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divendres, 3 d’abril del 2009

JOAN MARGARIT, premio Nacional de Poesía 2008

"La intemperie es dura..., pero más dura es sin poemas"



Tengo 70 años. Nací en Sanaüja y vivo en Sant Just Desvern. Soy arquitecto y soy poeta. Estoy casado y hemos tenido cuatro hijos, Mònica (44), Anna (murió recién nacida), Joana (murió a los 31 años) y Carles (38), y tres nietos. ¿Política? ¡Cuánto cansancio! ¿Dios? Cero



¿Puedo llamarle poeta?
¿Cómo iba a llamarme, si no?

¿Qué es un poeta?
Uno que busca la verdad.

Como el filósofo, pues.
El filósofo la presiente. El poeta la caza con el revólver del lenguaje, cargado siempre con seis balas.

¿Qué tipo de verdad caza?
Verdades universales, la que cualquiera en cualquier sitio reconoce. ¡No existe poesía sin un lector que entienda el poema!

¿Y si el lector no lo entiende, qué?
Entonces es culpa del presunto poeta.

¿Por eso hay pocos lectores de poesía?
Por eso y también porque la poesía no regala nada: pide del lector una disposición, un mínimo adiestramiento del instrumento. Si lo hay, cada poema será una partitura interpretada por el lector: ¡habrá poesía!

¿Y para qué sirve la poesía?
Para ser más feliz. Misteriosamente. La poesía imparte conocimiento y consuelo. Es nuestra última casa de misericordia.

¿Cómo es eso?
Uno entra con un problema en un poema... y sale de él menos desgraciado. Entras con algún desorden y sales algo más ordenado. ¿Qué ha pasado ahí dentro? Misterio. ¡Nadie lo sabe, pero la poesía ha operado!

¿Existe algo que la poesía no consuele?
No. El buen poema, por bello que sea, será cruel. La intemperie es dura..., ¡pero más dura es sin poemas!

Está la muerte...
La vida -la poesía- impone orden al desorden que es la muerte. Mientras mi hija Joana agonizaba, yo escribía.

¿Se puede escribir bien sin distancia?
La regla es que no..., pero la infringí. "Si escribo que lloro, no estoy llorando", enseñó Voltaire. Pero toda regla tiene excepciones.

¿Cuándo supo usted que sería poeta?
Hacia los 18 años tuve la convicción. ¡Puedes equivocarte... y perder la vida! Yo estuve a punto..., hasta que entendí: no escribir en mi lengua materna hacía imposible un buen poema mío. Pero ya tenía publicado un primer libro... que hoy odio.

¿Por qué?
Creía que la poesía era una catedral. Hoy sé que la poesía es la áspera cripta.

¿Qué hace del poema un buen poema?
Buen poema es el que lees infinitas veces sin cansarte, saliendo siempre mejor de lo que entraste. ¿Por qué? ¡Ni puñetera idea! Sales, misteriosamente, más feliz. Yo ya nunca digo feliz sin añadir misteriosamente.

¿Antítesis de felicidad es sufrimiento?
¡No! El sufrimiento puede hacerte un agujero... y puedes seguir avanzando igual de feliz ¡o más!: por un agujero puedes ver cielo. El enemigo de la felicidad es el fango, atascar el pie en el fango de envidias y miedos.

¿Cuándo es la poesía más necesaria?
Cuanto más duro sea el momento.

¿Qué consejo de oro regalaría a un joven poeta?
No olvides que pisas terreno de alto riesgo (aunque aparente ser inocuo). Un buen poema mejora el mundo, un mal poema lo empeora, nos perjudica a todos: ¡cuidado!

¿De dónde salen los poemas?
El mundo está lleno de poemas, y vas descubriéndolos: ser poeta es un modo de vivir.

Pero no se escriben solos.
Cierto: una vez aislado eso que a ti te conmueve y que entiendes que puede conmover a todos, te toca hallar las palabras que lo digan con exactitud y concisión. De tal modo que, una vez culminado el poema, si le añades o quitas algo, el poema se deshace.

Eso es cazar con el arma cargada de palabras, ¿eh?
Las palabras existen para nombrar las cosas y que así dejen de ser terroríficas: un árbol, sin la palabra árbol,¡es terrorífico!

¿Qué poema suyo le deslumbra a usted mismo?
Primer amor, se titula. Habla de una navajita que vi de niño en un aparador... Me costó quince años hallar las palabras con que escribirlo: las alcancé a mis 54 años. Hoy casi me atrevería a decir que es un buen poema.

Bravo.
Habría que prohibir publicar poemas a todo menor de 18 años, para ahorrarle muchas tonterías al mundo.

Pero... ¿no es el poeta la rauxa?
¡Nadie hay más sensato que el poeta! Mucho más sensato el poeta que el economista, no lo dude. ¡Es imposible que un buen poema contenga una sola insensatez!

"El orgasmo es la más profunda misión de la vida", le he leído.
El orgasmo propicia la reproducción de la vida, es decir, del orden brutal del cosmos. Poca broma. Es algo que la poesía sólo puede tomarse muy en serio.

¿Qué alimenta más, el pan o la poesía?
No los separe: sea sensato. Todo lo que pasa por la mente deja huella en el cuerpo, y viceversa: decir alma es decir cuerpo. Por cierto, yo supe qué era el pan viendo La cesta de pan, de Dalí: ¡por eso ese cuadro es poesía!

¿Cómo escribe poemas un arquitecto?
Localizo qué bares hay en los alrededores del edificio en que estoy trabajando. Y una hora antes de la visita de obra, me instalo en uno de esos bares y escribo poemas. Y, tras la visita a la obra, vuelvo otra horita.


¿Y no le perturba el jaleo del bar?
Si precisas demasiadas condiciones para escribir..., ¡malo! De esos lugares ruidosos sale eso tan misterioso que es el poema, algo que una persona a la que ni conozco ni sé por dónde anda está necesitando sin saber ella siquiera que está necesitándolo.



Sanador

Hemos hablado en su casa, y al llegar la fotógrafa los he dejado solos, me he alejado con el eco de lo último que me ha dicho el poeta ("algo que una persona a la que ni conozco ni sé por dónde anda..."). Al rato el poeta me llama al móvil, con la emoción de una confirmación de la vida: "¿Usted es el Margarit autor de Joana?", le ha preguntado la fotógrafa, agradecida por el consuelo que ese libro vertió tras la muerte de un hermano: "Fue sanador", ha dicho Laura. Para el poeta verdadero la vida es poesía alrededor, vida que saluda, agradece, guiña y abraza. Acaba de publicar Noves cartes a un jove poeta (Proa) / Nuevas cartas a un joven poeta (Barril& Barral) y Misteriosament feliç (Proa).



VÍCTOR-M. AMELA



divendres, 13 de febrer del 2009

VITALI SHENTALINSKI, poeta, escritor e historiador ruso

"El pasado, como un dinosaurio, entra arrastrándose en el futuro"


Tengo 69 años. Nací en Siberia y vivo en Moscú. Licenciado en la Academia Naval. Fui explorador, escritor de la naturaleza, poeta e historiador. Casado. Tengo 2 hijos y 7 nietos. Me interesa el individuo, no la política. Entre Dios y cada uno no debe haber intermediarios



La primera parte de mi vida la dediqué a descubrir nuevas cosas en el espacio: estudiaba osos polares, fundaba parques nacionales en el Ártico. La segunda parte la dediqué a descubrir espacios nuevos en el tiempo.

¿Qué significa eso?
Conocer y explicar algo que era desconocido para los demás. Uno de esos agujeros negros era la famosa Lubianka, la sede del KGB, donde estaban sus archivos y en cuyo sótano había una cárcel en la que se interrogaba, torturaba y fusilaba.

Y se archivaban los expedientes y manuscritos de los escritores más famosos de la época.
Sí, durante los años del poder soviético desaparecieron dos mil escritores. Mi objetivo era sacar a relucir la verdad sobre la muerte y la vida de todos ellos. Organicé un comité que sólo fue posible durante los años de la perestroika, ni antes ni después.

¿Qué halló?
Lo más horrible eran las listas de fusilamiento. Hallé un manuscrito, una novela desconocida de Andrei Platonov, un genio. Y de Ossip Mandelshtam, Nikolai Kluyev, Marina Tsvetaeva, Maxim Gorki....

Cuénteme la historia de lo pequeño.
Cuando entré por primera vez en Lubianka, un oficial del KGB me dijo: "Es usted el primer escritor que viene a vernos voluntariamente".

Humor negro ruso.
Luego, cada expediente en que me adentraba era un horror. Algunos papeles estaban manchados con sangre..., un investigador que no era muy cuidadoso torturando. Era como caminar sobre un mar de mentiras del que se tenía que sacar una gota de verdad, porque los escritores bajo tortura acababan confesando que eran espías alemanes, franceses, japoneses...

¿Se ha superado la represión y el miedo?
El riesgo de las represiones sigue persistiendo; uno de los indicios es el crecimiento de la popularidad de Stalin.

¿Crece su popularidad?
Sí, porque el crimen cometido, el terror masivo estatal, quedó impune: es un crimen sin castigo. No tuvimos nuestro propio Nuremberg que declarara el terror estalinista crimen contra la humanidad, no supimos asimilarlo, y por eso ahora la actitud hacia Stalin y hacia el terror se va tergiversando; la gente empieza a olvidar lo que fue realmente.

¿Qué dicen de Stalin los libros escolares?
Su imagen se está embelleciendo y engrandeciendo. En nuestro país, la tarea de la recuperación de la memoria histórica fue trabajo de unos cuantos entusiastas, pero no del Estado. Vivimos la enfermedad de la amnesia y, por tanto, el pasado, como un dinosaurio, entra arrastrándose en el futuro.

¿Qué aprendió estudiando osos polares?
Fue una vida muy interesante, alegre y útil, porque exploraba animales en vías de extinción y me sentía como un salvador. Tanto en la primera parte de mi vida como en la segunda, me he dedicado a salvar la memoria del hombre.

Es usted hijo de un agricultor.
Vivíamos en un pueblo recóndito, en la ribera del río Kama. Fue el tiempo más feliz de mi vida, cuando lo tenía todo y no necesitaba nada. Creo que la infancia es el capital que se le da a uno para toda la vida, ya no se adquiere nada más. Dios nos da los bienes no por partes, sino de golpe, toda la vida de golpe, y después depende de cada cual cómo lo gaste o lo despilfarre.

¿Qué ha sido lo importante?
Corresponder con el destino divino que Dios tiene diseñado para ti. Es algo intuitivo, no tiene nada que ver con el razonamiento. Cuando estás frente a una elección, oyes aquella voz que te dice que aquello no es para ti; incluso si visiblemente ganas tomando ese camino, perderás más si no es el que te corresponde. Nunca tengas envidia.

¿Usted la ha tenido?
La envidia me parece un gran pecado, porque Dios nos ha dado tanto que no podemos pecar de avaricia. Y me parece esencial no ser mezquino, no intentar sacar provecho de cosas minúsculas, y confiar en el destino.

A veces es muy caprichoso, ahí tiene todos esos escritores de vidas segadas.
Sí, pero a pesar de todas las adversidades cumplieron su destino, materializaron su talento y ganaron: será a ellos a quienes nos llevemos al futuro y no a sus torturadores.

Entiendo.
Hay que aceptar los retos del destino, porque es sabio aunque nos parezca arbitrario. Yo ahora sé que nada en mi vida fue casual; cuando he confiado en el destino he ganado; no se puede ser más listo que el destino, pero eso se sabe después y no en el acto.

¿Cómo es su Dios?
No tiene rostro, pero cuando veo la belleza reconozco su trabajo: cuando una persona hace bien pese a que le salga más a cuenta el mal. Dios está disuelto en nuestras acciones y en los pensamientos que las preceden.

¿Qué idea se repite en su poesía?
La percepción de la vida como un milagro, algo que no me gustaría perder, porque si perdemos esta percepción, la vida se hace oscura y monótona. El niño que hay dentro de cada uno de nosotros es el que nos salva. Por más cansados y agobiados que estemos, cuando el niño se duerme, en lo último que piensa es en la mañana siguiente, y lo hace con ilusión. Sin esta percepción del milagro que está por venir no puede haber una vida plena independientemente de la edad.



El extranjero

Cuando, siendo militar, trabajó como radiotelegrafista de la estación polar, en la isla de Wrangel, encontró una carta dentro de una botella que venía de EE. UU. "Del otro lado del mundo, otro ser humano enviaba un mensaje, yo quería contestarle, estaba emocionado, pero me miraron con disgusto, estaba prohibido tener contacto con extranjeros". Siempre ha sido un pensador independiente interesado en los individuos más que en el grupo. En su trilogía sobre los archivos literarios del KGB (Esclavos de la libertad, Denuncia contra Sócrates y Crimen sin castigo, Galaxia Gutenberg), sobre lo que ha dado una conferencia en CaixaForum, se mezcla su propia vida, llena de valiosas reflexiones.



IMA SANCHÍS



divendres, 3 d’agost del 2007

IVÁN TUBAU, poeta

“Yo quiero ser actor de culebrón”






Tengo 69 años, bonito número. Nací en un bombardeo de Barcelona. Me jubilo como catedrático de Periodismo Cultural en la UAB: ¡quiero interpretar otros papeles! No soy ni soltero, ni casado, ni viudo, ni separado, ni divorciado. Tengo tres hijos, Natalia (45), Daniel (44) y Omar (19). Defiendo el pensamiento ilustrado y combato la fe



–Sus clases en el césped son míticas.
–No eran ni orgía ni merendola. Comprobé que ahí bullían mejor las ideas, los alumnos se soltaban más, eran más creativos. Una cosa socrática y gestáltica. ¡Mi última clase la he impartido sobre el césped!

–¿Se jubila?
–Sí. Después de 32 años de interpretar el papel de profesor de universidad, ahora quiero interpretar otros papeles.

–¿Está definiéndose como actor?
–Sí. Lo fui ya antes de ejercer de profesor (por su buena ratio tiempo libre-sueldo) lo mejor posible, y aún sigo siéndolo.

–Interpretó películas pornográficas, creo.
–Eróticas (malas, porque les faltaba sentido del humor). Algunos profesores de universidad dejaron de saludarme por ello...

–¿Qué papel le apetece interpretar ahora?
–Cualquier personaje de una película o de un culebrón televisivo. ¡Culebrones como Ventdelplà o como Hospital Central son mejores obras que las de Kiarostami!

–¿Qué tiene contra Kiarostami?
–Que la peor muerte es la muerte por aburrimiento. Hay pesadez para papanatas.

–Es actor... y crítico de cine, veo.
–Mi tesis doctoral versó sobre la crítica de cine francesa y española. Fui crítico de cine.

–Vaya, no sabía. ¿Y qué más ha hecho?
–Dibujé viñetas de humor gráfico en La Codorniz, viví de hacer caricaturas por toda Europa, hice radio en 1956, me doctoré en Literatura Francesa y en Periodismo, me licencié en Arte Dramático, fui reportero y entrevistador en TVE, escribo poesía, publico artículos en prensa...

–De todo, ¿qué ha sido lo más importante?
–La vida misma: es decir, tener sexo. He escogido trabajos que me permitiesen tener sexo en mañanas de días laborables.

–Ah... ¿Sexo a toda costa?
–¡Cuanto más, mejor! Libre, adulto y consentido. Y, de entrada, heterosexual (pero no soy dogmático).

–¿Sexo, más que amor?
–El amor existe cuando lo hacemos. Si no, no existe. Soy antirromántico, abomino del sentimentalismo. Y de la fidelidad.

–Es usted infiel.
–No, pues como no creo en la fidelidad, ¿cómo traicionar algo en lo que no creo? No engaño: a los 30 y pico dejé de enamorarme.

–¿Qué les ha enseñado a sus alumnos en su última clase?
–Les he pedido que contasen en voz alta sus planes profesionales. Me he limitado a escuchar, haciendo alguna apostilla.

–¿En qué lengua?
–Yo siempre en la de mi interlocutor. En catalán y castellano, indistintamente. A veces he publicado artículos escritos en parte en catalán y en parte en castellano.

–En plan Ciutadans.
–He votado a este partido, y opino que ahora debería convertirse en apéndice catalán del partido de Savater. Entre tanto, apoyo al Partido Antitaurino: ¡odio que se torture a un ser vivo por mero espectáculo!

–En eso coincide con ERC.
–Y hasta entiendo su proyecto de independencia. ¡Lo que execro es el nacionalismo!

–¿Por qué?
–Porque el nacionalismo, como el comunismo, como el islamismo, como el cristianismo, te dice que hay algo por encima del individuo. La nación, en este caso. ¡¡Me niego!!

–¿No hay nada por encima del individuo?
–Poner al individuo en función de un dios, un partido o una nación es aberrante, inhumano. Yo milito sólo en el pensamiento ilustrado, en la razón y el empirismo.

–Bien, pero ¿se siente catalán? ¿Se siente español?
–¿Sentir? ¡Yo me identifico con la razón, no con eso de “sentir”! Todos mis apellidos son catalanes desde hace siglos, ¿y qué? Soy catalán por padrón y español por DNI. ¡Y basta! Odio las banderas. Odio los himnos. Y el español tenía la ventaja de no tener letra... ¡y ahora quieren metérsela, claro!

–Pero tendrá usted una identidad, Tubau...
–Sí. Soy Pastecca.

–¿Perdón?
–Así firmé mis caricaturas humorísticas de jovencito. Creo que sigo siendo Pastecca. Y lo que nunca dejaré de ser es periodista.

–Y un punto anarquista.
–Libertario. Mi padre, cofundador de la FAI, era nudista, naturista, esperantista... Quizá se me pegó algo... Y mi abuela materna, Maria Bellapart, fue cofundadora del PSUC: la buena mujer creía en San Lenin.

–¿Y eso no se le pegó?
–Pues no: ella tenía fe, y yo, en cambio, he combatido la fe. En Mayo del 68 compartí en París barricada con Cohn-Bendit por eso: combatíamos todo dogma. ¡Allí, allí empezamos a minar el muro de Berlín!

–¿Batallitas, Tubau?
–¡El pasado me importa un bledo! Vivo en el siglo XXI y soy de izquierdas –para mí, equivale a usar la razón–, y por eso me resultan tan execrables Chávez, Evo Morales...

–¿No le entristece dejar las aulas?
–El mundillo universitario me asquea tanto como el de los poetas. Pero sí siento cierto pesar por dejar de ver cada año a un grupito de personas que siempre tienen 20 años.

–¿Los alumnos son el mejor formol?
–Aún tienen idealismo..., hoy encauzado hacia la suprema idiotez del nacionalismo, tan reaccionario. O al onegeísmo, que al menos algo ayuda... Siempre ha sido así.

–Y los profesores ¿en qué han cambiado durante estos 32 años?
–Antes éramos pintorescos, y ahora son típicos.

–Fin de curso: póngase nota.
–No. Ya me suspenderá la vida



Religión

Hombre proteico, vehemente y pintoresco, ha publicado 45 libros, de los que me regala algunos poemarios (‘Semen’, ‘Domicilios transitorios’, ‘La quijada de Orce’...) antes de empezar a hablar. Ahora quiere ser actor. Incluso de musical (me canta una tonada francesa: sí, entona bien). Admira los culebrones de TV3, pero cree que será difícil trabajar ahí, dadas sus posturas políticas: insiste en que el nacionalismo es una religión, y la patria “el último refugio de los pobres de espíritu” (Samuel Johnson). “Aquí, si no eres nacionalista catalán, te acusan de ser nacionalista español. ¿Yo? ¡Sería idiota!”, resume. Es racionalista de la vieja escuela y cáustico: “Los que no sirváis para otra cosa, siempre podréis ser profesores de periodismo”, les ha dicho a sus alumnos.


VÍCTOR-M. AMELA
(Foto: Mané Espinosa)