dimarts, 22 de febrer de 2005

SYDNEY BRENNER, Premio Nobel de Medicina 2002

“De embrión, fuiste igual que un pez”




Tengo 77 años, nací en un pueblecito de Sudáfrica y vivo en Gran Bretaña. Soy biólogo. Estoy casado y tengo tres hijos, un hijastro y cinco nietos. ¿Política? Creo en la ciencia y en las capacidades humanas. Soy ateo, de familia judía. Me concedieron el Nobel por mis descubrimientos sobre la regulación genética de células y órganos


¿Cuándo decidió ser científico?
–A los diez años, cuando empecé a hacer experimentos químicos en el garaje de casa...

–Qué precoz.
–Todos los niños sienten curiosidad innata por los elementos de la naturaleza, y la escuela pronto esteriliza esas inclinaciones...

–¿Qué recuerda más de aquellos días?
–Los funerales.

–¿Cómo dice?
–A los 13 años debuté como plañidero profesional en los funerales de la sinagoga, donde oraba por los difuntos a cambio de unos dineritos pagados por sus familiares...

–¿Tanto necesitaba el dinero?
–Sí. Mi padre era un judío lituano emigrado a Sudáfrica en 1910, huyendo de la miseria. Trabajó toda su vida como curtidor... Durante cuatro años yo ejercí de plañidero: ¡por eso hoy me niego a asistir a funerales! Si pudiese, evitaría asistir al mío.

–Aún falta para eso...: ¡le veo muy vital!
–Cosa de mis genes.

–De eso sabe usted: como biólogo, fue pionero
en estudios genéticos...
–Mi obsesión ha sido ésta: ¿cómo los genes ordenan la estructura y función de los órganos? Descubrí el RNA mensajero, que transporta órdenes de los genes para que los aminoácidos construyan proteínas concretas...

–Que a su vez construyen los órganos...
–Sí. Por eso trabajé con el gusano Caenorhabditis elegans: para identificar qué genes rigen su pequeño cerebro de 300 células...

–A otra escala, ¿es lo mismo en humanos?
–Sí, pero con mayor complejidad. Porque las proteínas, a su vez, pueden inhibir o activar ciertas órdenes de nuestros genes...

–¿Podríamos inhibir así la muerte celular?
–Eso sucede en las células cancerosas: ciertos errores en la replicación celular suprimen en el ADN de la célula la orden de morirse: ¡así, las células cancerosas son inmortales!

–Malditas... Pero si un día controlásemos ese mecanismo, ¿podría yo ser inmortal?
–¿Y sería interesante la inmortalidad? ¿Qué sentido tiene vivir si no vas a morir?

–Sí, ya, bueno, pero... ¿sería posible o no?
–Podríamos ir cambiándole órganos, pero habría que ver si usted seguía siendo usted...

–¿De cuántas células estoy formado?
–De 100 millones de millones de células, es decir, de 100 billones de células.

–¿Y cuánto tiempo vive cada célula?
–Cada día se te mueren 100.000 millones de células, que se renuevan con otras tantas. Cada día renuevas una de cada mil células.

–Entonces, dentro de mil días ¡seré otro!
–Tus células serán otras, sí, pero tú no eres tus células: tú eres algo más que células...

–¿Qué más soy yo?
–Memoria, recuerdos... Hay ciertas células que perviven toda tu vida: las neuronas.

–¿Las neuronas no mueren?
–Sí, también se nos mueren unas 3.000 neuronas cada día, pero tenemos tantas...

–¿Y qué células son las más efímeras?
–Quizá las de las papilas gustativas, que se renuevan cada cuatro días. Las de la sangre y la piel se renuevan también a buen ritmo.

–Y todo eso programado genéticamente...
–Sí, pero tampoco creas que tú eres sólo tus genes. Incluso unos gemelos univitelinos, clónicos, presentarán con el tiempo diferencias –por ejemplo– en sus sistemas inmunitarios, por causas accidentales diversas...

–Cada individuo es único, pues: ¡soy único!
–Sí, aunque en su fase como embrión fuese usted idéntico a un embrión de pez...

–¿Yo fui como un pez?
–Y después su embrión fue igual al embrión de rana, y después al de pájaro, al de ratón... La evolución del embrión humano refleja la evolución de las especies que filogenéticamente nos precedieron...

–¿Qué campo de investigación le parece más apasionante de cara al futuro próximo?
–El relativo al cerebro humano. Explicar qué es la consciencia... Explicar mediante qué procesos aprehendemos el mundo... Explicar los procesos inconscientes...

–Muy ambicioso...
–Complejo. ¡Me sorprendería que hubiese una explicación simple para todo eso...! Pero quién sabe, quizá al final sí sea simple...

–¿Cómo deberían prepararse los científicos que quieran dilucidar todos esos enigmas?
–Como todo buen científico: que exploten una mezcla de pensamiento libre, atrevido, loco... con una disciplina muy estricta para contrastar todas las hipótesis hasta el fondo.

–¿Alguna otra cualidad necesaria?
–Ser un poco artesano, para trabajar bien en laboratorio. Ser muy tenaz en el trabajo. Y, lo más importante: ¡no enamorarse de las propias ideas, por bellas que sean! Si hay que echarlas a la basura, ¡se echan!, y a otra cosa.

–Aunque duela.
–Sí. También es útil tener sentido del humor, para no tomarse muyen serio: ¡ser pomposo es el pecado más imperdonable del científico! Si lo eres, mejor hazte abogado. Ah, y también conviene ser un poco ignorante.

–¿Ignorante? Me sorprende...
–Los mayores descubrimientos los han hecho científicos jóvenes o poco duchos en esa área. ¿Por qué? Porque ser un poco ignorantes los empujó a probar cosas que el sabio veterano descartaba, pues saber demasiado paraliza: “Eso no funcionará”, pontificas.

–¿Qué lectura recomendaría a todo joven con curiosidad científica?
Cazadores de microbios, de Paul de Kruif. A mí me influyó mucho.

–¿Y algún consejo?
–¡Creemos ya un banco para coleccionar el ADN de todas las especies vivas posibles! El ser humano destruirá toda criatura viva en este planeta, ¡seguro!, y ese banco permitiría que algún día pudiéramos recrearlas.


ENIGMAS
Estamos en un hotel y se niega a salir a la calle para la foto (fuera hace frío, eso sí). En algún sitio he leído que Brenner es arrogante, y temo lo peor... Pero no: la charla es amable y cordial, sonríe mucho y bromea sobre sí mismo. “¿Arrogante yo? Quizá sólo sea que suelo tener razón...”, dice entre risas. Éste es uno de esos hombres que han cambiado el mundo: trabajó junto a otros grandes cerebros del siglo XX como Jim Watson, Francis Crick, François Jacob, Jacques Monod... Entre todos han ido leyéndonos páginas enteras del libro de la vida y desvelándonos enigmas acerca de cómo estamos hechos... “Si la ciencia puede abrir una caja, ¡la abrirá!”, sentencia Brenner. Ha estado aquí invitado por la Fundació La Caixa y se puede leer su autobiografía en Viure per a la ciència (Bromera)


VÍCTOR-M. AMELA
(Foto: Jordi Belver)



1 comentari:

Vicky ha dit...

Si hi haguessin més científics, i sobretot polítics, amb la saviesa del Sydney Brenner el món seria molt millor!