dijous, 25 de juny de 2009

BENJAMIN BARBER, politólogo de Demos: asesoró a Clinton sobre el voluntariado civil

"A quien no ha ido a votar habría que multarlo"


Tengo 69 años que tuve la suerte de vivir de país en país. La ciudadanía supera a la tribu: naces en tu tribu por azar, pero tu ciudadanía la eliges. Creo en una religión civil: soy demócrata de religión. Soy estadounidense eurófilo y ciudadano sin fronteras. Ciudadanos: ¡Asociaos!


Poco antes de la caída del Muro di una conferencia en la  Universidad de Leipzig, entonces en la comunista RDA, que acabó entre gritos de... ¡democracia! y ¡libertad!

La Stasi debió tomar nota.
Luego, los estudiantes demócratas me enseñaron la ciudad y vi montañas de basura en los parques: Amigos -les dije-, ¿por qué no os organizáis y limpiáis vuestros parques?

Una pregunta perversa, profesor.
Me miraron indignados y contestaron: "Limpiar las calles es deber del Estado" y después pusieron al Estado comunista de vuelta y media por su ineficacia.

¿Usted qué dijo?
Que la democracia es asumir que las calles son tuyas -no de ningún funcionario- y si la persona en que has delegado esa tarea no la hace, la sustituyes en las próximas elecciones, pero, de momento, debes limpiar tú.

¡Vaya políticos si tengo que limpiar yo!
Son nuestros representantes: ¡tan buenos o malos como nosotros mismos que los elegimos! La democracia no es un partido de fútbol en el que eres espectador, eres jugador: ¡es tu gobierno: no puedes limitarte a votar, ir a casa y luego quejarte del resultado! Es cierto que los partidos nos enfrentan y ponen sus intereses por encima de los de todos. Jefferson sentenció: "Los partidos sólo trabajan para sus intereses y de esa forma degradan la pureza de la democracia"...

¿Lo ve, profesor?
... Pero cuando un país tiene 40 millones de habitantes o 300 como el mío o 1.000 como India, me temo que son el único modo de articular una democracia representativa. Por cierto, Jefferson diez años después de decir eso, fundó el Partido Demócrata.

Un ejemplo más de coherencia política. 
Los partidos no son buenos ni malos, son inevitables, pero debemos contrarrestar su perversa deriva partidista.

¿Cómo?
De abajo arriba: con una sociedad civil articulada y proactiva, organizada en asociaciones para velar por la calidad de los colegios, la sanidad, los barrios. Esas asociaciones deben fiscalizar y guiar al gobierno día a día.

¿Eso es política: asociar vecinos?
Es la política: el capital social de un país, el índice de su calidad democrática que no depende de sus líderes, sino de su ciudadanía.

No podría citarle un sólo líder político suizo, pero ¡qué pequeño gran país!
Esos países con gran calidad de vida tienen ciudadanías organizadas que ya no necesitan grandes líderes con carisma, porque cada ciudadano participa a través de sus asociaciones en la gestión pública. Aquí deberíamos empezar por que el liderazgo político fuera más allá del puro partidismo.

Eso dicen todos en campaña.
A eso ayuda no haber sido elegido a dedo candidato por el aparato de tecnócratas de un partido que te coloca en una lista, sino haber sido votado directamente por ciudadanos en asociaciones de electores.

Al final el electo deviene otro político. 
Es la ley de hierro de la oligarquía: los elegidos para defendernos acaban olvidándonos y sirven a su nuevo club. Si no lo fiscalizamos -nosotros, no sólo su partido- el diputado del pueblo acaba sirviendo a sus nuevos amigos de Washington o Madrid.

Medio censo no votó en las últimas.
Por eso he propuesto que se multe al elector que se abstenga sin justificación.

Abstenerse es una opción legítima.
Decir que soy libre para no votar es admitir que eres libre para rechazar la democracia que te hace libre. No puedes usar la libertad para renunciar a ella. A quien no ha ido a votar habría que multarle.

Sólo es su opinión.
La democracia no es un partido televisado cada cuatro años. No puedes silbar a tus políticos sin implicarte en la gestión: ¡milita, da alternativas, entérate de la gestión de un área y entonces podrás criticar! Las elecciones democráticas ni se ganan ni se pierden.

¿Ah, no?
¡No! En los fascismos o ganas o te fusilan... O fusilas tú a quien te ha ganado. En democracia, las elecciones son para debatir cómo gobernarnos mejor entre todos así que uno tiene más votos que otro, pero nadie pierde. Luego la oposición debe servir al país y no sólo a su estrategia de derribar al gobierno.

Suena sólo a buenos deseos.
Es una fe: una religión civil en EE. UU. -Obama es su último profeta- con sus libros sagrados (la Constitución, la declaración de Independencia...); sus santos (Lincoln, Luther King) y que abraza a todo el que crea en ella. A la Unión Europea le falta de eso.

Si sólo le faltara de eso...
Esa religión civil evita que las demás religiones nos dividan y nos permite superar el tribalismo de etnias y territorios. El progreso de un país es inverso a su tribalismo: las sociedades más tribales son las menos democráticas. Si la ciudadanía en vez de mezclarse, se tribaliza, sucede lo de los Balcanes.

¿Su religión tiene una peregrinación? 
El voluntariado: implicarnos. Se nos dice que nacemos libres y con derechos y es falso: no nacemos libres, la libertad hay que ganársela educándose y la democracia exige servicio. Todos somos nuestros líderes.

Obama repite que votarle no basta.
Ha ganado gracias al voluntariado no sólo al electorado y sólo cambiará el país si mantiene activos a sus voluntarios defendiendo reforma por reforma en cada asociación de padres y vecinos.





¡Interdependencia!

Barber es un exótico americano políglota que se educó en Harvard, la London School of Economics y Suiza; y ha pasado su vida entre los dos continentes y sus tribalismos, de ahí su iniciativa de celebrar, tras haber presenciado demasiados desfiles militares en los "días de la independencia", un original y pacífico "día de la interdependencia" para "subrayar ante los ciudadanos del mundo cómo ningún país puede existir sin los demás". Y lo proclama durante su conferencia en la Obra Social de La Caixa. Este año los Ciudadanos sin Fronteras de Barber celebran su "día de la interdependencia" en la cosmopolita Estambul (no sé si habrán invitado a algún kurdo a los festejos).



LLUÍS AMIGUET