divendres, 13 de febrer de 2009

VITALI SHENTALINSKI, poeta, escritor e historiador ruso

"El pasado, como un dinosaurio, entra arrastrándose en el futuro"


Tengo 69 años. Nací en Siberia y vivo en Moscú. Licenciado en la Academia Naval. Fui explorador, escritor de la naturaleza, poeta e historiador. Casado. Tengo 2 hijos y 7 nietos. Me interesa el individuo, no la política. Entre Dios y cada uno no debe haber intermediarios



La primera parte de mi vida la dediqué a descubrir nuevas cosas en el espacio: estudiaba osos polares, fundaba parques nacionales en el Ártico. La segunda parte la dediqué a descubrir espacios nuevos en el tiempo.

¿Qué significa eso?
Conocer y explicar algo que era desconocido para los demás. Uno de esos agujeros negros era la famosa Lubianka, la sede del KGB, donde estaban sus archivos y en cuyo sótano había una cárcel en la que se interrogaba, torturaba y fusilaba.

Y se archivaban los expedientes y manuscritos de los escritores más famosos de la época.
Sí, durante los años del poder soviético desaparecieron dos mil escritores. Mi objetivo era sacar a relucir la verdad sobre la muerte y la vida de todos ellos. Organicé un comité que sólo fue posible durante los años de la perestroika, ni antes ni después.

¿Qué halló?
Lo más horrible eran las listas de fusilamiento. Hallé un manuscrito, una novela desconocida de Andrei Platonov, un genio. Y de Ossip Mandelshtam, Nikolai Kluyev, Marina Tsvetaeva, Maxim Gorki....

Cuénteme la historia de lo pequeño.
Cuando entré por primera vez en Lubianka, un oficial del KGB me dijo: "Es usted el primer escritor que viene a vernos voluntariamente".

Humor negro ruso.
Luego, cada expediente en que me adentraba era un horror. Algunos papeles estaban manchados con sangre..., un investigador que no era muy cuidadoso torturando. Era como caminar sobre un mar de mentiras del que se tenía que sacar una gota de verdad, porque los escritores bajo tortura acababan confesando que eran espías alemanes, franceses, japoneses...

¿Se ha superado la represión y el miedo?
El riesgo de las represiones sigue persistiendo; uno de los indicios es el crecimiento de la popularidad de Stalin.

¿Crece su popularidad?
Sí, porque el crimen cometido, el terror masivo estatal, quedó impune: es un crimen sin castigo. No tuvimos nuestro propio Nuremberg que declarara el terror estalinista crimen contra la humanidad, no supimos asimilarlo, y por eso ahora la actitud hacia Stalin y hacia el terror se va tergiversando; la gente empieza a olvidar lo que fue realmente.

¿Qué dicen de Stalin los libros escolares?
Su imagen se está embelleciendo y engrandeciendo. En nuestro país, la tarea de la recuperación de la memoria histórica fue trabajo de unos cuantos entusiastas, pero no del Estado. Vivimos la enfermedad de la amnesia y, por tanto, el pasado, como un dinosaurio, entra arrastrándose en el futuro.

¿Qué aprendió estudiando osos polares?
Fue una vida muy interesante, alegre y útil, porque exploraba animales en vías de extinción y me sentía como un salvador. Tanto en la primera parte de mi vida como en la segunda, me he dedicado a salvar la memoria del hombre.

Es usted hijo de un agricultor.
Vivíamos en un pueblo recóndito, en la ribera del río Kama. Fue el tiempo más feliz de mi vida, cuando lo tenía todo y no necesitaba nada. Creo que la infancia es el capital que se le da a uno para toda la vida, ya no se adquiere nada más. Dios nos da los bienes no por partes, sino de golpe, toda la vida de golpe, y después depende de cada cual cómo lo gaste o lo despilfarre.

¿Qué ha sido lo importante?
Corresponder con el destino divino que Dios tiene diseñado para ti. Es algo intuitivo, no tiene nada que ver con el razonamiento. Cuando estás frente a una elección, oyes aquella voz que te dice que aquello no es para ti; incluso si visiblemente ganas tomando ese camino, perderás más si no es el que te corresponde. Nunca tengas envidia.

¿Usted la ha tenido?
La envidia me parece un gran pecado, porque Dios nos ha dado tanto que no podemos pecar de avaricia. Y me parece esencial no ser mezquino, no intentar sacar provecho de cosas minúsculas, y confiar en el destino.

A veces es muy caprichoso, ahí tiene todos esos escritores de vidas segadas.
Sí, pero a pesar de todas las adversidades cumplieron su destino, materializaron su talento y ganaron: será a ellos a quienes nos llevemos al futuro y no a sus torturadores.

Entiendo.
Hay que aceptar los retos del destino, porque es sabio aunque nos parezca arbitrario. Yo ahora sé que nada en mi vida fue casual; cuando he confiado en el destino he ganado; no se puede ser más listo que el destino, pero eso se sabe después y no en el acto.

¿Cómo es su Dios?
No tiene rostro, pero cuando veo la belleza reconozco su trabajo: cuando una persona hace bien pese a que le salga más a cuenta el mal. Dios está disuelto en nuestras acciones y en los pensamientos que las preceden.

¿Qué idea se repite en su poesía?
La percepción de la vida como un milagro, algo que no me gustaría perder, porque si perdemos esta percepción, la vida se hace oscura y monótona. El niño que hay dentro de cada uno de nosotros es el que nos salva. Por más cansados y agobiados que estemos, cuando el niño se duerme, en lo último que piensa es en la mañana siguiente, y lo hace con ilusión. Sin esta percepción del milagro que está por venir no puede haber una vida plena independientemente de la edad.



El extranjero

Cuando, siendo militar, trabajó como radiotelegrafista de la estación polar, en la isla de Wrangel, encontró una carta dentro de una botella que venía de EE. UU. "Del otro lado del mundo, otro ser humano enviaba un mensaje, yo quería contestarle, estaba emocionado, pero me miraron con disgusto, estaba prohibido tener contacto con extranjeros". Siempre ha sido un pensador independiente interesado en los individuos más que en el grupo. En su trilogía sobre los archivos literarios del KGB (Esclavos de la libertad, Denuncia contra Sócrates y Crimen sin castigo, Galaxia Gutenberg), sobre lo que ha dado una conferencia en CaixaForum, se mezcla su propia vida, llena de valiosas reflexiones.



IMA SANCHÍS