso de Lego se construye la problemática y se analiza; en el caso del teatro, se escenifica y se improvisa.

¿Funciona?
Llevo más de 300 talleres en Europa y Latinoamérica y estoy convencido de que el mundo necesita un cambio de mentalidad.

De eso estamos casi todos convencidos.
Un mundo con gente jugando con la incertidumbre, donde no importe qué profesión tengas sino lo que puedes aportar a los demás desde tu paradigma, tus ideas, tus emociones y tu experiencia, debería transformar este planeta sumido en una crisis de ideas, de modelos, y de valores.

Póngame un ejemplo.
Era un momento bastante crítico entre Argentina, Chile y Bolivia. Argentina le había cortado el gas a Chile y estuvimos jugando con el director de una compañía de energía del gobierno chileno, construimos con piezas de Lego el peor escenario, luego el ideal y las posibles soluciones.

¿A qué jugó en Barcelona?
A construir la escuela del futuro con gente de la Administración, pedagogos, profesores, padres y alumnos. Montamos y analizamos, siempre mediante el juego, el escenario real, donde no se aprende haciendo, sino escuchando. Y luego la escuela del futuro. Se sorprendería de las fantásticas ideas que aparecieron, y sin discusiones.

La herramienta puede ser el Lego o un pedazo de barro.
Sí, pero el Lego Serious Play no es sólo una herramienta, es una metodología que se diseñó para que cada persona pudiera expresarse en tres dimensiones. La gente tiene cuatro minutos para responder construyendo una pregunta y sobre eso avanzamos.

Tiene más de psicología que de juego.
Cuando ves jugar a alguien, lo ves tal como es y no como dice ser. La construcción representa su modelo mental y sus emociones porque la presión del tiempo provoca que no pueda controlar. Y desde el juego es más fácil hacerle ver otras posibilidades.

A menudo pone usted a jugar con las organizaciones a artistas y científicos...
Cualquier persona que piensa de manera diferente aporta soluciones diferentes. Jugar, por ejemplo, a imaginar lo peor de una situación con diferentes personas es de una gran riqueza, y como es un juego nadie se tensa, pero lo que has visto crea conciencia.

¿Conciencia aplicable en la vida?
Así es. Los pilotos simulan todo tipo de situaciones: si eso pudiera hacerlo un director de empresa, cometería menos errores.

Nos pasamos la infancia jugando y no por ello lo hacemos mejor en la adultez.
Durante el parvulario todo es juego, pero cuando los niños entran en la escuela primaria aparece un profesor que les dice “yo sé y ustedes no saben”, y el juego queda reducido a los recreos. Yo fui despedido de muchas escuelas y tuve muchos problemas cuando trabajaba en el Ministerio de Educación argentino por estar en contra de ese modelo.


¿Qué proponía usted?
Por ejemplo, les ponía música de los Beatles y averiguábamos entre todos qué quería decir John Lennon con Imagine; y nos documentábamos y hacíamos un juicio a una generación histórica. Aprendían jugando. Pero todo eso no gustaba. En el Ministerio de Educación organicé una campaña de los derechos del niño a través del humor.

¿Chistes sobre los derechos del niño?
Sí, dibujos de humoristas con chistes sobre cada uno de los derechos de los niños. Se trabajaron temas muy serios mediante el humor. Fue un éxito, el mensaje llegó a todo el mundo, niños y adultos interiorizaron esos derechos, pero al ministro de Educación, un ingeniero agrónomo, le pareció poco serio.

Usted ¿qué ha aprendido jugando?
Primero, que se aprende haciendo, y segundo, que no se puede separar lo racional de lo emocional. Mucha gente intenta dejar lo emocional en casa y lo único que consigue es reprimirse. La mayoría de los problemas que he trabajado en las organizaciones tiene que ver, en el fondo, con la comunicación y las relaciones entre las personas.



Jugando a imaginar

Cinco años maestro de una escuela primaria, dos de director de un parvulario, cuatro en el Ministerio de Educación y uno viajando por el mundo y viviendo en sesenta familias distintas, tiempo suficiente para darse cuenta de que si queremos ser serios debemos jugar más. Empecinado en esa idea acabó creando una consultora internacional de Juego Serio y ya ha puesto a jugar, para encontrar soluciones creativas ante todo tipo de reto, a organizaciones públicas y privadas de medio mundo. “En Catalunya estamos haciendo un proyecto, la escola del futur, en el 22@; llevamos un año jugando con padres, niños, gente de la Administración, maestros..., todos construyendo lo que debería ser la escuela del futuro”.


IMA SANCHÍS
(Foto: Marc Arias)



dijous, 26 de març del 2009

MARIE de HENNEZEL, psicóloga y psicoterapeuta

"El corazón envejece cuando nadie solicita tu atención"



Tengo 62 años. Nací en Lyon y vivo en París. Casada por segunda vez, tengo 2 hijos y 6 nietos. Estoy semirretirada, escribo y doy seminarios sobre cómo envejecer bien. Soy experta en cuidados de enfermos terminales. Creo en Dios, pero prefiero la espiritualidad al dogma



A algunos de mis pacientes se les despertó el miedo a la vejez cuando alguien les cedió el asiento en el metro.

En su caso, ¿cómo fue?
Yo me di cuenta de que era mayor cuando tuve miedo de subirme a una escalera para limpiar la chimenea de casa.

Así, de sopetón.
Sí, ocurre repentinamente, como la primera arruga, pero los 60 es la edad simbólica, cuando te dan el carnet sénior y te jubilan.

Europa está llena de séniors.
Somos la generación del baby boom, vamos a vivir muchos años y nos da mucho miedo envejecer, pero hay dos maneras de hacerlo: como un descubrimiento y un crecimiento, o como un naufragio.

Cuestión de carácter.
Las personas optimistas se adaptan a los cambios y han aprendido a ocuparse de los demás. Las que lo llevan mal suelen ser personas muy narcisistas que no han resuelto sus problemas emocionales y no tienen confianza en sí mismas ni en la vida.

¿Y dice usted que se puede aprender a envejecer con soltura?
Sí, y la edad idónea son los 60, cuando somos absolutamente conscientes de lo que está en juego. Después, a los 70 u 80 años, es difícil cambiar, y ante la vejez hay malas y buenas actitudes.

Hábleme de ellas.
Las personas que envejecen bien están en paz con su pasado, han trabajado los remordimientos, los reproches y las frustraciones. La ligereza de espíritu es condición para envejecer bien.

Si estás ocupado con algo que te interesa, el pasado pierde peso.
Sí, es muy importante estar activo, pero hoy en día después de la tercera edad, que termina a los 75 años, viene la cuarta y la quinta (a partir de los 90 años), donde la vida interior es sumamente importante porque probablemente ya seremos dependientes y nuestro espacio puede ser muy reducido. Hay que estar preparado para aceptarlo.

¡Qué miedo!
Esta sociedad no es para viejos, la gente llega a la vejez muy sola. Todos nuestros valores tienen que ver con ser joven. Por eso, cambiar la mirada de la sociedad sobre la vejez es un desafío y una responsabilidad para mi generación, porque hasta nuestros hijos temen nuestra vejez. No debemos convertirnos en una carga para ellos.

Ser dependiente no depende de uno.
En parte. Si nos cuidamos psíquica (dando más importancia a la vida interior) y físicamente (comer bien, no fumar, hacer ejercicio), estaremos mejor. Y, aun siendo dependientes, podemos desarrollar cualidades interiores que nos ayuden a vivir mejor.

... Y eso hay que hacerlo a los 60.
Sí, debemos aprender a estar bien con nosotros mismos y cultivar placeres como el de la contemplación de la naturaleza o la música, de manera que si llega la dependencia o la silla de ruedas tengamos recursos. Si uno aprende a recibir de los otros, el día que esté enfermo vivirá mejor esa situación, sabrá abandonarse a los otros.

¿Usted prepara a la gente para eso?
Sí, la entreno en la meditación y en el placer de permanecer sin hacer nada y hablamos. Hay muchas cosas que uno debe trabajar a los 60 para saborear más tarde la vida.

¿Cuáles son los testimonios de ancianos que más le han conmovido?
Los que tienen el sentimiento de que es una suerte envejecer porque hay mucha gente que muere joven; los que saben que el corazón no envejece.

El corazón se endurece.
Cierto, pero la facultad de desear y de amar es lo que nos hace avanzar. He visto a mucha gente en los asilos replegada en sí misma, pero he visto también cómo las atenciones y las caricias diarias de una enfermera han devuelto la alegría de vivir a alguna de esas personas. El corazón humano nunca pierde la esperanza de amar y de ser feliz.

Sigue siendo triste.
Lo que esto pone en evidencia es la responsabilidad que tenemos los unos hacia los otros, porque el corazón envejece cuando nadie solicita tu atención, tu ternura.

Sin afecto, es difícil disfrutar de nada.
Sin afecto, morimos; pero hay que saber que si damos esperando recibir, no recibiremos nada. Las personas resplandecientes que he encontrado tienen una mirada sobre lo que las rodea benévola, y estas personas atraen a los otros. Los 60 años es una ocasión para reflexionar en profundidad sobre el amor.

¿Cómo prepararse para la muerte?
En todas las tradiciones, contemplar tu muerte te hace más justo y ecuánime. Los indios americanos representan la muerte como un pájaro que llevamos sobre nuestro hombro. Todas las mañanas el pájaro nos pregunta: "¿Y si fuera hoy?"... Prepararse para morir es estar lo mejor posible en tu vida.

Aceptada la vejez, ¿cuál es el temor?
Envejecer en una residencia, porque son instituciones que no tienen ningún respeto por el ritmo de cada persona. Hay que levantarse, comer, cenar y dormir a la misma hora. De repente, tras haber dormido toda tu vida en una cama grande, te meten en una camita de niño: sólo eso ya es una violencia.

Hay que cambiar las estructuras.
Muchos grupos de amigos en Francia montan una comunidad, viven juntos pero no revueltos, establecen sus normas y se comprometen a que si uno cae enfermo, se vuelve dependiente o demente, el resto lo cuidará.



Miedo al futuro

Conoce los miedos de sus pacientes y los propios ante la vejez. Para esa numerosa generación, hijos del baby boom,que ha pasado la barrera de los 60 ha escrito La suerte de envejecer bien (Plataforma), más de 100.000 ejemplares vendidos en Francia, donde hace frente al abismo de la cuarta y la quinta edad, cuando la movilidad queda muy reducida, y proporciona claves para vivir mejor la dependencia sin dejar de advertir que esa posibilidad está en el futuro de todos y de que ya va siendo hora de que dignifiquemos la vejez. "En hebreo, la misma palabra sirve para designar felicidad y vejez.Debería ser el tiempo en el que cultivar más nuestra alma y dar nuestra sabiduría a quienes nos siguen".



IMA SANCHÍS



dimecres, 10 d’octubre del 2007

ECKHART TOLLE, maestro espiritual

“Vivimos atrapados entre el pasado y el futuro”







Tengo 59 años. Nací en Alemania y vivo en Vancouver. Me licencié en Londres en Filosofía y Letras. Vivo en pareja. Doy conferencias por el mundo sobre el poder del ahora. Política, economía y estructuras sociales son un reflejo de la conciencia del individuo. Está surgiendo una nueva conciencia que todavía no ha alcanzado a los políticos




La mente humana tiene un elemento muy grande de disfunción, casi de locura, basta ver la historia del siglo XX. Pero creo que estamos ante un cambio de conciencia.

¿Por qué?
Recibo a diario cientos de cartas y correos de gente de todo el mundo que está experimentando esa transformación. Cuando se alcance un número crítico, veremos un cambio global.

¿Y en qué consiste ese cambio individual que será global?
En tomar conciencia de que dentro de la mente hay una voz que constantemente habla: es el diálogo interior.

Ruido...
Dicen los psicólogos que el 98% de los pensamientos cotidianos son repeticiones de pensamientos antiguos. La mayoría de la gente se ha identificado con esa voz, cree que ella es la voz.

¿Y qué somos?
El sentido de lo que soy, del yo, deriva de los pensamientos, de esa voz que me cuenta mi historia personal y las cosas con las que me identifico. Pero más allá de este yo superficial hay un yo más profundo con el que hemos perdido el contacto.

¿No somos un conjunto de vivencias y sentimientos?
Nos identificamos con el pasado y nos proyectamos en el futuro. Nuestra mente busca la realización en el momento próximo: dentro de una hora, un mes o cinco años. Vivimos tratando de llegar al momento siguiente, y eso se ha convertido en un patrón mental que nos hace vivir en un estado perpetuo de insatisfacción, porque no realizamos lo más importante que hay en la vida, que es el momento presente.

¿Cómo cambiar ese patrón mental?
El primer paso es tomar conciencia de que hay una voz en mi mente que es en realidad un antiguo pensamiento que se repite. El segundo paso es hacerse más consciente de nuestra relación con el momento presente; es decir, preguntarse muchas veces al día cuál es mi relación con el momento presente: ¿trato ese momento como si fuera mi amigo o mi enemigo?

Entiendo.
O estamos en una situación de oposición al momento presente (no me gusta donde estoy, esto no debería pasar, no me gusta lo que haces...), o simplemente lo utilizamos para llegar al momento próximo en el que me gustaría estar. Así la vida se pierde.

¿Qué hacemos?
Siendo consciente, tengo el poder de elegir transformar el presente en un amigo. La vida y el momento presente son lo mismo, no aceptarlo es estar contra la vida.

Pero hay trabajos que terminar, proyectos...
No estoy hablando de tiempo de reloj sino de tiempo psicológico. La mente es una herramienta útil: tengo ese proyecto y le dedico un tiempo de reloj con presencia. La disfunción es proyectarse mentalmente en el futuro, pensar que quieres acabar mientras estás en ello, eso es el estrés. Le daré algunos consejos: empiece por sentir la vida dentro de su cuerpo.

¿Cómo?
Cierre los ojos y pregúntese cómo puede saber si su mano todavía está ahí; entonces la atención va de la cabeza –donde normalmente reside– a la mano: sentirá una cierta vitalidad en ella. Esa energía, ese calor, puede sentirlo en el resto del cuerpo. Sentir el cuerpo puede ser un ancla para el momento presente. Basta un minuto, pero hay que hacerlo varias veces al día.

¿Sentir la vida más allá de los pensamientos?
Exacto, cada vez que lo haces estás presente. Otro consejo es tomar conciencia de las percepciones sensoriales. Si quiere entrar en el momento presente, ancle parte de la atención en el cuerpo y el resto en percibir lo que le rodea. La compulsión de nombrar lo que vemos y enjuiciar desaparece.

En el hacer nos perdemos.
Porque el ruido mental nos controla. Otra práctica es hacer las cosas cotidianas con consciencia, cosas que hasta ahora eran un medio para llegar a un fin. Sienta el agua fría cuando se lava las manos.

No pensar, percibir.
Así es, introducir poco a poco presencia en la vida, darle calidad. El momento presente no es lo que sucede sino tu consciencia. Debemos introducir esa dimensión en nuestra vida y durante un tiempo la vieja consciencia vendrá y nos perderemos en ella, pero volveremos a despertarnos.

¿Y las emociones?
Son una reacción del cuerpo a los pensamientos. Si la mente me dice que una situación es mala o desagradable, el cuerpo lo acepta como realidad y tengo emociones negativas. Transformamos casi toda nuestra vida en algo problemático.

El sufrimiento se acumula...
Los pensamientos crean emociones, emociones que a su vez refuerzan viejos dolores emocionales. Pero si estás presente, el cuerpo dolor, como yo lo llamo, no puede utilizar tus pensamientos. Sabes que sientes frustración o rabia, pero no te identificas con ello.

¿Cómo romper la distancia con los otros?
Por medio de los pensamientos yo me interpreto a mí mismo, me nombro mi vida como buena o mala, defino mi existencia por medio de palabras. Yo me lo hago a mí mismo y lo hago con las otras personas, ésa es la separación que cada persona siente: la pantalla mental que surge cuando lo único que tienes son tus pensamientos.



El yo y el conmigo

“No puedo seguir viviendo conmigo. Ese pensamiento se repetía en mi mente una y otra vez. Entonces, de repente, me di cuenta de que era un pensamiento muy peculiar: ¿soy uno o dos? Si no puedo vivir conmigo, debe de haber dos yoes: el yo y el conmigo con el que ya no puedo vivir. Quizá, pensé, sólo uno de los dos sea real”. Así comenzó su transformación, que alcanzó gran lucidez. Abandonó su puesto de investigador en la Universidad de Cambridge y se dedicó a dar seminarios por el mundo. Ha estado en Barcelona invitado por Trigrama. El poder del ahora y Un mundo nuevo, ahora resumen su filosofía.



IMA SANCHÍS
(Foto: Xavier Gómez)