dimarts, 10 de març de 2009

SIMONE VEIL, la primera mujer ministra de la V República

"Me compararon con los nazis por exterminadora de fetos"



81 años. Nací en Niza y vivo en París. Casada, he tenido 3 hijos y tengo 12 nietos y 4 bisnietos. Me licencié en Derecho y Ciencias Políticas. Fui ministra de Sanidad con Valéry Giscard d´Estaing y presidenta del Parlamento Europeo (1979), pero ya no hablo de política. Soy atea.



Eramos cuatro hermanos muy cercanos y todos teníamos pasión por nuestra madre. Fueron años muy felices hasta que llegó la guerra.

¿Educada como judía?
No éramos practicantes, pero cuando tenía 14 años le pregunté a mi padre si le molestaría que me casara con alguien que no fuera judío. "Cásate con quien quieras -me dijo-, pero yo no me hubiera casado con una mujer que no fuera judía".

Esas son las trampas de los adultos.
Me pareció contradictorio, pero me explicó que lo importante es la cultura común.

¿Qué significó para usted ser deportada a Auschwitz?
Nada, porque es algo que no tiene sentido. La voluntad de exterminar a todo un pueblo, tanto daba que fuera un bebé o un anciano, no tiene antecedentes.

¿Qué le viene a la cabeza de aquel tiempo en Auschwitz?
Todo. La primera impresión fue la llegada. Habíamos viajado varios días en trenes para animales. Llegamos en mitad de la noche y nos recibieron personas con traje de prisionero que nos obligaron a dejar todo lo que llevábamos en los trenes y nos ordenaron en filas para pasar ante los SS.

Usted tenía 16 años.
Uno de esos deportados que nos despojaron de nuestras cosas me dijo: "Di que tienes 18 porque si dices que tienes 16 te mandarán directamente a la cámara de gas". No entendía de qué me hablaba, pero le hice caso.

Estuvo con su madre y sus hermanas.
Sí, a mi padre y hermano los enviaron a otro campo y nunca supimos qué fue de ellos.

¿Qué hacían allí?
En Auschwitz cargar piedras de un lugar a otro, sin sentido. En Bergen-Belsen no trabajábamos, pero tampoco comíamos. Hubo gente que comió carne humana, espantoso. La epidemia de tifus se llevó a mi madre.

De toda su familia sobrevivieron usted y una hermana. ¿Se sintió culpable?
Pensé que sobrevivir era una gran victoria.

¿Por que decidió estudiar Derecho?
Mi madre, aunque había estudiado Química, no trabajaba, y siempre nos dijo a las tres hermanas que no debíamos convertirnos en mujeres sumisas que piden dinero a los maridos. Recuerdo que me había regalado una muñeca a escondidas de mi padre.

Era la época en que las madres sisaban a los maridos.
Sí, para comprar muñecas. Fue entonces cuando decidí que quería ser abogada. Cuando fui liberada me instalé en París en casa de una tía, estudié Ciencias Políticas y allí encontré a mi marido.

¿Judío?
Sí, en su familia se respiraba la misma atmósfera que en la mía, por fin entendí a mi padre. Nos casamos rápidamente, tuvimos hijos y yo acabé Derecho, el drama vino cuando le dije que quería ejercer.

¿Por qué?
"¡Ese no es trabajo para mujeres!", dijo. Hacía poco que las mujeres podían ser magistradas y aceptó que estudiara dos años más para ello. Y ya ve, al final pude trabajar en la modernización del derecho francés desde el Ministerio de Justicia.

¿Cómo llegó hasta ahí?
Valéry Giscard d´Estaing dijo que hacían falta mujeres en el Parlamento francés y vino a por mí. Yo tenía una gran experiencia, durante la guerra de Argelia me había ocupado de los presos de ambos bandos.

La única mujer entre muchos hombres.
Sí, debía imponerme para que me tomaran en serio. Las mujeres siempre tienen que trabajar más y yo lo hacía.

¿La paridad sigue pendiente?
Por supuesto, estamos muy lejos de ella.

Fue una de las defensoras de la ley del aborto, ¿cuántos disgustos le costó?
Las ricas iban a clínicas privadas de otros países, las pobres acababan en manos de cualquiera.

La compararon con Hitler.
Fue horrible, incluso un diputado que no conocía mi historia dijo que yo hacía lo mismo que hacían los nazis con los judíos, en mi caso con fetos.

En el 2007 declaró que cada vez es más evidente científicamente que desde la concepción se trata de un ser vivo.
Sí, es cierto; pero eso no cambia la realidad de la gente, el horror de los abortos ilegales.

¿Sus otras prioridades?
La reconciliación con los alemanes. Pertenezco a una generación que nació poco después de la guerra del 14.

¿De ahí su europeísmo?
Sí. Hubo tantos jóvenes, sobre todo franceses y alemanes, que murieron en la Primera Guerra Mundial..., recuerdo muy bien que de niña temía la posibilidad de otra guerra, de tal manera que al volver de la deportación para mí era fundamental el hecho de la reconciliación y probablemente eso tuvo mucho que ver con que estudiara Derecho. Creo que Europa ha sido un gran proyecto y todavía lo es. Pero también le digo que deberíamos avergonzarnos.

¿Por qué esta vez?
Por la gran cantidad de guerras, de muertos que hemos provocado los europeos incluso en otros continentes. ¿De cuántos millones de muertos somos responsables?

Hay un cierto hastío de los políticos.
Hoy la inmediatez, que nos permite saber y ver todo lo que pasa en el mundo, hace que los hombres y mujeres políticos hagan promesas y declaraciones poco maduradas.



Como en un círculo

Me habían advertido que era una mujer dura y que su mirada era glacial; a mí me pareció clara, lo cual siempre es encantador. Desde un primer momento dice que no quiere hablar de política y recorre su historia con emoción. Ha sido la primera en muchas cosas: la primera mujer ministra de la V República (promulgó la llamada loi Veil por la que se despenalizó el aborto en Francia); y la primera mujer en presidir el Parlamento Europeo. Ante la pregunta de qué merece la pena en la vida, responde sin titubear: "Darle sentido, y para mí lo primero fue ganarme la libertad". La asociación Dones per la Llibertat i la Democràcia le ha otorgado precisamente el III premio Llibertat.



IMA SANCHÍS