dimecres, 30 abril de 2008

JOSÉ LUIS MILÁ SAGNIER, conde de Montseny

“Pilotar aquel avión me hacía cantar de felicidad”




Mañana cumplo 90 años. Nací en Barcelona y vivo en Esplugues. He sido abogado y fui piloto de cazas. Estoy casado desde hace 58 años con Mercedes Mencos. Tenemos seis hijos: Mercedes, Clementina, Reyes, José M.ª, Lorenzo e Inés. Soy demócrata, liberal, monárquico, católico


¿Cómo se ve el mundo desde los 90 años?
Aún no tengo esa experiencia: me falta un día, je, je...

¿Y cómo era el mundo cuando usted era niño?
Nací en la plaza Sant Jaume, en una casa entre la Generalitat y el Ayuntamiento, donde mi padre tenía su despacho de abogado. Éramos nueve hermanos, yo era el primer varón y acompañaba siempre a mi padre.

¿Algún recuerdo singular?
Un día nos avisaron de que Alfonso XIII estaba en la Diputación y quería ver a mi padre. Fuimos y... mire la foto: el niño soy yo.

El rey le pasa el brazo por el hombro.
Alfonso XIII otorgó título de conde a mi padre por su fomento de la industria catalana. Eso nos trajo problemas con la República.

Proclamada en esa plaza en 1931...
Tuvimos que exiliarnos un tiempo a París. Luego volvimos, hasta que las turbas asaltaron el piso y arrojaron todos los muebles a la plaza Sant Jaume, piano de cola incluido.

¿Corrieron peligro sus vidas?
Los milicianos iban a llevarse a mi padre, pero la policía lo protegió encerrándolo en el barco Uruguay, y se le canjeó por el político Casanella, que estaba en Francia. Mi padre se instaló en Bordighera, y allá fuimos.

¿Qué edad tenía usted?
Tenía 19 años... y sentí que no podía permanecer mano sobre mano lejos de mi país: volví y me integré en el Tercio de Montserrat.

Jóvenes católicos catalanes en el bando franquista.
Allí sólo hablábamos catalán. Franco nos envió a la batalla del Ebro, a primera línea: fue una masacre, vi morir a tantos amigos...

¿Tuvo la muerte cerca?
Yo cargaba con el mortero y lo disparaba. Una vez salí a cuerpo descubierto para ver desde dónde nos ametrallaban, orienté a ojo el mortero, disparé... y vi saltar por los aires la ametralladora. Acerté: era matar o morir.

¿Odiaba al enemigo?
¡No! No eran mis enemigos, eran chicos como yo y todos creíamos luchar por una España mejor. Así lo veía. Un día me estalló el mortero y, herido, me evacuaron a Bilbao.

¿Se acabó la guerra para usted?
Sí, pero lo mejor fue que empecé a pilotar aviones. ¡Eso ha sido lo más grande de mi vida! ¡Ah, nunca he sido tan feliz!

¿Tanto le gustaba?
Era una pasión loca. Un día nos llegaron cinco cazas alemanes Messerschmitt-109, el avión más avanzado del mundo, el fórmula 1 del aire, una maravilla que lo hacía todo, ¡y yo lo pilotaba! Arriba me arrancaba a cantar de felicidad, ¡lalalalaa!, o El Virolai... ¡Me sentía amo del mundo, me sentía libre!

Aún se le ilumina la mirada...
Iba yo solo, llevaba los mandos, podía hacer lo que quisiera, en el cielo era el dueño de mi vida, de todo. ¡Qué gran gozo! Mire, los alemanes nos habían advertido que ese avión no podía hacer loopings... ¡y yo los hacía!

¿Hizo muchas locuras?
Su velocidad era de 500 km/h, y un día me lancé en picado y lo puse a 800 km/h. ¡Disfrutaba como un loco! Abría la carlinga y sacaba la mano afuera en pleno vuelo...

¿Siguió volando muchos años?
Pocos, porque ya me puse a estudiar, a llevar la familia... A veces iba al aeródromo de El Prat a volar una avioneta. Un día subí a un padre con una niñita con tos ferina: su médico les había dicho que la altura la curaría...

¿Se curó?
Creo que sí, no sé... Lo que nunca supo el padre es que se me paró el motor y tuve que aterrizar planeando... Bah, fue fácil.

¿Cómo fue su vida en el franquismo?
Franco creó un partido único: vi que era un totalitario, y conspiré contra él. Dirigí una revista antifranquista, La Víspera, por la que me condenaron a seis años de cárcel.

¿Estuvo en la cárcel?
Qué va, los franquistas eran unos cobardes. Yo reté a jueces y policías: “Decidme qué día y a qué hora, que voy a la cárcel”. No se atrevieron a encarcelarme, ¡qué cobardes!

¿Quién o qué le protegía?
Mi historial, y que yo era miembro del consejo privado de don Juan. ¡Conspirábamos a favor de una monarquía parlamentaria!

Que consiguió su hijo Juan Carlos.
Yo temí que Juan Carlos estuviese demasiado apegado a Franco... Pero reconozco que lo ha hecho muy bien, y la gente lo acepta.

¿Querría un rey con corte de nobles?
¡No! ¡Suerte que no la tiene! Sí me ha enorgullecido recibir la Gran Cruz de Isabel la Católica por mi lucha antifranquista.

Usted también tiene hijos que reinan... en la tele: ¿le gusta cómo lo hacen?
Vemos siempre a Lorenzo, cada noche vemos su Telediario. Y aplaudo todo lo que hace Mercedes..., aunque eso del Gran Hermano yo no lo entiendo mucho...

¿Se sobresalta cuando oye a Mercedes decir que orina en la ducha y esas cosas?
Bueno, a veces en casa he tenido que decirle: “Mercedes, Mercedes, calla...”. Pero no, Mercedes no me ha dado disgustos.

¿Qué le pide usted a la vida?
¡Que me devuelva el carnet de conducir, que no quieren renovármelo...! Bueno, tengo a esta choferesa estupenda, mi esposa...

Pida algo más a la vida.
Mire, la vida me ha dado una esposa maravillosa, lo mejor después de los aviones (¡ja, ja...!), me ha dado estos hijos, me ha dado estos nietos que ni me saludan y se plantan a mirar la tele, ja, ja... La vida me ha dado una familia que es un tesoro. ¡La vidame ha dado tanto que no puedo pedirle más!



Jovial

Recién acabada la guerra, en una comida de la Diputación que presidía, embutida de franquistas y arribistas, el padre de este hombre, primer conde Montseny, soltó: “Quien tiene que decir ‘Arriba España’ es el humo de las chimeneas de nuestras fábricas”. Poco épico...: fue destituido. Esta familia, monárquica, demócrata y liberal, encajaba mal en el franquismo. El segundo conde de Montseny heredó el espíritu recto y jovial de su padre: con pose elegante, no deja de sonreír entre recuerdos, pues es de los que prefieren quedarse con lo bueno...: fue campeón de España de motos en 1948, esquió hasta hace dos años y defiende con fervor a sus hijos televisivos. Mañana todos le felicitarán sus 90 añitos.


VÍCTOR-M. AMELA
(Foto: Ana Jiménez)