divendres, 3 d’agost de 2007

IVÁN TUBAU, poeta

“Yo quiero ser actor de culebrón”






Tengo 69 años, bonito número. Nací en un bombardeo de Barcelona. Me jubilo como catedrático de Periodismo Cultural en la UAB: ¡quiero interpretar otros papeles! No soy ni soltero, ni casado, ni viudo, ni separado, ni divorciado. Tengo tres hijos, Natalia (45), Daniel (44) y Omar (19). Defiendo el pensamiento ilustrado y combato la fe



–Sus clases en el césped son míticas.
–No eran ni orgía ni merendola. Comprobé que ahí bullían mejor las ideas, los alumnos se soltaban más, eran más creativos. Una cosa socrática y gestáltica. ¡Mi última clase la he impartido sobre el césped!

–¿Se jubila?
–Sí. Después de 32 años de interpretar el papel de profesor de universidad, ahora quiero interpretar otros papeles.

–¿Está definiéndose como actor?
–Sí. Lo fui ya antes de ejercer de profesor (por su buena ratio tiempo libre-sueldo) lo mejor posible, y aún sigo siéndolo.

–Interpretó películas pornográficas, creo.
–Eróticas (malas, porque les faltaba sentido del humor). Algunos profesores de universidad dejaron de saludarme por ello...

–¿Qué papel le apetece interpretar ahora?
–Cualquier personaje de una película o de un culebrón televisivo. ¡Culebrones como Ventdelplà o como Hospital Central son mejores obras que las de Kiarostami!

–¿Qué tiene contra Kiarostami?
–Que la peor muerte es la muerte por aburrimiento. Hay pesadez para papanatas.

–Es actor... y crítico de cine, veo.
–Mi tesis doctoral versó sobre la crítica de cine francesa y española. Fui crítico de cine.

–Vaya, no sabía. ¿Y qué más ha hecho?
–Dibujé viñetas de humor gráfico en La Codorniz, viví de hacer caricaturas por toda Europa, hice radio en 1956, me doctoré en Literatura Francesa y en Periodismo, me licencié en Arte Dramático, fui reportero y entrevistador en TVE, escribo poesía, publico artículos en prensa...

–De todo, ¿qué ha sido lo más importante?
–La vida misma: es decir, tener sexo. He escogido trabajos que me permitiesen tener sexo en mañanas de días laborables.

–Ah... ¿Sexo a toda costa?
–¡Cuanto más, mejor! Libre, adulto y consentido. Y, de entrada, heterosexual (pero no soy dogmático).

–¿Sexo, más que amor?
–El amor existe cuando lo hacemos. Si no, no existe. Soy antirromántico, abomino del sentimentalismo. Y de la fidelidad.

–Es usted infiel.
–No, pues como no creo en la fidelidad, ¿cómo traicionar algo en lo que no creo? No engaño: a los 30 y pico dejé de enamorarme.

–¿Qué les ha enseñado a sus alumnos en su última clase?
–Les he pedido que contasen en voz alta sus planes profesionales. Me he limitado a escuchar, haciendo alguna apostilla.

–¿En qué lengua?
–Yo siempre en la de mi interlocutor. En catalán y castellano, indistintamente. A veces he publicado artículos escritos en parte en catalán y en parte en castellano.

–En plan Ciutadans.
–He votado a este partido, y opino que ahora debería convertirse en apéndice catalán del partido de Savater. Entre tanto, apoyo al Partido Antitaurino: ¡odio que se torture a un ser vivo por mero espectáculo!

–En eso coincide con ERC.
–Y hasta entiendo su proyecto de independencia. ¡Lo que execro es el nacionalismo!

–¿Por qué?
–Porque el nacionalismo, como el comunismo, como el islamismo, como el cristianismo, te dice que hay algo por encima del individuo. La nación, en este caso. ¡¡Me niego!!

–¿No hay nada por encima del individuo?
–Poner al individuo en función de un dios, un partido o una nación es aberrante, inhumano. Yo milito sólo en el pensamiento ilustrado, en la razón y el empirismo.

–Bien, pero ¿se siente catalán? ¿Se siente español?
–¿Sentir? ¡Yo me identifico con la razón, no con eso de “sentir”! Todos mis apellidos son catalanes desde hace siglos, ¿y qué? Soy catalán por padrón y español por DNI. ¡Y basta! Odio las banderas. Odio los himnos. Y el español tenía la ventaja de no tener letra... ¡y ahora quieren metérsela, claro!

–Pero tendrá usted una identidad, Tubau...
–Sí. Soy Pastecca.

–¿Perdón?
–Así firmé mis caricaturas humorísticas de jovencito. Creo que sigo siendo Pastecca. Y lo que nunca dejaré de ser es periodista.

–Y un punto anarquista.
–Libertario. Mi padre, cofundador de la FAI, era nudista, naturista, esperantista... Quizá se me pegó algo... Y mi abuela materna, Maria Bellapart, fue cofundadora del PSUC: la buena mujer creía en San Lenin.

–¿Y eso no se le pegó?
–Pues no: ella tenía fe, y yo, en cambio, he combatido la fe. En Mayo del 68 compartí en París barricada con Cohn-Bendit por eso: combatíamos todo dogma. ¡Allí, allí empezamos a minar el muro de Berlín!

–¿Batallitas, Tubau?
–¡El pasado me importa un bledo! Vivo en el siglo XXI y soy de izquierdas –para mí, equivale a usar la razón–, y por eso me resultan tan execrables Chávez, Evo Morales...

–¿No le entristece dejar las aulas?
–El mundillo universitario me asquea tanto como el de los poetas. Pero sí siento cierto pesar por dejar de ver cada año a un grupito de personas que siempre tienen 20 años.

–¿Los alumnos son el mejor formol?
–Aún tienen idealismo..., hoy encauzado hacia la suprema idiotez del nacionalismo, tan reaccionario. O al onegeísmo, que al menos algo ayuda... Siempre ha sido así.

–Y los profesores ¿en qué han cambiado durante estos 32 años?
–Antes éramos pintorescos, y ahora son típicos.

–Fin de curso: póngase nota.
–No. Ya me suspenderá la vida



Religión

Hombre proteico, vehemente y pintoresco, ha publicado 45 libros, de los que me regala algunos poemarios (‘Semen’, ‘Domicilios transitorios’, ‘La quijada de Orce’...) antes de empezar a hablar. Ahora quiere ser actor. Incluso de musical (me canta una tonada francesa: sí, entona bien). Admira los culebrones de TV3, pero cree que será difícil trabajar ahí, dadas sus posturas políticas: insiste en que el nacionalismo es una religión, y la patria “el último refugio de los pobres de espíritu” (Samuel Johnson). “Aquí, si no eres nacionalista catalán, te acusan de ser nacionalista español. ¿Yo? ¡Sería idiota!”, resume. Es racionalista de la vieja escuela y cáustico: “Los que no sirváis para otra cosa, siempre podréis ser profesores de periodismo”, les ha dicho a sus alumnos.


VÍCTOR-M. AMELA
(Foto: Mané Espinosa)