dimarts, 17 de juliol de 2007

MIGUEL LÓPEZ ALEGRÍA, cosmonauta con más horas de vuelo espacial

“Si sabe de un buen trabajo, avíseme”






Tengo 49 años. Nací en Madrid y me crié en California. Estudié aeronáutica en la NAVY y fui elegido entre 2.200 aspirantes para ser astronauta de la NASA, donde he sido quien ha concluido la misión más larga: 215 días. Cobro mucho menos que un piloto de Iberia. Separado, tengo un hijo de siete años que no quiere ser astronauta


–¿Cómo está su rodilla?
–Mejor, gracias. Acabo de volver del espacio, como sabe, volví en abril, y arrastro esta lesión ya hace años, pero empeora cada vez que paso tiempo en ingravidez.

–¿El espacio es malo para los huesos?
–Cada mes pasado en ingravidez, se pierde masa ósea. Para evitarlo, nos ejercitamos a bordo, unas dos horas y medias diarias. Y ahora, ya ve, estoy en plena recuperación.

–Pues parece que haya ido a correr.
–No, no puedo correr aún. He estado haciendo ejercicios en el gimnasio del hotel.

–¿Por qué ha vuelto tan lesionado?
–Porque las articulaciones acusan las tensiones al volver del espacio, donde estaban en ingravidez sin sufrir ninguna presión, y someterse ahora de nuevo a la gravedad terrestre. Ese vaivén no es nada bueno para ellas.

–¿Para qué sirven los vuelos espaciales?
–Satisfacen la innata necesidad humana de explorar, y si eso no le parece bastante, piense en el GPS y en los satélites de telecomunicaciones que lo hacen posible.

–La conquista del espacio sale cara...
–Yo le he dedicado toda mi vida y no me arrepiento.

–... Y los políticos le regatean recursos.
–Cada vez que hablo en público, veo enorme interés por la exploración espacial, pero cada año nos cuesta más sacar adelante el presupuesto en Washington, donde en teoría representan a ese público; así que en algún punto se pierde esta conexión entre el pueblo y sus representantes...

–El cosmos es el último destino turístico.
–Es otra posibilidad para el futuro de los vuelos espaciales, y no me parece mal. Al principio me pareció poco serio admitir turistas de pago a bordo de la estación espacial, pero al conocerlos he mejorado mi opinión.

–¿Por qué?
–He viajado al espacio con dos de ellos: el multimillonario norteamericano de origen húngaro Charles Simonyi, creador del Microsoft Office, ese programa que todos usamos...

–Dicen que un excéntrico.
–Un señor peculiar.Y también compartíamos astronave con la empresaria norteamericana de origen iraní Anousha Ansari...

–Bellísima.
–Muy competente, encantadora y gran compañera de vuelo. Mejoré mucho mi opinión sobre los dos cuando vi que, desde la Estación Espacial Internacional, llevaban un blog que logró treinta millones de entradas.

–¿Cuánto pagaron por el paseo espacial?
–Veinte millones de dólares cada uno. Y volvieron encantados de lo que habían visto y sentido: la ingravidez, la Tierra vista desde el espacio, el compañerismo a bordo...

–¿Invertiría usted en una empresa privada de vuelos al espacio?
–¿Por qué no? La cosmonáutica comercial está ahora como estuvo la aviación espacial en los años 30: despegando, pero con enormes expectativas de crecimiento.

–No sé si todo el mundo pagaría.
–A medida que se generalicen, los vuelos comerciales al espacio disminuirán de precio. No serán low cost, desde luego, sino más bien como aquellos vuelos transatlánticos que antes eran el viaje de toda una vida y hoy ya son habituales.

–¿Ha apreciado usted el cambio climático al contemplar el planeta desde el espacio?
–Pues sí, especialmente en la Antártida, en el Himalaya y en el Kilimanjaro... En general, lo he podido apreciar desde que vi el planeta por primera vez hasta ahora.

–¿Se ve que la Tierra es una cosita frágil?
–Cuando se ve desde allí, puedes sentir que nuestra casa no es indestructible.

–¿Tiene ganas de volver allí arriba?
–La verdad es que me estoy replanteando mi futuro muy en serio... He estado pensando y creo que, como cosmonauta, en mi carrera ya lo he hecho todo. He llegado a comandar la Estación Espacial. Y ahora tal vez pueda plantearme otras cosas. Y si no es en la NASA, tal vez será en otro sitio.

–¿De verdad quiere dejar la NASA?
–Hasta ahora llevaba toda mi vida dedicada al espacio: 15 años como cosmonauta, asumiendo en cada viaje más y más responsabilidad. Ahora, después de este última misión que he comandado, me planteo si tal vez podría crear más valor fuera de la NASA...

–Seguro que puede hacer muchas cosas.
–Me interesan mucho las relaciones internacionales, materia en la que me especialicé en la escuela Kennedy de Harvard: piense que la Estación Espacial Internacional ha sido posible gracias a la cooperación con los rusos, con los que he trabajado directamente.

–¿Piensa volver a España?
–¿Por qué no? También es mi país. Si sabe de un buen trabajo, avíseme.

–Además es usted un gran trabajador en equipo: habilidad crucial en el espacio.
–En diciembre, durante la misión del transbordador Discovery, trajeron un elemento externo que acoplaron, un panel solar, y ese panel era fundamental para la construcción secuencial,..

–La estación ya tiene sus añitos.
–... Hubo problemas y tuvimos que hacer una cuarta salida espacial, que no estaba prevista en nuestro programa de operaciones. La gente de Houston trabajó muchísimo, pero la coordinación entre el equipo de Tierra y los dos astronautas que salimos al espacio fue ejemplar. Y nada fácil, como sabe cualquiera que haya trabajado en la estación.

–¿Y su trabajo está bien pagado?
–...

–¿Cuánto le pagan?
–Mucho menos que a un piloto de Iberia.

–¿Cuánto le gustaría cobrar?
–Por lo menos como un piloto de Iberia.



Terrícolas

Paso una semana encerrado en el Kempinski de Fuerteventura con catorce premios Nobel, un grupo de doctorandos y un astronauta: es el Campus de Excelencia 2007. Descubro a López Alegría en una terraza frente al Atlántico; acaba de entrenarse y va sudado como un pollo con shorts de la NASA. Le pido una ‘contra’ ilusionado, porque los niños del ‘baby boom’ somos algo astronautas. López Alegría, el terrícola con más horas de vuelo de la NASA, me revela que cobra menos que un piloto de Iberia y que a él, de mayor, le gustaría ser otra cosa. Es lo que pasa cuando te vas al espacio, que la Tierra es cara y sigue dando vueltas. Ni siquiera su hijo Nicolás, de siete años, quiere seguir los ingrávidos pasos de papá; prefiere explorar el ciberespacio: logra parecidas emociones y sin ningún riesgo.



LLUÍS AMIGUET
(Foto: Juan Pujol)