dimarts, 7 d’abril de 2009

DAVID GALANTE, superviviente de Auschwitz y de la extinta comunidad sefardí de Rodas

"Cambiaban pan por tabaco para poder morir fumando"



Tengo 84 años; fui deportado a los 18 y estuve 50 sin poder contarlo hasta publicar ´Un día más de vida´ para que no se repita. La comunidad sefardí de Rodas fue aniquilada. Yo fundé una fábrica de bicicletas en Argentina con dos gallegos. Y una familia: dos hijos y dos nietos



Soy uno de los últimos sefardíes de la isla de Rodas.

Habla buen español.
Todos lo hablábamos. Llevábamos 500 años hablando español sefardí en Rodas, que era Italia hasta que en 1943 capituló ante los aliados y nos ocuparon los alemanes.

¿Temían algo de los alemanes?
No, pero llegó un barco de la comisión Rosenberg. Años después supe que el oficial de enlace entre la Wehrmacht, el ejército regular alemán, y las SS era Kurt Waldheim.

Luego secretario general de la ONU y presidente de Austria.
Nos mandaron reunir a todos los judíos de la isla con todo lo que tuviéramos de valor.

¿Sospechaban algo?
No. Nos quitaron todo y nos embarcaron rumbo a Atenas. La travesía duraba medio día, pero, para sortear a los barcos aliados, tardamos siete días en llegar al Pireo. Los judíos de Creta perecieron bombardeados.

¿No huyó nadie?
No sabíamos nada. Al llegar al Pireo nos embutieron en vagones herméticos de ochenta en ochenta rumbo a Auschwitz. Nos turnábamos para poder respirar por el único ventanuco del vagón. Nos daban pan con confitura y parábamos cada tres días para vaciar las palanganas y poder sacar a los muertos.

¿Cuánto duró el viaje?
Doce días. Al llegar, nos separaron a los hombres de las mujeres. Y un sefardí nos traducía a gritos: "¡Los hijicos con los vieyos!".

¿Para qué los separaban?
Para exterminarlos. Así murieron mis padres. Mis tres hermanas, mi hermano y yo fuimos preservados para el trabajo. Nos separaron y me raparon, me fumigaron y me grabaron mi número. Aún lo miro cada día: B-7328. En Birkenau me metieron en un barracón donde se comía bien. Yo tenía 18 años; los demás eran niños pequeños.

¿Por qué estaba usted allí?
Cuando llegó un médico nazi y me preguntó la edad, me enteré: al llegar a Auschwitz y decir mis "dieciocho años" habían entendido "ocho años" -los idiomas allí eran el polaco, el yiddish y el alemán- y me habían metido en el barracón de experimentación médica.

¿Qué hicieron con usted después?
Limpiaba las letrinas de las mujeres, pero recuerdo que al pasar por la cocina alguna vez nos tiraban trozos de pan.

¿El hambre era lo peor?
El frío era lo peor. Por eso me presenté voluntario para limpiar el barracón de los enfermos de tifus. Así pude conseguir de los muertos un abrigo y unas botitas y quedarme alguna de las raciones de pan que hubieran comido el día de su muerte. Un trozo de pan era un día más de vida.

Imagino su valor.
Otro día cargamos residuos de los hornos y allí había un judío con la G de griego. Nos saludamos y me tiró pan y tabaco y me advirtió que no volviera nunca, que a los de allí dentro los relevaban cada semana para acabar con ellos: no querían testigos. Aquel tabaco fue precioso, porque había fumadores que te daban su ración de pan por medio cigarrillo para poder morir fumando.

El ser humano, siempre inexplicable.
Yo llegué a pesar 38 kilos..., hasta que un día, que había ido a las letrinas y no podía cerrar mi bragueta de heladas que tenía las manos, me acerqué a una hoguera de los nazis y uno de los soldados me pegó una patada y caí dentro: me quemé brutalmente; a los dos días se me infectaron las quemaduras y fui a la enfermería, que allí era sólo la antesala de la muerte, pero ya no podía más.

¿Quién le atendió?
Un recluso médico francés trató de curarme, pero, sobre todo, me dio el mejor consejo de mi vida: "Cuando se nos lleven, quédate en la cama pase lo que pase".

¿Le hizo caso?
Llevaba siete meses en Auschwitz: no podía moverme. Vino el médico nazi -todos tenían ya mucha prisa- y le mostré las quemaduras. Me abandonaron. Nos daban por muertos. Hubo planes de destruirlo todo, pero los rusos redoblaron su ofensiva y los nazis huyeron con miles de prisioneros: fueron las marchas de la muerte. En la enfermería esperamos ocho días buscando comida.

¿Qué vio primero de los rusos?
Una especie de sábanas blancas para camuflarse con la nieve. Luego los oímos. Salimos de la enfermería. Los soldados rusos vomitaban al ver las montañas de cadáveres...

Y venían del frente.
Recuperé 20 kilos en dos meses de hospital, pero me obligaron a enrolarme con el Ejército Rojo, hasta que un día en Breslau nos enteramos de que había acabado la guerra. Me quité el uniforme y hui. Llegué hasta la estación de Bratislava y allí me junté con trabajadores griegos que volvían a casa.

Por fin.
Tardé dos meses en llegar por Europa en ruinas. En Rodas no quedaba nadie. Por las listas de supervivientes de la Radio Vaticana supe que mi hermano estaba en Roma. De mis tres hermanas no he vuelto a saber.

¿Qué decidió entonces?
Nos fuimos a Argentina y entré allí sin permiso: de polizón. Cuando me descubrieron, me encarcelaron quince días, pero aquello me pareció un hotel.

Lo imagino.
Después monté una fábrica de bicicletas con dos socios de Ourense y he trabajado cincuenta años sin poder hablar de aquello. Ahora lo explico, porque me di cuenta de que había que contarlo para que no se repita.



In el mismo campo

"Karo David: Yo se inieto de Yosef Capelluto y de Reina Capelluto, puede ser ke David Galante konosio mis tios, ke se yamavan Hertzel, David y Jako, ke estavan in el mismo campo, sola abolto mi tia (ermana de mi madre), Rebecca Capelluto, ke bive oy en Tolosa y ke fue deportada kon sus ermanos, su madre y su muevo marido Alberto Alhadeff (15 dias dispues su sposario). La madre de Alberto Alhadeff se murio in el vapor antes de arrivar en Haydari. Poveretos djidios assassinados por estos madichos alemanes. Souhami Renaud" 16/ XI/ 2007. (Misiva en sefardí de un familiar de deportados dirigida a Galante en un foro de internet tras verle en la tele argentina.)



LLUÍS AMIGUET