dijous, 19 de febrer de 2009

CHARLIE TODD, fundador de Improv Everywhere; diseñador de escenas en lugares públicos

"No hay mejor espectáculo que el que da uno mismo"



Tengo 30 años y llevo 8 creando escenas imprevisibles en calles, tiendas y restaurantes de todo el mundo. Si quiere disfrutar del teatro, sea actor, director y espectador a la vez. No buscamos dinero, nos lo encontramos en publicidad en nuestros vídeos. Colaboro con el CCCB



Convocamos a doscientos amigos por internet y móvil un sábado cualquiera a las 14 h delante de la estación Grand Central de Nueva York...

¿Sabían a lo que iban?
Hace ocho años que fundamos Improv Everywhere y ya tenemos centenares de amigos: nadie sabía qué iba a ser, pero todos sabían que iba a ser divertido.

¿Qué les dijo?
Primero sincronizamos con precisión nuestros relojes y quedamos en que a las 14.30 h en punto nos quedaríamos congelados...

¿Por el frío?
... Haríamos la estatua. Nos quedaríamos clavados en el sitio, como en una película que detuvieras en un preciso fotograma.

¿Y qué tal salió?
Tenemos el vídeo colgado en YouTube: verá qué impresión.

Lo he visto: impresiona.
Cada día pasan medio millón de personas por aquella estación, y durante cinco minutos miles se vieron sorprendidas por aquellos cientos de estatuas humanas congeladas mirando una guía de la ciudad, con la maleta en la mano o hablando por el móvil.

¿Las estatuas se divirtieron?
De eso se trata: conseguir un momento mágico que replantee nuestras rutinas y tal vez arranque una sonrisa incluso a quien va siempre con cara de mala uva por la calle.

¿Más momentos mágicos?
Hemos filmado y colgado en la red más de 80. Uno de mis favoritos fue la realización de un sueño infantil: ¿nunca se ha imaginado que el camarero le sirva de repente el café cantando como en un musical?

Entre otras fantasías, sí.
Pues conseguimos realizar el sueño de ese musical inesperado en un enorme restaurante de comida rápida. Los comensales deglutían su almuerzo dentro de lo tristemente previsible cuando de repente se vieron sorprendidos por una camarera que comenzaba a cantar como en un musical.

¿Con orquesta y todo?
A cappella, pero con un pequeño micro portátil oculto: escribimos una escena Off Broadway para la ocasión. La camarera impuso su voz entre el murmullo: "Limoooonada/ otra vez se ha vuelto a derramaaaar/ Ahora la tengo que limpiaaaaar/ ¿Quién me deja una servilleta, please?/".

Bonito.
De repente le contestó otro de nuestros agentes simulando ser un cliente: "La mostaza se me ha caído/ En el pantalón escurrido/ ¿Quién me deja una servilleta, please?".

Usted tiene talento: está claro.
... Y se fueron sumando agentes al coro: otra clienta con un bebé: el de la limpieza con sus escobas... Todos pedían servilletas.

Eso ya era un motín.
Por eso llegó la autoridad, un segurata que chilló cabreado: "¿Qué demonios pasa?".

Sentido común al fin.
Pero todos cantaban pidiendo servilletas, así que usó su transmisor... Pero en realidad era un micrófono con el que se unió al coro.

¿Qué sacan ustedes de todo eso?
La magia se paga a sí misma. Hemos disfrutado muchísimo: llevamos ocho años consecutivos celebrando el día Sin Pantalones en Nueva York y recientemente también en ocho ciudades del planeta. Recorremos un trayecto en metro sin pantalones...

La ropa interior limpia... Espero.
Nadie se molesta. Incluso creo que apreciaron la agradable -sobre todo al ver algunos de nuestros agentes y agentas- interrupción de la rutina. Sólo en nuestra quinta edición, un policía celoso de su deber de preservar el aburrimiento público detuvo y esposó inopinadamente a ocho participantes.

¿Por exceso de michelín?
Ni siquiera eso. Los eligió al azar, el muy insensato. Pero fue un sacrificio útil para las libertades civiles: demostramos que no existe ninguna ley en el estado de Nueva York que prohíba vestir ropa interior en público.

¿Hacen política ustedes?
Nuestra única política es propiciar lo inesperado, que es la antesala de la creatividad y el antídoto contra la rutina. Admito que, en ese sentido, el de combatir el tedio, somos todo lo contrario de los políticos convencionales.

¿Causas sociales? ¿Laborales?
Nunca molestamos ni ridiculizamos a nadie ni vamos más allá de la mera búsqueda de lo insólito: si alguien extrae otras conclusiones de nuestras performances, es cosa suya.

¿Afán didáctico?
Celebramos el centenario de la muerte de Chejov con una conferencia de Chejov.

¿...?
Uno de nuestros agentes, que gozaba de un extraordinario parecido con el literato, se disfrazó de Chejov y dio una conferencia en el auditorio de la librería Barnes & Nobles de Union Square, en Nueva York...

Ocasión memorable.
Y celebrada. Una señora muy culta se quejó de que se le había hecho muy poca publicidad al "insigne autor de Juan Salvador Gaviota".También molestó más tarde a muchos de los asistentes que los servicios de seguridad desalojaran repentinamente al gran Chejov en plena intervención. Afortunadamente, pudo firmar ejemplares.

A lo mejor hasta releo a Chejov.
En otra ocasión colamos decenas de móviles en bolsos que dejamos en el vestuario de The Strand y los hicimos sonar todos a la vez con la misma melodía... ¡Ah! Fue una memorable sinfonía.



Todos actores

Todd no tenía dinero para Broadway y montó un musical en un bar. Desde entonces ha culminado 80 desafíos a la rutina urbana: declaraciones de amor en el metro; suicidas que se tiran de una acera de 30 cm; congresos de mellizos; sinfonías de móviles; repetición obsesiva de escenas a lo Atrapado en el tiempo en un café; un McDonalds convertido en restaurante de lujo... Para Improv Everywhere toda la ciudad es escenario y todo ciudadano actor. No han inventado el happening, pero son pioneros en tener con él ingresos de publicidad en sus vídeos gratuitos en la red. Es la tele, el teatro y el cine del futuro del que todos somos directores, empresarios, actores y espectadores. A la vez.


LLUÍS AMIGUET