dilluns, 1 de juny de 2009

JOSÉ RAMÓN CALVO, creador del Campus Excelencia para premios Nobel y estudiantes

"La cantidad de premios Nobel indica la calidad de un país"



Tengo 49 años. Nací en Las Palmas. Soy profesor de Medicina. Si la ciencia está al servicio de la política, gana el político; si la política está al servicio de la ciencia, ganamos todos. Fórmula para ganar el Nobel: estructura más método más una pizca de genio para interpretar el azar


¿Los premios Nobel sirven a algo más que a la vanidad?
"Yo no me inclino ante testas coronadas y aún menos ante políticos o millonarios, pero sí ante aquellos científicos que salvan vidas".

¿Quién le dijo eso?
Rosa Dausset, la esposa del Nobel Jean Dausset, descubridor del HLA, el antígeno leucocitario gracias al que podemos hacer trasplantes de órganos que hoy salvan vidas.

¡Grande, sí señor!
Y lo dijo al tiempo que inclinaba graciosamente la cabeza ante su marido...

... ¡Qué suerte tienen algunos maridos!
Yo también creo, como la señora Dausset, que no todas las especialidades de los Nobel son igual de indiscutibles.

¿Ah, no?
Los de la Paz han sido polémicos -recuerde el de Arafat- ya desde sus inicios. El propio Alfred Nobel concedió uno a una señora de discutibles méritos de la que parece ser estuvo muy enamorado...

Enamorar también es un talento.
... Y los Nobel de Economía en realidad los otorga sólo desde el año 71 el Banco de Suecia a la excelencia en teoría económica, pero la teoría económica es sólo eso: teoría.

¿Los de Ciencia son Nobel pata negra?
Los de Literatura premian una trayectoria vital y son más opinables y politizables; en cambio, los de ciencia son objetivos: se conceden sobre hechos probados: la importancia de una aportación y su autoría, y punto.

¿Quién los propone?
Sólo pueden nominar los que ya lo han ganado; determinadas academias y algunos centros de excelencia investigadora.

¿Por qué aquí no tenemos Nobel?
Excelente pregunta con una triste respuesta: porque somos malos en ciencia.

Pero en fútbol lo ganamos todo.
Lo triste es que el profesor Ayala Carcedo tiene bien demostrado que existe una relación directa entre la capacidad innovadora de una sociedad, la calidad de su sistema educativo e investigador, su talento y creatividad y el número de sus premios Nobel.

¿No es una relación algo forzada?
En absoluto, Ayala Carcedo la ha documentado con rigor: los Nobel reflejan la calidad educativa e innovadora de un país.

Pues, oiga, catalán no tenemos ni uno.
Y español de ciencia, casi que tampoco.

¡Pero estuvieron Cajal y Ochoa!
Cajal, sí, se lo admito, pero Ochoa en realidad fue sólo un Nobel nacido en España, pero que realizó su carrera en EE. UU.

Y encima Franco lo ninguneó.
Recuerdo haber pasado una tarde deliciosa en su casa con él y una de sus frases, que después causó escándalo: "La universidad debe ser sólo para las elites".

Ahora no es políticamente correcta.
¡Pero es cierta! La universidad no puede ser para todos: deberíamos tener una formación técnica y profesional con el mismo prestigio y calidad que la universitaria.

Supongo que no es el único problema.
Siendo décimo o undécimo país del mundo en muchos rankings económicos, deberíamos tener una cifra de premios Nobel homologable a la de Holanda -17 de Ciencia- y en cambio estamos en el puesto 21 en el ranking de los Nobel científicos junto a potencias como Portugal, México o Chequia.

¿Qué falla además de la universidad?
Casi toda la investigación española es estatal y rígidamente encuadrada en esquemas funcionariales que la desincentivan. En ese sentido, Catalunya y su programa Icrea -que permite contratar investigadores al margen de esa burocracia- van en la buena dirección. Veremos resultados.

¿Tan mal se ha hecho hasta ahora?
Hace poco presencié un tribunal que adjudicaba una plaza de investigación. Se presentó un prometedor científico belga al que tras todas las pruebas le pidieron... ¿Fotocopias de sus artículos científicos? Muy seguro, respondió: "Las he enviado por e-mail".

Ya le veo venir... Y es muy triste.
... Le dijeron que debían ser en papel. Y el hombre respondió que las traería en papel, "pero ya estará fuera de plazo", le contestaron. Y nos quedamos sin talento belga.

Estos forasteros es que no aprenden.
Exacto: nuestro sistema es tan proteccionista de lo propio que incluso los buenos científicos españoles formados fuera tienen muchos problemas de convalidación.

¿Por qué EE. UU. tiene tantos Nobel?
Es bien sabido: cantidades ingentes destinadas a innovar y un sistema público y privado muy competitivo, pero también la ventaja histórica de haber recibido a la diáspora de científicos europeos judíos, izquierdistas o simplemente pacíficos que huyeron de Europa por la guerra mundial.

De eso ya hace sesenta años.
Mire las estadísticas de los Nobel: el despegue se produjo entonces y aún explica por qué EE. UU. nos lleva a la UE veinte años de ventaja en investigación. Ya verá cómo salen antes de la crisis gracias a eso.

¿Pero por qué aquí seguimos jugando en segunda en I+D aun dentro de la UE?
En parte porque no sabemos inglés: ni nuestros políticos ni nuestros científicos. El número de citas que obtienes en el SCI (Science Citation Index) de publicaciones científicas es determinante, y muchos artículos de españoles no logran ser seleccionados por su pobre inglés. Eso explicaría, entre otras cosas, la ventaja de los holandeses, perfectamente bilingües.




El nobelólogo

A la chacha de Fleming se le cayó la fregona sobre una muestra de laboratorio: otro la hubiera tirado cabreado; él supo leer el azar -tras años de esfuerzo- y así descubrió la penicilina. Es la fórmula Nobel (método más genio) del dr. Calvo, que apunta nuestra carencia de Nobel como prueba de que toda nuestra educación falla: gastamos más en lotería que en I+D. Él hace cinco años que colecta dos millones de euros -eso sí es talento- para el Campus de Excelencia, donde reúne a Nobel -hasta 16 en una edición- con nuestros jóvenes investigadores: "Es nuestra fábrica de nobeles" y distrae -y atrae- a las parejas de Nobel con talleres de ópera o cocina. Si hubiera un Nobel de Nobelología, lo ganaría Calvo.




LLUÍS AMIGUET