dilluns, 16 de febrer de 2009

AVISHAI MARGALIT, filósofo israelí, miembro del Institute for Advanced Study de Princeton

"En los animados bares de Tel Aviv no son de derechas"



Soy del dos por ciento de israelíes que estaban allí antes de 1948: creíamos que gobernaríamos el país, y ya ve. Nací en Afula, hoy bajo mandato palestino. Mi mujer es filósofa: cuatro hijos. Estuve en un kibutz y hoy gozo viendo Tel Aviv, floreciente ciudad Estado como Barcelona.


Siempre temí que el conflicto político de Oriente Medio se convirtiera en religioso, y es exactamente lo que está pasando.

¿Por qué es eso tan malo?
Porque en las guerras de religión el tiempo carece de importancia: los años de guerra se convierten en siglos y las partes se enfrentan durante generaciones.

Aquí la reconquista duró ocho siglos.
Los líderes árabes, antes nacionalistas o izquierdistas, al convertirse en islamistas adquieren la mentalidad de los resistentes a las cruzadas: "Si pudimos resistir a los cruzados cristianos hasta que se fueron doscientos años después, también echaremos a los cruzados sionistas aunque cueste siglos".

Dios no tiene prisa.
Pero hay otro elemento en juego en la compleja sociedad israelí: Lieberman. Su lema racista "Entiendo el árabe" amenaza también al millón y casi y medio de árabes -el 20 por ciento- del total de siete millones de israelíes. Es un peligroso incitador de odio.

¿Quién le ha votado?
Los rusos: un millón de inmigrantes de Rusia que creen que con los palestinos hay que hacer lo que Putin -lo admiran- ha hecho con los chechenos. También creen que hay que conducir el Estado al estilo del KGB. Lo curioso es que... ¡comen cerdo! Un anatema para los ultraortodoxos, algunos de los cuales, sin embargo, le han votado.

¿Qué pasará?
La derecha al final formará gobierno con Netanyahu: un paso atrás en la confusión.

¿Por qué?
La intervención en Gaza ha hecho girar a la sociedad israelí hacia la derecha, aunque ha sido percibida como un éxito militar. Los derechistas siguen gritando: "¡No habéis acabado el trabajo: no habéis acabado con Hamas!". Absurdo: sólo una dictadura militar que detuviera uno por uno a todos los palestinos podría acabar con Hamas. A EE. UU. le costó un mes tomar Iraq y aún siguen allí.

¿Y ahora?
Yo cofundé un partido hace años que sólo logró un escaño y entonces fue considerado radical: pedía una solución con dos estados.

¿No es eso lo que admiten todos ahora?
Los pragmáticos de hoy fueron los radicales de ayer. Hoy todos -la derecha también- sabemos adónde vamos: dos estados. Israel volverá a las fronteras de antes de la guerra del 67 con intercambio de territorios.

Entonces...
La derecha insiste en que no hay interlocutor fiable para negociar ese paso con garantías, así que la alternativa era marcar nuestras fronteras de forma unilateral; iniciar una retirada y consolidar el Estado y, si había una respuesta armada, darles bien duro.

¿Y...?
Nos retiramos de Gaza, pero entonces estalló Líbano con Hizbulah y el triunfo electoral de Hamas en Gaza: Egipto, Jordania, Estados Unidos e Israel se acoquinaron ante la posibilidad de que Hamas gobernara con éxito y su revolución se extendiera por todo el planeta, y así iniciamos con su beneplácito un embargo y un bloqueo que convirtió Gaza en una cárcel.

Hamas también disparaba.
Empezaron a lanzarnos cohetes: cinco mil. Ha sido intolerable ver el goteo de muertos israelíes día a día y soportarlo impotentes. Y esa provocación era inevitable que acabara con la intervención militar en Gaza.

¿No es Irán quien manipula a Hamas?
Se beneficia de Hamas, pero sólo son compañeros de viaje. Es una tontería sobrestimar el papel de Irán. En cambio, tenemos la oportunidad de aprovechar el miedo del mundo árabe -incluida Arabia Saudí- a Hamas e Hizbulah para establecer alianzas y reconducir el islamismo. Erdogan, en Turquía, demuestra pese a todo que hay un islamismo tranquilo que puede ser moderado.

¿Qué aconseja usted?
No creo que me hagan mucho caso, pero lo mejor para todos sería reducir el perfil del conflicto, quitarle relieve mediático: evitar en lo posible que Palestina sea el símbolo que atiza la revolución islámica en el planeta; y establecer alianzas con los países árabes -que tienen mucho que perder si el ejemplo de Hamas y Hizbulah cunde- para reconducirlo: hacer que el enfrentamiento deje de ser religioso y vuelva a ser político.

Israel también parece más radical.
Hay el Israel derechista de las elecciones, pero también el Israel de las discotecas, los bares, los restaurantes: Tel Aviv, donde no son de derechas y una ciudad vibrante, polis magnífica, una ciudad Estado renacentista como Barcelona, donde la gente quiere vivir y prosperar en paz. Quieren soluciones pragmáticas, no cruzadas militares.

¿Obama?
Quiere cambio y cambio de verdad, pero no sé si tiene tiempo para poder concentrarse en Oriente Medio. Afganistán, Iraq, Pakistán, Irán... Todo se verá pospuesto por la emergencia económica que le absorbe.

Le queda mucho mandato todavía...
... Lo que no haga al principio no podrá hacerlo luego. El lobby judío se le impondrá. También está Hillary Clinton, un poder...

Y ha nombrado a George Mitchell.
Con excelentes credenciales: hizo un trabajo magnífico en Irlanda. Si él no logra mejorar la situación, no sé quién lo hará. Pero durante algunos años la economía absorberá las energías para el cambio: ahora estamos en el impasse del caos. Debemos trabajar para lo mejor y estar preparados para lo peor.



Cansados de la mili

Margalit, hijo de izquierdistas utópicos, aún es pensador de referencia para la intelectualidad judía. Antes de intervenir en CaixaForum, admite que el espíritu utópico de los kibutz de su juventud ha cedido ante el crudo militarismo de la derecha y el racismo de Lieberman, que hoy decide el gobierno de su país. Sólo se permite sonreír cuando atisba un destello de esperanza en las luces de las discotecas de Tel Aviv -todo el mundo me cuenta maravillas: habrá que ir-, ciudad donde nuevas generaciones de israelíes árabes y judíos comparten un gran ideal: disfrutar de sus vidas y de sus animadas terrazas y cafeterías sin cohetes, bombas ni fusiles en bandolera durante eternos servicios militares.



LLUÍS AMIGUET