divendres, 6 de març de 2009

ENZO MANZONI, diseñador de redes de innovación social; pionero del 'cohousing'

"Puede tener piscina y billar por el precio de un pisito"



No importa mi edad mientras mis ideas sean jóvenes. Nací en Pola, antes Italia, hoy Croacia. De muebles a viviendas o contenidos: cada vez más, fabricantes y consumidores de bienes y servicios se confunden. Compartir no sólo es más barato, sino mucho más rico y divertido



Le gustaría tener jardín, piscina, una sala de juegos, un billar, un gran garaje, un cine con una pantalla enorme para ver el fútbol con los amigos, un pequeño teatro...? ¿Y que le traigan verdura fresca cada día directamente de la granja?

Sí, pero soy un modesto empleado...
No se trata de tener más dinero que nadie, sino de organizarse mejor con otros ciudadanos con sus mismos intereses: ¿para qué quiere una pantalla enorme en su casa? ¿Para ver solo el fútbol? ¿No es mejor poder jugar en casa al billar con los amigos?

¿Qué propone?
Lo que diseñamos en Milán entre 3.000 interesados: un plan de cohousing.

¿Una comuna? ¿Kibutz? ¿Montserrat?
Esos fueron experimentos guiados por una idea, ensayos idealistas de una convivencia sacrificada al servicio de una ideología. En cambio, a nosotros nos guía el puro espíritu práctico y las ganas de vivir mejor con menos inversión.

¿Hasta qué punto quieren compartir?
Digamos que entre la comuna del 68 y los condominios de Florida hay toda una gama de posibilidades de compartir espacios y actividades en una vivienda. Con el dinero con que hoy puedes comprar apenas un dormitorio, el plato de ducha y el tresillo ante la tele podrías tener espacios y servicios en tu vivienda sólo al alcance de millonarios, con los que se aburren ellos solos.

Una piscina para ti solo suena bien.
¿De verdad? ¿No preferiría poder elegir cuándo quiere estar solo en su bañera y cuándo poder compartir un baño?

¿A lo Melrose Place? ¿Berkeley?
Un jardín: ¿les importaría a sus hijos compartir los columpios de su casa con otros niños? ¿Y la sala de juegos infantiles con canguro financiada entre todos? ¿Y un salón de baile y música? ¿No es más divertido bailar o interpretar una canción en grupo?

La convivencia tampoco es fácil.
¿Le parece más agradable envejecer solo o, como mucho, en pareja...?

También queda la soledad de la pareja.
Hemos convertido las ciudades en miles de soledades encapsuladas en celdas de hormigón. Con un poco de organización y con menos dinero, y la comunicación ubicua y gratuita que hoy tenemos, podríamos ampliar nuestra capacidad de elegir vivienda.

Se trataría de encontrar un equilibrio.
Por supuesto que en un proyecto de cohousing usted diseña sus espacios privados: puede tener su tele privada y al mismo tiempo compartir un pequeño cine con sus vecinos. Hay tantas posibilidades de planificar su covivienda como gustos personales.

Por poder...
Diseñamos nuevos modelos de convivencia mucho mejores que los pensados por los constructores. De esos 3.000 interesados iniciales ya ha salido el primer proyecto de 20 familias que diseñan su covivienda.

Suena complejo y debe de serlo más aún.
Nosotros sólo nos adaptamos al espíritu del tiempo y de las nuevas tendencias de servicios colectivos. ¿No ha comprado nunca un mueble en Ikea?

No siempre he sabido montarlos.
Usted se integra en la cadena de montaje y disfruta montando su mueble al tiempo que ahorra. Del mismo modo, la wikieconomía integra al productor del servicio y al usuario en la misma cadena de creación de valor. Quien escribe en Wikipedia también es quien utiliza la información con otros miles de productores usuarios.

Es una tendencia.
Es el modo inteligente de consumir-fabricar hoy: el usuario ya no es un depositario pasivo de las ideas y los productos del fabricante o proveedor del servicio, sino que cada vez participa más en la concepción y el desarrollo del producto que usa.

¿Más ejemplos?
El car-pulling:¿por qué no compartir los viajes en coche cotidianos que usted hace siempre a la misma hora y al mismo sitio?

¿Con quién?
Con otros usuarios que pagarían gustosos la mitad de la gasolina y peaje y se turnarían en conducir y poner el coche.

Es un engorro encontrarlos y ponerse de acuerdo, y te hace depender de otros.
Era un engorro. Lo que ha cambiado hoy es que internet -gratis- y el móvil -cada vez más barato-permiten hacer y deshacer planes al instante. Y esa casi gratuidad y ubicuidad de la comunicación interpersonal ha disparado la wikieconomía: poder compartir áreas de convivencia, de coche o de servicios comunitarios... ¿Podremos pagar la atención a la tercera edad?

¿...?
No. ¡Es imposible! No podemos pagarle a cada anciano un criado que vele por él día y noche, pero es que además no debemos.

¿Qué sugiere?
Dejar de pensar en el anciano como un receptor pasivo de servicios e integrarlo en su propia atención. ¿Por qué no brindarle la oportunidad de que preste parte de su vivienda a otro ciudadano más joven a cambio de algún dinero, compañía y ayuda?

Aquí ya hay experiencias así.
La Administración tiene que actuar de garante de esas experiencias, y de nuevo internet permite el conocimiento mutuo -ver la casa, saberlo todo uno del otro- incluso antes de conocerse en persona y sin que cueste dinero. Y le repito que, sin el móvil, nada de eso sería posible.



Compartido es más

Recuerdo con nostalgia el campus de la Universidad de Nueva York, donde podías charlar con el Nobel Leontief en la lavandería. Muchos profesores y sus familias podían pagarse una vivienda privada, pero preferían compartir el ambiente y los excelentes servicios del campus: desde el teatro hasta las piscinas. Manzoni explica en la Obra Social de La Caixa su cohousing,donde la obsesión por la propiedad privada cede ante la calidad de vida compartida. No es una tendencia aislada, sino que forma parte de decenas de fenómenos -desde Ikea hasta los facebook y todos los coservicios wikie- que cuestionan la economía tradicional con un nuevo sentido dos veces común: por racional y por comunitario.



LLUÍS AMIGUET