dimecres, 4 de febrer de 2009

STELLA RIMINGTON, ex directora de los servicios secretos británicos (MI5) y novelista

"La prensa me calificó de ama de casa superespía"


73 años. Nací y vivo en Londres. Licenciada en Filología y con un posgrado en Archivos Históricos, mi primer trabajo. Estoy separada y tengo 2 hijas y 4 nietos. Me preocupa el exceso de control al ciudadano. En temas religiosos soy escéptica. Publico ´La invisible´ (Ediciones B)


¿Cuánto hay de realidad en sus novelas?
La trama siempre se basa en la realidad y en mi experiencia personal.

¿Nadie se ha quejado?
Todas mis novelas las revisa el MI5 por si desvelo algo que no debiera.

¿Existen los agentes al estilo Bond, James Bond?
Son personas de todo tipo y estratos sociales, y ahora hay tantos hombres como mujeres: cuando yo empecé, a las mujeres no se las consideraba capacitadas para ese trabajo. Las características básicas de un espía son la inteligencia, la brillantez y una gran capacidad para relacionarse, pero no tienen nada que ver con el anticuado James Bond.

Pero el personaje de M., la jefa de Bond, se inspiró en usted.
Sí, surgió cuando fui nombrada directora de los servicios secretos. Antes el jefe era un personaje gris al que no se veía nunca.

Que usted se convirtiera en directora debió de ser un shock para la organización.
Fui ascendiendo poco a poco. Empecé como mecanógrafa cuando fui a India con mi marido, que era diplomático. En aquella época no había oferta pública de empleo para entrar en el MI5, ellos contactaban contigo.
Hasta ese día yo era archivista, y me pareció más emocionante ser agente secreto.

¿Ya no hace falta decirle a tu cónyuge que eres vendedor de aspiradoras?
Bueno, ahora, cuando solicitas el trabajo a través de la web, el impreso especifica que no debes hacer público tu trabajo en el MI5.

¿Cómo fue en su caso?
Mi marido lo sabía pero mis hijas no tenían ni idea, así que cuando me nombraron directora general y se publicó en la prensa se sorprendieron muchísimo.

¿Cuál es el artilugio de espionaje más peliculero que ha visto?
En el mundo del espionaje hay científicos trabajando continuamente para crear gadgets tecnológicos, y los que yo conozco están ya muy superados. En todo caso, lo único que no he llevado ha sido pistola y esos puros de Bond que lanzan misiles; pero bolígrafos micro, cámaras imposibles de detectar y sistemas de comunicación pequeñísimos y sofisticadísimos he llevado muchos.

En sus primeros años como encargada de contraespionaje, ¿cuál fue el momento más espectacular?
Todos los casos eran bastante similares y estaban relacionados con la URSS. Recuerdo que un hombre del Este llegó a Inglaterra y contactó con nosotros dispuesto a dar información, pero cuando se enteró de que debía hablar con una mujer de temas tan serios, se negó. Por fortuna, conseguí persuadirlo.

¿Ha tenido que seducir a algún hombre?
El sexo puede ser contraproducente, complica las cosas; sin embargo, el KGB sí tenía una práctica denominada la trampa de la miel.

¿Y qué me dice de los envenenamientos?
El MI5 no se dedica a estas cosas, aunque ocurran en Londres, como el caso de Litvinenko, que se supone que fue envenenado por ex compañeros del KGB. Y recuerdo el caso de un disidente búlgaro que asesinaron en Londres clavándole el extremo de un paraguas con una inyección letal.

¿Me está diciendo que los servicios secretos ingleses son angelitos?
Ja, ja, ja, angelitos no, pero no matamos.

¿Ha estado usted en peligro?
El mayor peligro lo corrí cuando hicieron público mi nombre como directora general, porque el IRA estaba muy activo. Tuvimos que cambiar de casa, colegios...

¿Cuál ha sido el titular más desagradable que le han dedicado?
Un tabloide me calificó de ama de casa superespía: esa era la percepción en la época del lugar que debía ocupar la mujer.

¿Qué fue lo más difícil de contar en sus memorias?
Decidir qué contaba y qué no. El hecho de que decidiera publicarlas causó revuelo, muchos pensaban que no debía e hicieron una campaña en mi contra.

Y en su vida ¿qué ha sido lo difícil?
La conciliación laboral y familiar una vez separada. Trabajando en el servicio secreto resulta difícil entablar nuevas amistades porque tienes que mentir e inventar trabajos anodinos sobre los que nadie te pregunte.

¿Alguna vez ha estado en desacuerdo con medidas antiterroristas?
Desde que me he jubilado me siento con mayor libertad para estar en contra de ciertas decisiones del Gobierno, especialmente el intento de aprobar leyes que se inmiscuyen en la intimidad de las personas.

Atrevida.
Sería mejor que el Gobierno reconociera que existen riesgos en lugar de atemorizar a la gente para poder aprobar leyes que restringen las libertades, precisamente uno de los objetivos del terrorismo: que vivamos atemorizados y bajo un Estado policial.

Tras el 11-S, ¿hay servicios secretos de ciertos países que se han extralimitado?
Sí. EE. UU. ha ido demasiado lejos con Guantánamo y las torturas, eso el MI5 no lo hace, y además ha conseguido el efecto contrario: cada vez hay más terroristas suicidas que encuentran una mayor justificación.

¿Cuál ha sido su decisión más difícil?
Muchísimas, pero quizá, al finalizar la guerra fría, decidir si debíamos ayudar a los servicios de inteligencia de los países del Este en la transición democrática o no, porque habían sido nuestros enemigos y además continuaban espiándonos. Los ayudamos.



Inteligencia británica

Es elegante, próxima en el trato, tiene sentido del humor y una vida interesantísima. Su trabajo durante más de veinte años en las tres ramas de la unidad de espionaje nacional del Reino Unido (contraespionaje, contrasubversión y antiterrorismo) y sus años como directora general de los servicios de inteligencia, la primera fémina de la historia, le han permitido conocer de primera mano lo que ocurría en el mundo e intervenir en él. Ahora nos lo cuenta en sus novelas a través de su álter ego, la agente Liz Carlyle. El paso de Rimington por el MI5 supuso una apertura y mayor transparencia de los servicios secretos, y en ella se inspiró el personaje de M. (Judy Dench), jefa de James Bond.



IMA SANCHÍS