dijous, 22 d’octubre de 2009

KAZUHITO YOKOI, padre del robot humanoide más avanzado del mundo

"Mi robot ha desfilado vestida de novia"



Tengo 47 años. Nací y vivo en Japón. Estoy casado y tengo una hija. Hace años yo era un oficial gubernamental y en política debía mantenerme central, pero siempre me ha preocupado la felicidad de las personas. Como muchos japoneses, no tengo ninguna creencia espiritual



HRP-4C le llama papá?
No, porque yo me considero más un hermano que un padre.

El nombre no es muy romántico.
Se llama Miin; HRP-4C es el modelo. La diseñé para la industria del entretenimiento, espectáculo, animación, películas..., que en Japón es una industria muy potente. Y Miin se desenvuelve muy bien, triunfó en las pasarelas desfilando con trajes de novia.

¿?
Camina, habla, canta y tiene apariencia humana. Mide un metro cincuenta y cuatro centímetros, que es la altura media de las japonesas, tiene su misma estructura corporal y una bonita melena negra.

¿Piensa?
No, y tampoco tiene sentimientos.

¿No es ese el futuro de los robots?
Algunos investigadores aspiran a construir un robot que tenga emociones, pero yo no; para mí un robot es una máquina, como un teléfono. Claro que es posible ponerle ciertas emociones al móvil, pero para qué.

Si queremos que un robot interactúe con los humanos, debe aprender relacionándose con nosotros.
Sí, hay muchas investigaciones al respecto y está claro que si los robots pudiesen aprender de las personas serían muy útiles, pero es un poquito difícil conseguirlo.

¿Por qué?
Algunas personas no tienen dificultad en mostrar sus sentimientos y en expresar lo que les gusta y lo que no les gusta, en ese caso es fácil que el robot comprenda sus emociones.

... Pero no las de los retorcidos.
Claro, algunos, aunque estén sonriendo, por dentro están enfadadísimos o muy tristes.

Entonces, primero tiene que evolucionar el ser humano.
Tal vez, porque ese tipo de interacciones también son muy complicadas para las personas. Aunque se está investigando en la emocionalidad y el pensamiento de los humanoides, tecnológicamente, más allá de rudimentos de laboratorio, todavía no es posible. Fíjese en Miin.

Sonríe.
Está programada para que si alguien le dice algo descortés ponga cara de enfadada, así que expresa cierta emoción, reacciona como una persona, pero es un programa.

¿Para que los robots tengan sentimientos deben aprender a sentir?
En ingeniería, sentir y reconocer es lo mismo. Algunos investigadores trabajan en esas cuestiones. La principal dificultad es la evaluación de los estímulos. Si un robot hace algo como ponerse una botella en la cabeza y tú te ríes, entenderá que eso que ha hecho no es algo habitual y así podrá ir comprendiendo cómo reaccionamos.

Les cuesta discernir.
Si encontramos un buen método para comprender lo que siente una persona, los robots podrán aprender. Hay robots personales que pueden aprender con facilidad a interactuar con sus amos. Pero si van destinados al público es fácil que se confundan.

La cara y las manos de Miin parecen humanas.
Son de silicona. Cuantos más sensores le pongas bajo la piel, más sensibilidad tiene y puede percibir dónde le estás tocando, pero con Miin no lo hemos hecho, ¿para qué?

...
Físicamente, Miin es el robot más avanzado, pero no en su inteligencia, se puede conseguir mucha más interactividad utilizando ordenadores más potentes y muchos más sensores; pero si quiere saber qué es lo que a mí más me sorprende, se lo contaré.

Por favor.
Robots capaces de hacer operaciones de una precisión que la mano humana no puede conseguir, pero son los médicos los que dirigen la máquina. El médico hace un movimiento de cinco centímetros y el robot lo traduce a 0,5 milímetros. Y otro tema apasionante es el exoesqueleto, gente que tiene por ejemplo las piernas paralizadas se pone encima, como un guante, un robot que mueve sus piernas y consigue que caminen.

¿Los robots hogareños son el futuro?
Es un gran campo. El robot hogareño de mayor éxito es un aspirador que te aspira toda la casa sin tropezar con ningún mueble.

Yo me refería a robots que preparen el desayuno, limpien la casa, laven la ropa…
Si hay demanda se desarrollarán, tecnológicamente es posible.

¿En Japón tienen algún comité de ética respecto a los humanoides?
No, el Gobierno está creando una normativa de seguridad para los robots, pero no tiene nada que ver con la ética. Los japoneses no tienen miedo de los humanoides. En las películas y animaciones de Japón el robot siempre es el amigo, así que no nos inquieta estar en un futuro rodeados de robots.

¿Ha visto Blade runner?
Es una película de Hollywood, muy alejada de la idiosincrasia japonesa. Algunos investigadores están trabajando en crear interface con los cerebros, una conexión entre máquina, ordenador y cerebro con conexiones directas, como los personajes de Matrix.

A los replicantes de Blade runner se les implantan sueños y recuerdos.
Para conseguir eso es necesaria una conexión cerebro-máquina y, en mi opinión, aunque todo es posible, algunas cosas no nos gusta hacerlas; es una decisión nuestra, no se trata de que sea posible o no.




El sueño de Yokoi

Este doctor en Ciencia de Ingeniería Mecánica está considerado una eminencia mundial en robótica. Su especialidad son los robots humanoides. Ha venido a Barcelona a participar en el programa Asia Innova, organizado por Casa Àsia y la Fundación Ramón Areces, y a presentarnos a Miin, una estupenda robot de apariencia humana, única en su especie. Pero cuál es el sueño del señor Yokoi... "Crear un robot humanoide que me acompañe en mis viajes". ¿Que suba al avión y se ponga el cinturón? Sí. ¿Una especie de secretaria? "No, no..., yo quiero ser su secretario. Quiero a mi lado una gran estrella de cine que cante, baile y sonría mucho, el nivel tecnológico me lo permite, así que la próxima...".



IMA SANCHÍS