divendres, 13 de març de 2009

JAUME PINYA, artista

"Me miró y me dijo: ´¡Chueta tenías que ser!´"



Tengo 55 años. Nací en Sóller y vivo en Fornalutx. Soy pintor. Estoy casado y tengo tres hijos veinteañeros. Soy muy crítico con nuestros políticos. Leo con interés textos de la tradición judía: mi familia desciende de judíos mallorquines conversos. Reivindico la memoria chueta



¿Qué es un chueta?
Así han llamado los mallorquines a conciudadanos tan católicos como ellos... pero descendientes de judíos conversos. Han sido familias repudiadas, durante siglos recluidas en guetos...

¿Qué familias son esas?
Son quince linajes, lo que no significa que otros no desciendan también de judíos...

¿Me dice los apellidos?
Aguiló, Bonnin, Cortés, Fortesa, Fuster, Martí, Miró, Picó, Pinya, Pomar, Valentí, Valleriola, Valls, Segura y Taronjí.

Usted es Pinya…
Sí, pero en casa no se hablaba de esto.

¿Cómo se enteró de que era chueta?
A los siete años, a la salida del colegio, dos niños se peleaban. Me acerqué a separarlos y uno cayó al suelo y se golpeó la frente. Sangró, lloraba... Llegó la madre del niño y le preguntó: "¿Quién ha sido?".

Ay...
El niño me señaló, y aquella madre me miró y soltó: "Ah, tú..., ¡chueta tenías que ser!".

¿Qué pensó usted?
Me quedé perplejo: era la primera vez que oía eso y quise saber qué significaba. Llegué a casa y corrí a contárselo a mi padre. "Ja hi tornem a ser!", suspiró, resignado. ("¡Vuelta a empezar!"). Aquello me alertó...

¿Y qué hizo?
Al morir mi abuelo, su biblioteca subió al desván de la casa solariega, y yo pasé horas husmeando...: hallé un libro muy viejo de pergamino con textos ilegibles. Lo restauré.

Emocionante: ¿qué era?
Anotaciones del abuelo de mi abuelo: apuntes contables de 1810, préstamos, notas personales... Vi que trataba casi siempre con las mismas familias... Mi padre me confirmó que los chuetas, hostigados por la población, tenían que tratar mucho entre ellos...

¿Condenados a la endogamia?
Mi padre, que ahora tiene 90 años, recuerda a su padre, en la trastienda, comentar que un hermano se casaba "con una que no es de las nuestras, de fuera: ¿cómo le irá?".

¿Qué temía su abuelo?
Que acabase teniendo problemas con la familia de ella, con la gente. ¡Casarte con una o un chueta estaba mal visto! Y, de hecho, el padre de la novia se negó a asistir a la boda.

Todo eso es ya pasado, ¿no?
Ha sido vigente hasta hace muy poco. Queda mucha deuda histórica pendiente, mucha memoria que recuperar y dignidad que restituir. Yo tomé conciencia de esto y he ido rescatando la memoria de mi familia…

¿Y qué ha desempolvado?
Cruzando archivos he armado mi árbol genealógico ¡hasta el siglo XVI! y he hallado retazos de vidas que me han conmovido...

¿Me contaría alguna de esas vidas?
Úrsula Fortesa, de 14 años, fue interrogada por los inquisidores: era sospechosa ¡por saber leer y escribir! El interrogatorio figura en las actas del proceso de la Inquisición contra los chuetas en 1679, que condenó a la hoguera a 37 de ellos en 1691.

Horror.
A unos los quemaron muertos, a otros en efigie (habían huido) y a tres en vida. La pira ardió cerca de la plaza Gomila de Palma.

¿Qué pasó con la pequeña Úrsula?
Ella contó que un vecino, encuadernador de libros, le había enseñado a leer. ¡Eran gente que entre ellos se ayudaban a cultivarse, a elevar el espíritu, en aquel entorno tan bárbaro! Yo lloré al leerlo... ¡Qué rabia les daba a los demás esa cultura! La familia de Úrsula fue expropiada y se exiliaron al destierro interior... Úrsula es antepasada mía.

Y entre los 37 quemados en la hoguera ¿hubo también algún antepasado suyo?
Cotejé mi genealogía con la lista de condenados... y sí. Era un matrimonio que vivía en Palma en 1679: Rafael José Cortés Fuster, llamado Filoa (comerciaba con hilos textiles), y su esposa, Violant Fortesa Aguiló, acusados de judaizar. Primero, garrote vil. Luego, a la hoguera... ¡Cuánto nos odiaban!

¿Por qué tanto odio?
España declinaba, el auge del protestantismo sacudía al catolicismo... y la tomaron con nosotros, que para la Iglesia éramos asesinos de Jesús, y encima prósperos (a costa de nuestros esfuerzos), lo que despertaba envidias, codicia, ansias confiscatorias.

¿Qué pasó con los chuetas tras esa hoguera de finales del siglo XVII?
Hubo una diáspora de familias chuetas de Palma a pueblos costeros, por si tocaba largarse. La mía fue a Sóller. Padeciendo un estigma infamante ¡que ha durado tres siglos!

¿En qué ha consistido ese estigma?
En segregación social, guetización: no podían ser militares, ni sacerdotes (aunque se les obligaba a ir a misa), ni matrimoniar con no chuetas... ¡Se nos ha repudiado hasta los años 60 del siglo XX! Pero fueron familias muy unidas, sacrificadas y trabajadoras, y a la larga siempre volvían a prosperar.

¿Mantuvieron prácticas judaizantes?
A partir de la última hoguera, de junio de 1691, no creo. Imperó el silencio prudente, la resignación, la humillación vergonzante. Algún hábito culinario sí pudo pervivir...

¿Tiene usted trato con otros descendientes de aquellos últimos condenados?

Sí. Y con ellos hemos diseñado un memorial en desagravio de nuestros antepasados. Será un pedestal escalonado que conducirá a un hoyo en cuyo borde inscribiremos los 37 nombres. Estará en el parque de Sa Quarentena, muy cerca del lugar donde, hace ahora 318 años, ardió la criminal pira.



Memorial

Un sastre llamado Pinha desembarcó en Mallorca entre los judíos de Jaume I, hace casi 800 años. La vida de sus descendientes, forzados a convertirse al cristianismo, padecería horas muy amargas y su progenie cargaría con una infamante marca: chueta. Hoy algunos de esos descendientes enarbolan el estigma y reivindican la memoria de sus abuelos. Es el caso de Jaume Pinya, que hoy pinta y vive plácidamente en Fornalutx, bellísimo pueblo de la sierra de Tramontana: junto con otros artistas chuetas (Ferran Aguiló, Rafa Forteza, Joan Segura, Mònica Fuster y el arquitecto Antoni Forteza) ultiman ahora un memorial que dignificará en el centro de Palma las trágicas vidas de sus martirizados ancestros.



VÍCTOR-M. AMELA