dijous, 12 de febrer de 2009

EMAN AMAD, arquitecta palestina: trabaja en la conservación del centro histórico de Nablús

"Sólo lograremos algo si luchamos, pero sin armas"


Tengo 51 años. Nací en Nablús en la afortunada familia de un profesor. He vivido toda la vida bajo ocupación israelí. Que los palestinos usemos la violencia sólo da la razón al militarismo israelí: seguirán machacándonos. Colaboro con la Universitat Internacional de Catalunya


Aquel oficial israelí, cuando me oyó explicarle en inglés que no había nada que temer de nosotros, me miró y vi en sus ojos que tenía más miedo a razonar conmigo que a que yo llevara una bomba oculta...

¿Cómo está tan segura?
Lo sentí. El ejército israelí había entrado de nuevo en Nablús. Era el 2002 y la intifada les hizo intervenir: nos echaron de nuestra casa cinco días para alojarse ellos...

¿Qué le pedía usted al oficial israelí?
Que por favor no robaran ni rompieran nada de nuestro hogar; que queríamos volver. Yme lo prometió: "No somos así: usted encontrará su casa tal como la deja".

...
¡Y no robaron nada! La verdad es que estaba igual que cuando la dejamos. Sólo habían amontonado en el garaje la basura de los cinco días en que habitaron nuestra casa.

¿Por qué dice usted que aquel oficial tenía miedo a razonar?
Porque les rompe los esquemas que intentes hablarles en inglés de persona a persona. No entra en sus previsiones.

Las palabras no matan.
Les es más fácil manejar a palestinos cuyo árabe no entienden, y que pueden reducir al estereotipo de palestino que les inculcan, que a razonar en inglés con personas diversas, como lo son también los israelíes, porque no todos los israelíes ni los palestinos pensamos igual ni queremos lo mismo.

Eso parece obvio.
Aquel oficial vio que éramos como ellos: sólo tratamos de sobrevivir. Yo le dije la verdad: que rechazo la violencia.

Yo no diría que Hamas la rechaza.
Ustedes pensarán que soy una ingenua...

...
... Pero mi rechazo de los cohetes de Hamas y de cualquier violencia no es sólo una actitud ética. Es una constatación pragmática. Es una estupidez para los palestinos intentar competir militarmente con Israel.

¿Por qué?
Es dar la razón a los militaristas israelíes, que se ven justificados por esos cohetes de Hamas. Es seguir su lógica de la fuerza bruta, porque ellos tienen y tendrán siempre más: todo el complejo militar industrial estadounidense. Mientras no dejemos las armas, los israelíes nos machacarán. Debemos luchar, por supuesto, por una existencia digna y en paz, pero no con las armas.

¿Y qué propone usted?
No soy ninguna profeta ni líder. Sólo soy una arquitecta que quiere hacer su trabajo en paz. Ya no me fío de ningún partido. Sólo me limito a señalar un ejemplo: el de Nelson Mandela.

Mandela también empezó su lucha con el ANC empuñando las armas.
... Pero sólo consiguió avanzar cuando las dejó; fue inteligente y convenció a los suyos de que el apartheid salía reforzado cada vez que se enfrentaban a él militarmente.

No veo ningún Mandela palestino.
¡Ni yo! Si simplemente tuviéramos un mínimo de inteligencia política en nuestros líderes... Pero ya le he dicho que desespero de los partidos, lo que no quiere decir que renuncie a pensar y a decir lo que pienso.

¿Quién le enseñó a pensar?
Mi padre, Mohamed Amad, ha sido un intelectual palestino reconocido. Siempre me ha dicho que las mujeres somos igual que los hombres y me ha animado a estudiar: él quería que fuera médica, pero yo preferí ser arquitecta, y por eso estoy aquí.

¿Su padre hacía política?
Fue nacionalista árabe, pero cuando yo tenía diez años vinieron a buscarlo los militares israelíes y le dispararon quince balas en la espalda. Sobrevivió. Después volvieron a detenerlo dos veces. Mi madre fue una refugiada a la que expulsaron de su casa, cerca de Haifa. Siempre dice que se había comprado un bañador pero no pudo estrenarlo.

¿Y usted?
Yo he vivido bajo la ocupación. En 1975 fui a estudiar a la Universidad de Ammán. La mía ha sido siempre una vida afortunada, excepto por la humillación de ser de segunda en mi propio país y hacer colas en los controles: a veces cinco minutos; otras cinco horas y otras que los cierran porque sí.

¿Qué le decía a aquel oficial israelí?
Hablamos. Los israelíes no ven nada malo en ocupar otro país. Les han enseñado que somos nosotros los que ocupamos su tierra. Lástima que nadie nos enseñe a todos a vivir juntos como habíamos convivido durante siglos sin importar nuestra religión.

Usted no lleva velo.
No.

Tiene los ojos azules.
Los palestinos somos una gran mezcla racial y cultural, como todos los pueblos mediterráneos: hay musulmanes o cristianos; morenos o pálidos... Es una estupidez considerarnos una sola etnia y una sola religión, y más aún aspirar a serlo.

¿Qué hace como arquitecta?
Intento conservar el centro histórico de Nablús. Es un laberinto burocrático, porque desde los acuerdos de Oslo -un error- hay un área A, bajo mandato palestino; una B, compartida, y una C, que sólo controla Israel. Pese a todo, intento conservar Nablús para toda la humanidad.

Pues gracias.
Da sentido a mi vida en este caos, y también dar clases en la Universidad An Najah. A mi padre, que aún escribe poesía, le gusta que enseñe. Él también fue profesor.



Conflictos y personas

Vayas o no en peregrinación a Tierra Santa, ella viene a buscarte: llega Amad a la UIC a enseñar arquitectura y arriba hoy Avishai Margalit, filósofo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, a disertar en Barcelona y a entrevistarse con La Contra. Detrás de los grandes conflictos siempre hay personas más o menos de nuestro tamaño. Espero que en el tú a tú del diálogo entre iguales encontremos más luz que en las diatribas de los políticos en campaña. Eman -la veo dudar- antes de decir lo que piensa, piensa mucho lo que dice. Espero que nadie la obligue a arrepentirse de decirlo. Me ha sorprendido su serenidad y lucidez, cuando temía encontrar despecho, recelos y retórica panfletaria.



LLUÍS AMIGUET