divendres, 12 de juny de 2009

LUCIO MARGULIS, creador y coordinador de juegos serios reales y virtuales

“Si queremos ser serios, debemos jugar más”





Tengo 41 años. Nací y vivo en Buenos Aires. Soy maestro, me especialicé en Técnicas de la Educación y he estudiado Recreación y Juego. Soy asesor de diversas universidades, escuelas de negocios y gobiernos. Vivo en pareja y tengo dos hijos. Creo en la emoción y en los valores



El juego es la mejor manera de aprender.

Estoy de acuerdo, pero ¿qué es eso del juego serio?
De la misma manera que los niños aprenden y resuelven sus conflictos mediante el juego, lo pueden hacer los adultos.

Pero ya no somos niños, por desgracia.
Investigaciones en neurociencia han demostrado que hay una profunda relación entre las manos y la mente. Cada mano responde a uno de los dos hemisferios, el racional y el emocional, de manera que al expresarnos con las manos liberamos los pensamientos inconscientes y las emociones.

¿Y cómo se juega?
Hace ya algunos años que creé la consultora internacional Juego Serio y me asocié con Lego Serious Play para, mediante esas pequeñas piezas, poner a jugar y a resolver problemas a grandes compañías y gobiernos como el catalán, gallego, vasco y chileno, y organizaciones de todo tipo.

¿Quién juega?
Todos los integrantes de una organización. La idea es: si todos podemos aportar, ¿cómo lo hacemos? En algunos casos jugamos con piezas de lego; en otros, con técnicas de teatro, música..., todo tipo de actividades lúdicas que fusionan lo mejor de las artes y las letras con el management.

¿Se juega con las ideas?
...Y con los problemas. En el caso de Lego se construye la problemática y se analiza; en el caso del teatro, se escenifica y se improvisa.

¿Funciona?
Llevo más de 300 talleres en Europa y Latinoamérica y estoy convencido de que el mundo necesita un cambio de mentalidad.

De eso estamos casi todos convencidos.
Un mundo con gente jugando con la incertidumbre, donde no importe qué profesión tengas sino lo que puedes aportar a los demás desde tu paradigma, tus ideas, tus emociones y tu experiencia, debería transformar este planeta sumido en una crisis de ideas, de modelos, y de valores.

Póngame un ejemplo.
Era un momento bastante crítico entre Argentina, Chile y Bolivia. Argentina le había cortado el gas a Chile y estuvimos jugando con el director de una compañía de energía del gobierno chileno, construimos con piezas de Lego el peor escenario, luego el ideal y las posibles soluciones.

¿A qué jugó en Barcelona?
A construir la escuela del futuro con gente de la Administración, pedagogos, profesores, padres y alumnos. Montamos y analizamos, siempre mediante el juego, el escenario real, donde no se aprende haciendo, sino escuchando. Y luego la escuela del futuro. Se sorprendería de las fantásticas ideas que aparecieron, y sin discusiones.

La herramienta puede ser el Lego o un pedazo de barro.
Sí, pero el Lego Serious Play no es sólo una herramienta, es una metodología que se diseñó para que cada persona pudiera expresarse en tres dimensiones. La gente tiene cuatro minutos para responder construyendo una pregunta y sobre eso avanzamos.

Tiene más de psicología que de juego.
Cuando ves jugar a alguien, lo ves tal como es y no como dice ser. La construcción representa su modelo mental y sus emociones porque la presión del tiempo provoca que no pueda controlar. Y desde el juego es más fácil hacerle ver otras posibilidades.

A menudo pone usted a jugar con las organizaciones a artistas y científicos...
Cualquier persona que piensa de manera diferente aporta soluciones diferentes. Jugar, por ejemplo, a imaginar lo peor de una situación con diferentes personas es de una gran riqueza, y como es un juego nadie se tensa, pero lo que has visto crea conciencia.

¿Conciencia aplicable en la vida?
Así es. Los pilotos simulan todo tipo de situaciones: si eso pudiera hacerlo un director de empresa, cometería menos errores.

Nos pasamos la infancia jugando y no por ello lo hacemos mejor en la adultez.
Durante el parvulario todo es juego, pero cuando los niños entran en la escuela primaria aparece un profesor que les dice “yo sé y ustedes no saben”, y el juego queda reducido a los recreos. Yo fui despedido de muchas escuelas y tuve muchos problemas cuando trabajaba en el Ministerio de Educación argentino por estar en contra de ese modelo.


¿Qué proponía usted?
Por ejemplo, les ponía música de los Beatles y averiguábamos entre todos qué quería decir John Lennon con Imagine; y nos documentábamos y hacíamos un juicio a una generación histórica. Aprendían jugando. Pero todo eso no gustaba. En el Ministerio de Educación organicé una campaña de los derechos del niño a través del humor.

¿Chistes sobre los derechos del niño?
Sí, dibujos de humoristas con chistes sobre cada uno de los derechos de los niños. Se trabajaron temas muy serios mediante el humor. Fue un éxito, el mensaje llegó a todo el mundo, niños y adultos interiorizaron esos derechos, pero al ministro de Educación, un ingeniero agrónomo, le pareció poco serio.

Usted ¿qué ha aprendido jugando?
Primero, que se aprende haciendo, y segundo, que no se puede separar lo racional de lo emocional. Mucha gente intenta dejar lo emocional en casa y lo único que consigue es reprimirse. La mayoría de los problemas que he trabajado en las organizaciones tiene que ver, en el fondo, con la comunicación y las relaciones entre las personas.



Jugando a imaginar

Cinco años maestro de una escuela primaria, dos de director de un parvulario, cuatro en el Ministerio de Educación y uno viajando por el mundo y viviendo en sesenta familias distintas, tiempo suficiente para darse cuenta de que si queremos ser serios debemos jugar más. Empecinado en esa idea acabó creando una consultora internacional de Juego Serio y ya ha puesto a jugar, para encontrar soluciones creativas ante todo tipo de reto, a organizaciones públicas y privadas de medio mundo. “En Catalunya estamos haciendo un proyecto, la escola del futur, en el 22@; llevamos un año jugando con padres, niños, gente de la Administración, maestros..., todos construyendo lo que debería ser la escuela del futuro”.


IMA SANCHÍS
(Foto: Marc Arias)