dilluns, 18 de maig de 2009

JAMES WATSON, codescubridor de la estructura en doble hélice de la molécula de ADN

"´¡Hemos hallado el secreto de la vida!´, gritó Crick en el pub"



Tengo 81 años. Nací en Chicago y vivo en Long Island. Soy biólogo. Estoy casado y tengo dos hijos. Soy entre demócrata y libertario. Soy ateo. Francis Crick y yo ganamos el Nobel de Medicina en 1962 por hallar la estructura de la molécula del ácido desoxirribonucleico en 1953.



¿Es Dios una doble hélice?
Eso me decía Salvador Dalí: "¡La estructura en doble hélice de la molécula del ácido desoxirribonucleico demuestra la existencia de Dios!".

¿Y qué le dijo usted?
Que justamente la molécula de ADN hace innecesario a Dios. Fue una sobremesa muy agradable, acompañados por Mia Farrow.

¿Qué es la molécula del ácido desoxirribonucleico (ADN)?
Es el lenguaje con el que -con frases de cuatro letras- está escrito el libro de la vida.

¿Y qué es lo que descubrió usted?
Que la molécula de ADN tiene forma de doble hélice: una estructura que explica cómo se copia la información genética hereditaria y cómo se generan aminoácidos y proteínas.

¿Con qué repercusiones científicas?
¡Reformuló toda la biología!

No está mal.
"¡Es el acontecimiento más importante en biología desde El origen de las especies de Darwin!", anuncié a mi hermana cuando le pedí que nos mecanografiase las 900 palabras del artículo sobre nuestro hallazgo que enviamos a la revista Nature.

¿Y es así?
¡Desde luego! De ahí se ha derivado toda la ingeniería genética, la biotecnología, los transgénicos, la secuenciación del genoma, la clonación, la terapia génica...

¿Cómo llegaron a ese hallazgo?
El desafío entrañaba tal complejidad que todos lo daban por imposible..., salvo diez personas en todo el mundo, entre Europa y América: Francis Crick y yo, que investigábamos juntos en Cambridge, éramos dos de ellas. Y el 28 de febrero de 1953 fue el día: "¡Una estructura tan bella tiene que existir!", me dije al acabar de encajar las piezas de nuestro modelo de doble hélice. Y así era.

¿Lo celebró?
Rogué a Francis que no contase nada a nadie hasta publicar el hallazgo en Nature, pero en cuanto entramos en el pub Eagle, habitual lugar de encuentro entre colegas, no pudo contenerse y lo gritó a todo trapo: "¡Hemos hallado el secreto de la vida!".

¿Buena cerveza en el pub Eagle?
Aún existe. Esas charlas en las que cruzábamos ideas entre copas ayudaban. Y los distendidos paseos entre pub y laboratorio.

¿Qué edad tenía usted entonces?
Tenía 25 años. Pero la edad es menos importante que la ilusión: yo hoy conservo la ilusión de hacer descubrimientos.

¿De qué tipo?
Simplificar el tratamiento del cáncer. La genética permitirá tratamientos más precisos y simples, menos agresivos con el paciente.

¿Lo logrará?
Secuenciando el genoma humano identificamos cada vez más genes y qué funciones rigen. Yo fui el primer ser humano de la historia cuyo genoma fue secuenciado del todo.

¿Y qué información le reportó eso?
Figura el gen responsable de mi intolerancia a la lactosa, y el que evita que me hagan efecto medicamentos contra la hipertensión... ¡Pero aún nos falta mucho hasta leer bien todo el genoma! Labor para 25 años.

¿Está usted en eso?
Tengo un hijo esquizofrénico... Animo y dirijo a grupos de jóvenes científicos a investigar la genética de enfermedades mentales.

¿Cuánto cuesta secuenciar mi genoma?
El mío costó un millón de euros, pero dentro de poco costará apenas mil euros.

¿Tiene que ver el ADN con la felicidad?
La felicidad tiene que ver con el sol y los buenos alimentos: eso estimula la secreción de las endorfinas que le harán sentir bien.

¿Eso es todo?
No: todo es combinación de genes y ambiente. Las mutaciones genéticas nos procuran inteligencia y autismo, capacidades y discapacidades, facilidades y dificultades para adaptarnos al siempre cambiante entorno.

¿Bondad y maldad están en el ADN?
Esto es complejo, no entro en ese jardín.

Se metió en uno gordo al decir que los africanos eran menos inteligentes...
Dije que había entre ellos menos ingenieros que entre los blancos, debido a carencias de instrucción y recursos. Pero se tergiversó...

¿Por qué será que hay tan alto porcentaje de premios Nobel de origen judío?
No sé si por genética o cultura, pero algo es seguro: no se debe a la comida kosher,je, je.

¿Ha tratado a Obama?
Le conocí hace dos años y me fascinó. Tras despedirme de él, pensé: "¡Este hombre será presidente!". Y acerté, ya ve. Es un tipo fantástico que ha tenido oportunidades y ha sabido aprovecharlas bien.

En la inteligencia, ¿pesa más la genética o la formación?
Alguien que, según los tests, goza de altísima inteligencia puede acabar siendo un fracasado social. Es decir: ¡la selección natural penaliza inteligencias demasiado altas!, a la vez que premia la capacidad para interactuar. Yo mismo no tenía un coeficiente de inteligencia alto en mis tests de jovencito...

Y aquí está usted, hecho un Nobel.
He obtenido reconocimiento: por lo tanto, mi inteligencia ha triunfado socialmente.

Y le veo contento.
Es que Nadal acaba de ganar a Djokovic. El tenis es mi pasión, siempre lo he jugado, y aún lo juego. Yo hasta hace poco era muy de Federer, porque me había regalado una raqueta. Ahora me rindo a Nadal: ¡además, acaban de regalarme esta raqueta suya...!

¿Tiene usted algún lema vital?
Sí, tengo uno: ¡evita a la gente aburrida!



Raqueta de Nadal

Watson es un mito viviente: su hallazgo de la estructura del ADN es de los más decisivos de la historia de la ciencia. Y aquí está, con una raqueta de Rafa Nadal que acaban de regalarle en el Club de Tenis Barcelona, a sugerencia del doctor Antoni Bayés de Luna, cardiólogo catalán muy amigo suyo. Bayés le ha invitado aquí para presentarle a varios jóvenes investigadores catalanes -como el oncólogo Manel Esteller- a los que Watson desea conocer. Converso con Watson, más pendiente de la transmisión del último set entre Nadal y Djokovic que de evocarme su gesta, a la que quizá debamos la vida llegado el día... Vivirla con curiosidad y alegría es ya cosa nuestra, pero él es un buen modelo.



VÍCTOR-M. AMELA