dissabte, 31 de gener de 2009

MANOEL DE OLIVEIRA, director de cine centenario

"Lo que salvaría al mundo es algo simple: el respeto al otro"


Tengo 100 años. Nací y vivo en Oporto, en una casa donde hubo un solo nacimiento, el mío, y una sola muerte, la de mi padre. Casado desde hace 69 años. Tengo 4 hijos, 6 nietos y 3 bisnietos, una vida completa. Me interesa el arte, no la política. Mi creencia espiritual es la duda


¿Sigue enamorado tras 69 años?
Claro, porque el amor con el tiempo cambia, se va haciendo espiritual. Al principio domina la juventud, un momento que perdura en la memoria porque está preñado de felicidad, aunque la felicidad nunca se tiene.


¿Ni un instante?
Se está contento o descontento, pero la felicidad sólo se halla en el recuerdo, sólo los años te hacen ver que de por sí la juventud proporciona felicidad.

Pero preferimos no volver atrás, aquel que fuimos ya no nos interesa.
Como decía mi padre: parar es morir. Nuestro camino es andar, somos juguetes del destino: lo que da a uno es lo que quita a otro, y no se sabe por qué.

Saltador de pértiga, aviador, corredor de coches... ¿Qué lugar ha ocupado el cine?
El lugar del cine es la expresión, se trata de la interpretación que cada uno tiene de la vida, pero no de que yo quiera contar nada; simplemente, me veo sometido a los caprichos y los impulsos de la naturaleza; de manera que lo que he contado ha sido la vida.

La vida según Oliveira.
Tobias Espinosa decía que pensamos que somos libres porque ignoramos las fuerzas oscuras que nos dominan. Sabemos por instinto, como los animales, que lo saben todo sin poner un pie en la escuela.

Cuando cumplió los 64 años había rodado tres películas.
El cine es extremamente dependiente del dinero; pero en su esencia el cine es artesanía, la industria son los laboratorios y los estudios. El artesano hace las cosas siempre diferentes, la industria repite lo mismo hasta la saciedad.

Y a partir de los 70, más de 40 películas.
La necesidad de pintar no es la misma que la de mostrar lo pintado. Vermeer vendió sólo un cuadro, pero creó muchos a lo largo de su vida.

Entiendo, algo así como una necesidad.
Sí, porque en el momento en el que uno se expresa es como una pausa, porque impide pensar en otras cosas, es el momento en el que uno intenta alcanzar el absoluto.

Una de sus películas, A visita, es su legado para después de su vida.
No tiene nada de extraordinario, habla de mí mismo, lo cual me da pudor, por eso prefiero estar muerto cuando se estrene. Pero no hay nada de escandaloso o provocador, habla de un tiempo, de una casa que construí y en la que viví durante 40 años, donde tuve y eduqué a mis hijos y a mis nietos, donde he jugado, y después me vi obligado a perder, pero me queda la memoria.

Cuénteme.
La verdad está en las paredes de esa casa. Verá, un día, con otros realizadores, fui a visitar en París una sala llena de espejos. Alguien dijo que aquellos espejos guardaban muchas memorias. Si pudiéramos extraer sus imágenes tendríamos una historia verdadera; pero nuestra memoria es corta y caprichosa, atesora cosas que no son importantes, las importantes son otras.

Pero las paredes de su casa no pueden hablar y usted sí.
Sí, pero ellas no le mentirían.

No me importa que me mienta.
Yo soñé o yo pensé, ¿qué diferencia hay?, ni siquiera nosotros mismos sabemos si lo soñado fue pensado o lo pensado soñado; aun así, procuro no mentir.

¿Por qué?
No me gusta la falsedad. Lo que salvaría al mundo es algo muy simple: el respeto por el otro. Así debería ser.

Hábleme de aquellos recuerdos felices.
¿Quién puede explicar qué es la felicidad...?, demasiado compleja.

Para cada uno tiene un significado.
Tengo recuerdos felices, pero son mis secretos; y están más en los afectos que en el cine, que sólo es una tentativa de decir algo.

Tras cien años observando el mundo, ¿qué piensa del ser humano?
El ser humano es un bicho terrible, el peor de todos. En los animales irracionales la relación entre lo femenino y lo masculino tiene un único fin: la continuación de la especie, y luchan por ello, pero no albergan sentimiento de venganza, que es el sentimiento más antiguo del ser humano. Lo que está pasando en Gaza ya ocurrió hace mucho tiempo en el mismo lugar con Sansón.

¿?
Apartó las columnas y todos murieron, por venganza. Ganarán unos u otros, pero el sentimiento de venganza quedará.

¿Cuál es la mejor virtud humana?
La santidad, y si quiere saber lo que es, debe preguntárselo a los chinos.

¿A los chinos?
Sí, en tiempos de Mao, cuando un hombre alcanzaba una edad muy avanzada se convertía en santo.

¿Es usted santo?
Hay que alcanzar los 120 o 140 años. Yo por ahora sólo soy un buen pecador.

¿Cuál es su mayor pecado?
Amar a las mujeres, porque son las madres de la humanidad. La mujer es la tierra, el hombre sólo la semilla, prescindible.

¿Qué le gusta de las mujeres?
Antes el humano era un andrógino, una unidad esférica que vivía feliz y no pensaba. Cuando se dividió, sólo el encuentro con el alma gemela nos permite vivir el absoluto.

¿Usted cree en eso?
Yo soy un hombre de buena fe y me lo creo todo.



Un siglo de cine

Da la impresión de que su secreto -no tener edad, vencer a la muerte neuronal- tiene que ver con su pasión por la dialéctica y el juego. "Usted no contesta a ninguna pregunta", le digo tras una hora y media agotadora. "Es que me habla de filosofía", me contesta con una media sonrisa. "Es usted el que habla de filosofía, yo le pregunto sobre la vida", protesto. "Es que todo está mezclado -me responde-, se trata de una gran confusión". "Sí, es sorprendente -me cuenta Luis Miñarro, productor de Singularidades de una chica rubia, en proceso de montaje-. Su modernidad y sutileza son ya escuela". Y lo es su propia vida, director que a partir de los 70 años, superadas dictadura y estrecheces, se puso a crear.



IMA SANCHÍS