dijous, 14 de maig de 2009

Sir JOHN PENDRY, catedrático de Teoría Física del Estado Sólido de la Universidad de Oxford

"Podremos hacer que un objeto sea invisible"


Tengo 65 años: mientras quieras aprender, eres joven. Soy de Manchester: allí financió Engels a Marx. Me interesa la luz: por la teoría de la invisibilidad en física y por la fotografía en arte. No soy religioso ni antirreligioso. Para ver egos de científico no necesita microscopio


Imagine una piedra en medio de la corriente de un río. El agua rodea la piedra y, si usted mira la corriente un metro más abajo, ya no aprecia ni rastro de la piedra. ... Pues bien, ahora piense en que la luz fluye como agua alrededor de un objeto...

Pero la luz no fluye como el agua. ...
Podemos hacer que la luz fluya como el agua. Y ahora suponga que logramos que la luz no entre en contacto con el objeto, sino que lo rodee como el agua a la piedra.

¿Cómo?
Utilizando un metamaterial que cubra el objeto como un manto, aislándolo por completo de la corriente de la luz y volviéndolo invisible. De ese modo, el observador no vería el objeto aunque el objeto siguiera allí.

¿Qué vería el observador?
Lo que hubiera detrás del objeto.

No es fácil de entender.
La luz ilumina todos los objetos, porque polariza sus átomos y moléculas. Pero esos objetos con sus estructuras de átomos y moléculas de la naturaleza tienen propiedades muy limitadas que no incluyen la de lograr la invisibilidad...

Eso está claro. ...
Así que hemos tenido que diseñar ex novo metamateriales cuya estructura hemos concebido para que tenga nuevas propiedades en su interacción con la luz y otras ondas. Y entre esas nuevas propiedades está la de actuar como un manto para la invisibilidad.

Muchos no creerán hasta que sean capaces de no verlo.
Pueden verlo y no verlo ya. Con esa teoría hemos conseguido un manto especial de metamaterial que oculta por entero un objeto al radar. Desvía las ondas del radar como la piedra desvía el agua en el río.

Imagino un montón de aplicaciones.
Otra realidad de mis teorías, ya aplicada en óptica y microscopios, ha sido crear un metamaterial que permite crear lentes con un índice de refracción negativo.

¿Para qué?
Con un microscopio convencional se puede aumentar la imagen de un objeto hasta medio micrón, el máximo aumento con el mínimo grosor posible en una lente: ese límite era algo irritante para un biólogo.

¿Por qué?
Porque lo realmente interesante ocurre a una escala inferior. Así que cuando, en el 2000, publiqué que era posible lograr un índice de refractividad negativo y, por tanto, mayor aumento gracias a un metamaterial, hubo revuelo y recibí insultos y desprecio.

Creí que los científicos eran elegantes.
Somos personas, y algunos con mucho ego, así que sufrí defendiendo mi descubrimiento hasta el 2006, cuando fue demostrado en el laboratorio de Berkeley.

Menudo gustazo para usted.
Al principio me deprimí al ver la controversia, pero después me la tomé como un cumplido: había desafiado las convenciones con una teoría compleja, y la indignación era su peculiar modo de mostrarme admiración.

Enhorabuena, pese a todo.
En el 2005, la Darpa (Defense Advanced Research Projects Agency-Agencia de Investigación de Proyectos Avanzados de Defensa), organismo que vela por la supremacía tecnológica militar de EE. UU., me invitó a explicar mis descubrimientos.

La Darpa: el cerebro del imperio.
Los militares también han estado tras proyectos como el GPS o internet hoy claves en la economía civil. Pues bien, concluí medio en broma con un: "Así podremos convertir cualquier objeto en invisible"...

...
¡Y se lo creyeron al pie de la letra! Me ofrecieron todo el presupuesto necesario para conseguir el "manto de la invisibilidad".

Menudo compromiso.
Mi colaborador David Smith, de la Universidad de Duke, me sacó del apuro al proponerme una línea de trabajo para crear un metamaterial que, efectivamente, actúa como un manto de la invisibilidad para el radar.

¿Para cuándo el hombre invisible?
Hay otro problema muy interesante antes de ese. Cuando usted juega a squash no ve la pelota, sino una sombra de la pelota. Si quiere hacer que esa bola negra sea invisible, debe conseguir que no proyecte sombra.

Ni me lo había planteado.
Recuerde a Peter Pan, a quien le roban la sombra y a cuya estatua me encomiendo en Kensington. Las sombras son muy importantes para los militares y sus radares.

¿Cuándo sus descubrimientos teóricos serán objetos útiles?
Piense que entre el descubrimiento del láser y sus aplicaciones -como la cirugía ocular por ejemplo- han pasado 10 años. En lo nuestro será un periodo similar. Una de las primeras aplicaciones del láser fueron las pistolas de identificación de supermercado.

¿Y las patentes de sus metamateriales?
¡Ah!, mis alumnos trabajan en ellas y espero que se forren. Aparte de avances en óptica y medicina, estamos desarrollando, por ejemplo, sistemas para la conducción automática que evitan colisiones.

¿Se ha hecho rico con sus teorías?
Me han proporcionado satisfacciones -verlas demostradas- más allá del dinero. Si lo que hubiera buscado fuera la riqueza, no me habría dedicado a la física teórica. Por eso cuesta más reclutar talentos para la ciencia que para las finanzas, pero ustedes podrían ayudarnos haciendo famosos a los mejores científicos.



Sir invisible

Sir John, padre de la teoría de la invisibilidad, observa una exquisita elegancia en el trato: su ego desaparece. No me interrumpe nunca -pese a que hablo demasiado- y me repite, con el respeto que tendría a un colega de su nivel, una y otra vez -oír la grabación resulta penoso para mi autoestima- conceptos básicos. Y aun así me equivoco. Se niega siquiera a tomarse una merecida revancha y devolver el desprecio con que le obsequió un catedrático madrileño cuando publicó su teoría. Tras escucharle en la Obra Social de La Caixa me voy convencido de que, para lograr resultados científicos visibles, antes hay que hacer desaparecer la soberbia, la avaricia y el cortoplacismo.



LLUÍS AMIGUET