dimecres, 18 de febrer de 2009

JOSEP GARRIGA, que estuvo 32 días en coma

"Tuve muchos sueños absurdos durante mi coma"


Tengo 67 años. Me crié en l´Hospitalet y vivo en Manresa. Fui taxista y carpintero. Estoy incapacitado laboralmente, por cardiomiopatía isquémica: me funciona el 23% del corazón. Estoy casado, tengo siete hijos (de 40 a 30 años) y cinco nietos. Voto socialista. Creo en Dios



¿Cuánto tiempo en coma?
Treinta y dos días.

¿Qué le pasó?
Ingresé en el hospital de urgencias: dolor en el pecho, los brazos medio dormidos...

¿Infarto?
Infarto miocárdico. Noté molestias a las seis de la madrugada pero aguanté hasta las diez de la mañana, cuando mi mujer me llevó al hospital. El médico me dijo que si espero media hora más, hubiese muerto.

Buen susto...
En el hospital descubrieron que tenía el corazón dañado ¡por otros cuatro infartos anteriores! Y allí padecí una angina postinfarto severa y entré en quirófano.

¿Se complicó?
Me hicieron un doble by-pass coronario. A las pocas horas de despertar de la operación se manifestó un neumotórax (yo era muy fumador), una infección pulmonar... y entré en coma. Era un 29 de agosto.

¿Qué recuerda de antes del coma?
A mi mujer y a mi hija junto a mi cama.

¿Y al despertar?
La herida del pecho cicatrizada: ¡deduje que había estado fuera bastantes días!

Treinta y dos días de paréntesis.
Luego me contaron que los primeros doce días me limpiaron los pulmones entre fiebres de 40 º y 41 º . Me metían en bañeras de hielo para bajarme la fiebre. Fui sondado para alimentarme y medicarme, intubado por la tráquea para respirar artificialmente...

Y usted, como muerto...
Mantenía actividad cerebral. Pero los médicos advirtieron a mi familia que estaba muy mal. Salvada la infección pulmonar, no entendían por qué yo no salía del coma.

Pero no salía.
Se sucedían los días, y no. Mi mujer e hijos venían a la UVI y me hablaban, por sugerencia médica: no descartan que en algunos casos sirva como estímulo neuronal y ayudar a salir... Mi hija no sabía ya qué decirme y me cantaba canciones de Frank Sinatra.

Usted no recuerda nada, claro.
Nada. Eso me lo han explicado después. Sí recuerdo ciertos sueños durante el coma.

¿Sueños?
Los he transcrito, quizá los tuve a la vez, mezclados, antes de salir. Son absurdos...

Cuénteme uno.
Junto a mi cama, tras un cristal, había el taller de un técnico del aire acondicionado. Siempre me invitaba a ver su taller, y no me apetecía. Él insistía. Un día fui. Al entrar, volví la cabeza: ¡me vi tumbado en la cama!

Adiós, cuerpo...
El técnico me distrajo mostrándome un carril suspendido del techo, un circuito circular por el que rodaba una esfera de acero... Al pasar la bola cerca de mí, vi que estaba formada por infinidad de bolitas pequeñas… Y él me dijo: "Anda, mete tú ahora una bolita", mostrándome un saco.

¿Qué había en el saco?
Bolitas pequeñas, como de acero. "Si la pongo no se pegará, caerá", objeté. Insistió. Tomé una. Al acercarse la bola, metí mi bolita... y se integró, absorbida en el conjunto. "Has dejado tu tiempo", dijo aquel hombre.

¿Adiós a esta vida, pues?
El médico me dio por muerto. Fue dos días antes de despertar.

Pero despertó. ¿A qué lo atribuye?
El médico no lo entiende. Y el 80% de los que salen de un coma así quedan con secuelas. Yo, nada. Sí pasó algo que..., quién sabe...

¿Qué?
Una enfermera morena y bajita le sugirió a mi mujer que acudiese a unas sanadoras espirituales. Así lo hizo mi mujer. Y fueron a mi casa, y limpiaron espiritualmente mi dormitorio... Y... yo desperté.

Eso suena tan raro como su sueño...
Luego intenté localizar a aquella enfermera morena y bajita. Y fue imposible: nadie en el hospital supo identificarla... Misterio.

Si su coma se hubiese prolongado como el de la italiana Eluana..., ¿qué?
Vivir años y años como un vegetal es cruel para quienes te aman, pues quedan atados a ti y no viven. ¡Yo hubiese querido que ellos se liberasen, y que me liberasen a mí!

¿Cree que Eluana anhelaba lo mismo?
De haber salido de su coma sólo cinco minutos, seguro que hubiese pedido a sus padres que vivieran... y que la dejaran irse, ¡que ya bastante tiempo llevaba Dios llamándola!

No lo ven así los jerarcas católicos...
Como creyente, discrepo de ellos en esto.

¿Ha cambiado usted en algo su vida tras su experiencia del coma?
Sí: ¡salí con unas tremendas ganas de vivir! Antes tenía un negocio -que quebró-, ajetreo, preocupaciones... Vivía superficialmente. Hoy disfruto cada pequeña cosa: el desayuno, el paseo, la petanca, hacer fotos, los amigos, escribir... ¡Todo es precioso!

¿Qué dice su mujer, su familia?
Me he venido a vivir a Manresa porque el alquiler es más barato que en Sant Boi, y ella se ha quedado allí junto a los hijos. Puede venir cuando quiera. Yo vivo solo, con tres gatos y mi pensión de 800 euros, que apenas me alcanza..., ¡pero soy feliz!

Le felicito.
Y ahora acabo de escribir algo que llevaba dentro, y escribirlo me ha aligerado...

¿De qué se trata?
Un día se me averió el coche y llamé a una grúa. La cara del de la grúa me sonaba. "¿Nos conocemos?", le pregunté al despedirnos… "Sí, visitó usted mi taller, ¿recuerda?", sonrió. ¡Era aquel hombre de mi sueño! Me dio su tarjeta. Me asusté, la rompí.



Misterio

Vi a Josep en un debate sobre eutanasia en Els matins de TV3 -al hilo del caso Eluana-, donde le oí argumentar sus posturas al respecto con sensatez, aludiendo a su propio coma, aunque sin entrar en detalles. Me ha apetecido conocerlos, y me ha recibido en su pisito de Manresa. Descubro a un hombre que, tras haber pisado el otro lado, vive con alegría y serenidad en esta orilla. Habla maravillas de la Ciutat Sanitària de Bellvitge y, agradecido, ha plasmado sus vivencias en un texto autoeditado... que incluye pasajes dignos del más creativo delirio surrealista y de la más volcánica imaginación, que tengo por una deslumbrada y perpleja expresión del misterio que nos trae, nos lleva y nos trasciende.


VíCTOR M. AMELA