dijous, 22 de gener de 2009

ANTONIO ISASI-ISASMENDI, guionista, director y productor de cine

"Hay una mañana trágica en mi vida que se ha repetido"


82 años. Nací en Madrid y vivo en Eivissa. Viudo dos veces, 3 hijos, 5 nietos y 3 perros. Autodidacta. He sobrevivido a Churchill, Stalin, Azaña, Negrín, Franco... La libertad, hacer lo que quieres sin perjudicar a nadie, es algo muy difícil. Soy escéptico, creo en el amor y la amistad


¿Hijo de un militar y una corista?
No, hijo de un capitán bastardo y de una primera actriz 14 años mayor que mi padre, algo que en aquella época era un escándalo.

Entonces, es usted hijo de un gran amor.
Así es. Ami madre la casaron con 17 años, y el marido, un importante industrial catalán, se enamoró de otra y tuvo una idea maravillosa para deshacerse de mi madre: la llevó a América y la abandonó en Buenos Aires.

No está mal.
Allí mi madre encontró un hombre bueno, un empresario de teatro que la convirtió en actriz. Volvió a España como primera actriz y conoció a mi padre, hijo de una familia burguesa de militares. Una unión imposible: un hombre joven y guapo con una actriz de teatro, algo horrible para su familia. Él lo abandonó todo para irse con ella.

Incluidos a los militares.
Sí, acababa de llegar de la guerra de Áfricay se acogió a la ley de Azaña que permitía abandonar la carrera con una paga.

¿La suerte acompañó a los amantes?
Sí, nos fuimos a vivir a Eivissa, el oficio de mi padre a partir de entonces fue hacer feliz a mi madre, una bonita profesión. Luego nos fuimos a Girona, pero manteníamos un piso en la Rambla, y se nos ocurrió volver el 18 de julio en un Bugatti de carreras - mi padre era muy aficionado a los coches-.Yo tenía 9 años y una vida maravillosa.

¿La familia estaba más tranquila?
No, no querían saber nada de nosotros. El paludismo que mi padre había contraído en Áfricase lo llevó: murió a los 37 años, durante la guerra, y todo se volvió gris.

¿Pasaron la guerra en Barcelona?
Sí, yo no pude ir nunca al colegio. Todo lo que he aprendido ha sido gracias a mi madre, que me enseñó a desenvolverme en la vida y me metió en el camino del cine.

¿Ella volvió a actuar?
Hizo lo que pudo: estraperlo, doblaje y actuaciones en el frente, hasta que consiguió ser profesora del conservatorio del Liceu.

¿A qué edad empezó usted a trabajar?
A los 12 años vendía bombones en el cine Savoy y luego entré en el mundo del cine como chico de los recados. Aquel mundo me pareció maravilloso.

¿Cuál ha sido su virtud?
La osadía, que aprendí de mi madre.

¿Adónde le ha llevado esa osadía?
De chico de los recados a productor y director de los mejores actores americanos del momento, estrené en 40 cines de Nueva York. Las Vegas 500 millones es una película sobre un asunto americano, rodada con los mejores actores de ese país, que transcurre en América, se rodó en España y se estrenó en Nueva York. Llegué a hacer coproducciones con cinco países y levanté los estudios de cine de Barcelona, que aún funcionan.

¿Hablaba inglés?
Lo aprendí en la calle. Siempre tuve complejo por no haber estudiado ni lo más elemental. Cuando ya era guionista me pasaba la vida rellenando mis lagunas intelectuales.

Se retiró joven.
Estaba cansado de tanto trabajar. Hacer cine en la posguerra fue muy complicado: para pagar las dietas de los actores norteamericanos, los del equipo debíamos ir al banco y decir que nos íbamos de viaje para que nos dieran 60.000 pesetas. En cincuenta años de cine no pude disfrutar de los amigos, así que me fui a Eivissa a eso, a disfrutar de la vida.

Habiendo tenido una madre tan maravillosa, ¿con quién se casó?
Con mi novia eterna. La conocí a los 17 años y nos casamos cuando cumplí 26. Fui muy feliz con ella.

¿Qué le ocurrió?
Las dos mujeres maravillosas que he tenido en mi vida se me han muerto de lo mismo. Hay una mañana de mi vida que se ha repetido: hace sol, soy feliz, todo va bien... "Antonio, mira, me ha salido un bultito". Así suceden las cosas, primero María Teresa y después María, a la que conocí cuando me retiré. Vivimos dieciocho años imborrables.

...
Compré un terreno y construí una casa para ambos y ya no he querido vivir más en ella, hice un bungalow abajo para vivir solo. En la casa de arriba se instalan los amigos.

Tres mujeres maravillosas en su vida.
He sido un hombre afortunado. También tuve una larga relación con Marisa Paredes y tenemos una hija, María Isasi, una gran actriz, pero nuestra convivencia fue difícil.

¿Qué ha buscado usted?
La ternura y la tranquilidad de compartir. La vida en soledad me parece cruel. El amor y la amistad son lo esencial, sin eso no hay nada... ¿Dinero?

¿?
Yo he pasado periodos de mi vida sin dinero en los que he sido muy feliz; el dinero es para repartirlo y sólo así se disfruta. La necesidad me enseñó a vivir, no tengo un rastro amargo de mi niñez; pero recuerdo los bombardeos nítidamente: por las noches, cientos de personas nos íbamos en tren a dormir bajo el túnel de Vallvidrera. Son cosas que ahora parecen un sueño.

¿La felicidad no depende tanto de las circunstancias como de la pasión de vivir?
Sí, exactamente es eso. Has de ir a por lo que quieres, y si lo haces con pasión lo consigues. En la vida hay que poner corazón; el dinero está bien, pero lo bonito es agarrar una mano cálida, que ese calor se transmita de mano a mano y de ojos a ojos, ¿verdad?


"Yo es otro"

Posiblemente, el único productor y director internacional que ha dado el cine español en la peor de las épocas: la posguerra. Estrenó sus películas en los mejores cines de Nueva York y rodó con los mejores actores norteamericanos del momento. Sus premios y distinciones avalan una larga y brillante carrera. Empezó y se retiró joven. Su segunda vida transcurre en Eivissa, donde arrancan las memorias de su infancia, Los días grises (Aguilar), en un intento de contarse quién era aquel niño huérfano de padre, que nunca pudo ir al colegio y al que le estalló la Guerra Civil con 9 años, mientras él y su madre intentaban sobrevivir en Barcelona. "Yo era uno de aquellos niños sin futuro".


IMA SANCHÍS