divendres, 6 de febrer de 2009

JOHN WEBSTER, director de cine y protagonista de su última película, sobre cómo vivir sin plástico

"Ana dejó de ponerse medias, mascarilla, maquillaje..."


41 años. Nací y vivo en Helsinki. Casado y con 2 hijos. Soy liberal y me he convertido en una persona más verde desde que filmé ´Recipes for disaster´, y creo que la sociedad debe preocuparse por los menos afortunados. Soy anglicano, pero eso va perdiendo importancia en mi vida



Para realizar sus documentales, ¿convive con las personas que retrata?
Sí, conviví con un político, con un vendedor de aspiradoras, con prostitutas en Bombay, con policías…

¿Y qué aprendió de los políticos?
Empecé teniendo ideales políticos. Creía que había un plan a cinco años vista, una línea de partido, una visión; pero mi experiencia me demostró que la visión era sólo de dos semanas, y que los políticos dedican la mayor parte de su tiempo a reaccionar a lo que dicen los medios y no a la inversa.

¿... Y de las prostitutas?
Viví en uno de los peores suburbios de Asia, pero me sorprendió observar que la gente reía y bromeaba mucho. Escojo protagonistas sobre los que se suele tener una visión negativa, y esos personajes me han ayudado a entender qué es importante en la vida.

Cuente.
Reír, sobre todo reír; y amarse.

Y usted ¿ha vivido situaciones difíciles?
Mi padre murió cuando yo tenía 9 años. En Finlandia, en los funerales, la gente se acerca al ataúd y pronuncia unas palabras. Mi madre pidió que no se hiciera, pero una colega de mi padre con la que se llevaba fatal -la llamaba "gallina hervida"- se levantó y dijo: "Fue muy divertido trabajar con Johnny".

¿Gallina hervida hipócrita?
Mi hermana y yo tuvimos que reprimir la risa, esconder la cara entre las manos cuando imaginamos a nuestro padre oyendo eso, pero la gente debió de pensar que era a causa de la emoción. Ese contraste entre el drama y la risa es algo habitual en mi vida.

Ahora nos cuenta su propia aventura intentando ser bueno con el planeta.
Yo no era ecologista, pero habían ocurrido cambios ambientales en un lugar importante para mí, el archipiélago finlandés. No pude evitar plantearme que destrozamos ecosistemas para llenar nuestro tiempo.

Entiendo.
Yo no quería que mi familia y yo fuéramos los protagonistas, pero sí dirigirme a la clase media occidental, gente como nosotros, y que fuera un filme divertido. Billy Wilder decía que si le vas a contar a la gente la verdad, haz que se ría, si no te matará.

Nada más serio que la comedia.
Yo me preguntaba: ¿cómo es posible que sabiendo adónde nos van a llevar nuestros excesos siga siendo tan difícil hacer algo para cambiarlo?

Y se deshizo del coche...
Sí, y de cualquier cosa que estuviera hecha o empaquetada con plástico, que es la parte visible del petróleo. Una solución hubiera sido apartarme de la sociedad, instalarme en el campo y plantar mi huerta; pero si la sociedad quiere cambiar, debe hacerlo a partir de lo que es. No volvimos a viajar en avión, tiramos todos los utensilios de plástico y Ana dejó de ponerse medias, mascarillas, maquillaje.

¡!
Lo del champú también fue difícil, pero encontramos una marca que lo hace en pastilla; pensé que era imposible ponerse eso en el pelo, pero es perfecto y un buen ejemplo de cómo se puede minimizar el envasado. La pasta de dientes la hacía yo mismo.

¿Qué opinaban sus hijos?
Les parecía horrible, reconozco que fueron muy valientes. Todo era más complicado. Desplazarnos en autobuses y trenes representaba más del doble de tiempo, pero eso hizo que pasáramos más tiempo juntos; y para ir a nuestra isla íbamos a remo. La verdad es que cuanto más investigaba en el cambio climático, más negro veía el futuro.

Se obsesionó.
Me radicalicé, perdí la noción de lo que era importante en mi vida. Mi mujer tuvo que aguantar muchísimo.

Casi le cuesta el matrimonio.
Fue sorprendente, yo no lo planeé, pero la película retrata muy bien cómo es una relación entre un hombre y una mujer con enfoques diferentes de la vida. La verdad es que podía haber perdido mucho.

¿Qué es lo que más añoraba de la vida con plástico?
No podíamos comprar lechugas, porque en todo Helsinki no hay un mercado que las venda sin empaquetar, incluso lo están los pimientos, los pepinos y la mayoría del pan. La lista de lo prohibido era enorme.

¿Sus hijos se quedaron sin patatas fritas?
Una noche, Ana se levantó de la cama y se fue a comprar una bolsa para ellos, no aguantaba más. En Navidad, los regalos fueron juguetes de segunda mano, pensaba que así no colaboraba en producir más plástico; pero hoy creo que quizá lo mejor sea encontrar el equilibrio en la propia vida, ver de qué puedes prescindir y de qué no.

¿Su mujer sigue sin medias y maquillaje?
Ahora soy una persona más razonable. Durante ese año aprendí a calcular el gasto energético: me di cuenta, por ejemplo, de que no cogiendo aviones ni el coche ahorramos más de 3.500 kg de emisiones y de que, en comparación, la mascarilla y las medias polucionan poco, así que la tristeza de no poder usarlas no compensa con el ahorro.

Le ha costado entenderlo.
Todo el que ve la película se da cuenta de que la verdadera heroína ha sido Ana, yo me porté como un capullo. Una de mis escenas favoritas es cuando le estoy contando mi nueva idea de vender biodiésel: la cara que pone, una mezcla de solidaridad y enfado, es muy elocuente.



A dieta de petróleo

Tras rodar su decimoquinto documental, John cambió de vida, ya no coge aviones y se está construyendo una casa respetuosa con el medio ambiente. Recipes for disaster trata sobre el cambio climático, sobre cómo John convence a su mujer y sus hijos para pasar un año a dieta de petróleo sin abandonar su vida urbana, toda una aventura que casi acaba con el matrimonio Webster, así que también trata sobre las relaciones humanas: "Me embarqué sin saber del tema y muchas de las situaciones humorísticas que se dan en el filme se deben a mis errores". La película se pudo ver en el festival internacional de cine documental DocsBarcelona, y en marzo se emitirá en el Documental del mes.



IMA SANCHÍS