dimecres, 18 de març de 2009

MICHAEL GREENBERG, periodista y escritor

"La locura nos enseña mucho sobre lo que somos"




Tengo 55 años. Nací y vivo en Nueva York. A los 18 años me fui a conocer mundo. Tengo una columna en 'The Times Literary' y soy guionista. Casado por segunda vez y 3 hijos. La compasión debe estar por encima de las ideas políticas. Creo en Dios, pero no sé cómo hablarle



El cinco de julio de 1996 mi hija se volvió loca"… Sí, de un momento a otro Sally, de 15 años, se convirtió en otra. Yo la veía sufrir, pero no podía alcanzarla, nuestras conversaciones no tenían sentido.

¿Cuál era su delirio?
Con mucha excitación me explicaba que todos habíamos nacido genios y que si encontráramos la manera de aferrarnos o recuperar la infancia, podríamos seguir siéndolo.

No parece una locura, hay quien escribiría teorías sobre esa idea.
El problema es que salía a la calle y paraba los coches y a la gente para contárselo, hasta que la policía se la llevó. Sally tenía una gran necesidad de comunicar, pero todo lo que le salía por la boca era incongruente.

... E ingresó en el mundo oscuro de urgencias de psiquiatría.
Le diagnosticaron maniaco-bipolar en fase de euforia. Asistí entonces a una segunda transformación tan radical y extraña como la primera causada por los medicamentos, una especie de quimioterapia del cerebro. Estuvo encerrada dos semanas.

Debía de estar usted aterrorizado.
Pensaba que la había perdido para siempre. Psiquiatría es un lugar cerrado con llave, pero no parece que albergue enfermos, porque no hay goteros ni sondas. Las familias, de visita, están destrozadas pero aisladas, no pueden comunicarse las unas con las otras porque sienten vergüenza.

¿Qué cambió en usted pasar ese shock?
Me despertó una gran compasión por la gente que sufre y me hizo caer en la cuenta de la fragilidad de la comunicación humana. Hay cosas en nuestro interior que no podemos controlar, son más poderosas que nuestra voluntad. La locura ha estado en los seres humanos desde el principio y nos enseña mucho sobre lo que somos.

Llevaba dos años de matrimonio cuando Sally enloqueció, ¿cómo les afectó?
Aquel terremoto tuvo un efecto sorprendente en la vida de todos los que la rodeábamos. Pat, mi mujer, cambió de profesión, era coreógrafa y ahora es especialista en desarrollo infantil. Y su hermano mayor trabaja hoy para la ONU en programas de protección infantil. Yo soy el único que hago lo que hacía.

¿Pero no afectó a su relación de pareja?
Sally vivía con nosotros. Estábamos recién casados y tuvimos una pelea que casi acaba con nuestra relación, pero la devoción de Pat por Sally era incondicional pese a que hacía poco tiempo que la conocía. De hecho, Pat era la más estable, tenía una objetividad que ni la madre de Sally ni yo teníamos. Hoy ya llevamos quince años casados y tenemos un hijo de 10 años.

¿Cómo se llevaban Sally y su madre?
Una relación complicada. Sally vivía conmigo. Es curioso, porque al principio cada uno tenía su manera de justificar lo ocurrido en función de lo que más valoraba en su vida.

Cuénteme.
La mamá de Sally, Robin -que vive en el campo, medita y es vegetariana-, creía que aquel cuadro psicótico era una especie de clarividencia new age.Yo creía que eran los balbuceos de una brillante escritora a la que se le agolpaban las palabras en la cabeza.

¿Cómo ha vivido Sally todo el proceso?
Ha sabido enfrentarse con humor, se ha convertido en una experta a la hora de tratar con la enfermedad. Hoy tiene 27 años y dice que no le hubiera gustado haber nacido sin ella porque no se reconocería.

¿Le ha sentado bien su libro?
Estaba muy nervioso cuando le di el manuscrito, porque yo la describía y no solemos conocer la percepción que tienen los otros de nosotros. Y, además, ella tenía una especie de amnesia sobre lo sucedido y se sentía muy culpable por la tensión que creó. "Me he sentido como si leyera sobre otra -me dijo-, una muchacha de 15 años que estaba en el infierno y era la única que no lo sabía".

Durante la crisis cuenta usted que tuvo momentos de extrema lucidez.
Sí, de repente me decía: "Estás esforzándote demasiado para ser un artista, padre. Los artistas están más relajados". Tenía percepciones muy acertadas con todo el mundo, una especie de clarividencia emocional.

Usted ya tenía experiencia, su hermano mayor es una persona desequilibrada.
Sí, pero Steve es lo opuesto a Sally, él es un inadaptado, tiene problemas para comunicarse con el mundo exterior y vive encerrado, yo me encargo de comprarle todo lo que necesita. Hace poco le operaron y necesita un andador para caminar, ¡y es lo mejor que le ha pasado!, porque ahora la gente le abre la puerta, es amable con él. Está feliz.

Qué curiosa es la vida.
Mi madre siempre lo rechazó pese a que tuvo cuatro hijos más; hizo un gran esfuerzo para contármelo, fue un regalo: sabía que yo temía que Sally fuera como él. Me contó que lo tuvo con 22 años y no se vio capaz de quererle, lo culpó de sus problemas con mi padre. Ha sido la tragedia de su vida.

¿Usted lo entiende?
Sí, ella estaba muy deprimida y Steve era un niño poco efusivo. Nunca se encontraron, ella siempre estaba tensa en su presencia y su indiferencia hizo mucho daño a Steve.

¿Steve leyó el manuscrito?
"Sé que dice la verdad sobre mí -me dijo-, y si dice la verdad sobre mí, no quiero leerlo".

Se me encoge el corazón.
La batalla de todo ser humano es conseguir que surja su subjetividad y que encaje con el mundo real, si no, está perdido.



Perder la razón

A los 18 se fue a recorrer mundo y se convirtió en periodista, sus artículos de viaje y relatos han aparecido en The New York Review of Books y The Oprah Magazine, pero no se lanzó a escribir libros hasta que le sacudió una experiencia personal: a su hija adolescente le diagnosticaron trastorno bipolar, y todo su mundo cambió. Durante los quince días de horror que pasó pidiendo permiso para poder verla mientras estaba ingresada en psiquiatría, se dio cuenta de que no tenía ninguna referencia, ningún libro que contara su situación, y decidió escribirlo. Hacia el amanecer (Seix Barral), segundo en el ranking de los mejores libros del 2008 según Amazon, se va a llevar al cine.



IMA SANCHÍS