dijous, 11 de juny de 2009

ÉLISABETH ROUDINESCO, historiadora social

"Pretender extirpar toda perversión es una perversión"



Tengo 65 años. Nací y vivo en París. Soy historiadora en la Universidad de París-VII. Estoy casada con mi editor, Olivier Bétourné. Soy de izquierdas. Soy de familia judía. He estudiado a fondo la historia del psicoanálisis. La naturaleza humana conlleva una cara perversa


¿Quién es perverso?
Un verdugo en plena faena con una erección.

Señora...
Esa caricatura, en un diario francés, ilustraba una entrevista conmigo sobre la historia de la perversión. Me gusta, porque resume bien la idea que he investigado: perverso es quien goza dañando.

Cíteme al más perverso de la historia.
Nerón no está mal. Calígula, tampoco. El troquel está en la tragedia de Edipo, causante del fin de su propio linaje. El perverso disfrutará destruyendo o autodestruyéndose.

¿El perverso es siempre criminal?
Puede no serlo. El perverso criminal es el que más nos horroriza y fascina, eso sí.

¿Por qué?
Todo lo extremo fascina. Te dices: "¡Yo no soy así!". Y, sin embargo, lo perverso es intrínsecamente humano. En cada momento histórico percibiremos algo como perverso. La perversión: fruto del animal humano.

Hágame su lista de perversos en la historia de Occidente.
Los flagelantes medievales y algunos ascetas y místicos. El noble francés Gilles de Rais, que torturaba y mataba niños. Sade, príncipe de los perversos. En el siglo XIX, el niño masturbador, la mujer histérica, el homosexual… Y en el siglo XX, los oficiales nazis de los campos de exterminio...

Los flagelantes, ¿perversos?
Gozaban atormentando su cuerpo, visto como su parte viciada. El de las mujeres más, claro. Por eso ellas fueron más salvajes...

Ponga ejemplos.
Una mística francesa comía vómitos de enfermos y excrementos de disentérica. Catalina de Siena se deleitaba con pus de los pechos de una cancerosa. Liduvina de Schiedam, bellísima, se afeó y dormía en una tabla de estiércol, ceñida por un cinturón de crin que la ulceraba...

¿Qué pretendían?
Veían el cuerpo como basura y querían someterlo al orden divino. Los flagelantes inquietaron a la Iglesia: escapaban a su control, y se les acusó de poseídos. El flagelante filme de Mel Gibson sobre la pasión de Cristo es perverso: ha recuperado esa tradición.

Eso ya no se lleva entre creyentes.
La flagelación pasó de ser asimilada a la mortificación a serlo al desenfreno sexual. En particular, el azote en las nalgas. Sade lo asoció a la sodomía. A Sade le excitaba ver a los otros como objetos para sexo anal. Encarcelado durante 28 años, Sade canalizó sus pulsiones en literatura.

En libertad, ¿qué habría hecho?
No existiría su obra. Y si Sade hubiera vivido hoy, sería un señor con sus particulares gustos sexuales, no penados si son consentidos. A Sade -¡príncipe de los perversos!- hoy sólo le reprocharíamos el maltrato a su esposa, porque la forzaba al sexo anal.

¿El arte sublima perversiones?
Sucede en muchos casos: Sade, Wilde, Proust, Süskind (El perfume), Almodóvar...

¿Almodóvar?
Sí, por su mirada complacida hacia los transexuales, que a la postre son la nueva encarnación del flagelante, pues someten su cuerpo a una mortificante transformación para ganarse el paraíso de una identidad sexual.

¡Olé!: sugerente hipótesis...
A los transexuales no les gusta oírla.

¿Fueron los oficiales nazis la expresión máxima de la perversión?
En la poderosa pulsión de muerte del nazismo, perversa de por sí, encajaban bien personas como el comandante de Auschwitz, Rudolf Höss, que mutilaba y asesinaba convencido de hacer lo correcto en beneficio de la humanidad, ¡y convencido de que los judíos no sufrían en la cámara de gas!

¿Algún otro perfil de perverso nazi?
El del fanático cientifista Mengele, que torturaba y mataba niños, gemelos, enanos y ancianos… ¡siempre al servicio de la ciencia!

¿Qué rasgos caracterizan al perverso?
No siente empatía por el otro. Instrumentaliza al otro como a un objeto. Suele ser seductor. Inteligente. ¡O estúpido! Flaubert equiparaba estupidez y perversión.

¿Por qué?
Por lo que decía Lacan: "El psicoanálisis puede con todo menos con la estupidez".

¿Habrá siempre perversos?
La perversión es parte de la naturaleza humana. Todos tenemos un lado perverso, que da relieve a nuestro lado compasivo.

Creo que la entiendo: sólo puedes ser bueno si tienes la posibilidad de ser malo.
Pretender extirpar toda perversión ¡deviene la mayor perversión! La aversión al mal puede ser perversa. Anhelar una sociedad perfecta, sin sombra de infelicidad, limpia de todo mal... ¡es muy perverso! Una humanidad del todo beatífica ¿sería humanidad?

¿Quién está pretendiendo hoy tal cosa?
Los que hoy reclaman seguridad absoluta. O salud absoluta, los higienistas... A lo largo del tiempo, predicadores, ideologías, iglesias, estados. Hoy medicalizamos infinidad de actitudes viéndolas como perversiones, extremismo en sí mismo perverso.

¿Qué perversión ha sido más longeva?
Todo lo que ha erosionado la reproducción humana: masturbación, bestialismo, sexo oral o anal, flagelación, homosexualidad, placer sexual sin engendramiento...

¿Quién es el último perverso?
Bin Laden: diseñó la masacre del 11-S por el placer de dañar con sentido de espectáculo. Bin Laden sería ese verdugo que, regocijado, reparte fotos de sus ejecuciones.



La sombra de la luz

Esta mujer entusiasta y parlanchina encabalga un comentario malevolente sobre Sarkozy con una valoración cinematográfica (Almodóvar) o literaria (Sade), una observación sociológica con una glosa histórica. Mujer de gran cultura y afilada perspicacia, las aplica ahora para documentar Nuestro lado oscuro (Anagrama), ensayo en el que esboza "una historia de los perversos" en Occidente. Y me expresa el temor de que acabemos por considerar "desviada" toda transgresión humana, y suprimirla: ese día habríamos borrado a los perversos, sí, pero también a todos aquellos que hacen avanzar la humanidad. Así he comprendido que las sombras son el precio que pagamos por la luz.



VÍCTOR-M. AMELA