dijous, 12 de març de 2009

ZAVEN S. KHACHATURIAN, director del Lou Ruvo Brain Institute, de terapia neuronal

"Para investigar ya no hacen falta embriones humanos"


Mi edad es un número sin valor: yo estaré vivo mientras mi cerebro pueda crear. Mi madre y mi tía tuvieron alzheimer; yo, por ahora, no: investigo para saber por qué. Recluté a tres científicos que luego ganaron el Nobel. Colaboro con la Fundació Pasqual Maragall y Grupo SAR



Si aíslas a un animal, un ratoncito, de todo estímulo, su número de conexiones neuronales acaba siendo menor que el de los demás ratoncitos del grupo. Vive menos.

Vivir es compadrear.
Vivir es conectarse. Por eso los enfermos de alzheimer con una intensa vida relacional e intelectual resisten mejor la enfermedad y tardan más en contraerla.

Pero hay intelectuales de fuste y muy relacionados que contraen alzheimer.
Sabemos que si no hubieran tenido esa intensa vida social e intelectual lo hubieran sufrido antes y más intensamente.

¿Es cuestión de mala suerte genética?
Una mala suerte que tenemos todos, porque sólo un 10 por ciento de los humanos está a salvo de desarrollar la enfermedad. El caso más espectacular fue el de una mujer francesa que llegó a vivir... ¡122 años y con todas sus funciones cerebrales intactas!

¿Por qué ella sí y otros no?
Estamos investigando los porqués. Lo que sabemos es que la enfermedad comienza 20 años antes de que -entre los 60 y los 65 años- manifieste sus primeros síntomas.

¿Cuáles son?
Pérdida de memoria, cambios de personalidad, disminución de la competencia lingüística y cognitiva, irritación, confusión...

Una trágica cuesta abajo...
Al principio, no duermes bien y vas perdiendo todas tus funciones relacionales e intelectuales: tu memoria primero y con ella tu identidad, poco a poco, hasta que al final te quedas postrado y después encogido como un bebé en posición fetal...

...
... Y en la última fase pierdes el control de todo tu cuerpo, hasta que fallan los riñones, el hígado... Mi madre murió así.

Lo siento.
Antes, la mayoría de los enfermos no vivía lo suficiente para llegar hasta ese final, pero el progreso médico ha comportado, paradójicamente, que quien manifiesta los síntomas a los 60 tiene 40 años de degradación mental y física por delante, que su familia acaba sufriendo con él.

A veces, literalmente, enferman juntos.
Es muy posible, porque a los 65 años sufre alzheimer el 5 por ciento de la población; a los 75, el 15; a los 85, el 40 y después se va incrementando el porcentaje hasta el 90 por ciento...

¿Le parece que Obama ha abierto una puerta al progreso científico?
Me temo que sólo ha sido un gesto de cara a la galería. En realidad, el descubrimiento de Yamanaka en el 2006 que demostró que se puede revertir células adultas a su estado embrionario acabó con la necesidad de embriones humanos para investigar.

Izpisúa lo explicó aquí no hace mucho.
Así que -propaganda aparte-, si Obama quiere hacer algo por la ciencia de verdad, que aumente el presupuesto para la investigación básica en restauración neuronal.

Sería la mejor partida presupuestaria.
Y por eso pido ahora una gran movilización social, médica y científica por la calidad de nuestra vejez: ¿no es esa la causa que más directamente nos afecta a todos?

... A los que tenemos cerebro, sí.
Pido un plan Kennedy, como el que llevó al hombre a la Luna, una década de movilización productiva, técnica y científica para aumentar la calidad de nuestra vejez.

No se me ocurre causa más noble.
Y la movilización surte efecto. Fui el primer científico en interesar a la administración en esa área y conseguí que el National Health Institute le dedicara un programa. Así, busqué investigadores y conseguimos tres premios Nobel, concedidos a Stanley B. Prusiner, Eric Kandel y Paul Greengard.

¿Hasta dónde ha llegado la ciencia?
En experimentos animales hemos podido revertir el proceso de degradación neuronal que caracteriza al alzheimer y a otras enfermedades neurodegenerativas. Todo parece indicar que también podríamos conseguirlo en los humanos.

¿Y mientras tanto?
Pongámosle cara y dignidad a la enfermedad. No dejemos a nadie solo frente a ella. El arquitecto Frank Gehry está diseñando nuestro edificio dedicado a la investigación neurológica. Me habló de Pasqual Maragall y me dijo: "Tienes que conocerlo", y así Pasqual vino a mi instituto en Las Vegas. Recuerdo que hablamos de música...

Pasqual Maragall es una fuente de energía renovable.
¡Sí! ¡Magnífica! Ahora recopilamos casuística de enorme importancia científica. Nos interesan casos de longevidad creativa.

Por ejemplo...
¿Por qué Picasso era un creador inmenso a los 70? ¿Y por qué Frank, mi amigo Gehry, tiene 85 y concibe edificios magníficos?

Oliveira dirige películas a los 100.
¿Y por qué a los 60, en cambio, hay otros cerebros que se dan por vencidos?

¿. ..?
Saberlo para mí sería como descubrir el secreto del arte: la suma de las partes de donde emana la belleza. Ahora sabemos analizar las partes en el cerebro, pero se nos escapa el todo, y en ese todo intuyo que se encuentran los grandes secretos que nos permitirán avanzar como especie.

Pues adelante.
... Es más importante que cualquier otro descubrimiento: saber cómo funciona la mente humana, porque allí está todo.



Del yo al nosotros

No podemos evitar que en la lotería genética nos toque el gen defectuoso de una terrible enfermedad degenerativa, pero sí podemos decidir cómo nos enfrentamos a ella. Si esa dolencia ataca nuestras conexiones neuronales, explica Khachaturian, hasta dejarnos sin yo, la única posibilidad de preservar nuestra dignidad está en el nosotros: sólo las conexiones comunitarias de la solidaridad y el cariño pueden reemplazar en cada enfermo a las sinapsis neuronales dañadas. Pero también sólo esas redes de justicia distributiva y prosperidad pueden dotar a la ciencia de los recursos que evitarían que nuestra vejez acabe convertida en una agonía cada vez más prolongada.



LLUÍS AMIGUET