divendres, 23 d’octubre de 2009

THOMAS GILOVICH, que investiga falsas creencias; colabora con la Fundació Ernest Lluch

"Los medalla de bronce están más contentos que los de plata"



Tengo 55 años: envejecer, pese al cliché, nos hace más felices. Soy de California, pero, lo siento: no me gustan los músculos ni la playa. Tengo gemelitas sin haber adoptado antes. La religión da felicidad, porque te integra en una comunidad. También la da un club de fútbol



Tras los JJ. OO. de Barcelona, estudiamos la satisfacción de los medallistas...

... Proporcional a sus logros... Supongo.
... Mal supuesto. Contra pronóstico, los medallistas de bronce estaban más satisfechos que los de plata.

¿Por qué?
Los platas, en vez de asumir la responsabilidad en su "derrota", tendían a achacarla a la mala suerte: la dirección del viento; la falta de concentración... Cualquier cosa...

Es menos frustrante fracasar del todo que llegar a triunfar... Casi.
... Al no asumir su actuación evitaban la sensación de derrota, pero también la compensación de la "casi" gloria.

¿Por qué?
Los bronces, en cambio, asumían con facilidad su actuación y se sentían "casi" ganadores al compararse con los cuartos y quintos.

Más que ganar, debes creerte ganador.
Mi especialidad como psicólogo social cognitivo es combatir falsas creencias.

¿Desmiente las leyendas urbanas?
Con estadísticas: clichés, estereotipos, efecto halo, causas aparentes y ocultas...

¿Cuál es la falsedad que más le duele?
Que existe una justicia metafísica más allá de la humana que acaba premiando y castigando todas las buenas y las malas obras.

¿No existe la justicia poética?
Sólo en la poesía. Si existiera: ¿por qué conocí a un niño de cinco años que murió de leucemia entre horribles sufrimientos? ¿Qué terrible pecado había cometido?

¿...?
Pues tenemos tal habilidad para contarnos a nosotros mismos historias que confirmen nuestras falsas creencias que me han llegado a contestar: "Algo habría hecho el niño en su vida anterior".

Justicia humana es un oxímoron.
La falsa creencia es el atajo que tomamos para ahorrarnos esfuerzo mental y la tarea de suspender el juicio y aceptar que el mundo es más caótico de lo que queremos creer.

Por ejemplo...
Es falso que existan las rachas de suerte: ni en el deporte, ni en el juego ni en la bolsa. Y lo hemos estudiado estadísticas en mano hasta el punto de que la NBA se interesó por nuestros resultados.

Y...
Los jugadores no aciertan más en rachas: en cada ocasión aciertan o fallan igualmente independientemente de qué hubieran hecho antes. También es falso que cuando adoptas un niño te quedas "embarazado" o la superstición de que tiene mas posibilidades de sufrir un percance el aviador, bombero o torero que cambia su turno con otro colega.

¿Por qué lo creemos?
Porque cuando alguien que adopta se queda "embarazado", todo su entorno lo comenta. Del mismo modo, cuando, como le pasó al Yiyo u otros pilotos o bomberos, que cambian turno y sufren accidentes, todo el mundo repite incansable: "¡Fíjate: no le tocaba a él morir!". Y la insistencia al repetir una anécdota la convierte en categoría y casi en profecía para todo el grupo.

¿Por qué hay clichés raciales?
Si le digo que soy californiano, pensará que hago pesas y vivo en la playa, y, sin embargo, me paso la vida en la biblioteca. Tendemos a pensar que los miembros de otro grupo son más iguales entre sí de lo que somos nosotros en nuestro propio grupo.

¿Por qué?
De nuevo por pereza mental: es más cómodo inventarse categorías que aceptar la inmensa complejidad del universo y que cada individuo es diferente. Así nace el racismo.

¿Y las profecías autocumplidas?
Tal vez creer que está en racha le dé alguna seguridad, pero no tiene reflejo en las estadísticas. En cualquier caso, también habría profecías autoincumplidas opuestas: creerse muy seguro conduciendo podría hacerle más proclive a tener accidentes.

¿Y si me creo un genio: llegaré a serlo?
Los Beatles -demuestra Madwell- o Bill Gates no fueron sino especialistas que invirtieron miles de horas más en lo suyo que los demás.

¿Por qué los consideramos genios?
Porque es más bonito hacer creer que gozas de un don innato y mágico para la música o la informática. Nadie explica la aburrida verdad de que metió miles de horas en ensayar mientras sus amigos veían la tele.

¿Le perdonan el triunfo esos amigos?
También ellos prefieren pensar que no son genios simplemente porque tuvieron mala suerte en vez de aceptar que el genio lo es porque trabajó más que ellos.

¿Por eso falla la cultura del esfuerzo?
Falla por lo que denominamos pluralistic ignorance no molan -y en cambio alardean de pasar muchas más en el bar. Y exhiben sus borracheras. Así que los pobres crédulos que creen e imitan esa farsa acaban alcohólicos y suspendidos.

¿Ser empollón garantiza el éxito?
Proporciona hábito de trabajo, que suele ser la puerta de cualquier habilidad. Y además está el efecto halo, por el que tendemos a creer que alguien que hace bien una cosa también hará bien todas las demás.

¿Y no es más fácil acertar dos veces?
¡No! Pero ese efecto hace que los periodistas pregunten a estrellas del pop cómo solucionar el hambre en el mundo. Y así llegó Reagan a presidente.



Piensa más y acierta

Mejor -al menos para la autoestima- llegar tercero que segundo. Contra lo previsible y según el sermón, son más bienaventurados los que llegan después. Gilovich desafía los clichés con estadísticas que demuestran que nuestra mente es vaga y prefiere inventarse normas a aceptar que el universo es más complejo de lo que nos molestamos en discurrir. Por eso apunta que lacras como el racismo y los prejuicios de todo tipo son sobre todo fruto de la pereza mental y por lo tanto se combaten usando la inteligencia. Al final, me da un consejo: "Si hace un test de múltiples opciones y duda, no se quede con su primera corazonada: acertará más -pese a la falsa creencia- si piensa su respuesta dos veces".



LLUÍS AMIGUET