divendres, 8 de maig de 2009

RICARDO FORNESA, presidente de honor de Criteria; ex presidente de La Caixa y Aigües de Barcelona

"Mandar no es lograr el cargo, sino el respeto de tu equipo"



Mi edad... 77 años: sale en los diarios, todo el mundo me la tiene en cuenta. Nací en Barcelona. Soy un bicho raro y feliz: toda mi vida con la misma mujer, 6 hijos y 14 nietos..., con suspensivos. Católico. El escepticismo es la tentación de la edad y en política me cuesta reprimirla



En su casa ya tenía un banco, la Banca Fornesa...
Un banco entonces era como un bazar de servicios. Los pueblos estaban aislados y la banca -minúscula- de mi familia en La Seu d´Urgell hacía de todo: desde gestoría hasta aduana...

¿La banca se lleva en los genes?
... En cuanto al apellido, mire, yo creía que Fornesa era único hasta que el dichoso Google me descubrió que había un cantante filipino también apellidado Fornesa...

Allí hacen buena música.
... En los genes yo llevaba la abogacía, como mi padre. Me entusiasmaba el derecho y saqué las oposiciones de abogado del Estado.

Dicen que tiene usted un memorión.
No es que tenga mucha memoria, es que la especializo. Yo, de joven, no sabía los nombres de los futbolistas, pero sí una fórmula de amortización en bloques que ocupaba varias líneas.

¿Por qué dejó de ejercer?
Nos hicieron una reforma que reducía nuestros ingresos y yo... ya tenía seis hijos. Así que tuve que dedicarme a la gestión.

Y ha mandado usted mucho.
Siempre he tenido muy claro que mandar no es conseguir el cargo sino el respeto de tu equipo, y mantener el poder no es mantener la silla, sino ese respeto.

Autoritas versus potestas.
En realidad, el poder puedes lograrlo tú, pero la autoridad que lo legitima te la confieren los demás mientras admiten tu capacidad de transmitir ideas y criterios de actuación, consiguiendo su aceptación. A mayor aceptación, mayor capacidad de liderazgo.

Rara habilidad, me temo.
Pero imprescindible, porque sin ese respeto de tu equipo por tu visión colectiva acabas concentrado en tu propio interés y, al final, corrupto. Y acaban echándote.

Sí, pero a veces te toca cada equipo...
A mí siempre me han respondido. Lo que no soporta nadie -yo menos- es la palabrería para disfrazar la ambición personal.

Liderar también es saber anticipar el futuro, y esta crisis no la vio nadie.
Muchos sí la vieron venir -recuerde los avisos de burbuja inmobiliaria-, pero lo que no anticiparon fue su intensidad, y esa intensidad se la ha conferido el crac financiero.

¿Por qué el crac no lo vio venir nadie?
Estaba camuflado en procesos de derivación financiera que originaban productos opacos. Y estos productos se acogían como maná sin entenderlos -esa es la lección- cuando en realidad eran fruta podrida.

¿Cuándo estará curado el sistema?
El proceso febril es uniforme, pero la recuperación será distinta en cada paciente e irá por países, sectores, instituciones: cada uno mejorará a su ritmo.

¿La regulación mejora la banca?
Ahora se habla de regulación bancaria como si no hubiera habido nunca, y aquí hace tiempo que la cumplimos; y estricta; pero desde la perspectiva de los años, siempre he visto que cualquier regulación acaba siendo superada por la evolución de la realidad.

¿Llevaré toda la banca en el móvil?
Quizá, pero al final necesitará a alguien en ella que sepa quién es usted y del que pueda fiarse. Por eso nuestros profesionales deben seguir sintiéndose nuestros copropietarios y cogestores, igual que nuestros clientes.

¿En eso las cajas superan a los bancos?
Las cajas nacieron para integrar a los excluidos por el sistema bancario, esos de los que hoy todos hablan, y siguen dando prioridad a las personas -obra social- sobre los números; y podrán seguir dándola mientras no descuiden los números.

¿Y a los partidos?
Las cajas catalanas privadas tienen entre sus gestores un 23 por ciento de políticos de diferentes partidos y las públicas, el 50. Ese porcentaje del modelo catalán hace posible que la eficiencia prime sobre el partidismo.

¿Existe un estilo de gestión catalán?
Creo que los catalanes somos diferentes, pero no sobre nadie ni contra nadie.

Por ejemplo...
Somos más discretos hasta en el vestir, y tal vez más prudentes en nuestros planes...

Los catalanes no piensan a lo grande.
Yo creo que sí: el problema es que el catalán es un individualista nato.

El español también.
Aquí aún más: preferimos ser amos en nuestra empresa pequeñita que parte del equipo en la grande. Yo he estado en fusiones corporativas de altísimo calado que generaban valor para todos, pero se iban al garete por la rivalidad personal entre presidentes.

Querían mandar más, pero ellos solos.
Ese mismo espíritu individualista nos permite fundar pequeñas empresas muy eficientes y empresas familiares que compiten con los grandes en sus propios países.

Pero pocas multinacionales.
Casi todas las multinacionales españolas son fruto de privatizaciones de las que eran estatales, y por eso están en Madrid.

¿Madrid es el problema?
El problema son los enfrentamientos identitarios, que, como dice Maalouf, aniquilan el primer mandamiento del progreso humano, que es cooperar.

Cooperar se coopera entre iguales.
Por eso es una barbaridad utilizar el argumento identitario en una discusión, por ejemplo, sobre financiación. Un buen sistema sólo lo es si es bueno para todos, y sólo se llega a él con números y razones objetivables, no con pasiones identitarias.



Años y codos

El cerebro de Fornesa, gran opositor, va más deprisa que sus palabras y casi puedes ver en sus ojos cómo se le agolpan las ideas antes de que las formule. Le imagino sorprendiendo al consejo con un detalle revelador del gráfico 3.A de un informe del 2001, pero también defendiendo a un buen profesional de las consecuencias de esa observación. Esa gran memoria -conseguida con muchos codos- y su realismo -ensanchado con mucho sentido común- le han mantenido durante treinta años en el núcleo duro del primer grupo financiero español. Ahora se dedicará a tareas académicas en la Racef y presenta obra de Estapé o Barea, pero, al despedirse, musita: "Me va a costar mucho trabajo trabajar menos".



LLUÍS AMIGUET